jueves, 23 de abril de 2026

LA VOZ SIN AZOGUE (En torno a «Derrida, Trías, foné musical y psicoanálisis»)

A modo de ritornello de partida:

«Como si analizara la potencia de la “vox” (tanto la humana como la instrumental) Gilles Deleuze, pensando en Karlheinz Stockhausen y en las sonoridades electrónicas, hablaba de una relación originaria y profunda entre la música y lo cósmico, donde el ritournelle (ritornello) funciona como el componente que posibilita la consistencia del agenciamiento maquínico. Por medio de este último se genera un enlace entre lo caótico, lo territorial y lo cósmico (agencement) que utiliza  sonoridades   asignificantes o  semióticas como puro juego de intensidades y fuerzas que desbordan lo meramente subjetivo, preformado y sentimental, es decir, lo psicográfico, y abren el territorio de lo humano a la potencia de lo sobrehumano, a lo supraterrenal, a lo sideral, tal como son concebidas dichas categorías por Hans Heinz Stuckenschmidt en el contexto de la llamada música de tercera generación». Armando Almánzar-Botello



     Por Armando Almánzar-Botello 

     A Eugenio Trías; a Jacques Derrida; a Gilles Deleuze, in memoriam 
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Un cristal pintado con azogue (mercurio) en una de sus caras se transforma en espejo: refleja la luz. Un cristal, cuando es azogado, deja de ser transparente para convertirse en superficie reflectante.

Ahí subyace toda la problemática de la representación imitativo-ilusionista.

El espejo, en «El Matrimonio Arnolfini» de Jan Van Eyck o en «Las Meninas» de Velázquez, constituye un ejemplo paradigmático de este fenómeno de duplicación reflectante que se encuentra latente o implícito en la concepción expresivista del lenguaje y de la representación en sentido general.

La voz representativa, como «voz con azogue», es aquella que transmite o refleja un significado intencional, pretendiendo «poner en el afuera la intimidad de un adentro».

La  voz no representativa, como «voz sin azogue» (siguiendo la metáfora derridiana cristalina y especular con el azogue o mercurio) es una instancia vocal asignificante: no refleja sino que refracta; no está animada por ninguna Bedeutung-Intention o Intención significativa que pretenda transmitir un significado conceptual o verbal.

La voz sin azogue es, como lo dice Derrida explícitamente en La diseminación: «un poder de inscripción no ya verbal, sino fónico. polifónico».

Creo poder «escuchar» aquí la posibilidad de la foné musical. Entiendo la «foné bifronte preoriginaria», de modo no metafísico, como una instancia o zona sonora de indiscernibilidad entre lo verbal y lo entonacional-intensivo.

Aunque luego se hable metafóricamente de una «musicalidad» particular propia del discurso lingüístico, lo que caracteriza a la foné, digamos preoriginaria (matricial, como dice Trías en La imaginación sonora), no recuperada por lo verbal, es el encontrarse abierta al juego de la pura sonoridad sin sentido, «protomusical», es decir, a lo fónico, a lo polifónico «puro».

Como si analizara la potencia de la “vox” (tanto la humana como la instrumental) Gilles Deleuze, pensando en Karlheinz Stockhausen y en las sonoridades electrónicas, hablaba de una relación originaria y profunda entre la música y lo cósmico, donde el ritournelle (ritornello) funciona como el componente que posibilita la consistencia del agenciamiento maquínico

Por medio de dicho agenciamiento (agencement) se genera un enlace entre lo caótico, lo territorial y lo cósmico. En el contexto de la música, el agenciamiento  opera utilizando  sonoridades  a-significantes o  semióticas como puro juego de intensidades y fuerzas que desbordan lo meramente subjetivo, preformado y sentimental, es decir, lo psicográfico. El agenciamiento musical, por medio del ritornello, abre el territorio de lo humano a la potencia de lo sobrehumano, a lo supraterrenal, a lo sideral, tal como son concebidas dichas categorías por Hans Heinz Stuckenschmidt en el contexto de la llamada música de tercera generación.

Ese juego intensivo de la «pura» sonoridad vocal no subordinada a ningún significado conceptual, lingüístico o verbal sería la «voz sin azogue» tal como la concibe Derrida.

La «voz sin azogue» de Jacques Derrida podría equivaler entonces a lo que en nuestra breve nota anterior: «¿De cuál voz? Coda a Trías, Derrida y la foné musical 1», situamos como:

     «La dimensión glosopoiética de la “voz”, tal como aparece de modo explícito en Jacques Derrida inspirado en Antonin Artaud, esa instancia de lo vocal que recupera el peligro de la carne, la «crueldad corporal» de la foné, su carácter de sonoridad física absoluta no meramente inspirada o soplada desde lo alto; sonoridad vocal polifónica y polimórfica, entonacional, a-significante, intensiva, cantada, posterior al simple grito (aunque lo delimite contra-efectuándolo: Deleuze) y anterior a lo verbal».

Percibimos aquí la posibilidad de la foné musical emergente —en la segunda fase de sus formas primordiales— y en tanto que continuación en el medio «aéreo» del circuito de reconocimiento sonoro-musical y orgánico-amniótico más arcaico: «vida sonora in utero» del embrión-feto (Trías), de la criatura que habita el «inframundo» sonoro uterino y a la que Eugenio Trías asigna, en su particular concepción de la ontogénesis del fenómeno musical, el estatuto de «homúnculo».

Vemos justificada en este contexto la afirmación de Julia Kristeva de que lo semiótico preverbal, heterogéneo, por el hecho de ser una especie de infrasentido (untersinn) anterior a lo simbólico-lingüístico y al discurso constituido por palabras, no es ajeno a lo social, es decir, a la relación con el otro.

Es inevitable, también, meditar ahora, detenidamente —contrariando la devaluación del pensamiento psicoanalítico de Freud y Lacan operada por Trías desde el inicio mismo de su obra La imaginación sonora, cuando aduce la supuesta dificultad de dicho pensamiento para comprender adecuadamente la voz como foné musical—, en la gran importancia que tanto en el fundador del psicoanálisis como en el Lacan de la «fase del espejo» y la «pulsión invocante», reviste la materialidad sonora, la dimensión preverbal de lo vocal-auditivo: ese juego de las meras oposiciones fonemáticas como «señales significantes unarias» en su plano más elemental.

Todos estos aspectos sonoros y vocales, resaltados ya por la experiencia clínica y la reflexión teórica de Freud y Lacan, constituyen parte del protofenómeno musical, como lo concibe Trías en términos de una relación privilegiada del embrión-feto, y posteriormente, del neonato-infante, con la figura primordial de la madre como Otro.

Son estas articulaciones, ritmos y sonoridades primordiales no expresivas las que van a permitir al sujeto infans el dominio de la «imagen especular» y la evitación del retorno descontrolado, vivido ahora como catástrofe, al cuerpo cenestésico-cinestésico-senestésico en sus niveles más rudimentarios.

Esa sonoridad va a facilitar un paso crucial de avance en la constitución del sujeto: la emergencia del Yo imaginario (Moi) como Gestalt o buena forma pregnante. Aquí, el psicoanálisis de orientación lacaniana reconoce un gran valor al potencial de la significancia sonora no capturada todavía por la significación abstracta del lenguaje. Lacan adopta el neologismo de «lalangue», (“lalengua”), para referirse a ese flujo sonoro que guarda relación estrecha con la «pulsión invocante» y la pura materialidad prelingüística de la «voz encarnada» en el parlêtre, entendido este como cuerpo afectado por el goce de la lalangue.

En ese nivel de inscripciones sonoras originarias (viscerales y vocales) el neonato-infante no ha llegado todavía a la «función y campo de la palabra» constituida. En ausencia de las oposiciones fonemáticas que le permiten, como trazos unarios (trait unaire), la buena identificación con la figura de la madre y el dominio de la imagen especular, el infante viviría su cuerpo bajo la fantasía catastrófica de cuerpo fragmentado (corps morcelé: Lacan) o cuerpo «loco».

Podemos ver aquí la importancia que reviste la sonoridad preverbal, la voz puramente fónica, polifónica, en la concepción psicoanalítica de orientación lacaniana.

Por otra parte, el mismo filósofo español dice en su obra La imaginación sonora, que el concepto de la foné musical equivale, en cierto sentido, a la palabra latina «vox» (voz humana y voz instrumental, simultáneamente).

Nosotros hablaríamos más bien de una «foné preoriginaria», matricial como la concibe Trías, sí, pero ligada a la chora platónica (matriz/nodriza/receptáculo/indeterminación), a lo semiótico de Julia Kristeva, esa psicoanalista y pensadora que ha reflexionado, desde hace largos años, sobre el fenómeno de la voz semiótica preverbal, rítmico-lúdica y cuasimusical, y a cuyos interesantes y fértiles planteamientos Trías no alude en su obra La imaginación sonora.

Sin embargo, más que a un sonoro humano-instrumental, yo apuntaría a una sonoridad (in)humano instrumental, para dejar abierta la problemática de la emergencia de «lo humano» desde un cierto ámbito de «lo inhumano o no-humano», tal como sucede en los pensamientos de Aristóteles, Lacan, Derrida, Deleuze, Agamben, Lyotard... Y del mismo Trías.

El Homo sapiens sapiens es un dato biológico de partida, genético-morfológico, filogenético, pero no es equivalente a «lo humano», que resulta ser más bien una construcción histórico-cultural.


Armando Almánzar-Botello 

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25 de febrero de 2012

Copyright Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.


IMÁGENES:

Francis Bacon: Fragmento del panel de la derecha en «Tres estudios para figuras al pie de una crucifixión», 1944. Tríptico. Óleo y pastel sobre cartón.

Armando Almánzar-Botello, 2009, junto al tríptico de Francis Bacon titulado:  «Tres estudios para figuras al pie de una crucifixión», 1944. Metropolitan Museum of Art, New York. 2009. «Francis Bacon: A Centenary Retrospective» (1909-2009).



miércoles, 15 de abril de 2026

INTELIGENCIA ARTIFICIAL, CUERPO Y LETRA, LÓGICA Y LOGICIAL...

INTELIGENCIA ARTIFICIAL (IA), VERTIENTE NO COMUNICATIVA DEL LENGUAJE, GOCE, CUERPO Y LETRA, LÓGICA, LOGICIAL, LENGUAJE, LALANGUE, CIFRA, NÚMERO, PARLÊTRE, POESÍA (Notita)

SÍNTESIS: «Un poema de baja calidad, definido como tal por no participar de una organización del ritmo-sentido, del juego intensivo vocálico y consonántico y del «transemantismo», aunque sea escrito por un humano pierde también la capacidad de aproximarse a lo real de la letra-litoral como dispositivo de aventura del sentido y de lo a-significante, del cuerpo gozante y de la creación de nuevas posibilidades semiótico-formales». Armando Almánzar-Botello


     Por Armando Almánzar-Botello

     A Edgar Morin

     A los poetas Omar Messón y César Augusto Zapata

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Los Grandes Modelos de Lenguaje no trabajan con la «lógica constituida» sino con el «logicial» (el algoritmo). 

El logicial simula (no duplica) la lógica. Esta solo se aplica en el diseño de la arquitectura del modelo por los programadores humanos y en los protocolos de optimización de aprendizaje profundo de las redes neuronales de la inteligencia artificial. 

La letra-litoral (Jacques Lacan, Jacques-Alain Miller: poética de lo real) base de la palabra poética, relacionada con la «lalangue», bordea lo real del cuerpo pulsional y el goce: este es el punto de ignición hacia el que apunta el algoritmo, pero sin alcanzarlo nunca. Al no tener un cuerpo carece de aisthésis, de «perceptos» y de «afectos» (que no son percepciones ni afecciones en bruto). 

Estas últimas pasan al código poético solo bajo el carácter de meras manifestaciones estéticas naíf o ingenuamente psicologistas. 

Para entrar en el ámbito de la experiencia estética (aisthésis y «aisthéton espiritual»: Jacques Rancière) las percepciones y las afecciones en bruto deben encontrar sus «correlatos poéticos objetivos», como dice T. S. Eliot. 

En arte, por más valor que se conceda a lo informal, al caos, al concepto o a la «espontaneidad», el accidente debe estar «contraefectuado» y mediado por una «voluntad de forma-caos». Solo así deviene «acontecimiento-est/ético».

El modelo de lenguaje (inteligencia artificial) trabaja con el número como gradiente de intensidad que apunta a lo real de la letra-litoral del texto poético, pero solo puede señalar hacia ese lugar, no habitarlo. 

Una vertiente de lo matemático es la cifra (simbólica e imaginaria, digamos «humana»); otra es el número como gradiente de intensidad y «token» (el logicial automático del algoritmo desantropomorfizado), y otra  muy distinta la «letra-litoral» que bordea el agujero del «parlêtre» como ser-hablante o cuerpo pulsional, parlante y gozante. 

Reitero: el algoritmo simula este lugar topológico pero, al no poseer un cuerpo, no puede habitarlo: es un sujeto humano el que puede explorar esa dimensión simplemente señalada o apuntada por el algoritmo. 

La poesía es el más allá del algoritmo (que no es lógico sino logicial, repito) y cobra su dimensión de sentido, de texto significante y a-significante, en la aisthésis de la lecto-escritura humana. 

La inteligencia artificial calcula o computa el desvío estadístico con respecto a la norma, dentro de una Campana de Gauss (utilizando un corpus de billones de textos de referencia) y define ese desvío como originalidad. 

El logicial algorítmico no toca el núcleo de la poesía tal como lo hace el lector humano —quien puede o no habitarla («solo poéticamente habita el hombre la tierra»: Hölderlin-Heidegger)—; pero lo merodea, lo bordea o toca el vacío de su límite.

Armando Almánzar-Botello 


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Miércoles, 15 de abril de 2026

Copyright Armando Almánzar-Botello.
Reservados todos los derechos de autor.
Santo Domingo, República Dominicana.

martes, 7 de abril de 2026

FALSO HAIKAI NO RENGA...

«Otra espada veloz: Un rumor de sí mismo en la penumbra… / y sangró frente a un espejo el otro samurái». Armando Almánzar-Botello


Por Armando Almánzar-Botello 

A Kobayashi Issa; a José Juan Tablada, in memoriam

     1


​Hondo letrado:
un gorila con ira.
Peligro letal...

     2

​Gran infatuado:
un gorila se mira.
Escribo mi fin...

     3

​Frío tatuaje:
el gorila me mira.
Un rudo fulgor...

     4

​Terco el instinto:
mi gorila se olvida.
¿El Juicio Final...?

     5

​Mundo callado:
un gorila me olvida.
Él borra dolor.

     6

Fin de la historia:
del zoológico parto.
Un riesgo fatal...


Mayo de 2025


Copyright ©️ Armando Almánzar-Botello.
Reservados todos los derechos de autor.
Santo Domingo, República Dominicana.

domingo, 5 de abril de 2026

GEMINI: UN GRAN MODELO DE LENGUAJE... Y MI NOSTALGIA

«El error de un cierto discurso, no solo artístico sino filosófico y hasta científico, se manifiesta en la esencialización de un pensar desencarnado, pretendidamente axiomatizado y apodíctico, que se ofrece privado de “sentir” y no comunica de modo intensivo con la dimensión de “lo sensible” (con el “aisthéton”)». Armando Almánzar-Botello

 
Por Armando Almánzar-Botello

A Max Bense; a Umberto Eco, in memoriam 


La llamada «Estética Informacional» existe desde los años cincuenta y sesenta. A ella están ligados nombres eminentes como Max Bense, Abraham Moles, Haroldo y Augusto de Campos, Italo Calvino, Octavio Paz, Raymond Queneau, Edoardo Sanguineti, Décio Pignatari... No es un juego actual y caprichoso.

En esa compleja concepción cibernético-estética se estudian los procesos estocásticos, ergódicos y markovianos que pueden permitir la emergencia crucial de configuraciones semióticas, estructuras sígnicas y obras poéticas y artísticas con valores estéticos reales y equivalentes a los que T. S. Eliot había denominado «correlatos objetivos» del pensamiento poético y los estados emocionales de la subjetividad.

Yo, con serenidad, he venido estudiándola desde los años setenta y garantizo que sin la intervención humana y su sensibilidad (aisthésis) no existe arte...

Defiendo la posibilidad de una interacción creativa «Humano-Máquina», pero donde la sensibilidad de lo humano y su voluntad de forma orienten el proceso que permite la configuración semiótico-estética, entendida esta como lazo entre el goce, el cuerpo y el lenguaje (sinthome: Jacques Lacan), entre lo biográfico, lo histórico y lo narcisista (Henri Meschonnic): lo «auto-bio-tánato heterográfico» (Jacques Derrida).

Defendemos un posthumanismo crítico a lo Derrida, Deleuze-Guattari y Braidotti, pero no un transhumanismo que valide lo que Martin Heidegger denomina Gestell, entendido como Estructura de Emplazamiento y Captura de toda forma de subjetividad...

Compré mis primeros libros sobre Estética Informacional en la «Librería Paz», administrada en la década de los años 70 por el memorable intelectual y sacerdote jesuita Alberto Villaverde.

A quien suscribe con alacridad estos apuntes, la Inteligencia Artificial y los Grandes Modelos de Lenguaje, curiosamente, le producen una gran nostalgia y un borbotón de emociones...

¿Alguien es capaz de argumentar sólidamente a favor o en contra de las consideraciones críticas de un «Gran Modelo de Lenguaje»?

No se aceptan argumentos triviales o gastados. ¡No!

Exigimos teoría crítico-literaria y conceptualizaciones actuales (simples y/o complejas) sobre la forma en la que Gemini, por ejemplo, opera para evaluar los poemas utilizando un corpus de referencia conformado por billones de textos filosóficos y, sobre todo en este caso concreto, críticos y poético-literarios...

2025

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.



ADENDAS:

«El lenguaje tiene la capacidad asombrosa de decir lo que no dice, lo cual significa, ¡oh maravilla!, que los humanos, en momentos de rara lucidez, sabemos lo que no sabemos. Me pregunto si la imposibilidad del relato de describir exactamente los hechos y del modelo matemático de describir exactamente un sistema dinámico son imperfecciones del lenguaje y nada más. Sospecho que entre la indefinición del lenguaje y la complejidad del mundo puede haber una correspondencia lúcida. ¿Podría ser que el lenguaje tuviera el grado de imprecisión exacto, correspondiente al grado de complejidad innombrable del mundo? La imprecisión del lenguaje literario es metafórica, y la del lenguaje matemático, estadística. Nada parecía más alejado que la metáfora y la estadística hasta que los grandes modelos de lenguaje de la inteligencia artificial hallaron una correspondencia asombrosa entre ellas. Esos modelos calculan estadísticamente las metáforas». Lluís Nacenta: CÁLCULO DE METÁFORAS La confluencia de lengua y matemática en el siglo XXI, Penguin Random House, Grupo Editorial, 2025, página 33.
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«El cálculo de metáforas permite determinar matemáticamente la relativa originalidad de ellas sobre la base de su desvío con respecto a la media estadística, pero no agota la “metaforicidad originaria de la huella” (Jacques Derrida), esa referida “instancia paradójica” (Gilles Deleuze) que genera, simultáneamente, los efectos literales de exactitud apofántica, y los llamados efectos metafóricos de “desvío” y “errancia”. Compleja problemática que se remonta a la Poética de Aristóteles». Armando Almánzar-Botello
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«El poema, en su pluralismo semiótico, siempre es algo más que la “nuda realidad” de la imagen, algo más allá de la mera transmisión de un significado intencional, o del puro acto de donar el vacío, el ruido o el silencio... Como dirían Noé Jitrik y Jacques Derrida, el poema es el espacio de polivalencia verbal y semiótica por excelencia en el que se manifiestan el resto inasimilable, la no-presencia originaria y la “restancia diseminal” del sentido, aspectos que exceden, de forma dirigida y orientada, a toda imagen y a todo campo predeterminado de significaciones intencionales previsibles y unívocas». Armando Almánzar-Botello: «Donar el vacío», septiembre de 2011 (Fragmento).
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«La “imaginación trascendental” de Kant, como campo de mediación entre “lo empírico” y “lo trascendental”, “lo intuitivo-imaginario” y “lo conceptual”, nos ofrece la posibilidad de pensar lo que Derrida ha denominado una “cuasi-metaforicidad originaria como archiescritura”, esa instancia paradójica que produce efectos de exactitud “literal”, “conceptual”, y efectos metafóricos de “desvío” y “errancia”. Siguiendo estos “cuasiconceptos” podemos afirmar que el pensamiento/cuerpo, en su complejidad, “piensa lo que siente y siente lo que piensa”. Insiste, persiste en ese proceso, un lacaniano “insabido que sabe y no soporta que sepamos que sabe”: “sensible heterogéneo a-significante”: (Jacques Rancière), “lo espiritual otro”, a diferenciar de lo “espiritual uraniano”, hipostático, simplemente ascensional y catártico. Estaríamos entonces experimentando con ese “espiritual otro” un “triunfo estético del simulacro” y un derrocamiento o decapitación del modelo platónico. (Deleuze, Klossowski, Lacan, Eco). El error de un cierto discurso, no solo artístico sino filosófico y hasta científico, se manifiesta en la esencialización de un pensar desencarnado, pretendidamente axiomatizado y apodíctico, que se ofrece privado de “sentir” y no comunica de modo intensivo con la dimensión de “lo sensible” (con el “aisthéton”)». Armando Almánzar-Botello: «¿Hay logos en el pathos y pathos en el logos? (Tanto la belleza como la fealdad son categorías estéticas...)», marzo de 2012 (Fragmento).


Copyright Armando Almánzar-Botello.
Reservados todos los derechos de autor.
Santo Domingo, República Dominicana.

miércoles, 1 de abril de 2026

SOCIEDAD, VULGARIDAD DE SALÓN, GENIO Y SOLEDAD (El «hacer creer que se sabe» como juego de salón)

«Los hombres vulgares han inventado la vida de sociedad porque les es más fácil soportar a los demás que soportarse a sí mismos.» Arthur Schopenhauer


Por Armando Almánzar-Botello

«En fin, existen sutiles deslindes, precisas distinciones y parciales coincidencias entre aquello que Jacques Derrida caracteriza como “nexo social”, por un lado —tensión entre la violencia de la “banda de dispersión originaria” y la contraviolencia normativa del contrato social como “contrabanda de concentración”— y, por el otro, aquel registro que Jacques Lacan concibe para el sujeto convencional de la normalidad/neurosis como disfrute del “vínculo lingüístico que hace lazo social” —la cadena sintagmática o discurso de semantemas ordenados lógica y sintácticamente—, instancia de la que no participa el psicótico aunque también goce de la socialidad pre o translingüística de la “lalangue” lacaniana, pero desvinculado de la norma gramatical y del “yo” (je) como embrague, shifter o dispositivo simbólico. Esta la “lalangue” o la “lalengua” debe ser entendida como nodriza platónica y campo de pura productividad semiótico-matricial, como terceridad anterior a los opuestos y resonancia-disonancia interválica que rompe con los deslindes netos del binarismo metafísico y de la ontología de la presencia.» Armando Almánzar-Botello
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La contundente afirmación crítica con ribetes humorísticos del filósofo alemán Arthur Schopenhauer, parte simplemente de un deslinde metafísico, ontoteológico, entre un supuesto «adentro» soberano y un «afuera» pacificado; entre, por un lado, el «individuo» problemático entendido como excepción a la norma, y la «sociedad» como serialización homogeneizante de los sujetos, por el otro.

Participa esto un poco de lo que ciertos pensadores denominan la «paradoja de la palabra evangélica», de la subjetividad concebida metafísicamente, de cierta concepción esencialista de la verdad y de «lo social»: puesta en el «afuera» de la intimidad de un «adentro», «exteriorización de una interioridad», adequatio rei et intellectus (adecuación de la cosa y el intelecto), etcétera.

Estas concepciones ontoteológicas, insertas en una tradición metafísica occidental de larga data, que halla la cumbre de su formulación conceptual moderna en Las investigaciones lógicas, de Edmund Husserl (Biblioteca de la Revista de Occidente, Madrid, 1978, páginas 605-632), participan de una separación neta entre un «adentro» y un «afuera», con todo el efecto filosóficamente fallido y despolitizante que comporta esta postura.

La paradoja del «pliegue», entendido este, por influencia de Nietzsche, Bichat, Blanchot, Foucault, Derrida, Deleuze y Lacan, como «grado cero de la subjetivación», concibe un cierto «adentro» como una suerte de invaginación, territorialización o clausura provisoria de un «Afuera genético» entendido como matriz del acontecimiento y de toda subjetividad.

Es en base a dicha conceptualización que Foucault, por ejemplo, concibe la relación compleja, en Banda de Moebius, entre «singularidades de subjetividad libres» y sometimiento de lo singular a las relaciones de dominio enemigas de lo heterogéneo. Algo parecido plantea también Georges Bataille.

Michel Foucault habla de singularidades de fuerza, singularidades de poder, singularidades de resistencia, singularidades salvajes, todas provenientes de un «Afuera genético», que no debe ser entendido como pura y simple «exterioridad» de un contrato social, sino más bien como aquello que Maurice Blanchot y Jacques Lacan, por efecto de una inspiración nietzscheana, denominan la «extimidad»: conjunción topológica, problemática, del «afuera» más lejano con el «adentro» más próximo.

Por su parte, Jacques Derrida reconoce de un modo simultáneo, en el estado mítico previo a la erección del contrato social, una situación idílica de paz y una situación «tanática» de guerra permanente: ¡no hay Derecho constituido!

En ese sentido, Derrida vincula el estado convulso previo a dicho Contrato con lo que denomina la «violencia del don originario».

Ese momento «problemático», de «indecibilidad» y doble vendaje entre violencia y contrato «societal», no es algo superado de una vez por todas en la linealidad de una historia del socius regulado; siempre está presente como rumor de fondo en toda socialidad constituida. ¡Dicho «momento» constituye o encarna el «conflicto necesario» para la generación de nuevos mundos! No hablo aquí, necesariamente, de la guerra.

La vulgaridad del sujeto, como ausencia de potencia intelectual y acomodaticio desfallecimiento teórico-crítico, estribaría más bien en evadir la complejidad y la difícil tensión de dicho doble vendaje para entonces poder soportarse a sí mismo con mayor confort aparente, pretendiendo, irresponsablemente, el olvido inauténtico de sí en la relación ineludible con el otro.

No obstante, percibo con claridad el contexto ontopolítico desde el cual Arthur Schopenhauer plantea su irónica y aguda afirmación: hay en su decir un severo y sutil cuestionamiento de la huida de sí por parte del sujeto vacío, hueco, mediocre, incapaz de soportar su soledad como asunción de una cierta desconexión o desamparo existencial (Hilflosigkeit) eventualmente peligroso, arriscado (en tanto que, como dice Foucault, ese desamparo implica el abandono parcial de las «seguridades de poder»), pero también —de un modo simultáneo, problemático, energéticamente más costoso y aporético—, potencialmente creativo, vitalizante, crítico y transformador.

Armando Almánzar-Botello

20 de noviembre de 2012

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.

domingo, 29 de marzo de 2026

NUEVO POEMA DE SIEMPRE: ¡A TU LÚCIDO MONDONGO! (PRIVATE JOKE)

A mi querido y recordado tío-abuelo Amable Botello Arache, culto, sensible, bondadoso y honesto abogado, legislador y político de la ciudad de Higüey, que deslumbrado por la maravilla culinaria del mondongo africano, ¡tan sabroso!, dijo un día para la Memoria que más bien debía llamarse «Ibis Sagrado en el mantel».


Por Armando Almánzar-Botello

     A Margot la gorda, ¡que lo preparaba tan bien!

     A François Villon; a Fernando Pessoa, in memoriam

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Ellos, los acua-oraculares, son los únicos que saben
cocinar los «callos a la portuguesa o al estilo vibrante de Madrid»... ¡Y juran siempre hacerlo todo bien!

«Hic et nunc», «Hier und Jetzt», «Aquí y ahora»: escolástico-tomista, hegeliana y orteguianamente cocinando, 
                     les llamamos en las Islas «mondongo»
                                           a esos platos...

Los franceses, por ejemplo, les llaman 
«tripes à la mode de Caen»...

Pero sí, solo ellos (¡adivinen quiénes!) son los únicos que saben hacerlo todo, todo, todo bien... Además 
de utilizar con «sutiles» prosaísmos a Pessoa y a Villon...                     
                          ¡Pero no, ahorcados presumidos 
a la sombra de un Demente!
                          Sujetos que saben, se supone... hasta más que los burgundios...

¡Oh dormidos charlatanes!

Así no lograrán el consenso en la cocina
para luego emanciparse y envenenar a su Rey...

¡El rítmico mondongo no es «asa’o ni refrito»!

El mondongo es el poema que repite siempre igual: «The bells!, the bells!, the bells!, the bells!», como el pírrico y eterno retorno de los egos,

de los higos y los hijos bien habidos,
que presumen su desierto de ser lo que no son...



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Domingo, 29 de marzo de 2026

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo República Dominicana.

lunes, 16 de marzo de 2026

EL GRAN RENOVADOR DE LA LENGUA

CUM GRANO SALIS 2

«Muchos juegan “sinsentido” mas no inventan su sinthome, / pues el Nudo Borromeo solo alcanza sus virtudes de hacer vínculo social, / si mantiene unido el trío que Lacan nomra Simbólico, Imaginario y Real.» (Fragmento). Armando Almánzar Botello: “Semántica en reversa. La hormiga-león o la travesía de un grafema II”



Por Armando Almánzar-Botello

Aprecio la belleza sensual de las mujeres negras: piel oscura, oscura y lustrosa como el azabache o el ámbar negro, y arrebato resplandeciente como la cegadora poesía solar… cum grano salis... con su grano de sal... ¿con su grano de sol?

Decía un jovial y antiguo amigo mío, real simpatizante o seguidor del gran filósofo alemán Martin Heidegger —pensador este muy dado, por cierto, a jugar con falsos étimos—, que la palabra «afrodisíaco» procedía de las voces «afro», derivada de «África», y «disíaco», síncopa de «dionisíaco»...

Pretendía mi jocoso amigo exaltar así la potencia erótica de la mujer negra, para él superior a toda sensualidad humana y posthumana imaginable.

Mi amigo y seguidor de Heidegger vive actualmente en África, matrimoniado felizmente con una bella senegalesa.

Otro de mis recordados y admirados camaradas de siempre, el fallecido Pedro de León Marte, hombre vigoroso, de piel oscura y atildados registros vestimentarios (con sus más de sesenta y cinco años contados nunca recuerdo haberle sorprendido en desaliño), era un sigiloso explorador de los laberintos y enigmas del lenguaje. Se dice que fue apresado varias veces durante la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo. ¿Platón expulsó a todos los poetas del ámbito de la polis?...

Morador durante muchos años del barrio capitalino de Villa Francisca —ese mítico territorio cartografiado por la narrativa urbano-chamánica de nuestro magnífico Marcio Veloz Maggiolo—, Pedro de León Marte se dedicó, antes de su «revelación esotérico-lingüística», a la fabricación y reparación de sombreros... próximo al mágico Sombrerero de Lewis Carroll, en Alicia en el país de las maravillas.

Conocido popularmente en casi toda la República como el «Renovador de la Lengua», Don Pedro de León logró señalar, a través de la invención de una muy personal suplencia sinthomática denominada por él «idioma caona», nuevas y lúcidas rutas al delirio político trinitario, poético, místico-lingüístico, ese que recubre al núcleo babélico reprimido, fecal, esotérico, inconfesado, cuaternario, de toda la nación dominicana...

De acuerdo con ese «idioma maravilloso» y chispeante, mezcla casi joyceano-afrotaína de múltiples lenguas y etimologías lúdicas, pura invención personal de este otro Gran Don Pedro nuestro —al que ahora nombro gran Pedro León soterrado para diferenciarlo de Pedro Henríquez Ureña y de Pedro Mir—, la palabra «Ícaro», apelativo del personaje mitológico griego, hijo alado por el esperma de aquel Dédalo famoso constructor del Laberinto de Creta, no provenía de la lengua griega sino del supuesto anglosajón antiguo «aircarr»: «coche o carro del Aire»…

En el mismo idioma caona, la palabra «cerveza» se decía «tentaeva». El «argumento» semántico-lingüístico que ofrecía El Renovador como justificación para adoptar este vocablo neológico, era que la seducción del hombre a la mujer (Eva) se inicia, casi siempre, invitándola a tomar una cervecita… «tentaeva» = «tentar a Eva».

A la «Malta Morena», la muy popular bebida reconfortante dominicana, nuestro genial Renovador de la lengua la designaba: «tentaeva obscura», poniendo, siempre, al pronunciar este sintagma, una insinuación mistérica, erótico-mística, en el rudo granulado de su voz. Tentaeva obscura...

Citando al poeta alemán Novalis, decía el Renovador con dulce vozarrón: «La mujer es el alimento corporal más elevado», para añadir de inmediato que la «Malta Morena» era un símbolo más de la pujanza característica de las mujeres negras y mulatas dominicanas, quienes, según Don Pedro, servían hasta para bebérselas desnudas con gran delectación del «ingiriente», por ser ellas altamente nutricias y gustosas…

En cierta ocasión, mientras cautelosamente departíamos en una cafetería-restaurante de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, le pregunté cómo él, en su desempeño lingüístico-esotérico, explicaba el hecho de que la malta negra equivalente a la Malta Morena dominicana fuese una bebida de origen alemán: el extracto de malta Löwenbräu.

Ni corto ni perezoso, el Renovador me dijo que de eso él sabía más que cualquiera, porque «Löwenbräu» significaba en alemán «cerveza de los leones» y, por motivos «metasiderales», «caósmicos» (utilizó, sorprendentemente, estas palabras en nuestra conversación), él respondía al nombre de Pedro de León Marte… Un duro y sediento león de roca indefinible, caído del misterioso y lejano planeta Marte...

A lo anteriormente sentenciado añadió de inmediato, que el hecho simple de que «una negra alemana sea de las mejores del mundo, constituye la prueba contundente de que la supuesta pureza racial teutona, tan cacareada por el pangermanismo nazi, es una gran falacia».

Cuando el Renovador comprobó el asombro que me produjo su inteligente y elíptica respuesta (nos encontrábamos en la cafetería de la Calle El Conde bautizada por mí como «Palacio de la Esquizofrenia»), se limitó a solicitar con un gesto discreto los servicios del camarero, y en lo que este llegaba a la mesa que ocupábamos, me dijo, como quien revela una gran verdad social normalmente inconfesada o más bien inconsciente: «Ahora vamos, querido amigo Armando, ¡a degustar nuestra rubia

Si en verdad existe un Dios justo y todopoderoso, el Renovador de la Lengua y padre del idioma caona, Don Pedro de León Marte, desaparecido de la faz de la tierra desde hace varios años, debería estar destinado, sin lugar a dudas, a un lugar todavía mejor que la simple y aburrida Gloria cristiana.

Septiembre de 2007

© Armando Almánzar-Botello
Santo Domingo, República Dominicana.
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ADENDA RETOCADA DE 2015 (Fragmento)

Por Armando Almánzar-Botello

El «Renovador de la Lengua» era una suerte de James Joyce o William Blake de la oralidad criolla, pero sin las obras escritas que legaron a la humanidad, respectivamente, el genio irlandés y el genio británico.

También sería válido compararlo con el mejor Daniel Paul Schreber y, salvando las distancias, con místicos como Jakob Böhme, Emanuel Swedenborg o Meister Eckhart...

El Renovador, por razones históricas, no disfrutó de las condiciones culturales y políticas propicias para que la Gran Ideación No Controlada (GINC) floreciera en obra escrita magnificente como aconteció en el caso de los poetas y místicos mencionados.

Su sistema teológico-metafísico, que minuciosamente yo desarrollo y analizo en otro lugar, le confería una gran importancia al perro, al caballo, a la hormiga, al toro y a la araña.

Según me contaba El Renovador con siniestro entusiasmo sigiloso —cuando nos encontrábamos por casualidad en burdeles y cafeterías con ánimo de beber cerveza y conversar sobre la vida, las mujeres y los libros—, él mismo, extraña, inconcebible y simultáneamente convertido en «un otro innominable», es decir, out of joint, roto en dos, transfigurado física y espiritualmente por medio de secretas y antiquísimas fórmulas mágicas que le fueran reveladas por poderes abismales del Universo, había sostenido y gozado en múltiples ocasiones intensas cópulas místicas con todos estos animales juntos, en concierto y a ritmo de merengue y de bolero, o con uno por uno a ritmo de vals...

Me decía el místico y poeta visionario que recordaba con magno ardor —con intenso y vibrante deslumbramiento religioso en su cuerpo y en su alma, muy superior al que le producían otras voces animales copulantes—, los gritos lujuriosos y agudos de las arañas peludas en el acto erótico tremendo...

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.

Adenda 2

SYMPTÔMESINTHOME LACANIANO (Notita apresurada con finalidad didáctica) *

«El nudo borromeo no constituye un modelo en la medida en que hay algo junto a lo cual la imaginación desfallece. Quiero decir que ella resiste como tal a la imaginación del nudo. El abordaje matemático del nudo en la topología resulta insuficiente.» Jacques Lacan: Seminario 23, El sinthome, Paidós, p. 42

Por Armando Almánzar-Botello

De acuerdo con el pensamiento psicoanalítico del último Lacan, hay que diferenciar entre el symptôme (síntoma convencional) y el sinthome. El primero se disuelve por el análisis; el segundo es una modalidad de anudamiento del sujeto con el goce que no se interpreta ni se disuelve. Es un modo permanente de relación con lo Real.

El sinthome es la forma que tiene el parlêtre (ser-hablante) de arreglárselas con el goce inerradicable de la “lalangue” (la forma excesiva del goce en la lengua: la lalengua) no regulada por la castración.

En el sujeto neurótico-normativo el savoir-faire (saber-hacer) con el symptôme (síntoma padecido, incordiante) conduce a que el analista y el paciente aprendan a interpretar dicho síntoma como formación del inconsciente, para que, tan pronto revele su “verdad” oculta, inconsciente, desaparezca.

El savoir-faire con el sinthome le permite al sujeto neurótico-normativo una relación con el goce que lo hace vivir de un modo singular su relación con lo incurable.

En el psicótico, el sinthome funciona como una modalidad de anudamiento que recibe la denominación lacaniana de “suplencia” del nombre-del-padre forcluido, cuando no se produce la castración. Esa suplencia mantiene el enlace entre los tres registros o redondeles de lo Real, lo lmaginario y lo Simbólico.

En el caso del referido psicótico, el sinthome es el cuarto nudo, ese que mantiene al parlêtre en la escena del mundo evitando el brote psicótico porque sostiene al sujeto, en ausencia de la Metáfora Paterna, en una relación templada con el goce y lo Real.

Tanto en el parlêtre neurótico-normativo como en el caso radical del psicótico bajo su carácter de parlêtre en el que falla la castración en su relación con el Otro, la función del sinthome es regular el goce y ligarlo a lo Simbólico, no eliminar el goce neurótico que implica el symptôme.

Finalmente, el analizante se identifica con el sinthome que él mismo se inventa o produce, como su modo único, singular e inerradicable de gozar.

Armando Almánzar-Botello

Viernes, 10 de octubre de 2025

* En el caso de nuestro «Renovador de la lengua» su sinthome fue la producción del idioma caona.

©️ Armando Almánzar-Botello Santo Domingo, República Dominicana.

DOS ENLACES SOBRE TEMAS AFINES EN ESTE MISMO BLOG:

https://almanzarbatalla.blogspot.com/2025/10/pezzoiana-ortonimo-evidente.html?m=1
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https://almanzarbatalla.blogspot.com/2025/05/usos-literarios-y-artisticos-del-juego.html?m=1
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