Por Armando Almánzar-Botello
Afirmaban los filósofos Gilles Deleuze y Felix Guattari que el “callejón sin salida” puede formar parte de lo que denominan “rizoma”. (Capitalismo y esquizofrenia. El Anti-Edipo; Capitalismo y esquizofrenia 2. Mil Mesetas; Kafka. Por una literatura menor...)
Lo que Franco “Bifo” Berardi denomina “deserción” con respecto a una suerte de callejón sin salida constituido por la “máquina-mundo” actual, ¿no podría devenir en una tangente de fuga o desterritorialización (Deleuze, Guattari) “finalmente” liberadora?
Al proponer y/o trazar el abandono de la dimensión “molar” de un “todo” perdido, ¿no abriría Berardi, desde una “punta fina” de la depresión parcial de un sujeto dividido, la posibilidad política y “molecular” de “contraefectuar” (Deleuze) el “accidente” del nihilismo paralizante, y así crear o generar, sobre la marcha, lo que Gilles Deleuze, Felix Guattari y Chantal Mouffe quizá denominarían “una vertiente inédita o nueva de pueblo-acontecimiento”?
¿En esa “deserción”-provocación no se podría reafirmar el lazo o vínculo social de un modo correspondiente a lo que Deleuze, siguiendo a Nietzsche, denominó transmutación de valores en el punto atópico y aleatorio de un “nihilismo consumado”?
El hecho de Franco Berardi publicar un libro sobre el problema en cuestión, ofrece el testimonio palpable de que algo excede en el sujeto de la escritura a la simple posición depresiva y nihilista... ¿Invitación a la réplica, al cuestionamiento? ¿Provocación política desde un acto de escritura singular entendido como saturación de la semántica neolibertaria y como aparente claudicación? ¿Instigación indirecta y estratégica a la protesta y a la búsqueda de nuevas alternativas reales frente a la dura y dolorosa evidencia de un complejo momento histórico, neoliberal y neofascista?
También Franz Kafka percibió, en el plano micropolítico, algo equivalente a lo que decimos en el nervio principal del párrafo anterior:
«Me resulta siempre incomprensible que a casi todo el que sabe escribir le sea posible objetivar el dolor en medio del dolor, de tal manera que yo, por ejemplo, en medio de mi desdicha, todavía con la cabeza ardiendo de desdicha, puedo sentarme y comunicar a alguien por escrito: Soy desdichado. Sí, puedo incluso ir más allá de eso y fantasear con distintas florituras sobre mi desdicha, conforme a mi propio talento, el cual no tiene nada que ver con la desdicha misma; puedo fantasear con sencillez, o mediante antítesis, o con orquestas enteras de asociaciones. Y no es en absoluto mentira, y no calma el dolor, es, sencillamente, un exceso de fuerzas que por sí solo se produce en un instante en que, sin embargo, el dolor ha consumido visiblemente todas mis fuerzas hasta el fondo de mi ser, fondo que el dolor continúa arañando. ¿Qué clase de exceso es ese?» Franz Kafka: Diarios, 19 de septiembre de 1917
Lo que Berardi llama “deserción”, vendría a constituir eso que Kafka intuye como exceso enigmático de fuerzas, como desmedida y acto de escritura-pensamiento que permite contemplar nuestro propio dolor, nuestro propio encierro, nuestra propia disminución de potencia, desde un punto de vista que, si bien no elimina nuestro sufrimiento, nos faculta para “retocarlo”, para percibirlo desde otra perspectiva: esa que puede implicar la construcción de nuevos dispositivos o agenciamientos maquínicos de deseo creador.
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17 de febrero de 2025
Copyright © Armando Almánzar-Botello.
Reservados todos los derechos de autor.
Santo Domingo, República Dominicana.
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LA LÍNEA DE FUGA ES LIBERADORA; PUEDE SERLO TAMBIÉN LA IDEA DE “DESERCIÓN”, ENTENDIDA ESTA COMO SUBVERSIVOS DEVENIR-MOLECULAR Y DEVENIR-INVISIBLE DELEUZIANOS...
Por Armando Almánzar-Botello
Sigo entendiendo que filosofar no es una mera actividad tautológica, filológica o de mera constatación de significados canónicos.
Como ya he dicho, para mi forma est/ética de percibir los deslindes entre conceptos, filosofar puede ser también crear nuevos “personajes conceptuales” (G. Deleuze F.Guattari), haciendo vibrar intensivamente las palabras (G. Deleuze), “virando los términos en contra de sus presuposiciones” semánticas...
En Franco “Bifo” Berardi existe una contextualización del término “deserción” que lo saca de su significado depresivo, melancólico, reactivo y pasivo-nihilista. La misma vibrante intensidad de su planteamiento, de su conceptualización, ofrece un vivo testimonio de eso que Kafka denominó “fuerzas enigmáticas que exceden al dolor y a su clausura”, mas permiten explorar hasta el agotamiento mismo de ciertas otras fuerzas... En Berardi, esas fuerzas encuentran su lugar en el discurso...
La categoría de “líneas de fuga”, desde la “perspectiva” de Alberti hasta el pensamiento de Deleuze y Guattari, más que una simple defensa del organismo, ofrece la posibilidad de pensar la desaparición o disolución de la forma figurativo-ilustrativa en el punto de fuga, para permitir la constitución de “otro cuerpo”, el erógeno (distinto de la carne, como en la pintura del artista angloirlandés Francis Bacon).
Ese cuerpo permite sobrevolar el mero accidente biológico del organismo para generar lo que Jacques Lacan denominó “parlêtre”, “ser-hablante”, “cuerpo-parlante”, constituido por el encuentro traumático de “lalangue” y el organismo...
La fuga, en el pensamiento de Gilles Deleuze, de Berardi, y hasta de Jacques Lacan, es un juego topológico y transformativo de tensiones vectoriales que permiten transformar el organismo en cuerpo, en Cuerpo sin Órganos (CsO)... Todo cuerpo libidinal y erógeno implica el trazado de una “fuga” con respecto al organismo meramente biológico...
Otra cosa muy distinta es la crítica a que Jacques Derrida somete el concepto de “cuerpo sin órganos”, como posible reducto de una metafísica de la presencia... Saludos cordiales.
24 de febrero de 2025
(Comentario en el muro del psicoanalista y pensador Jorge Alemán Lavigne)
¿«GE-STELL» (PELIGRO) / «EREIGNIS» (LO QUE SALVA)?
«Donde está el peligro crece también lo que salva.» Friedrich Hölderlin
Por Armando Almánzar-Botello
«Jamás probar. Jamás fracasar. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.» Samuel Beckett: Rumbo a peor
Para Franco “Bifo” Berardi son la vida misma y la historia humana de Occidente las que actualmente “desertan”, pudiendo quizá ser comprendida esta “deserción” en el sentido de una hegemonía total de lo que Martin Heidegger denominó “Ge-stell”, interpretado dicho término como “estructura técnica de emplazamiento” que aprisiona y deseca a la “vida creadora y activa” misma, al esta última “encontrarse” ahora programada por el “nihilismo metafísico realizado”, en el que lo ontológico se somete a lo óntico.
Frente a la deserción que es la “vida programada”, el filósofo italiano parece proponer una suerte de “deserción en segundo grado”, una “deserción de la deserción”, ahora entendida esta como imprevisible “desterritorialización liberadora” hacia lo desconocido, hacia lo “real abierto” pluripotencial, desde los que se podrían inventar nuevas “armas de reconstrucción masiva”... paradójica y deleuzianamente hablando...
21 de febrero de 2025
(Comentario en el muro del psicoanalista y pensador Jorge Alemán Lavigne).
DESERTAR NO ES CLAUDICAR...
Por Armando Almánzar-Botello
Cito aquí a Martin Heidegger porque una componente de su método de filosofar es jugar con los étimos, y en ocasiones “virarlos contra sus presuposiciones”...
El abandono de lo “entrelazado” no es necesariamente sinónimo de claudicación; podría también referise a un abandono transformativo de la “trama condicionante de los poderes o dominios programadores” (Ge-Stell heideggeriano, por ejemplo) que constituyen, forman y deforman a las subjetividades, obliterando al sujeto dividido del inconsciente freudo-lacaniano...
Cuando Gilles Deleuze y Félix Guattari nos hablan de “líneas de fuga creativas y liberadoras”, aluden a esas fuerzas enigmáticas que rompen con los límites del dominio programador y con la axiomática misma de un sistema pretendidamente cerrado...
Filosofar es crear nuevos conceptos, reutilizar los términos ya existentes dentro de otras configuraciones, crear “personajes conceptuales” (G. Deleuze, F. Guattari...). Lo filosófico, como reino de la creación de conceptos, violenta lo estrictamente filológico y etimológico para abrir y orientar el pensamiento, desde el lenguaje y no desde la ideología, hacia nuevos recursos y decursos...
Desertar: desistir, abandonar, huir, escabullirse... Así también el concepto de “fuga” no implica abandono de la lucha sino creativo y subversivo “atravesamiento de límites”, según una lógica no meramente dialéctica, del “anti”, sino —como dice otro filósofo francés, Jacques Derrida—: una lógica del “más allá” (au-delà)...
19 de febrero de 2025
(Comentario en el muro del psicoanalista y pensador Jorge Alemán Lavigne)
DESERTAR DESDE UN “TODO” PERDIDO... ¿PUEDE LEERSE AQUÍ A BERARDI EN CLAVE DELEUZIANO-GUATTARIANA?
«Lo que Berardi llama “deserción”, vendría a constituir eso que Kafka intuye como exceso enigmático de fuerzas, como desmedida y acto de escritura/pensamiento que permite contemplar nuestro propio dolor, nuestro propio encierro, nuestra propia disminución de potencia, desde un punto de vista que, si bien no elimina nuestro sufrimiento, nos faculta para “retocarlo”, para percibirlo desde otra perspectiva: esa que puede implicar la construcción de nuevos dispositivos o agenciamientos maquínicos de deseo creador.» Armando Almánzar-Botello
Por Armando Almánzar-Botello
Afirmaban los filósofos Gilles Deleuze y Felix Guattari que el “callejón sin salida” puede formar parte de lo que denominan “rizoma”. (Capitalismo y esquizofrenia. El Anti-Edipo; Capitalismo y esquizofrenia 2. Mil Mesetas; Kafka. Por una literatura menor...)
Lo que Franco “Bifo” Berardi denomina “deserción” con respecto a una suerte de callejón sin salida constituido por la “máquina-mundo” actual, ¿no podría devenir en una tangente de fuga o desterritorialización (Deleuze, Guattari) “finalmente” liberadora?
Al proponer y/o trazar el abandono de la dimensión “molar” de un “todo” perdido, ¿no abriría Berardi, desde una “punta fina” de la depresión parcial de un sujeto dividido, la posibilidad política y “molecular” de “contraefectuar” (Deleuze) el “accidente” del nihilismo paralizante, y así crear o generar, sobre la marcha, lo que Gilles Deleuze, Felix Guattari y Chantal Mouffe quizá denominarían “una vertiente inédita o nueva de pueblo-acontecimiento”?
¿En esa “deserción”-provocación no se podría reafirmar el lazo o vínculo social de un modo correspondiente a lo que Deleuze, siguiendo a Nietzsche, denominó transmutación de valores en el punto atópico y aleatorio de un “nihilismo consumado”?
El hecho de Franco Berardi publicar un libro sobre el problema en cuestión, ofrece el testimonio palpable de que algo excede en el sujeto de la escritura a la simple posición depresiva y nihilista... ¿Invitación a la réplica, al cuestionamiento? ¿Provocación política desde un acto de escritura singular entendido como saturación de la semántica neolibertaria y como aparente claudicación? ¿Instigación indirecta y estratégica a la protesta y a la búsqueda de nuevas alternativas reales frente a la dura y dolorosa evidencia de un complejo momento histórico, neoliberal y neofascista?
También Franz Kafka percibió, en el plano micropolítico, algo equivalente a lo que decimos en el nervio principal del párrafo anterior:
«Me resulta siempre incomprensible que a casi todo el que sabe escribir le sea posible objetivar el dolor en medio del dolor, de tal manera que yo, por ejemplo, en medio de mi desdicha, todavía con la cabeza ardiendo de desdicha, puedo sentarme y comunicar a alguien por escrito: Soy desdichado. Sí, puedo incluso ir más allá de eso y fantasear con distintas florituras sobre mi desdicha, conforme a mi propio talento, el cual no tiene nada que ver con la desdicha misma; puedo fantasear con sencillez, o mediante antítesis, o con orquestas enteras de asociaciones. Y no es en absoluto mentira, y no calma el dolor, es, sencillamente, un exceso de fuerzas que por sí solo se produce en un instante en que, sin embargo, el dolor ha consumido visiblemente todas mis fuerzas hasta el fondo de mi ser, fondo que el dolor continúa arañando. ¿Qué clase de exceso es ese?» Franz Kafka: Diarios, 19 de septiembre de 1917
Lo que Berardi llama “deserción”, vendría a constituir eso que Kafka intuye como exceso enigmático de fuerzas, como desmedida y acto de escritura/pensamiento que permite contemplar nuestro propio dolor, nuestro propio encierro, nuestra propia disminución de potencia, desde un punto de vista que, si bien no elimina nuestro sufrimiento, nos faculta para “retocarlo”, para percibirlo desde otra perspectiva: esa que puede implicar la construcción de nuevos dispositivos o agenciamientos maquínicos de deseo creador.
(Comentario en el muro del psicoanalista y pensador Jorge Alemán Lavigne)
NIETZSCHE, ESCRITURA, DANZA, OBRA Y NIHILISMO Tipos diversos de nihilismo: negativo, reactivo, pasivo, realizado, activo-destructivo y consumado (Breve fragmento)
Por Armando Almánzar-Botello
«Referidos a Zarathustra, la risa, el juego, la danza, son los poderes afirmativos de la transmutación: la danza transmuta lo pesado en ligero; la risa los sufrimientos en alegría; el juego de lanzar (los dados), lo bajo en lo alto. Pero referidos a Dionysos, la risa, la danza, el juego, son los poderes afirmativos de reflexión y de desarrollo. La danza afirma el devenir y el ser del devenir; la risa, las carcajadas, afirman lo múltiple y lo uno de lo múltiple [univocidad del ser]; el juego afirma el azar y la necesidad del azar.» Gilles Deleuze
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«[...] El nihilista-víctima padece la pulsión de muerte; muere sin obra (aunque publique), en un anonimato de primer grado.
»Ese “nihilismo realizado”, plenitud de una mala negatividad, es esencialmente incomunicable.
»No es lo mismo dicho nihilismo padecido-realizado que el “nihilismo consumado” de Friedrich Nietzsche, como denomina Gilles Deleuze al punto de transmutación de la subjetividad nihilista-destructiva en potencia de afirmación selectiva.
»El discurso nihilista-pasivo absoluto, como nihilismo simplemente realizado, es desconocido, imposible, inefable. Del mismo modo en que —como nos testimonian los pensadores Primo Levi y Giorgio Agamben— el testigo integral del horror no puede hablar para dar testimonio, porque sencillamente ha sucumbido de un modo radical en el fragor absorto de la catástrofe.
»El opaco y mudo nihilismo pasivo, radical y extremo, a comprender como nihilismo “realizado” en la genealogía nietzscheana, viene a ser desplazado, en el devenir de las fuerzas, por el nihilismo destructivo-activo (el león, en De las tres metamorfosis nietzscheanas del espíritu: camello, león, niño que juega). El león, como símbolo del nihilismo activo-dedtructivo, se vuelve contra los nihilismos negativos, reactivos y pasivos. Llevado hasta sus consecuencias últimas, dicho nihilismo activo-destructivo puede representar, como hemos ya significado, el punto aleatorio que vendría a transmutar la subjetividad nihilista-destructiva en pura potencia de afirmación selectiva y transfiguración
»Toda auténtica escritura se mide con la ausencia, con lo imposible, con el vacío del nihilismo realizado pero que no alcanza su consumación. Dicha escritura se plantea entonces como exploración asintótica de la muerte, del vacío y del horror.
»He aquí el problema activo: decir la imposibilidad de decir. Caída intensiva en la escritura.
»Pretendemos entonces —utilizando un recurso distinto al convencional— cribar, cernir la dimensión problemática, ambigua y mixta de la pulsión de muerte.
»En su crítica al monologismo del poder y a los nuevos discursos del amo, Julia Kristeva nos recuerda lúcidamente que:
«El fascismo es el retorno de lo reprimido en el monologismo religioso. No se puede impedir ese retorno, como lo quiere ingenuamente el liberalismo burgués, o como —dejándose contaminar— intenta hacerlo el dogmatismo “comunista”. El problema consiste en hacer hablar a lo reprimido del monologismo: ese semiótico pulsional, heterogéneo al sentido y al Uno, y que los hace andar. La transferencia sin duda, pero de manera menos familiar y menos privada, una práctica llamada artística, esclarecida por el descubrimiento freudiano, es precisamente lo que habla lo reprimido del monologismo (del contrato social) y lo consume invirtiéndolo en una nueva forma de lengua, por consiguiente en una nueva socialidad. De este modo esas dos prácticas son la más sólida barrera contra el fascismo. Si es que hay una función ética de la literatura, es esa: hacer pasar a la lengua lo que el monologismo reprime (desde el ritmo hasta el sentido).» Julia Kristeva
»Asi, “hacer pasar la pulsión de muerte al discurso, es la más sólida barrera simbólica contra el retorno de los fascismos”.
»La pulsión de muerte sería equivalente, en cierto modo, a la inestabilidad y al caos que vienen a desplazar los límites téticos de la estabilidad homeostática o inercial de lo simbólico, y a erosionar el contrato social entendido como dominio clausurado y avasallante erigido sobre una sistémica contraviolencia o guerra preventiva.
»Jacques Derrida, quien teoriza una figura bifronte a la que denomina “la vida la muerte”, observa que los dos primeros conceptos —inestabilidad y caos— representan lo mejor y lo peor, simultáneamente. Lo peor, porque sin estabilidad —macro y/o micro— no hay vida social. Lo mejor, porque inestabilidad y caos permiten la permanente renovación política del contrato social. Esa es también, a nuestro entender, la dimensión aporética de la pulsión de muerte...»
Armando Almánzar-Botello
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Noviembre del 2010
© Armando Almánzar-Botello: Fragmento de “La pulsión de muerte no es solo muerte: ¿Es ‘la vida la muerte’?”, 11 noviembre del 2010
Ver: Blog Cazador de Agua y Blog Otros Textos Mutantes.
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LA PULSIÓN DE MUERTE NO ES SOLO MUERTE, ES “LA VIDA LA MUERTE”
«Contra una lectura-interpretación unidimensional de la pulsión de muerte, banal y reduccionista, ofrecida desde hace largos años por los psicoanalistas estadounidenses —Erich Fromm a la cabeza del denominado revisionismo neofreudiano edulcorante—, se levantaron, en sus respectivos momentos, Theodor Adorno y Herbert Marcuse, potentes filósofos de la Escuela de Frankfurt.» Armando Almánzar-Botello
Por ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO
A Fidel Munnigh, pensador auténtico
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Además de lo que hemos escrito recientemente con el propósito de “conversar” —con muy contados y especiales amigos de la “parroquia” intelectual vernácula— en torno al problema de las relaciones entre principio de nirvana y pulsión de muerte, insistimos con estas breves notas para legitimar quizá un poco más nuestra idea de que no se prosiga concibiendo tal pulsión en su modalidad conceptual meramente termodinámica clásica, es decir, como simple pulsión de (auto)destrucción, entropía y retorno a lo inanimado. Lo reiteramos: no solo así debemos y podemos teorizarla.
La pulsión de muerte, como decíamos que la concibe el psicoanalista y pensador francés Jacques Lacan —principalmente en su Seminario VII, que lleva por título La ética del psicoanálisis—, es también gasto, tensión, esfuerzo, goce de la diferencia e hiperestesia, no simple abocamiento a estados letárgicos, nirvánicos, entrópicos o comatosos.
La pulsión de muerte es un intento de empezar de nuevo después de transgredir ciertos límites. En este sentido es que Lacan reinterpreta el “más allá del principio de placer” de Freud. Concebida de este modo, la pulsión de muerte se constituye en la instancia “creacionista” y creativista que posibilita todo proceso de subjetivación-desubjetivación y abre la posibilidad de transformar, críticamente, la pretensión autárquica de las hegemonías vigentes.
Pasa con ella algo parecido a lo que sucede con el concepto de “lo intensivo” en Kant (ver su Crítica de la razón pura). El grado mayor o menor de concentración de una sensación en un instante es su intensidad. Aquí se llega a la conclusión de que la intensidad se mide en su relación con el cero (0), ya sea que disminuya o aumente el potencial.
La caída (pulsión de muerte) sería el devenir activo de las fuerzas. Gilles Deleuze nos aclara: no hay que concebir la caída en términos puramente termodinámicos clásicos, entrópicos, reductivos. Deleuze diferencia la caída física, espacial, termodinámica, de la caída intensiva kantiana. Esta caída no se produce necesariamente hacia abajo. No es de modo obligatorio “miserabilista”. Puede ser una caída “hacia arriba”, en el ascenso hacia niveles superiores de fuerza.
¡Caer hacia arriba! “Sólo en la caída se cumplen las presencias”, nos dice un poeta.
Esto así, porque todo incremento de fuerza, de tensión, se experimenta fenomenológicamente como una caída (Kant, Lacan, Deleuze). La caída y la pulsión de muerte son el devenir activo de las fuerzas y las pulsiones.
Consideramos que la pulsión de muerte no se encuentra en limpia oposición a una pulsión de vida (que no existe como tal), sino que ella misma, como pulsión de muerte y “abyección sublimada, pero sin consagración” (J. Kristeva), propone y crea su “propia” neoterritorialidad.
Sin que haya una simple coincidentia oppositorum, aquí Eros copula con Tánatos pues, en ausencia de este último —con su potencial de desintegración reorganizadora— no hay posibilidad de renacimiento simbólico para las estructuras psíquicas y sociales. La relación de vendaje entre lo erótico y lo tanático estaría definida por una cópula disyuntiva inclusiva.
Como bien señala Deleuze, lo que importa es el “diagrama de fuerzas” en el que se traza la línea de fuga. Determinar si esta se constituye, por un lado, en “pura línea fría de abolición y muerte” (por ejemplo, la trayectoria de un avión que se estrella contra las Torres Gemelas; el recorrido de una bomba que cae sobre la ciudad de Bagdad; los alimentos envenenados que van a los labios de niños inocentes), o, por el contrario, si se perfila como línea mutante, metamórfica, de polivocidad y vendaje entre energía libre de los procesos primarios del inconsciente y energía ligada de los procesos secundarios del sistema preconsciente-consciente.
Ejemplos de esta línea de fuga en su modalidad creativa los tendríamos en el acto de escritura en sentido fuerte, en la creación artística en general, en el encuentro entre los que se aman, en el compromiso político con la justicia y las reivindicaciones sociales con miras a construir espacios para lo que Derrida concibe y denomina como “democracia que vendrá”.
Podemos decirlo de otro modo más directamente ligado con la filosofía. En lo que Jean-Paul Sartre denomina (ver su obra Crítica de la razón dialéctica) totalización/destotalización/retotalización, la destotalización no es una destrucción en bruto, ni un simple afloramiento de la “negatividad pura hegeliana”, sino una negación parcial que permite una subsiguiente retotalización.
Eso lo comprendieron muy bien “sujetos-rizomáticos” (Guattari) de la estrategia creativa “aéreo-subterránea” como Kafka, Joyce, Proust, Mann, Beckett, Cioran, Bacon (el pintor), para citar “antojadizamente” siete figuras emblemáticas de la modernidad que se tomaron el trabajo de “decir”, activamente y a través de su precisa, parsimoniosa y filigraneada escritura, “el vaciamiento catastrófico de la significación”.
Por este motivo, esos siete artistas-pensadores no deben ser considerados representantes del nihilismo occidental. Ni reactivo ni pasivo. La “forma estallada” y el fragmento como vías o medios de dación semiótica de estructura utilizados por estos creadores en la generación de sus obras, no son, como bien señaló Umberto Eco, meros reflejos de una simple ausencia de forma ni de una torpe caída inercial en la “empiria accidental” de una pulsión de muerte, entendida esta como agujero negro que se traga a la escritura.
Esa “forma estallada” no es un ruido blanco padecido como “asignificante” o insignificante, sino el “accidente elevado a la dignidad de acontecimiento”, la obra perfilando el vacío de la Cosa (das Ding: Freud), el proceso del síntoma físico, que opera en la “profundidad de los cuerpos” (Deleuze), “contraefectuándose” en sinthome estético-incorporal (Lacan).
Exploración, experimentación e interpenetración compleja de sentido y sinsentido, de forma y no-forma. He aquí lo informal, o, más bien, aquello que Lyotard, luchando contra la absolutización de la clausura representativa, ilustrativa, figurativa, ilusionista y mimética denomina “lo figural”. Transfiguración de la pulsión de muerte en acto de creación.
El nihilista-víctima padece la pulsión de muerte; muere sin obra (aunque publique), en un anonimato de primer grado. Ese “nihilismo realizado”, plenitud de una mala negatividad, es esencialmente incomunicable.
No es lo mismo dicho nihilismo padecido-realizado que el “nihilismo consumado” de Nietzsche, como denomina Gilles Deleuze al punto de transmutación de la subjetividad en “potencia de afirmación selectiva”.
El discurso nihilista-pasivo absoluto es desconocido, imposible, inefable. Del mismo modo en que —como nos testimonian Primo Levi, Jorge Semprún y Giorgio Agamben— el testigo integral del horror no puede hablar para dar testimonio, porque sencillamente ha sucumbido, de un modo radical, en el fragor absorto de la catástrofe.
Pero toda auténtica escritura se mide con esta ausencia, con esta imposibilidad y este vacío. Ella se plantea la exploración asintótica de la muerte, el vacío y el horror. He aquí el problema activo de decir la imposibilidad de decir. Caída intensiva en la escritura.
Pretendemos entonces —utilizando un recurso distinto al convencional— cribar, cernir la dimensión problemática, ambigua y mixta de la pulsión de muerte.
En su crítica al monologismo del poder y a los nuevos discursos del amo, Julia Kristeva nos recuerda lúcidamente:
«El fascismo es el retorno de lo reprimido en el monologismo religioso. No se puede impedir ese retorno, como lo quiere ingenuamente el liberalismo burgués, o como —dejándose contaminar— intenta hacerlo el dogmatismo “comunista”. El problema consiste en hacer hablar a lo reprimido del monologismo: ese semiótico pulsional, heterogéneo al sentido y al Uno, y que los hace andar. La transferencia sin duda, pero de manera menos familiar y menos privada, una práctica llamada artística, esclarecida por el descubrimiento freudiano, es precisamente lo que habla lo reprimido del monologismo (del contrato social) y lo consume invirtiéndolo en una nueva forma de lengua, por consiguiente en una nueva socialidad. De este modo esas dos prácticas son la más sólida barrera contra el fascismo. Si es que hay una función ética de la literatura, es esa: hacer pasar a la lengua lo que el monologismo reprime (desde el ritmo hasta el sentido).» Julia Kristeva
Asi, “hacer pasar la pulsión de muerte al discurso, es la más sólida barrera simbólica contra el retorno de los fascismos”.
La pulsión de muerte sería equivalente, en cierto modo, a la inestabilidad y el caos frente a la estabilidad homeostática del poder avasallante y su guerra preventiva.
Jacques Derrida, quien teoriza una figura bifronte a la que denomina “la vida la muerte”, observa que los dos primeros conceptos —inestabilidad y caos— representan lo mejor y lo peor, simultáneamente. Lo peor, porque sin estabilidad —macro y micro— no hay vida social. Lo mejor, porque inestabilidad y caos permiten la permanente renovación política del contrato social. Esa es también, a nuestro entender, la dimensión aporética de la pulsión de muerte...
La pulsión de muerte freudo-lacaniana no es entonces un simple valor nihilista. Pulsión de muerte no es mera pulsión nihilista de (auto)destrucción, aunque eventualmente pueda encarnar este aspecto.
Contra una lectura-interpretación unidimensional de la pulsión de muerte, banal y reduccionista, ofrecida desde hace largos años por los psicoanalistas estadounidenses —Erich Fromm a la cabeza del denominado revisionismo neofreudiano edulcorante—, se levantaron, en sus respectivos momentos, Theodor Adorno y Herbert Marcuse, potentes filósofos de la Escuela de Frankfurt.
Para bien y para mal, la pulsión de muerte sigue viva, actuando en los seres humanos...
En el resto descubrimos el reto: abocarnos solidariamente al ejercicio de una práctica creativa, ética, política, transformativa; potenciar la capacidad de transmutar y renovar, desestructurar y reestructurar —de un modo permanente, crítico, múltiple— nuestro estatuto de sujetos vinculados, problemáticamente, por el discurso y por lo social.
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11 de noviembre del 2010
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Jueves, 11 de noviembre del 2010
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