lunes, 25 de mayo de 2026

LEGIÓN EN NOCHE OSCURA

«—Mi nombre es Legión... —dijo el cerdo en aquel sueño... ¡y se perdió en la muchedumbre!» 2008 Armando Almánzar Botello: «Ciudad de neón». (Microrrelato)

«...La idea de “persona” debería sustituirse por la idea de “máscara” o “disfraz”: pues la persona o el yo esconde, bajo su aparente unidad, una multiplicidad. Bajo el yo indiviso se esconde Multitud. Cada uno de nosotros encierra, por tanto, una multitud de máscaras. No hay unidad sino desdoblamientos y travesti...» Eugenio Trías: Filosofía y Carnaval


     Por Armando Almánzar-Botello

     A la memoria de Arthur Rimbaud

     A Dionisio Cañas

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Goteando la luna vacío en las esquinas, un hombre deforme

regresa de las calles. 

                                        Polvo y miedo es la ciudad

en su frente y en sus labios.

La noche de neón respira como un cuerpo. Asciende su deseo.

Desnuda los acordes disonantes

de la carne. 

                       La torre que delira resopla

contra el muro alucinado del silicio...

Fría su bombilla de ausencias, mordido por lo aórgico

                 subió las escaleras:

                                      Roto por la sombra el hombre taciturno.

            De nuevo con silencio escribe aquí en su cuarto:

         A negra, E blanca, I roja, U verde, O azul: vocales...

Peligro y rumor en su página convulsa: ardiente y filosa la escritura,

          abre túneles de asombro en la inmensidad que sangra.

                         Indescrita la noche allá en lo alto.

Astillas cristalinas del sentido:

Las luces del metro descuartizan la mirada...

El poema está en la mesa. El hombre se levanta.

                        Dejó de ser un yo y vio al fin a nadie:

                        ahora multitudes descubre por espejo,

                        la batalla de los rostros en una sola cara. 

                                           Ahora es un coro, 

                   ahora es un diálogo con otros que lo habitan,

                  desde que somos letras, desde que somos aire...

                                     Legión es ya su nombre...

                                       ¡El reino será nuestro!


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© Armando Almánzar-Botello, 2008. (Texto ligeramente retocado)

Armando Almánzar-Botello

Blog Otros Textos Mutantes. Miércoles, 18 de febrero de 2015

Copyright Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.

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EGO, IDENTIDAD RELACIONAL, MÁSCARAS Y DEFUNDAMENTACIÓN...(Comentarios de 2011)

«—Mi nombre es Legión... —dijo el cerdo en aquel sueño... ¡y nuevamente se perdió en la muchedumbre!» 2008 Armando Almánzar Botello: «Ciudad de neón». (Microrrelato).

«...La idea de “persona” debería sustituirse por la idea de “máscara” o “disfraz”: pues la persona o el yo esconde, bajo su aparente unidad, una multiplicidad. Bajo el yo indiviso se esconde Multitud. Cada uno de nosotros encierra, por tanto, una multitud de máscaras. No hay unidad sino desdoblamientos y travesti...». Eugenio Trías: Filosofía y Carnaval.

Por Armando Almánzar-Botello 


Desde el punto de vista de Trías en Filosofía y Carnaval, no hay un rostro verdadero, no existe un fondo último de la persona. Esta es la ilusión del humanismo metafísico: un yo-fetiche, esencializado. Por eso me gusta la alusión que hace el poeta Dionisio Cañas a las máscaras múltiples.

Las máscaras múltiples de los indios kwakiutl, por ejemplo, implican la actualización de diferentes estados o dimensiones de lo sagrado. Son hierofanías múltiples que remiten a la idea de una polivalencia y multiplicidad de lo sagrado, tal como lo entendía Mircea Eliade.

En el caso de Eugenio Trías, creo que se alude más bien —y sigue en esto a Friedrich Nietzsche y a Antonin Artaud, autores mencionados explícitamente por el filósofo catalán—, a la dimensión de la “defundamentación”, a eso que Artaud denomina la Fiesta, y que representa una “crisis de los fundamentos” en su Teatro de la Crueldad.

Nietzsche, en Más allá del Bien y del Mal nos habla de la experiencia gozosa de esa “defundamentación” cuando dice que detrás de cada caverna se abre otra caverna todavía más profunda, y que debajo de toda superficie se abre un mundo subterráneo más inmenso, más vasto, etcétera.

Allí no se toca nunca fondo (grund) sino sinfondo (abgrund). La idea del desenmascaramiento como revelación de un rostro verdadero, duro, esencializado, es concebida por el Trías de Filosofía y Carnaval  como una simple ilusión metafísica.

Para él, la “verdadera y única sinceridad” posible se encuentra en el reconocimiento del carácter ficticio de las máscaras.

Trías llama represión de la imaginación a la hipóstasis de una máscara, a la sustancialización de “una” máscara (en este sentido el Poder como Dominio es la instancia por excelencia de sustancialización).

Posteriormente, Trías trabaja en su obra La razón fronteriza una concepción de la subjetividad y de la razón muy próxima a la conceptualización lacaniana del sujeto.

En la referida obra entiende Trías la razón como algo “fronterizo”, como instancia no sustancial y no definible en el contexto de la razón idealista, de la cogitación cartesiana que persigue la certeza. Entiende que la vía regia de acceso al “más allá del límite”, al más allá de lo que él denomina el “cerco del aparecer”, es el “Símbolo” como campo de mediación.

Con el símbolo así concebido reaparece una vez más la dimensión polivalente y enigmática de la máscara…

Lacan hablaba de que, al final de un psicoanálisis, cuando parecen haber caído todas las máscaras, solo queda una sucesión eventualmente formalizable de las máscaras.

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.

RELACIONISMO...

Frente a este “relacionismo” exacerbado que impone el mundo actual con la espectralización y virtualización de las interacciones sociales y la “heterodireccionalidad” que ello inevitablemente comporta, el sujeto asume un narcisismo defensivo de tercer grado.

Junto al narcisismo primario del yo (moi) imaginario que surge en la Fase de Espejo (entre los 6 y 18 meses de edad en el sujeto humano) y al narcisismo secundario del “ideal del yo” que permite al sujeto una catexis permanente y aseguradora de su propia imagen, surge una vertiente de mascarada narcisista sobreañadida que el sujeto utiliza como expediente imaginario de “vendaje” para garantizar la apariencia de su unidad en un contexto de relacionismo desmedido que tiende a “saturar” las posibilidades de catexis del yo narcisista “tradicional”.

Ese narcisismo “terciario” es una suerte de “narcisismo protésico hipertrofiado” que intenta salvar al sujeto de su disolución en un mundo espectralizado por las comunicaciones tecnotelemediáticas, por el interaccionismo exacerbado.

De hecho, el sujeto es siempre procesual. Se encuentra en un proceso permanente de “desterritorialización/reterritorialización”, de pliegue/despliegue/repliegue, de reformulación de su dimensión simbólica o tética por el impacto de lo semiótico constituyente (Julia Kristeva).

El sujeto vive en relación permanente con un Afuera genético que funciona como una suerte de “extimidad” problemática que disuelve la oposición clásica afuera/adentro.

El sujeto expuesto a esa “extimidad” como Afuera genético realiza un proceso de redescripción permanente de sus límites y aumenta sus valencias activas, pero sobre-expuesto, se satura y estalla en una serie de “facetas yoicas” que requieren de un vendaje protésico.

De ello son ejemplo “los llamados narcisismos postmodernos”.

La idea de “yo saturado” proviene del campo del constructivismo y fue acuñada por Kenneth Gergen en su libro del mismo título. He transitado por sus páginas –está editado por Paidós—, mas nunca me ha interesado demasiado por el manejo que en dicho libro hace Gergen de ciertos conceptos psicoanalíticos que forman parte de lo que el lacanismo denomina, críticamente, Ego Psychology y Teorías de las Relaciones de Objeto… Esto no quiere decir que el concepto de “yo saturado” carezca de toda utilidad operativa y conceptual…

No obstante, para la comprensión de este problema de las relaciones entre subjetividad, cyborgización y virtualización prefiero leer a Pierre Lévy, a Philipp Quéau, Donna Haraway, Jacques Derrida, al mismo Jean Baudrillard, a Tomás Maldonado, Mark Dery, Deleuze, Slavoj Žižek; a Marc Guillaume, a Paul Virilio, a Sherry Turkle… a lacanianos de Hispanoamérica como Jorge Alemán Lavigne y Néstor A. Braunstein…

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. 2011. Reservados todos los derechos de autor.

ESQUIZOFRENIZACIÓN...

El epígrafe de Trías no necesariamente alude a la “esquizofrenización” del sujeto como patología y crisis (hundimiento). Esa “despotenciación de la subjetividad” por vía de la proliferación de máscaras que opera Trías, se refiere a la caducidad histórica de cierto humanismo tradicional y su concepto de “persona” como unidad plena y sin falta. Es una crítica a la concepción cartesiana del sujeto como unidad y plenitud.

A lo que apuntan el texto de Trías y la reflexión sobre el sujeto escindido en el mundo contemporáneo, es a una redefinición del estatuto de sujeto, el cual, de ser considerado como una unidad armónica, pasa a ser concebido, en el contexto del pensamiento de Nietzsche y Freud, como un ser múltiple, contradictorio, diverso, plural y en proceso. Aunque desde Kant y Schelling, el “carácter limítrofe del sujeto” comienza a perfilarse.

El sujeto no es una unidad sino una tensión dialéctica entre unidad y multiplicidad, entre lo fijo y lo fluido, entre lo autónomo y lo relacional.

Después de Nietzsche, Freud, Heidegger, Lacan, Deleuze, Derrida, Laclau, Trías, etcétera, el sujeto es una conjunción de territorialidad y desterritorialización, de suspenso de flujos y de puro devenir. Esa tensión entre instancias opuestas es lo que define, como dislocación, el estatuto del sujeto contradictorio.

Como dice Trías —quien dicho sea de paso no utiliza en la última etapa de su pensamiento la categoría de sujeto sino la de “fronterizo”—: el “sujeto” fronterizo es una tensión entre el círculo hermético y el círculo del aparecer.

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.

domingo, 24 de mayo de 2026

ANGUSTIA FRENTE A LA «HILFLOSIGKEIT»...

«La Hilflosigkeit se puede identificar con el desamparo y el vértigo. Frente a ese desamparo radical que produce vértigo se erige la angustia como mecanismo de defensa. La “Abbau des grammatischen Fundaments” (destrucción —Abbau— de los fundamentos de la gramática: Heidegger, Derrida) genera un vértigo que el sujeto intenta obturar mediante una intensa y angustiada búsqueda tanto de la estabilidad de la sintaxis canónica como en ella. ¿Podría operar una cierta obsesión gramatical “normativista” como el compulsivo intento angustiado de restablecer, por esta “suplencia de la función paterna forcluida”, la estabilidad del nexo interpersonal que define al sujeto, que lo reposiciona en el mundo por el vínculo y el lazo social?». Almánzar-Botello, A. (2018). «La lógica peripatética como refugio ante lo poético: anudamiento compulsivo y sintaxis canónica del sujeto fragmentado» (fragmento).

«“Ambigua con hipérbaton y enfática en la hipálage, lo digo: ¡tú manejas la sintaxis por un dolor transido desde la piel al miedo!”. Cierto uso heterodoxo de la lengua inaugura o abre una puesta en abismo que devora al sujeto estabilizado. La sintaxis normativa o canónica intenta ocultar esa infundamentación atópica del sinsentido indomable operando como un muro defensivo contra un vértigo que desborda con creces a la angustia y la precede» (Almánzar-BotelloBáez Santana, 2026).



ESCUELA DE LA SOSPECHA (Escuela hipotética en la que Paul  Ricoeur, filósofo hermeneuta francés, incluye a  Friedrich Nietzsche, Karl Marx y Sigmund Freud)

     Por Armando Almánzar-Botello 

La denominación de «Escuela de la sospecha» se perfila conceptualmente por primera vez en el capítulo II, «El conflicto de las interpretaciones», de la magna obra de 483 páginas titulada Freud: una interpretación de la cultura, de la autoría del relevante filósofo y hermeneuta francés Paul Ricoeur.

Para Ricoeur existe un trío grandioso en una modernidad crítica que persiste: Friedrich Nietzsche, Karl Marx y Sigmund Freud...

El mencionado filósofo galo utiliza las categorías de «pensadores o maestros de la sospecha» y «escuela de la sospecha» en el subacápite 3 del aludido capítulo II, titulado «La interpretación como ejercicio de la sospecha» (página 32 de la obra de Ricoeur en la edición que citamos).

Allí menciona el pensador francés a las tres relevantes figuras que nombramos, como representativas de una crítica al pensamiento cartesiano de la certeza apodíctica de la conciencia.

La llamada sospecha hermenéutica, en su intento de descubrir estructuras profundas, determinaciones ocultas, instancias que funcionan por detrás de las máscaras, sesgos o distorsiones introducidos por la presunción de evidencias y transparencias, se opone a la vocación autárquica de la conciencia autoconvalidante tal como aparece en Descartes.

Desde aquel momento a la fecha, se han operado cambios significativos en el panorama de la filosofía contemporánea, acompañados de muy precisos cuestionamientos a la llamada hermenéutica de la Escuela de la sospecha.

Críticas como las de Jacques Derrida, Michel Foucault, Hans-Georg Gadamer, Jacques Lacan y sus seguidores, etcétera, demuestran el vínculo íntimo y último que sostienen las ideas de sospecha y desenmascaramiento con los valores ontoteológicos de la llamada metafísica occidental de la claritas y la presencia.

Jacques Derrida, en particular, cuestiona también el concepto de continuidad que sirve de fundamentación a la hermenéutica del primer Hans-Georg Gadamer, autor de la magna obra Verdad y método, aunque el filósofo alemán viene a realizar allí una severa crítica a la pretensión metafísica restitutiva que rastrea y descubre en la hermenéutica de la sospecha.

No obstante, Derrida se posiciona estratégicamente a favor de un movimiento de destotalización y de discontinuidad antigadameriano, que conduce al filósofo judío-argelino de lengua francesa a producir el cuasiconcepto que denomina «restancia diseminal» de los textos interpretados, entendida dicha «restancia» (restance) como imposibilidad de tocar un fondo último del texto, pero también como imposibilidad de alcanzar el fundamento supuestamente irreductible de la época histórica que se refracta en dicho texto con el trabajo de la escritura.

Nada escapa, en el vigilante pensamiento deconstructivo de Jacques Derrida, a la diseminación y a la infundamentación posterior a la defundamentación nietzscheana y heideggeriana, a una estrategia posfundacional que si bien acepta cierta fundamentación, la entiende como transitoria, contingente, histórica y provisional.

Frente al ser inmóvil de Parménides, Derrida replantea, de un modo paleonímico, el todo fluye de Heráclito.

La sospecha de Paul Ricoeur participa, involuntaria y estructuralmente, de la idea metafísica de que un fondo verdadero o la verdad de un fundamento último vendría a ofrecerse después de la caída de las máscaras engañosas que ocultan al ente mismo tal como es. No obstante, algunos protocolos y presupuestos de la denominada hermenéutica de la sospecha siguen vigentes.

La indudable vigencia de estos tres grandes pensadores (Marx, Nietzsche y Freud) a través de la relectura crítica de su obra, la gran e insoslayable actualidad de sus respectivos pensamientos, es otra cosa distinta y más compleja.

Armando Almánzar-Botello

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3 de noviembre de 2012

Santo Domingo, República Dominicana.

Ver: Paul Ricoeur: Freud: una interpretación de la cultura, Siglo XXI Editores, 1973, páginas 32 a 35. (La obra en francés, titulada De l’interprétation. Essai sur Freud, fue publicada en Editions du Seuil, Paris, 1965).

P. D. No se debe confiar demasiado en Wikipedia como fuente principal e infalible de información y conocimientos... todavía no...

ESCUELA DE LA SOSPECHA Y OTROS SOSPECHOSOS (A propósito de un supuesto olvido)

Por Armando Almánzar-Botello

Existe un trío grandioso en una modernidad crítica que persiste: Nietzsche, Marx y Freud.

No se me ha olvidado Charles Robert Darwin; sencillamente, el pensamiento del gran naturalista inglés no pertenece al espíritu de esa trilogía histórica y hermenéutica que menciono.

Si de citar figuras decisivas para la comprensión de la cultura occidental se tratara, se me habrían olvidado también Parménides, Heráclito, Platón, Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Descartes, Spinoza, Kant, Newton, Hegel, Leibniz, Heidegger, Einstein, etcétera.

En la breve nota yo hago más bien referencia a lo que se denomina, pertinentemente, como «Escuela de la Sospecha», que incluye, para su definición, a estos tres autores paradigmáticos: Marx, Nietzsche y Freud, denominados también filósofos del desenmascaramiento.

Evidentemente, no estamos restando importancia al gran aporte intelectual y transformativo del pensamiento de Charles Darwin en la historia de las ideas y de la cultura de Occidente.

El mismo Freud lo menciona como el pensador que junto con el gran Copérnico inflige a la humanidad una modalidad crucial de descentramiento, una de las llamadas «tres heridas al narcisismo»; el tercer pensador del descentramiento sería el mismo Sigmund Freud.

Sencillamente no se incluye a Darwin en esta trilogía porque pertenece a lo que Michel Foucault llamaría otra episteme, «otro campo histórico de saber articulado».

Armando Almánzar-Botello

10 de diciembre de 2012

Copyright Armando Almánzar-Botello 
Santo Domingo, República Dominicana.

jueves, 21 de mayo de 2026

¿HAY SUEÑO EN LA VIGILIA Y VIGILIA EN EL SUEÑO?

«Jacques Lacan, leyendo la Antígona de Sófocles y revisando cierta interpretación de Hegel, elabora una ética psicoanalítica en la que el deseo apunta al goce, sí, pero sin implicar esto un ¡goza! de partida, sino un “¡desea!… y si quieres luego goza”... de forma “temperada”, borromea, “incurable”, haciendo vínculo social (sinthome), después de asumir la pérdida, la falta, la castración, cierto sutil, radical, ineludible o forzoso desapego “en la escala invertida de la ley del Deseo”». Armando Almánzar-Botello

«¿Estamos ahora dormidos o despiertos? ¿Me sigues, lector-soñante?». Armando Almánzar-Botello

Conciencia posicional y no posicional: «Toda conciencia es posicional (tética) en cuanto que se trasciende para alcanzar un objeto, y se agota en esa posición misma: todo cuanto hay de intención en mi conciencia actual está dirigido hacia el “exterior”... Esa conciencia espontánea de mi percepción es constitutiva de mi conciencia perceptiva. En otros términos, toda conciencia posicional (tética) de objeto es a la vez conciencia no posicional (no tética) de sí misma (como en la ensoñación, el sueño y la alucinación)... Así, la reflexión no tiene primacía de ninguna especie sobre la conciencia refleja: ésta no es revelada a sí misma por aquélla. Al contrario, la conciencia no-reflexiva hace posible la reflexión: hay un cogito prerreflexivo que es la condición del cogito cartesiano. A la vez, la conciencia no tética (no posicional) de contar, por ejemplo, es la condición misma de mi actividad aditiva... Comprendemos ahora que la conciencia primera de conciencia no es posicional (no es tética, no es reflexiva): se identifica con la conciencia de la conciencia (conciencia no tética o prerreflexiva)». Jean-Paul Sartre: El ser y la nada, Losada. S. A. Argentina, 1976, páginas 18-21.

«Wovon man nicht sprechen kann, darüber muß man schweigen». Ludwig Wittgenstein


«Sin: sentido / Bedeutung: significado / Bedeutung-Intention: Intención de significación / Deutung: interpretación / Traum: sueño / Traumdeutung: interpretación de los sueños. (Título de la obra de Freud sobre los sueños: Die Traumdeutung: La interpretación de los sueños, 1899). Traumbedeutung: significado de los sueños. (Este no es el título de la obra de Freud sobre los sueños). / Unbewusst (Inconsciente) no es igual a Unterbewusst (Subconsciente). Aquí está el error de Stekel y de Sartre, confundir “Unbewusst” con “Unterbewusst”». Armando Almánzar-Botello

«La oposición del sueño a la vigilia, ¿no es también una representación de la metafísica? Y ¿qué debe ser el sueño, qué debe ser la escritura si, como ahora sabemos, se puede soñar escribiendo? ¿Y si la escena del sueño siempre es una escena de escritura?». Jacques Derrida

«La diferencia entre la fenomenología de Husserl y la de Peirce es fundamental, pues concierne a los conceptos de signo y de manifestación de la presencia, a las relaciones entre la representación y la presentación originaria de la cosa misma (la verdad). En relación con este punto, Peirce está sin duda más próximo del inventor de la palabra fenomenología: Lambert se proponía en efecto “reducir la teoría de las cosas a la teoría de los signos”. Según la “faneroscopia” o “fenomenología” de Peirce, la manifestación en sí misma no revela una presencia, sino que constituye un signo». Jacques Derrida

Por Armando Almánzar-Botello

A Fredesvinda Báez Santana, indescifrado latido de la perla 💓 🦪

En el sueño —en ese «fenómeno psíquico que se produce durante el dormir y que está constituido principalmente por imágenes y representaciones cuya aparición, origen y disposición no se encuentran bajo el control consciente del soñante» (según nos dicen los investigadores Élisabeth Roudinesco y Michel Plon siguiendo a Sigmund Freud); en ese estado “profundo” y archioriginario de la huella, de la escritura o del grama, como entiende Jacques Derrida— la denominada conciencia prerreflexiva puede distanciarse parcialmente de las imágenes siguiendo un modo que Jean-Paul Sartre, en su conocida obra El ser y la nada, llama “no tético”, “no posicional”, fenomenológicamente hablando.

Podemos decir, inmersos en el proceso onírico: «Esto es un sueño, ojalá no llegue [o llegue, depende de los deseos del sujeto-soñante-“lector” y del carácter del sueño] el momento del despertar».

Pero el sujeto soñante no podría nunca decirse: «Cuando yo despierte, ¿de nuevo me encontraré en mi cama?; ¿seguiré siendo la misma persona que supongo ahora que soy?; ¿estaré acostado, reclinado leyendo, o me descubriré despierto y activo en otro guión o accionar mundano muy diferente al que me ocupa en este sueño?».

Si el sujeto-lector-soñante se plantea así el problema —modo este último que viene a corresponder al de una conciencia reflexiva, tética, posicional—, es porque ya está despierto.

Para Sartre no hay «conciencia de nada». Siempre toda conciencia es conciencia de algo, de objeto, conciencia tética o posicional de objeto. Pero con respecto a sí misma, la conciencia puede ser no tética, no posicional: conciencia prerreflexiva de sí; la conciencia que opera en el sueño, por ejemplo.

La conciencia tética o posicional de sí es la conciencia reflexiva. Si la conciencia no tética o no posicional de sí es “conciencia de conciencia”, la conciencia tética o posicional de sí, la conciencia reflexiva, es “conciencia de conciencia de conciencia”.

¿Estamos ahora dormidos o despiertos...?

¿Me sigues, lector-soñante?

La seguridad de la vigilia nunca es un estado definitivamente alcanzado por nosotros. No podemos demostrar matemáticamente que estamos despiertos, no existe certeza apodíctica de la vigilia; a pesar de la presunta intuición autoconvalidante de Descartes, que dependía, en realidad, de la existencia presupuesta de un Dios-Autor que no mintiera.

De hecho, solo podemos continuar sin garantías trascendentes —en un proceso abierto de ensayo y error— con la validación/falsación fenomenológicas de la presunción de vigilia, sosteniendo sobre la marcha la hipótesis de que estamos despiertos... Hasta prueba en contrario...

¿Me sigues, amable lector...?

Nunca, cuando me considero dormido, mi yo se ha planteado así esta contrariedad lógica, por más que me “distancie” de las imágenes que se me ofrecen en algunos sueños.

Siempre, al formular este impasse, me descubro “casualmente” haciendo vínculo y lazo social con otro(s) sujeto(s) cuyo espesor u opacidad existencial —en ocasiones virtual o espectral— me hace resistencia, en mayor o menor grado.

En ningún sueño, por más que nos “distanciemos” prerreflexivamente de la sucesión aparente de las imágenes oníricas —secuencia escópica desplegada en el llamado modo no posicional, no tético de la conciencia de sí—, podríamos efectuar ese tipo de cadena razonante.

Inasible lector, observa el hecho de que siempre, en aquello que nos acontece y que marcamos en el recuerdo con los índices de “vivencia en la realidad despierta”, nos hemos planteado este tipo de problemas sobre el dormir y la vigilia, con todos sus meandros y matices conceptuales...

A no ser que ahora soñemos sin ninguna coherencia y creamos, sin embargo, razonar con ideas claras y distintas… No obstante, yo juego a que ahora estamos plenamente despiertos… y lo escribo…

¿Radica, tal vez, en este “insignificante” detalle la diferencia profunda entre sueño y vigilia… entre poesía y prosa...?

Se ha dicho: soñar es una experiencia más radical que la locura misma. El cogito queda más profundamente alterado en el soñar que en la alucinación. Por eso, yo supongo que ahora estoy despierto y no soñando… pero escribo...

Las imágenes y sonidos del sueño son el “dar-a-ver” originario de un “Ello”, de un “Eso” impersonal que simplemente “muestra” para una pura mirada o “escucha mental flotante” que resulta ser la del sujeto que sueña. Alguien cuyo nombre es Jacques Lacan, dijo algo parecido a esto en un remoto día de lluvia que se pierde en la memoria...

Cuando Chuang Tzu soñó que era mariposa, no fue en su condición de mariposa que se planteó el problema de si estaba despierto o dormido, sino en su carácter de Chuang Tzu. Se suponía sujeto humano despierto prisionero de la duda, pero no recordaba en absoluto que cuando batía sus alas como mariposa hubiese reflexionado sobre este dilema.

Por dicho motivo, podemos conjeturar que quien soñó fue el filósofo y no la mariposa. Satisface nuestra vanidad comprobar que él también lo razonó de este modo…

En el sueño de Chuang Tzu, su mirada misma era la mariposa... El soñante mira, pero no ve, como dijo Jacques Lacan en Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. El ver es un “mirarse mirando”, y esto solo lo puede hacer la conciencia reflexiva de la vigilia, en la cual aquella función atópica de la mirada —luz, mancha, hendidura, objeto pulsátil en la sombra y estructural desposeimiento— queda parcialmente elidida.

Por lo demás, en el sueño se oye y no se escucha. Se oye, no el sonido, sino el “ser-oído” del sonido.

La “sonorización” del sueño, labrada por el juego de la huella, es del orden de la “imagen acústica”. El “sonido soñado” y el registro de la “alucinación sonora” corresponden al orden de la “sonorización” del pensamiento prerreflexivo. No son equivalentes a la foné como sonido físico oído en el mundo.

Ergo: es muy probable que ahora, tú y yo, querido lector, nos encontremos resplandecientemente despiertos en el mundo físico multisensorial, a pesar del estado hipnoide que podría generar en nosotros la lectura continua y excesiva de imágenes, de mensajes escritos, la recepción de ciertos sonidos reales o imaginados...

Vivimos la incertidumbre acústica, el efluvio innombrable, la densidad física y la espectralidad virtual del soporte con sus respectivos rayos de luz, ya sean los que se reflejan en la página o los emitidos por la pantalla...

Esos flujos de estímulos podrían estar propiciando, sin saberlo nosotros, la inmersión de nuestra conciencia en el peligroso abismo de una desconocida historia o de una monstruosa inmovilidad...

Todo parecía cotidiano y normal, pero cierta familiar extrañeza irrumpe ahora en mí, cargándome de honda inquietud por algo indecidible y muy lejano que retorna...

Viene a mi mente la mágica rapsoda cuando dijo aquella noche, con extraño aliento rumoroso de jardines, que para las personas genuinamente “prácticas” —en el sentido hermético de dicho término— “el sueño intensivo es una vigilia más alta”...

No obstante, ahora evoco el hecho de que la bella y mistérica mujer pronunció esta frase cuando ambos nos considerábamos sutil y completamente despiertos. Ella misma me confirmó en el acto la verdad de nuestra gozosa y fosforescente vigilia...

Quién sabe, amigo lector, si ahora te encuentras prisionero de Otro que se oculta en ti mismo sin tú saberlo.

Quizá, oscuramente, eres un signo más entre los signos que copulan, una voz en el juego enigmático de las voces y de los ecos, una huella en la travesía de un texto por siempre indescifrado...

Tal vez, por medio de un increíble artilugio prodigioso —más extraño que el caparazón de las tortugas, que la hoja de papel arrebatada en su aparente neutralidad absorta, que la pantalla del computador vibrante y la realidad virtual inmersiva, que los lectores electrónicos de e-books y los audiolibros generosos, que la telepatía ultrananorrobótica y el perseverante libro físico tradicional—, sueñas con la lectura de otro mensaje cifrado que alguien desconocido para ti ahora te re-envía, tenaz, enigmática y pacientemente...

No debemos llamar torpe, barroca o presumida —con la falsa modestia del Maestro demiurgo— a esa oblicua y genésica escritura inaudita...

Armando Almánzar-Botello

Noviembre de 2010

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.

Blogs en los que figura este mismo texto:
Blog Cazador de Agua
Blog Otros Textos Mutantes

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Santo Domingo, República Dominicana.

ALGUNOS TEMAS ABORDADOS POR MÍ EN LA REMOTA ADOLESCENCIA (Notita)

Por Armando Almánzar-Botello

El llamado cogito prerreflexivo, tal como lo concibe Jean-Paul Sartre, implica, simultáneamente, conciencia tética (o posicional) de objeto y conciencia no tética o no posicional de sí.

Ahora me parecen necesarias unas preguntas:

Si la conciencia prerreflexiva es conciencia “inmediata” de conciencia, ¿qué distingue a este nivel de “claridad” de la conciencia reflexiva como conciencia de conciencia de conciencia?

La conciencia prerreflexiva de “derecho”, tal como Gilles Deleuze, Michel Foucault, Jacques Derrida, Maurice Blanchot, Jacques Lacan, Alain Badiou y Giorgio Agamben la conciben, completamente identificada con lo que ellos vendrían a denominar “plano trascendental de inmanencia”, ¿es la misma conciencia fenomenológica husserliano-sartreana como fuente de “luminosidad” intencional y conciencia de “hecho”?

¿Qué relación se podría establecer, si ello fuere posible o legítimo, entre la categoría heideggeriana de lichtung y los conceptos de “línea de luz” bergsoniana, pre-geométrica, o “imagen-movimiento” deleuziana, concebida esta en su pura indeterminación a-subjetiva, pre-individual, prerreflexivo-impersonal?

Firma: El Autodidacto, personaje de la vieja novela La náusea de Jean-Paul Sartre.

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Santo Domingo, República Dominicana.

SUEÑO GRATIFICANTE (PRINCIPIO DEL PLACER) Y PESADILLA (MÁS ALLÁ DEL PRINCIPIO DEL PLACER)

Por Armando Almánzar-Botello


«Lo kitsch como cita y parodia no es lo kitsch padecido en primer grado, como acontece con casi todo lo que se escribe desde la solemnidad sin ironía». Armando Almánzar-Botello

«El onirokitsch “benjaminiano” te viene a despertar del confort de lo banal en la vigilia; como recurso “citativo” es cruda iluminación de lo histórico». Armando Almánzar-Botello

«Cuando soñamos que soñamos está próximo el despertar». Novalis
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Es algo banal el intento de querer despertar cuando el sueño es traumático, y de anhelar proseguir soñando cuando el sueño es gratificante.

Ese dormir gratificante, según Walter Benjamin, es el estado hipnoide y de trivial “ensoñación kitsch” (no me refiero aquí al “onirokitsch” de Benjamin) producido por la seductora mercancía en el contexto de la ideología capitalista, concebida como avieso intento de negar la historicidad de las formas-sentido.

Obedece dicho familiar pero inquietante recurso a los mecanismos de defensa del Ego soñante; de un Yo hipostasiado que se resiste, aun dormido, a ser confrontado, no con la Realidad de la vigilia —instancia que constituye otro modo político de seguir dormido, hipnotizado, amodorrado, histerizado por la mercancía y por el shopping mall, es decir, prisionero del simple principio del placer como principio de constancia energética—, sino con lo Real de la castración, con el vacío, la hiancia, el hueco, el conflicto, la negatividad, el terror, la nada (no néant sino rien) que se encuentra por detrás de toda imagen onírica.

El “onirokitsch surrealista” de Walter Benjamin debe ser entendido “como espejo inverso de la banalidad estética y hedonista cotidiana”, de la trivialidad promovida enmascaradamente —para consumo engañoso de las masas irredentas y bajo la mentida categoría de “lo artístico”— por la proliferante axiomática del sistema capitalista mercantil y financiero…

El pensamiento crítico de Walter Benjamin, como nos recuerda Theodor W. Adorno, asocia el kitsch onírico (el onirokitsch) al surrealismo y su estética vanguardista; por su parte, Franz Wedekind entiende lo kitsch como «la forma actual del gótico, el rococó y el barroco», comprendiendo, como escribe Adorno: «Que es precisamente de los materiales rechazados de donde algún día surgirán los significados auténticos». T. W. Adorno: “Sobre el legado póstumo de Franz Wedekind”, en Notas sobre literatura, (Frankfurt am Main, 1974; Akal, 2003, 2009)

Al apuntar en esa dirección, el onirokitsch surrealista puede conducir a una “iluminación”, a un despertar del sueño engañoso que provoca el “kitsch real de la experiencia cotidiana” (Ricardo Ibarlucía).

En su intento de recuperar el sentido histórico de las formas ahondando en el desecho, en el vestigio, en lo vulnerado, en lo despreciado, abandonado, rechazado y caduco, el onirokitsch de Benjamin y Wedekind vendría a ser para mí una suerte de “sistema de signos declarados”, tal como dice Roland Barthes en otro contexto, frente al “sistema de signos inconfesados” propio del opaco y aproblemático “kitsch cotidiano” como simple dormir ideológico, banal, vulgar, empobrecido, deshistorizado e inconsciente.

Por otra parte, aquí la verdad no es, psicoanalítica y filosóficamente hablando, un contenido constituido, estable, sino más bien esa relación de necesario y estructural “descompletamiento” que el sujeto establece con la dimensión tética del sentido para poder vislumbrar, en los litorales del sueño, lo real, la carencia de Ser, el exceso…

El poder de la pesadilla como sueño traumático es superior, en tanto que fuerza reveladora de un Real imposible al que aspira la “verdad constituyente”, al “principio del placer” satisfecho que comporta el simple sueño gratificante y homeostático.

Curiosamente, en la vigilia kitsch como plácido sueño programado se forcluye y viene a ocultarse un “real indomeñable” revelado en la pesadilla, históricamente, como el agitado sueño barroco y surrealista que nos conduce al despertar.

Por ello, la realidad sociosimbólica convencional, espectacular, es decir, lo simplemente verosímil de la vigilia, es una mera variante pragmática del dormir…

Juan David Nasio considera al sueño, freudianamente concebido, como una “formación del inconsciente”, junto con el chiste, el acto fallido, el síntoma, el acting out y el lapsus.

Por lo contrario, Nasio entiende a la “pesadilla” —conjuntamente con el “pasaje al acto” (que no es, como creen muchos, un acting out), la “lesión de órgano” y la “alucinación”— como lo que denomina “formación del objeto a”.

El “objeto a” en su vertiente de “vacío” es causa del deseo; en su carácter de instancia obturadora es un condensador de goce.

El “objeto a” es un vestigio real del goce mítico absoluto.

Lo Real del goce se encuentra en lo que Freud llamó el “Más allá del principio del placer”… y colinda con la angustia, con la pulsión, con la pulsión de muerte

Por todo esto, Jacques Lacan, leyendo la Antígona de Sófocles y revisando cierta interpretación de Hegel, elabora una ética psicoanalítica en la que el deseo apunta al goce, sí, pero sin implicar esto un ¡goza! de partida, sino un “¡desea!… y si quieres luego goza”... de forma “temperada”, borromea, “incurable”, haciendo vínculo social (sinthome), después de asumir la pérdida, la falta, la castración, cierto sutil, radical, ineludible o forzoso desapego “en la escala invertida de la ley del Deseo”...

Armando Almánzar-Botello

2 de noviembre de 2013

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Santo Domingo, República Dominicana.

EL INCONSCIENTE Y EL SUBCONSCIENTE NO SON LO MISMO EN EL DISCURSO DEL PSICOANÁLISIS FREUDIANO (Theoretical reembodiment)

Por Armando Almánzar-Botello

El título en alemán del libro de Sigmund Freud El chiste y su relación con lo inconsciente es: Der Witz und seine Beziehung zum Unbewussten, no es Der Witz und seine Beziehung zum Unterbewussten.

Algunos hablan de “subconsciente” cuando mencionan el gran descubrimiento de Sigmund Freud. Por ejemplo, utilizan incorrectamente dicho término en obras de Freud como El chiste y su relación con lo inconsciente...

La diferencia más profunda se da entre Unbewusst (Inconsciente) y Unterbewusst (Subconsciente).

La preposición “un” en alemán (Un-bewusst: in-consciente) remite al registro de una cierta radical negatividad muy diferente al lugar “arqueológico” (la metáfora epistemológica freudiana es de naturaleza arqueológica) representado por la categoría de Unter-bewusst (sub-consciente), marcada por la preposición “unter”. La determinación de la primera se refiere a un orden radicalmente distinto al de lo consciente (Bewusst), es decir, el “inconsciente freudiano” (Unbewusst).

Jacques Lacan, el más grande pensador-psicoanalista después de Freud, problematiza luego, no sin gran humor, la categoría arqueológico-freudiana de “inconsciente”, sustituyéndola por otro tipo de formalización de naturaleza topológica, pero esa es ya otra historia...

Lo “subconsciente” (Unterbewusst) es prefreudiano. Aunque Freud utiliza ese término en algunos contextos de su extensa obra, su verdadero descubrimiento fue el Unbewusst (inconsciente), no el Unterbewusst (subconsciente).

El uso común del término Unterbewusst de un modo indiferenciado con respecto a Unbewusst me permite distinguir a quienes están realmente familiarizados con el pensamiento de Freud de aquellos que no lo están.

Para Freud, el chiste más auténtico surgiría del “inconsciente”, no del cálculo reticente-perverso del “subconsciente”, concepto este último que remite a lo que Freud, en su “Primera Tópica” y diferenciándolo del sistema inconsciente, denomina “sistema preconsciente/consciente”, lugar de la “mala fe” teorizada luego por Jean-Paul Sartre...

Lo he dicho en otros contextos: el error de Jean-Paul Sartre, desde los puntos de vista psicoanalítico y fenomenológico, fue haber confundido en su análisis del cogito —en la misma línea de Wilhelm Stekel— la “conciencia prerreflexiva” con el “inconsciente freudiano”.

La conceptualización de lo “prerreflexivo” en Sartre correspondería más bien a lo que Freud, en su metapsicología, teoriza y establece (primera tópica) como sistema preconsciente-consciente, distinto del Inconsciente (Unbewusst).

La especificidad del “Inconsciente freudiano”, en su radical heterogeneidad con respecto a la conciencia no-tética de sí o conciencia prerreflexiva, es completamente desconocida por Sartre. Prueba de ello es que el gran filósofo francés confunde, en su lectura del pensamiento de Freud, la categoría de Unterdrückung (francés: répression; español: supresión, enmascaramiento) con la Verdrängung (francés: refoulement; español: represión)...

Esa “maniobra errática” en el plano hermenéutico y conceptual le permite a Sartre considerar el inconsciente freudiano como una estrategia de mala fe” propia de la consciencia inauténtica, esa que pretende o intenta, convirtiéndose en una especie de opacidad “para sí”, de puro “en-sí” (el inconsciente), evitar la libertad y la responsabilidad que conlleva la asunción del pleno “ser para-sí” y su posible transformación ulterior en “ser para los demás”...

Por otra parte, Jacques Lacan, además de los denominados “tres registros topológicos”, de las conocidas distinciones entre lo “simbólico”, lo “imaginario” y lo “real” —contexto teórico en el que concede, siguiendo a Claude Lévi-Strauss, una gran importancia a lo que denomina “Orden Simbólico de la Cultura”—, elabora, en la última etapa de su pensamiento, el concepto de la lalangue (“lalengua”), al cual define, diferenciándolo de la langue (lengua) y del langage (lenguaje) saussureanos, como una instancia operativa “caótico-semiótica” cuyos principios “reguladores” están constituidos por la condensación de “fonemas desemantizados”, por las homofonías, la glosolalia, la denominada lalación, por el goce de la pura letra

La lalangue lacaniana se encuentra configurada por la “lluvia” —sin formar cadena significante— de lo que el psicoanalista francés conceptualiza y designa como lettre (letra), definida a su vez, no como la dimensión gráfica del signo, sino como la pura materialidad del significante (fónico o gráfico) en su particularidad de mero soporte material, localizado e indivisible, al manifestarse en su carácter simbólico-real de sinsentido, trazo, pura significancia o polivalencia a-significante

La lalangue constituye para Lacan el “Inconsciente real” en acción, diferente al “Inconsciente simbólico” freudiano (Unbewusst) y fundamento estructural de este último, lógica y cronológicamente.

Cuando, para superar, por motivos internos a su propio campo psicoanalítico-filosófico, la oposición metafísica tradicional “lengua-habla”, Jacques Lacan acuña el neologismo lalangue y sitúa dicha manifestación del lenguaje en relación con el registro del “inconsciente real” del parlêtre, como algo diferente al “inconsciente simbólico” freudiano (unbewusst), no está reduciendo el mundo a simple semblante o imagen. ¡Todo lo contrario! Frente a cualquier “nominalismo” reductor, defiende el carácter irreductible de un “real indomeñable”.

La meta ideal de la cura es que el psicótico en transferencia (y en general, todo sujeto analizado en psicoanálisis) alcance una “invención sinthomática propia” (Lacan), un “saber hacer ahí con el síntoma”, un saber hacer con la lalangue que “haga lazo social” por medio del síntoma (symptôme) transformado en sinthome borromeo vinculante.

Esa “invención” del analizante —entendido ahora como parlêtre (ser hablante)— debe permitir que su savoir y faire avec son symptôme (el saber hacer ahí con su síntoma, como el acto compulsivo de escritura, por ejemplo) le resulte más eficaz para sostenerse en la escena del mundo que las vías “patológicas” previas. Específicamente, debe ser más eficaz que aquel intento “espontáneo” de estabilización por medio de la “metáfora delirante” (en las psicosis); que la búsqueda de estabilidad mediante el “síntoma incordiante”, problemático y oneroso (en las neurosis, con el síntoma convencional y no el sinthome como suplencia borromea); o que el intento de lograr fortaleza por el expediente de la simple identificación transferencial con el analista como partner o sinthome provisorio.

Armando Almánzar-Botello

23 de agosto de 2017

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BIBLIOGRAFÍA MÍNIMA

Adorno, Theodor W. Notas sobre literatura. Obra completa, 11. Madrid: Akal, 2003/2009.

Benjamin, Walter. El libro de los Pasajes. Madrid: Akal, 2005. (Especialmente los desarrollos sobre el onirokitsch y la fantasmagoría de la mercancía).

Derrida, Jacques. De la gramatología. Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 1971. (Para los conceptos de grama, escena de escritura y la lectura de la faneroscopia de Peirce).

Freud, Sigmund. Die Traumdeutung (La interpretación de los sueños, 1899) y Der Witz und seine Beziehung zum Unbewussten (El chiste y su relación con lo inconsciente, 1905). Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

Lacan, Jacques. El Seminario, Libro 7: La ética del psicoanálisis (1959-1960). Buenos Aires: Paidós. (Para la tragedia de Antígona y la escala invertida de la ley del Deseo).

Lacan, Jacques. El Seminario, Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964). Buenos Aires: Paidós. (Para la esquicia entre la mirada y la función del ver, el objeto a y la luz en la sombra).

Lacan, Jacques. El Seminario, Libro 23: El sinthome (1975-1976). Buenos Aires: Paidós. (Referencia capital para la formalización del nudo borromeo, el savoir-y-faire avec son symptôme, la escritura como suplencia estabilizadora y el deslinde definitivo entre el inconsciente simbólico y el inconsciente real de la lalangue).

Nasio, Juan David. Los más famosos casos de psicosis. Buenos Aires: Paidós, 2001. (Para la distinción clínica entre las formaciones del inconsciente y las formaciones del objeto a).

Sartre, Jean-Paul. El ser y la nada: Ensayo de ontología fenomenológica. Buenos Aires: Editorial Losada, 1976.
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Santo Domingo, República Dominicana.

lunes, 18 de mayo de 2026

CARTA BREVE A UN HOMBRE ROTO

«El gran bardo lisboeta logró anudar, mediante los recursos del «Drama en gente» y los registros de lo real y lo simbólico, su imaginario proliferante y sin lastre —ese que peligrosamente pululaba en él hasta ningunearlo Nadie...» Armando Almánzar-Botello 

     

Por Armando Almánzar-Botello 


Falso Monstruo Anamórfico Transformativo Generalizado como Neometamorfo (F-ATGN): estoy anonadado por tu imprevista y novísima capacidad lúdico-algorítmica.

Los años nos impactan de modos muy diversos; nos calcinan los sesos con variantes imprevistas. ¿Estaremos bordeando allí el delirio? Y, peor aún, como cyborgs truculentos, ¿estaremos ejecutando el plagio insostenible de un algoritmo ciego del que ignoramos, con dulzura simulada, lo que es? ¡Ya casi estamos viendo el fantasma de la máquina, oh «inconsulto caudillo»!

No recuerdo en ningún momento haberte visto interesado por teorías estéticas informacionales a lo Max Bense, Abraham Moles o Simón Marchán Fiz, etcétera. Pero la Inteligencia Artificial parece haber afectado el corazón mismo de tu axiología panóptica.

Cuando te llamé un día, con fines de alabanza, Gran Demonio de Maxwell, todavía el cyborg era yo; parece que ahora se te ha olvidado.

Tengo desde hace largos años toda una biblioteca en proceso de actualización permanente sobre los temas de inteligencia artificial, realidad virtual, cibernética y estética informacional, etcétera, y me asombro cuando te veo, monstruo, arrastrado por un verdadero delirio cibernético puramente snob.

Con gran sorpresa de mi parte, hasta te he visto atribuir «voluntad-subjetividad» al algoritmo... ¡Bueno! Está ese falso Neometamorfo reproduciendo toda una vieja discusión tecnofilosófica y no parece que te apercibas de ello...

Solo deseo hacerte una pregunta: ¿Por qué meter a Fernando Pessoa y sus heterónimos en ese lío? Pessoa no utilizó los heterónimos de su «Drama en gente» por capricho burgués o para simplemente poblar de máscaras su rota soledad. Pessoa utilizó ese recurso para no volverse loco. A ese problema de Pessoa lo llamó Jacques Lacan «enfermedad de la mentalidad».

El gran bardo lisboeta logró anudar, mediante los recursos del «Drama en gente» y los registros de lo real y lo simbólico, su imaginario proliferante y sin lastre —ese que peligrosamente pululaba en él hasta ningunearlo Nadie...

¡Eso no es un juego neurótico de niños; ese fue un recurso crucial que le permitió mantenerse cuerdo en la escena tragicómica del mundo!

Los heterónimos son en Pessoa un recurso del poeta portugués para hacer un sinthome como suplencia que le permitiera dejar de ser Nadie... Un vacío psicótico.

Tal como Joyce, aunque de otro modo, de la suplencia para la forclusión de lo tético Pessoa hizo una nueva forma de arte: un acto creativo.

Otra cosa muy distinta es utilizar un seudoheterónimo para reforzar un ego que no es de suplencia, sino que obedece al mandato superyoico del «goza de vigencia permanente», aunque no tengas nada serio que decir, que vender...

El problema de los heterónimos no puede ser resuelto mediante el algoritmo: este no tiene cuerpo gozante ni pulsión, no es un parlêtre ni maneja la complejidad de la lalangue.

Lo algorítmico está fuera de la aisthésis. Su reino viene a operar con el número como vector de intensidad, mas no con el aisthéton espiritual, según la forma en que Jacques Rancière piensa este concepto.

La inteligencia artificial no trabaja siquiera con la lógica, sino con el logicial...

Todo eso complica cierto afanoso juego de hacer «teoría» bajo la tutela del algoritmo. Este no comporta ninguna línea de fuga creadora; simplemente organiza la información, pero no crea nada nuevo.

Con algunos falsos personajes conceptuales no se va a llegar muy lejos, porque lo que están haciendo es un ejercicio proyectivo y solipsista que los mantendrá en burbuja o en Campana de Gauss.

Si lo que pide la «soledad de la mente» pequeñoburguesa es mero juego (no hablo ahora de «sociedad de la mente»: Putnam, Minsky, Cacciari...), pues que juegue; pero que no crea estar produciendo conocimiento ni poesía. Solo está aprisionada en aquello que Lacan llamó «palabra vacía» y «molino de palabras».

El algoritmo no tiene subjetividad; por tal razón, no puede conducir a ninguna intemperie, a ningún desamparo, a ningún Hilflosigkeit. Él no tiene la vivencia del desamparo. A un algoritmo, a una máquina, a un gran modelo de lenguaje no le falta nada.

Hay que estudiar más el problema fuera de la trampa que representa meditar sobre la inteligencia artificial explorando el tema con la misma inteligencia artificial.

Debemos tener más cautela epistemológica y leer críticamente sobre el problema en la Galaxia Gutenberg o en libros digitalizados, pero libros al fin. Principio de precaución: Hans Jonas.

¿Sabíamos, por ejemplo, que entre el Gilles Deleuze y el Félix Guattari de ¿Qué es filosofía? y el poeta Fernando Pessoa existe una relación de simetría inversa con respecto a los conceptos de ortónimo, heterónimo, personaje conceptual y autor?

Si no tenemos definido un marco teórico y filosófico vamos a naufragar; es más, ya nos vemos naufragando.

¿Sabíamos que el heterónimo —llamado seudónimo singular con vida propia en Pessoa— es personal en su caso específico, mientras que el personaje conceptual en Deleuze-Guattari es impersonal, expresado y comandado por un «se», y quien viene siendo el seudónimo de sus personajes conceptuales es el autor (al que Deleuze y Guattari no llaman ortónimo sino filósofo)?

Pensemos ese problema con los libros físicos abiertos y no lo dejemos reducir por un recursivo aprendizaje vía inteligencia artificial sobre la inteligencia artificial. Eso no es productivo. Es cómodo, pero ilusorio.

En algunos casos hasta Wikipedia nos resultaría más útil.

Bueno, compañeros de naufragio, para no eliminar más «n-amigos» virtuales prefiero mandarme (¡sí, mándame, Señor del Espejo!) a estudiar seriamente estos problemas y dejar de sacudir el árbol de la Ira...


El Anamorfo Transformativo Generalizado como Neometamorfo (ATGN)

9 de agosto de 2025

La Megalópolis de Petronilo Ánima.

Santo Domingo, República Dominicana.

Enlaces relacionados:

LA MATRIZ DEL NEOMETAMORFO 

https://almanzarbatalla.blogspot.com/2026/01/la-matriz-del-neometamorfo.html?m=1

PEZZOIANA 

https://almanzarbatalla.blogspot.com/2025/10/pezzoiana-ortonimo-evidente.html?m=1

viernes, 15 de mayo de 2026

JACQUES LACAN Y EL «HACERSE EL MUERTO»... («¡YO OPINO!»)

«Ignorancia docente / Docta ignorancia». Jacques Lacan

«La “ignorancia docente” de las redes sociales no es la “docta ignorantia” de los místicos cusanos... aunque ambas categorías participan de la metafísica “haptotrópica” de la presencia (Jacques Derrida)». Armando Almánzar-Botello

«En el pensamiento histórico de Jacques Lacan se produce para el analista un crucial desplazamiento desde hacerse el Otro (A) como sede del código, “muerto del bridge” y garante de la Verdad, hasta hacer semblante del “objeto a” y estar dispuesto a caer como desecho cuando en el proceso el analizante atraviesa el fantasma». Armando Almánzar-Botello

«La histérica pide a su Amo —que “supuestamente sabe”— la respuesta sobre el enigma que constituye (para ella y para todos) la causa de su propio deseo. Sin embargo, por el carácter estructuralmente insatisfactorio de todo “saber constituido” para dar cuenta de la verdad del objeto ausente, ella produce de inmediato una destitución o vaciamiento del discurso de dicho Amo en su papel de instancia que puede ofrecer una presunta respuesta universal al vacío del goce perdido». Armando Almánzar-Botello


Por Armando Almánzar-Botello

El auténtico chiste lacaniano que representa decir: «La única manera de ganar una discusión a un filósofo es hacerse el muerto» (EL SFA) constituye un mero «plagio» transformativo de lo dicho por Jacques Lacan en relación al lugar de «neutralidad» relativa en el cual debe ubicarse el analista.

Para el gran psicoanalista y filósofo francés, en una primera etapa de su pensamiento clínico sobre el proceso de análisis (y prosiguiendo con la concepción freudiana revisitada), el analista debe posicionarse como sede del código, «Otro simbólico» y «garante impersonal de la verdad».

Frente a la mencionada postura psicoanalítica freudo-lacaniana, las estrategias neurológico-psiquiátricas, las psicoterapias convencionales y los revisionistas freudianos tienden a concebir el proceso terapéutico como una relación complementaria entre un sujeto profesional de los saberes neurológico-medicamentosos o psicológicos y su partner o compañero imaginario, el «enfermo», comprendido como «paciente mental» y persona sometida al saber maestro de las ciencias del cerebro y de la psique...

Nos viene aquí a la memoria la importante distinción establecida por Octave Mannoni entre los silencios y decires respectivos del psiquiatra y del psicoanalista. Mientras que el primero se reserva un saber que aplica al paciente, el segundo guarda un frecuente y receptivo silencio que permite al analizado desplegar libremente su decir, con los efectos (des)estructurantes y de posible valor terapéutico que dicha estrategia comporta.

El silencio del psiquiatra es, según Mannoni, el silencio del que se identifica con un saber constituido y lo aplica. El silencio del analista es un silencio de ignorancia y de apertura a una verdad constituyente por venir; su saber lo utiliza para seguir y orientar la cura, pero también para evitar en sí mismo los trastornos que podría producir en él la relación sostenida con las neurosis y las psicosis...

Ese lugar de «neutralidad estructural» constituido por un Otro simbólico que administra los decires y el silencio como estrategias en el «tratamiento» psicoanalítico, Lacan lo identificaba explícitamente, frente al binomio «terapeuta-paciente» y sus peligros de seducciones imaginarias, con el lugar del «Muerto» en el juego de Bridge...

Siguiendo con la metáfora del juego de bridge, el analizado vendría a funcionar entonces como «declarante»...

El primer nivel del chiste, válido para el vulgo y por lo tanto garantía de su éxito más amplio como recurso humorístico en cuanto viene a tocar de modo freudiano una «verdad» oculta del inconsciente socio-cultural, alude a la idea de una indiferencia del receptor del mensaje: un «ausentarse» del diálogo con el «filósofo», un «hacerse el muerto» frente al pensador como «sujeto que se supone sabe» y que pretende aplastar al interlocutor o simplemente conducirlo, de modo socrático, al «oprobio supremo» de la autocontradicción.

Con toda la ironía implícita en esta estrategia popular que señalamos, la supuesta e incorregible «astucia de la mala consciencia» aspira ingenuamente a neutralizar, por vía de una suerte de «evitación-aleve» de la figura paterna o del nombre-del-padre, la «palabra maestra». Esa palabra con vocación de cierre absoluto puede operar en todo acto de habla o discurso como límite, como interdicción-prohibición; como aquella palabra «avasallante» que se atribuye al filósofo, entendido en su rol clásico de voz plenipotenciaria y bajo el expediente de «vía regia» por medio de la cual se manifiesta entre los mortales la potencia del Logos Spermatikós (Semina Verbi) y del Logos Apofantikós.

Es como si el agente y supuesto «beneficiario» del chiste dijera:

No entro en el juego discursivo del filósofo; cuando él «hable» o «escriba», en lugar de responder a sus argumentos yo le mostraré que me ausento, que «bostezo», que hago fading (que me desvanezco, me desmayo, me voy, me esfumo) frente a la pretensión que le supongo de ocupar el lugar del Amo en la famosa dialéctica de Hegel.

Frente a la presunta «Verdad» y la soberanía supuesta de su discurso, el filósofo-amo solo encuentra la «escucha» flotante-ausente de un «astuto esclavo» más que dormido, histriónicamente muerto... Chiste logrado...

Pero el estrato más profundo del chiste («chiste para la parroquia», como decía Henri Bergson en su obra La Risa; chiste para orejas psicoanalíticas) consiste o estriba en la nueva versión ahora entrevista o insinuada en el dictum lacaniano reformulado, lectura inédita que brota como un efecto sorpresa:

En el chiste parece producirse la identificación del «filósofo» con el «analizado», concibiendo al pensador en su más chata vertiente retórico-sofística y no de modo psicoanalítico-socrático. 

El filósofo es visto por el sujeto light como simple agente de actos verbales inútiles, como un mero «paciente» que debe ser sometido por el «vulgo» a una «terapia salvaje». Esta terapia, realizada por la «astucia» del esclavo al pseudo-invertir la dialéctica hegeliana referente a las «luchas de puro prestigio», viene a operar a favor de la doxa, del discurso común y de los registros no formalizantes de la vida, lo sencillo y lo «espontáneo»...

El mencionado «esclavo» trabaja en contra de una palabra envolvente que, por el rigor de su formalismo, tendería a resultar «ofensiva» para los valores creados desde la perspectiva del pragmatismo, de la ley del mínimo esfuerzo y del puro espectáculo.

«Hay que prestar oídos sordos al necio» (al filósofo) parece decir entre líneas, de un modo sarcástico, el breve texto plagiado-transformado en el cartelito de marras, halagando así el odio anti-intelectualista del hombre-masa contra los discursos más o menos densos.

Ese resentimiento fue denunciado en su momento por Isaac Asimov, entre tantos otros, cuando afirmaba que la presión del anti-intelectualismo ha ido constantemente abriéndose paso a través de nuestra vida política y cultural, alimentada por la falsa noción de que la democracia significa que «mi ignorancia es igual de válida que tu conocimiento»...

Para Lacan, en cierta etapa de su pensamiento, el éxito de la cura y «los principios de su poder» dependían de que el analista mantuviera su neutralidad como Otro y no cediera ante la «seducción» y las demandas del analizado. Estos reclamos están motivados de un modo inconsciente por el esfuerzo que tiende a realizar el analizado para «formar pareja o dupla imaginaria» con su analista.

Por esta última vía se producen todos los efectos negativos que se derivan de la identificación imaginaria del analizante con el analista cuando este último, en el proceso dialógico del psicoanálisis, viene a cristalizarse de un modo equívoco y técnicamente «perverso» como sujet supposé savoir («sujeto que se supone sabe»)... y se lo cree.

El analista, cuando asume su rol propiamente freudo-lacaniano, aspira a propiciar la emergencia o producción de las «verdades inconscientes» del propio analizado, sin proponerle una pasiva identificación con el «terapeuta que sabe» o con alguna otra figura modélica a seguir.

El analizado, en el proceso analítico en curso, debe producir su propio «Ideal-del-Yo» más allá de las seducciones imaginarias de un «Yo-ideal».

Llegados aquí, en esta «napa sumergida» del chiste de marras, resulta posible observar que se contrastan en el rótulo en cuestión dos planteamientos relacionados pero diferentes:

     1) La única forma de curar a un «paciente» neurótico es «haciéndose el muerto» frente a sus demandas «locas», negándose el psicoanalista a formar pareja imaginaria con él y situando, con su «silencio estratégico y táctico», el deseo del analizado de encontrar la «palabra plena» de la neurosis en su espera ilusoria de una respuesta concluyente a la demanda voraz que pretende agotar la totalidad del Deseo que la subtiende.

     2) La única forma de «curar-derrotar» a un filósofo «aprisionado» en su afán de lograr la «verdad plena» —batallando este, a veces, con el (re)molino de palabras en el que puede sumergirse ¡y sumergirnos! en su búsqueda compulsiva de «La Verdad»— sería... ¡hacernos los muertos!

Posible fin de la cura, del análisis... o del «diálogo filosófico»...

Pero se trata, en este caso, de un «hacernos los muertos» que no se produce por miedo a la carencia o a la falta, ni por incompetencia estético-filosófica, intelectual o técnica (lo que resulta muy usual), ni tampoco por «antiintelectualismo envidioso» e impotente (también usual). Se produce por amor descarnado a la no forclusión del decir contra la pretendida hipóstasis de lo dicho; por la apertura infinita y el amor a la emergencia posible de una verdad desestabilizante, nueva y entendida como neoformación discursiva indecidible y «monstruosa». Es, en fin, un testimonio de la singularidad del otro que somos y que nos espera, de nuestra radical capacidad para savoir-y-faire avec: «saber-hacer-ahí» con el síntoma (symptôme) bajo el carácter de parlêtres (cuerpos hablantes), tal como concibe Lacan al sujeto (in)humano en su relación con esa «lalangue» que subtiende a todo deslinde universitario efectuado entre lengua y habla...

Armando Almánzar-Botello

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Febrero de 2016

Santo Domingo, República Dominicana.

IMAGEN: Jacques Lacan en sus años mozos.

Copyright Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.