jueves, 30 de julio de 2026

LA PIEZA. Lo monstruoso que vendrá

«La relación simbólica que los seres humanos establecen en las llamadas sociedades primitivas o salvajes con la figura del animal como fuente de “beatitud”, proviene de tradiciones mágico-religiosas y protochamánicas muy elaboradas desde el período de los pueblos cazadores...» Armando Almánzar-Botello


Por Armando Almánzar-Botello

A James Welch; N. Scott Momaday; Louise Erdrich; Gerald Vizenor; Joseph Bruchac
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Los miembros de mi tribu te perseguían, te daban caza y te devoraban.

A pesar de tu fiereza tan temida, los tramperos de tu furia numinosa y errante, saltando en tropeles de arrebato y algazara, movidos casi siempre por la imperiosa necesidad de alimento —y en algunas ocasiones por el puro afán lascivo de sangre salutífera—, se tornaban fervorosos, temerarios y rapaces.

Te asediaban, trataban de aturdirte, y sus picas y flechas aguzadas —a pesar de tus gruñidos de dios enardecido en el furor sagrado de tu remota estirpe vigorosa—, certeras caían sobre ti como una pertinaz lluvia de muerte.

Se abalanzaban luego sobre la carne de tu cadáver, todavía palpitante, y se daba inicio a la cruenta y salvífica ceremonia…

Yo, sacerdote mayor de la Tribu de Cazadores, despierto ahora de un sueño abismal y convulsivo en el alba desgarrante que preludia una insólita y nueva jornada.

Copiosamente sudando todavía el sombrío fragor de mis visiones nocturnas, intento recuperarme de las terribles presencias de un mundo secreto entrevisto, de un más allá indestructible vislumbrado —en el sueño y en la vigilia y en el origen— por detrás de todos los límites profanos.

He soñado contigo anoche, y en la niebla rumorosa de trazos y de signos germinantes —epifanía en el follaje fosforescente de mi sueño—, aparecieron tus garras, tu cabeza hierática, tu boca ensangrentada, y con lentitud ritual me dijiste, sin mover los labios de tus fauces prodigiosas, que tú eras nuestro dios tutelar, salvador, apotropaico. Que viniste al mundo, pletórico de amor, solo a redimirnos de la muerte.

Por el sueño milagroso de la niebla, por la santa verdad de tu existencia que persiste, yo, este mismo día —en cumplimiento de mi sagrado mandato de chamán, de griot convocante que toca el tambor que evoca en el trance la memoria circular de todo lo acontecido, el indescifrado resplandor del origen—, te voy a consagrar de nuevo, ante el Consejo de Ancianos Venerables —con sus figuras ya casi fantasmales— como divinidad zoomorfa y tótem protector de nuestra tribu en la zona más pobre del condado del Bronx, en la delirante y alucinada turbulencia de los nadie: callejones del estigma en la terrible y posmoderna urbe de Nueva York.

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Noviembre de 2013.

Copyright Armando Almánzar Botello. 
Reservados todos los derechos de autor. 
Santo Domingo, República Dominicana.


miércoles, 29 de julio de 2026

SÍ, EL VIEJO POSMODERNO TODAVÍA ES UN ROMÁNTICO

«Mirror on mirror mirrored is all the showWilliam Butler Yeats 


Por Armando Almánzar-Botello

Fredesvinda Báez Santana

Disculpa, pero recuerdo de un modo muy distinto esa historia del encuentro...

Quizá sea el paso de los años lo que afecta mi memoria, quizá sea mi mente la que ya bordea su delirio. Pero no recuerdo haberme arrojado por entero a tus grandes pies de predivinidad terrestre. ¡Perdóname!

Lo que sí recuerdo es que yo estaba en la Cafetería Paco’s y desde allí me sorprendió el momento vertiginoso en que, a través de una de las puertas del comercio y entre el ruido de vasos y voces, entre la humareda y el estallido de los motores urbanos, te vislumbré floreciendo por la vieja calle El Conde, resplandeciente de ti misma y moviendo tus manos misteriosas al hablar, mientras caminabas presurosa entre dos de tus amigos...

Me prometí entonces realizar luego para ti el ritual definitivo cuando volviera yo a encontrarte: abrirme el pecho con una daga filosa —como creo en mi delirio haberlo hecho—, extirparme palpitando el corazón y arrojarlo a tus pies, ensangrentado...

Mas vino un perro veloz de las tinieblas y se lo llevó sin retorno entre sus fauces...

Desde entonces, odio a ciertos caníbales políticos que se mueven por el mundo como si fueran hombres; a pesar de que, atravesado en mi ser por el mito y la leyenda, logré modelar en la fragua de Vulcano un nuevo, duro pero vivo corazón, este que todavía, todavía, todavía te sigue amando.

Armando Almánzar-Botello

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Miércoles, 29 de julio de 2026


Copyright Armando Almánzar Botello.
Reservados todos los derechos de autor. 
Santo Domingo, República Dominicana.

viernes, 17 de julio de 2026

Modesto trípode para saber-hacer algo con la muerte inevitable...

Espejo en escritura (Poema en prosa)

«La única salvación para el hombre es el estilo: decir cautelosa y hermosamente las cosas en la infinitud provisoria del instante.» Armando Almánzar-Botello


     Por Armando Almánzar-Botello

«Aporías. Morir —esperarse (en) “los límites de la verdad”—.» Jacques Derrida
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En el acto de morir /aquel hombre del espejo\ sorprendido no sintió sobre su pecho desierto / el secreto fragor de la ruda  impaciencia...

Esperó tercamente la visita de la Nada: ese puro no ser en la flecha del tiempo, / esa musa desnuda y ausente que se mira / el misterio cotidiano en la navaja reflexiva, / que sueña una tinta indeleble y profunda cuando mancha la página blancura de los días; / ella es modo ascendente de la lluvia insensible, los dedos que apagan todos los paraguas; ella brilla con el sol de la negrura absorta, que ciega con vacío filoso y atraviesa / en la niebla fantasmas y evapora semblantes.

Aguardó el hombre la llegada cautelosa de sí mismo / congelado en su revés de puro asombro... Se llamó y, como siempre, tardó en acudir... Y dio gritos glosolálicos por la noche sin azogue, perdido en el páramo insomne de los vientos: en su íntima distancia inexplorada...

Nada ni nadie respondió a la llamada espiral desde su adentro.

Para recordar ausencias perdidas volvió su rostro al olvido...

Escapó sin su yo el  viajero insondable —diluido en la tarde impasible y remota—, hacia el charco gimiente de sombras caídas / que sienten su cuerpo sin haberlo alcanzado.

Fueron neutros relámpagos genéticos los nombres, / terrible y filoso el Afuera germinante: Otro en luz que se levanta en lo negro y su reserva / descubre para siempre la verdad de su cadáver.

Así para el hombre se borró la mujer, que serena y limpiamente lo miraba escribiendo...

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Febrero de 1999 (Texto retocado)

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.

Texto publicado —junto con otros más del autor— en el número 110 de la revista mexicana «Blanco Móvil», dirigida por Eduardo Mosches, poeta y editor mexicano de origen argentino. Dicho número, correspondiente al primer trimestre de 2009 en ese importante órgano cultural, fue dedicado por completo a la poesía de la República Dominicana.

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.

Otra versión de este texto en el Blog Cazador de Agua. Domingo, 24 de mayo de 2009

Copyright Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.
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«¡OH MARTIN HEIDEGGER, TAN MAL COMPRENDIDO!»

Por Armando Almánzar-Botello

«Aporías. Morir —esperarse (en) “los límites de la verdad”—.» Jacques Derrida

«La única salvación para el hombre es el estilo: decir cautelosa y hermosamente las cosas en la infinitud provisoria del instante.» Armando Almánzar-Botello
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Se hace necesario resaltar que la existencia humana como Dasein ( «ser-en-el-mundo», «ser-para-la-muerte», «ser-ahí», existencia como esencial «poder-ser» —Sein-können— ) no es equivalente o similar al mero «estar-ahí» del ente —Vorhandenheit. Lo que viene a caracterizar al Dasein es la «condición de arrojado» —Geworfenheit—, su llamada «configuración o estructura proyectiva».

El Dasein (ser-ahí) no existe al modo del ente —das Seiende—, ente que «está-ahí» como «lo dado», sino que dicho Dasein se relaciona con el ser —das Sein— como «ek-sistencia» que se abre a su «disposición a-ser» en el futuro, en un futuro implícito en el presente mismo de su «no-todavía».

Sin ser una mera cosa material, solo el cadáver humano (abolición del Dasein, del ser-en-el-mundo) se reduce o circunscribe, para el pensamiento de Heidegger, al «puro-estar-ahí» —Nur-noch-Vorhandensein, en alemán— que ha perdido el «estar-vuelto hacia la-muerte» o el «estar-vuelto-hacia el-fin».

La pérdida del ser que comporta el «estado de muerte» implica, para el Dasein, la pérdida del morir como «adelantarse ontológico» —Vorlaufen en alemán— a la «posibilidad de su imposibilidad de ser»...

Fragmento de un texto sobre la muerte de la autoría de Armando Almánzar-Botello: «Muerte, igualdad, humildad, dolor, desamparo, aceptación. Repetición cíclica y conforme» (2012). Santo Domingo, República Dominicana.
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NACER MURIENDO

«La muerte no es nada para nosotros. Porque lo que se ha disuelto es insensible y lo insensible no es nada para nosotros.» Epicuro

«La única salvación para el hombre es el estilo: decir cautelosa y hermosamente las cosas en la infinitud provisoria del instante.» Armando Almánzar-Botello

Por Armando Almánzar-Botello

A Fernando Pessoa, in memoriam

Tan solo imaginar mi encierro en la nada eterna de la muerte me produce una intensa y angustiante asfixia metafísica, una honda y terrible crisis claustrofóbica.

Mas cuando pienso que mi ego se perderá sin medida en el maléfico rumor del Afuera y su alegría impersonal, indiferente, siento un vértigo infinito, un pánico sin fondo, una terrible amenazante agorafobia desierta, y profiero gritos mentales en mi habitación vacía; oscuro, insomne, ardido, en la desolación de mi yo polvoriento, evocando y destrozando cosas en la caída irredimible, en el furor ciego sin linderos de la total desesperanza.

Doy manotazos de miedo a inútiles y antiguos juguetes, fantasmales ya para siempre, hondamente inalcanzables en remotos desleídos mobiliarios imaginados.

No me tranquiliza pensar que nada sentiré, absorto, en mi absoluta y perseverante ausencia eterna de muerto.

Lo insoportablemente inconcebible, siniestro, es saber que yo, muerto, no seré de nuevo yo, para siempre. El Cielo es una ilusión pueril de goce indestructible, imaginada por la desechable y ciega vanidad del hombre.

No obstante, preferiría sentir algo, sí, más allá de la hermética frontera y el temblor indecidible de la vida y su aisthéton, aunque fuesen las mismísimas caricias tormentosas de las nieves y los fuegos perpetuos del Infierno...

Pero cruzada esta frontera en la caída o el descenso, no habrá hielos ni llamas, ni tampoco Cielo eterno...

Armando Almánzar-Botello 

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Febrero de 2015

Copyright Armando Almánzar-Botello. 
Santo Domingo, República Dominicana. 
Reservados todos los derechos de autor.

viernes, 3 de julio de 2026

LA INTUICIÓN EN GILLES DELEUZE (Brevísimo apunte)

«Ese carácter de «transindividualidad» es el que permite la afirmación espinozista de la Natura naturans como grado máximo de potencia inmanente.» Armando Almánzar-Botello 

 Por Armando Almánzar-Botello

Pienso que el escrito final de Gilles Deleuze titulado «La inmanencia: una vida...» (1995) no participa de la metafísica de la presencia ni de una visión estática del ser (como percibe Jacques Derrida en su comprensión de la «intuición»), sino que afirma la diferencia de lo múltiple más allá de la persona como cierre, con la apertura a lo impersonal de las singularidades nómadas y preindividuales.

Ahí, en Deleuze, no opera la intuición como captación metafísica de lo estático del ser, sino como afirmación transformativa de la «evolución creadora» de Henri Bergson y la diferencia «transindividual» de Baruch Spinoza.

A propósito de lo transindividual, Étienne Balibar, en su obra titulada precisamente Spinoza político. Lo transindividual (2018, 2021), resalta esa vertiente del pensamiento del ser en Baruch Spinoza para evitar que el concepto espinozista de «conatus» (perseverancia en el «propio» ser) sea interpretado como simple «interés en el interés», lo que reduce el concepto a la mera persistencia «egoísta» en lo que se es.

Se opone así el conatus, tal como hace Alain Badiou, al «interés en el desinterés» como base de una ética que desborda el simple perseverar en lo físico y biológico. Badiou, Alain: La ética. Ensayo sobre la conciencia del mal (2004 Editorial Herder).

La de Badiou, de hecho, constituye una lectura interesada y reduccionista. En Spinoza, el concepto de «Conatus» es transindividual porque atraviesa la mera preservación del yo, del ser de los entes, y se abre a la alteridad, al colectivo, a lo plural, a lo múltiple, a una concepción inmanente de Dios mismo como agente del silogismo disyuntivo-inclusivo (Pierre Klossowski, Gilles Deleuze).

Ese carácter de «transindividualidad» es el que permite la afirmación espinozista de la Natura naturans como grado máximo de potencia inmanente.

El «Se» impersonal que podría operar la intuición no es una mera presencia metafísica; es flujo y corte de singularidades; estas últimas no son mónadas idénticas a sí mismas, sino un juego de diferencias que escapa a la representación del concepto identitario.

Esta intuición vitalista deleuziana no se constituye en una captación haptotrópica del ser como presencia; más bien es una vía que reconoce no solo lo idéntico del concepto, sino también lo no-idéntico de este (como diría T. W. Adorno).

La especificidad de la filosofía en el cerebro-sujeto no es crear funciones lógicas y matemas (ejeto: ciencia) ni tampoco la producción de perceptos y afectos (injeto: arte); ella se constituye como producción de conceptos y personajes conceptuales (superjeto: filosofía). Debemos aquí entender que la intuición en Deleuze no es un recurso de reposo o descanso; ella es, por el contrario, la facultad activa que permite operar la síntesis disyuntiva inclusiva entre esas tres vertientes de un pensamiento no sintético-armónico, como sí lo sería el «pensamiento originario» (Das anfängliche Denken) de Martin Heidegger.

Armando Almánzar-Botello

Viernes 3 de julio de 2026

Copyright Armando Almánzar-Botello.
Santo Domingo, República Dominicana.