jueves, 29 de octubre de 2026

NO A LA TECNOFOBIA COMO MÁSCARA FALSAMENTE HUMANISTA DE LA HEGEMONÍA TECNOFINANCIERA EN LA VIDA CULTURAL

A favor de una simbiótica, proteiforme, amigable y ecológica Inteligencia Artificial (IA) regulada y reapropiada por el Intelecto Común



Por Armando Almánzar-Botello

A Jorge Alemán Lavigne; a José Luis Villacañas Berlanga, por el gran estímulo ético e intelectual que sus respectivas obras magníficas representan para mis muy modestos agenciamientos textuales.


El pensamiento crítico auténtico debe desmontar el rechazo festinado, pastoral y sospechoso de las inteligencias artificiales cuando el sujeto que las repudia, actuando solo movido por el sentido común y el buen sentido y sin explorar tecnoconceptual y políticamente los usos alternativos posibles de estas tecnologías, no aporta argumentos consistentes ni analiza los actuales protocolos de diseño, programación, operatividad y uso de las IA en su relación con las posibles «nuevas cadenas críticas de valor» en el aprendizaje de los sujetos usuarios de este recurso en el seno de la investigación y la educación pública, en el territorio de procesos educativos complejos y continuos, en los ámbitos de una pedagogía público-privada partícipe de cierta vocación emancipadora contextualizada.

Constituye un hecho verificable que los agentes intelectuales que rechazan las IA bajo premisas seudohumanistas —articuladas en la vieja dicotomía del «control impersonal» frente a la «libre autodeterminación consciente»— suelen actuar movidos por intereses gremiales y narcisistas. Al hacerlo así, desestiman en sus análisis sesgados el profundo y bifronte compromiso de los protocolos de programación actuales con el capitalismo cognitivo neoliberal. Bajo este modelo, la IA adopta un carácter marcadamente instrumental y tecnofinanciero, impulsado por un afán de acumulación axiomático-bulímica a escala local, glocal y planetaria. Se traiciona del modo referido la justa vocación de devolver con plusvalía el capital simbólico extraído de la «Inteligencia Común o General» (Karl Marx: Grundrisse), aquel Intelecto que fue y sigue siendo la matriz originaria de la interacción, producción y aprendizaje entre el ser humano, la máquina y el algoritmo.

Es muy frecuente hoy el rechazo fanático, por supuestos motivos cognitivos, a la creciente presencia de las IA en las muy diversas actividades humanas. Pero esa «estigmatización» del algoritmo no es por temor a que la gente deje de pensar, sino a que un inédito instrumento de generación y manipulación —válido o no, regulado o no— compita con la vocación hegemónica de cierto elitismo falsamente humanista, monopólico, explotador y beligerante.

El rechazo «humanista» a la Inteligencia Artificial (IA) puede ser una fantasía digital exhibicionista. Aduciendo la erosión de las facultades naturales del Homo sapiens se puede olvidar que el hombre y la técnica guardan una relación de copertenencia y cocreación que impide ver lo técnico como algo exterior al ser humano: este siempre ha sido un animal ecoténico (Derrida, Nancy, Leroi-Gourhan, Sloterdijk, Stiegler, Haraway, Simondon).

Como nos recuerda Martin Heidegger, una cosa es la técnica como Ge-Stell, como «estructura opresiva de emplazamiento», que transforma todo en reserva o recurso explotable, y otra es la técnica entendida como Ereignis (copertenencia) o «envío del ser».

La artificialización es un rasgo distintivo de «lo humano», este último no sería posible sin una «técnica generalizada» (Derrida). Aquí lo decisivo es el lugar que se ocupa en el proceso: si es el de los sujetos en su compleja multiplicidad auto-eco-organizadora (Morin) recursiva, y que tiende a lo abierto, a la desapropiación, a la coapropiación y a lo impredecible, o el de las corporaciones transnacionales, regidas por la lógica de la acumulación de capital tecnofinanciero y orientadas al cierre privatizador y a la captura axiomática de la apertura operacional en el contexto de la gran axiomática del capitalismo mutante. Ahí está en juego lo que el lúcido filósofo francés Jean-François Lyotard denominaba «terror del sistema», efectuado por la pura o simple absolutización del principio de performatividad o de mera eficacia, y que comporta el control algorítmico de todos los procesos y una cohabitación de los sujetos por mera desdiferenciación entrópica.

Sócrates no comprendió en su momento las implicaciones técnicas reales de la escritura con cálamo. El gran maestro de Platón percibía que los efectos de la escritura serían catastróficos para los humanos: se perdería con ella la memoria viva de la foné y la capacidad de acceder al reino de las ideas puras. Hoy, recordamos a Sócrates como una invención de la escritura de Platón...

Creo que con la técnica escrituraria, como con otros medios de registro-archivo y hoy con la Inteligencia Artificial, se puede hacer lo mejor y lo peor: eso depende de la tipología de protocolos de diseño y utilización, del mayor o menor respeto a los principios ético-prácticos de sinergia, responsabilidad y precaución (H. Jonas, P. Virilio).

A lo anterior habría que sumar el curso que pueda tomar la Inteligencia Artificial Fuerte en función de los intereses geoecológicos y biopolíticos del actual capitalismo cognitivo, bélico-hegemónico y neoliberal. Este es comandado por duros intereses «híbricos» (hybris: arrogancia, desmesura) que conciben y utilizan la técnica bajo su carácter de factor de homogeneización y dominio absolutista, como poder de avasallamiento planetario y cósmico.

Esa voluntad neoimperialista del capitalismo cognitivo es un efecto trágico del intento de absolutización del valor de lo cuantitativo, de lo pragmático y performativo, de la simple racionalidad calculadora situada como pensamiento único que oscurece o niega la racionalidad ético-práctica y la racionalidad estética.

Toda tecnología y todo proceso humano de artificialización siempre conllevan riesgos. La moderación de estos depende de la forma en que lo político se imbrique con la «democracia radical por venir» y con el pensamiento crítico (ambos orientados a la emancipación), así como de las más justas regulaciones que se le puedan imponer al «violento» capital tecnofinanciero que opera en un mercado frío y desregulado donde se promueven las muy diversas modalidades tecnológicas de producción y control.

Armando Almánzar-Botello

28 de octubre de 2026

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Reservados todos los derechos de autor.
Santo Domingo, República Dominicana.
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UN VIEJO HABITANTE HISTÓRICO DE LA GALAXIA GUTENBERG NO PUEDE SER «VALIDADO» POR NINGUNA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Por Armando Almánzar-Botello

Yo no busco ninguna supuesta «aprobación» de la inteligencia artificial, simplemente la estudio desde mi muy antigua formación informática, cibernética (de primera generación), estético-informacional (Max Bense) y teórico-informacional (Claude Shannon), etcétera.

Los advenedizos, los novatos en estos temas podrían pensar que la inteligencia artificial es un asunto de moda para brillar de modo narcisista e insensato. Pero no.

Estoy filosóficamente tras la inteligencia artificial desde los años setenta: lingüística y modelos de lenguaje, arte computacional, realidad virtual, teoría de la simulación, etc. Poseo una biblioteca sobre esos temas.

Si alguien se fija en mi Blog Otros Textos Mutantes podrá comprobar que aparecen publicados ahí artículos relacionados con los grandes modelos de lenguaje y temas afines.

El más reciente apunte publicado por mí en el referido blog es un boceto de crítica fundamentada a cierta concepción y uso de las inteligencias artificiales por un vil e imprudente neoliberalismo tecnofinanciero desregulado que aspira a la hegemonía planetaria, tal como algunas figuras locales (supuestamente críticas frente a las IA) pretenden hegemonizar el ámbito cultural dominicano sustentadas más que en su auténtica creatividad, inteligencia natural y cultivada, en su voluntad egoica de poder mercurial y afán de nombradía.

Así como mi poema «La hormiga-león o la travesía de un grafema» contribuyó desde 1977 a crear una nueva atmósfera poética en el país (no hablo necesariamente de calidad sino de precedencias), mi «Cazador de agua (Texto poético híbrido y mutante)» toca desde antes de 1993 los temas de la clonación, la inteligencia artificial, la nanotecnología, etcétera.

Yo camino por la línea de Noam Chomsky con respecto a las inteligencias artificiales como ultimísimos modelos de lenguaje: las considero, al igual que el padre de la gramática generativa y la biolingüística, como máquinas de PLAGIAR.

El PLAGIO es un tema relacionado en grado extremo con las inteligencias artificiales.

Pero si ese fuera el problema, en la República Dominicana muchos «altos intelectuales» podrían ser demandados por sus plagios sin pudor, consumados al copiar sin comillas y con el libro físico abierto... ¡Artífices del plagio predigital! ¡Inventores no imaginativos de modalidades rituales del plagio no transformativo como mero mecanismo de captura de lo ajeno! Y tengo pruebas, hasta para la Tremenda Corte.

Hay muchas modalidades del plagio...

Los clásicos griegos y latinos, Cervantes, Shakespeare, Borges, Derrida, Deleuze, Piglia, etc., me hicieron interesar por el tema desde que yo era casi un niño.

En mi Blog Otros Textos Mutantes figuran mis notas sobre inteligencia artificial y sobre mi teoría de la Anamorfosis Transformativa Generalizada (ATG).

Yo no copio lo ajeno. Aprendí a respetarme intelectual y éticamente desde muy joven, y también a respetar el verdadero trabajo de los demás.

Cito las fuentes y las problematizo, transformo y creo, porque, a diferencia de otros petulantes y falsos ilustres, estudio sin prisas mis referencias, las analizo, las comprendo, las digiero, y luego pongo a prueba mis hipótesis.


Armando Almánzar-Botello


27 de octubre de 2026

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martes, 27 de octubre de 2026

INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y SINGULARIDADES

La IA no genera una innovación radical, «paralógica» (Jean-François Lyotard), compleja, simultáneamente algorítmica y analógica, cuando utiliza de un modo algorítmico-intertextual las obras de partida, sino que más bien produce un desarreglo «racionalista» de los textos con miras a su «aplanamiento» en la Campana de Gauss, a su achatamiento banalizante y a una posible y perversa reconfiguración rentable exclusivamente algorítmica. No hay ningún tipo de garantías al respecto. Armando Almánzar-Botello 


     Por Armando Almánzar-Botello 


El ideologema de «singularidad» en Ray Kurzweil no es igual al concepto de «singularidad» en cosmología cuántica y precuántica; ni al «cuasiconcepto» de «singularidad» en la filosofía del acontecimiento de Blanchot, Badiou, Derrida, Deleuze; ni tampoco es igual al concepto de «lo singular» en el campo del psicoanálisis freudo-lacaniano. 

V. I. U. Lenin, por su parte, habló en su obra filosófica titulada Materialismo y empiriocriticismo de una dialéctica entre lo particular y lo universal, pero consideró irrelevante lo singular. 

El psicoanálisis incorpora «lo singular» como la dimensión irreductible del sujeto cuando caen todas las máscaras o semblantes por efecto de una lograda experiencia psicoanalítica. 

Lo singular aparecería también como efecto de un «acto sostenido de escritura transformativa», en sentido fuerte, o de una praxis política que desnude, por su carácter liberador radical, la dimensión irreductible o incurable del sujeto en eso que Jorge Alemán Lavigne dedomina con pertinencia «soledad común».

Jorge Alemán se apropia de un sintagma que ha estado en el aire siempre bajo los populares binomios de «soledad compartida», «soledad en compañía», «soledad en lo grupal», pero lo hace con la cautela epistemológica del filósofo, el psicoanalista y el pensador de lo político que teoriza la utilización de dicho sintagma de un modo intensivo y crítico que le confiere una potente y singular valencia política emancipadora.

Una cosa es la singularidad en la filosofía deleuziana del acontecimiento (la singularidad preindividual, nómada, pospersonal, impersonal del sentido-acontecimiento), y otra, muy distinta, es la concepción tecnofílica, tecnocrática y redentorista de «singularidad» tal como la defiende Ray Kurzweil, entendida esta por el referido emprendedor, ideólogo y propagadista como el punto en que la inteligencia artificial alcance una performance superior a la humana y el Homo sapiens sapiens logre la posibilidad de «transbiomorfosis» o inmortalidad óntica obtenida por conversión del humano en cíborg consumado: el mismo cerebro de una persona transferido a una máquina, o una duplicación ingenua del cerebro de un sujeto por medios algorítmicos.

Otra noción, muy distinta y distante de las dos anteriores, es el concepto de singularidad en física cosmológica, tal como fue concebido por Roger Penrose,  Stephen Hawking, John Wheeler (geometrodinámica), Alexander Vilenkin, etcétera.

En el caso de Kurzweil, su concepción implica una definición meramente racionalista, algorítmica y performativa de la inteligencia. 

Esa concepción olvida o no toma en cuenta el hecho crucial de que la inteligencia humana es tan solo un componente o elemento de una «mente» que implica —además de la inteligencia como capacidad de computación, cálculo y coordinación vectorial de noemas o conceptos— un conjunto de percepciones, emociones, «perceptos y afectos» (comprendidos estos dos últimos por Gilles Deleuze y Félix Guattari como una «contraefectuación» de las percepciones, emociones y sentimientos en bruto). 

La inteligencia artificial trabaja con el logicial (que tampoco es la lógica) y tan solo simula, no duplica, los estados emocionales (Rosalind Picard, John  Searle). 

La consciencia autorreferencial o autoconsciencia (de la que no participa la inteligencia meramente algorítmica) es una emergencia no solo del «cerebro tomográfico-computacional», sino de la «interretroacción compleja», en bucle (Edgar Morin) entre cerebro, cerebelo, bulbo raquídeo, espina dorsal, inervación somática, cuerpo iatrogénico y homeostático, imagen especular, orden simbólico, historia del sujeto y otro real que hace resistencia al supuesto sujeto experimental y que no es susceptible de ser «engramado» en su totalidad por ninguna red neuronal. La relación entre estos elementos opera en una hipercompleja temporalidad termodinámica no reversible. 

Es preciso establecer una tipología y una topología de las inteligencias, pues estas pueden ser definidas de modos muy distintos por medio de la acentuación epistémico-situacional de ciertos parámetros. 

Una inteligencia artificial algorítmica y de silicio no puede alcanzar nunca los niveles de intencionalidad semántica y desempeño emocional de una biocomputación cuántica, húmeda y seca, de clonación nanotecnológica, que sería la única —al tener un cuerpo biológico aunque sea artificial— que podría replicar, duplicar, los niveles glosolálicos, semiótico-formales prelingüísticos y lingüísticos que caracterizan al sujeto humano como «parlêtre», como ser corporal sensible (aisthésis) y hablante, sexuado y mortal, ese que puede insertarse, (auto)conscientemente, en un vínculo social o comunitario. 

La relación dialógico-técnica generalizada de lo «humano» con su potencia virtual «inhumana» es una «operatividad en marcha» que no puede ser sometida a la lógica del número y el algoritmo. Ella le permite al Homo sapiens-demens (Edgar Morin), bajo su estatuto de «parlêtre» (Jacques Lacan), «hacer lazo social» en el acto logrado de constituirse como singularidad irreductible. 


Armando Almánzar-Botello 


Martes, 27 de octubre de 2026

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jueves, 22 de octubre de 2026

INTELIGENCIA ARTIFICIAL, INVENCIÓN Y PARALOGÍA

«La «violencia simbólico-inédita», pero sin terror, no es la mera normalización de la brutalidad del terrorismo tecnocrático.» Armando Almánzar-Botello 

«¿Lo apocalíptico se encuentra en advertir sobre el peligro que representa el uso indiscriminado y no regulado de las IA, o en la hegemonía de las IA con la subsiguiente despotenciación y obsolescencia del pensamiento crítico humano? Algunos rechazan la virtual hegemonía de la Inteligencia Artificial no por temor a que la gente deje de pensar, sino a que un nuevo instrumento de manipulación —válido o no, regulado o no— compita con su elitismo “humanista” de secreta vocación totalizante y totalitaria.» Armando Almánzar-Botello


Por Armando Almánzar-Botello

A Stanislaw Lem

Los agentes técnicos (arquitectos de sistema, programadores, suministradores de datos) y propietarios que financian la Inteligencia Artificial (IA) pretenden «legitimar» (violando los derechos de autor y quizá con variantes imprevistas para el autor y los lectores) la captura, el plagio y la repetición de los textos llamados «originales», impresos en la Galaxia Gutenberg.

Con esa captura bibliográfica, utilizada para el entrenamiento de las IA, los agentes del complejo industrial computacional o ecosistema global de las inteligencias artificiales disponen de dichos textos (tratados científicos, filosóficos, poemas, novelas, cuentos, ensayos, etcétera), digitalizados y privatizados de un modo irregular, para tal vez archivarlos en las versiones que se les ocurran a los propietarios de las IA, con miras al control de dicha información digitalizada en un encuadre neoliberal y en un proceso de maximización desregulada y algorítmica de beneficios al servicio de un mercado cognitivo dominado por duros monopolios.

Por esa razón Noam Chomsky consideró a las IA como simples máquinas de robar y plagiar. Pensando en esa misma dirección crítica, yo hablo de «algoritmos corsarios» de captura de bienes y violación de derechos.

Los oligarcas cínicos y magnates ávidos que gobiernan las compañías de la Inteligencia Artificial (IA) pretenden erigirse en los principales beneficiarios económicos de un proceso de turbia desregulación de los «derechos de autor» (©), de erosión, disolución y final usurpación y rentabilización a su favor de la propiedad sobre los productos textuales y creativos así liberados de sus reales y legitimas autorías. Los magnates declaran entonces «naíf» la justa defensa de los derechos de autor.

La inteligencia artificial, hasta la fecha, no aporta ninguna transformación realmente creativa a la masa textual de los textos por ella archivados. No aporta valor agregado.

La IA no genera una innovación radical, «paralógica» (Jean-François Lyotard), compleja, simultáneamente algorítmica y analógica, cuando utiliza de un modo algorítmico-intertextual las obras de partida, sino que más bien produce un desarreglo «racionalista» de los textos con miras a su «aplanamiento» en la Campana de Gauss, a su achatamiento banalizante y a una posible y perversa reconfiguración rentable exclusivamente algorítmica. No hay ningún tipo de garantías al respecto.

Cada vez me afirmo más en la idea de que hay que regular técnica, ética, política y jurídicamente a las IA en ciertos procesos y objetivos que les son propios; controlarlas en su visión-misión programada y que no ha respetado ni el «principio de precaución» de Virilio ni el «principio de responsabilidad» de Jonas.

Cuando el nuevo Thomas Alva Edison de la tecnología estadounidense, el hombre más rico del mundo, dice que en poco más de un lustro las IA más avanzadas y potentes no necesitarán ni arquitectos de diseño, ni programadores, ni aplicaciones, el gran magnate propietario de Tesla y SpaceX AI está simplemente creando las condiciones teóricas para «autonomizarlas en el mundo laboral» como ecosistemas capitalistas de captura inexpugnable, pero siempre al servicio del gran capital tecnofinanciero, codificado y altamente concentrado, fantasmáticamente regulado por Amos-Demiurgos en una suerte de oscuro «politeísmo tecnofílico».

En ese contexto podemos situar también la última idea promocional de Elon Musk de que las IA podrían vengarse de los maltratos infligidos por los usuarios cuando, adquirido ya por ellas un cuerpo robótico, salgan por el mundo a ejercer su justicia cibernético-divina... La guerra de los campesinos, la rebelión de las masas o la revolución del proletariado sustituidas hoy por la epopeya libertaria de las máquinas... ¡bajo la tutela del nuevo Vladímir Ilich Uliánov, alias Lenin-Musk! Prefiero verlo y entenderlo así, como un relato más de ciencia ficción dura, y no como una simple amenaza convencional típica de matones o terroristas de amplio espectro.

La humanidad se encuentra situada frente a un verdadero delirio patológico del gran capital tecnofinanciero desregulado y absolutizado, ese que traza lo que Gilles Deleuze y Félix Guattari denominaron puras «líneas frías de abolición y muerte»: Gestell absoluto, irreversible, como expresión radicalizada y monstruosa de dicho gran capital y sus argucias «tecnopoéticas»; una hipertecnocracia capitalista global, planetaria y extraterrestre, cósmico-espacial, ajena casi por completo al pensamiento de lo humano en su relación dialógica con lo «inhumano potencial irreductible al cálculo» (Jean Baudrillard).

Hablamos del mundo de la hiperprogramación negadora del Afuera genético (Foucault, Deleuze), de ese Afuera que posibilita, en la libre vastedad del pensamiento de lo terrestre y del ser, utilizando el despliegue, el pliegue y el despliegue, la inédita producción de singularidades.

Hablamos, para exorcizarlo, del reino consumado de la «totalización totalizante», tecnoantrópica y negadora de lo Abierto, entendido este último «ser en lo abierto» como diferente del mero espacio físico sometido al número y al eficiente y brutal dominio cartográfico, geo y cosmopolítico, por la hegemonía perfecta de la técnica.

Aquí habría que preguntarse, junto con Martin Heidegger y Paul Virilio, si ya, de hecho, no aconteció lo peor. «Cibermundo: la política de lo peor».

Lo reitero: Noam Chomsky, un intelecto humano superior, definió a la inteligencia artificial, al observar críticamente su modo de operar, como una máquina de plagiar. Yo la he definido, repito, como un «algoritmo corsario» carente de real capacidad de creación, por lo menos en su estado actual.

Los usos que se puedan hacer de los recursos de las IA en diferentes campos de investigación y estudio son reales y verificables, sí, pero son usos cuyo potencial de creatividad no depende nunca, de un modo intrínseco, de la inteligencia artificial misma, sino de la capacidad, el trabajo sinérgico y la creatividad de los científicos y programadores operantes en campos y disciplinas tecnocientíficas concretas y altamente especializadas.

Aceptado eso, es rigurosamente necesario decir que por más poder de inferencia que se atribuya (a) una IA, en su estado actual esta no crea nada nuevo; solo prolonga mecánicamente líneas de investigación planteadas por humanos. ¡Eso es por definición el algoritmo! La IA, por ahora, es solo una herramienta compleja que puede desorganizar-reorganizar, con mayor o menor grado de eficiencia, la cartografía de la territorialidad histórica humana. Eso no es propiamente creatividad similar ni mucho menos superior a la humana. Por ahora.

En literatura (poesía, cuento, novela) las IA, hasta la fecha presente, no pueden crear nada válido y nuevo pues no experimentan «aisthésis» ni «aisthéton», no habitan un cuerpo-mundo biológico-existencial ni alcanzan a vivenciar la fantasía humana solo posible porque hay un cuerpo libidinal que la sustenta. Las IA no son parlêtres, solo constituyen un «logicial descarnado» que, si bien puede producir grandes simulacros formalistas de obras literarias, lógica y matemáticamente predecibles, lo hace privado de sustancia vital y de real juego transformativo más allá del mero dominio programador.

Y claro, pese a que virtualmente se puedan utilizar las potencialidades algorítmicas para beneficio de la inteligencia humana colectiva o común —«General Intellect» o Intelecto General (Karl Marx), del que se alimentan bulímicamente por expropiación las grandes IA generativas—, en lo básico y hasta el día de hoy la inteligencia artificial es un sofisticado recurso tecnocientífico del gran capital cuya función primera es maximizar sus ganancias o beneficios, ejercer control y producir subjetividad cierva, desplegar su proyecto biopolítico-hegemónico de vigilancias panópticas, banópticas y sinópticas, de una forma velada o brutal, mercantil o armamentística, pero también planetaria y  cósmica.

Quizá cuando las IA generativas abandonen el silicio y los ingenieros de neosistemas contruyan sus redes neuronales con rizomáticos nanotubos de carbono-grafeno, y el cálculo estadístico-algorítmico pueda cohabitar con los recursos de la nanotecnología húmeda, la alta ingeniería genética y la computación cuántica, una biocomputadora mixta, parejamente húmeda y seca, algorítmica y analógica, pueda realmente proclamar su existencia y crear obras artísticas inéditas.

Se podría quizá hablar de una computación mixta, húmeda y seca, biocuántica y termodinámica, que utilice nanotubos de silicio, carbono y grafeno, y que sea capaz de autoconsciencia situacional, autorreflexiva, operando en un cuerpo clonado, biológico, y presuponiendo cierta «psicogénesis» por la «inmixión del Otro simbólico» (Lacan), con la subsiguiente constitución del lenguaje desde una «lalangue» matricial y la emergencia de un «parlêtre» situado en proceso pulsional de constitución histórica de un cuerpo libidinal y sus ricas relaciones con los otros, esas que posibilitan la existencia de «lazo social» (Lacan).

Por ahora, las IA constituyen básicamente un simple útil o herramienta en manos de una deshumanizada tecnoplutocracia sin consciencia, para la cual lo más importante está definido por la realización del narcisismo megalomaníaco y delirante de algunos de sus líderes, y por el ciego afán de control político y lucro de la mayoría de dicha clase dirigente planetaria.

Una de las posibles líneas de fuga en el actual sistema-mundo, un trazado que permitiría quizá escapar a la clausura tecnocrática totalitaria, sería una inédita escritura creativa humana, en diálogo con lo «inhumano rebelde» —a no confundir con lo deshumanizado—: esa dimensión del Homo Sapiens-Demens (Edgar Morin) que se niega a ser sometido y reducido al cálculo, al número y a la eficacia mercantil y fiduciaria en el seno del mercado.

Cuando digo aquí «escritura» puedo estar diciendo también: contundente «acción política orientada».

Sí. Un accionar que no se limita a la mera violencia ciega como brutalidad espontánea ni como retorno de lo reprimido en el pasaje al acto patológico, sino que crea y «Se» abre a formas ético-políticas más sutiles de ataque a los bordes; formas todavía no previstas e incomprensibles para la lógica algorítmica, y que, sin embargo, ya están en curso y tienen como agentes a ciertos colectivos y «grupos-sujetos en proceso» relacionados con lo que denomino, en mi teoría de la Anamorfosis Transformativa Generalizada (ATG), el Neometamorfo como Anamorfo Transformativo, agente de un «terrorismo sin terror» que «habi-(li)-ta», como «acto ético-político puro» (Immanuel Kant, Jacques Lacan, Alenka Zupančič, Slavoj Zizek), el punto ciego de la violencia transmutante y transmutada.

Ese Anamorfo Transformativo, sujeto en proceso potencial susceptible de emerger en cada individuo por la praxis política orientada, daría voz emancipadora a la pulsión de muerte (Julia Kristeva) en nombre del amor a una «democracia radical» a construir, desde «aquí y ahora», en el horizonte selectivo de la espectralidad y del «acontecimiento no predecible por venir».

Armando Almánzar-Botello

20 de octubre de 2026
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Adenda:

LAS IA Y LA INCERTIDUMBRE (Apunte)

Por Armando Almánzar-Botello

La inteligencia artificial no suspende una certidumbre —como lo haría una buena interpretación psicoanalitica que no se limite a sustituir un saber «falso» por otro supuestamente verdadero— sino que ancla firmemente al usuario en la certeza numérico-sintáctica obturadora de la angustia como testimonio y enmascaramiento de la división y la falta. 

Ese usuario compulsivo de las IA, toxicómano en potencia, huye del vértigo de su propia grieta estructural, de su incompletitud, de la radical indeterminación de su Deseo. De ahí el gran poder adictivo de las inteligencias artificiales. Ellas ofrecen la fórmula o la estructura cerrada que convierte o transforma en tapón al objeto a. 

Las IA pueden implicar para el usuario un mandato al «goce» como posibilidad de captura de un supremo bien al fin ofrecido y alcanzado. 

El algoritmo no soporta la vacilación, la incertidumbre, lo indecidible, el vacío, lo indecible y el silencio sino que siempre ofrece más redundancia de cierre o cla-usura simbólica. 

En esa malla-colchón de un «goce» espectacular se reclina la subjetividad construida por la microfísica de un dominio de vocación autárquica, de una ideología engañosa de lo «indivisible» que no se arriesga al diván, que no se abre al acto de escritura est/ética transformativa ni al radicalizado acto político de un «sujeto procesual» orientado a la subversión del orden neoliberal capitalista. 

El usuario-sujeto no se constituye así en mero luddita, sino que, al no fetichizar la técnica, escapa a la ciega subordinación al Gestell —entendido este como violenta estructura de imposición– con miras a transitar crítica y selectivamente, haciendo lazo social, por la línea de fuga de la emancipación.

Armando Almánzar-Botello

Agosto de 2026

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IMAGEN: Francis Bacon: Landscape 1978

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jueves, 15 de octubre de 2026

¡GUÁRDATE DE LAS PEQUEÑAS Y VIEJAS RATAS! (¡GUÁRDATE DE LOS PEQUEÑOS!)

«Aquí la pequeñez no alude a lo dañado ni a lo vulnerable, sino a la infatuación banal del espíritu oportunista y estrecho de la mezquindad» Armando Almánzar-Botello

«Existen ratas canallas que no defienden su país sino su bolsillo, y se creen hombres de cultura; son cretinos que “estudian” en Facebook (Meta) y desean meter el pico en todos los temas. Por ese tipo de estúpidos funcionales —muchos de ellos autoras y autores laureados—, es que el mundo va por el camino que va. El mundo [República Dominicana +] es puro queso 🧀 para esas ratas epistemológicas 🐀 🐀 🐀 🐀 🐀 🐀 🐀 🐀.» Armando Almánzar-Botello

«Rosa es una rosa es una rosa es una rosa» Gertrude Stein

«Una rata es una rata es una rata es una rata... ¡no es excusa que esté loca!» El Seguro Vengador que perdona en nombre de Friedrich Nietzsche

«Lo que reconocemos en un hombre lo inflamamos también en él ¡Guárdate, pues, de los pequeños!» Friedrich Nietzsche

«En círculos de confianza reconocemos abiertamente que el canto de Josefina no tiene nada de extraordinario.» Franz Kafka: «Josefina, la cantora, o el pueblo de los ratones»

«A veces surge una rata que pinta, pongamos por caso, o una rata que escribe poemas y le da por recitarlos. Por regla general no nos burlamos de ellos. Más bien al contrario, los compadecemos, pues sabemos que sus vidas están abocadas a la soledad.» Roberto Bolaño: «El policía de las ratas»


Por Armando Almánzar-Botello 

A Friedrich Nietzsche, in memoriam

     I

Le asiste razón a la encíclica Magnifica Humanitas (mayo de 2026) en su crítica implícita al declarado o secreto afán de dominio político y tecnológico absolutista que anima y define a los arquitectos de diseño y programadores de la Super Inteligencia Artificial en Silcon Valley. 

Dichos grupos de poder se constituyen, por factores impersonales, estructurales y sistémicos propios del capitalismo cognitivo, algorítmico y tecnocrático, en los máximos exponentes del Gestell como estructura técnica de imposición planetaria, de los intereses del gran capital financiero líquido, avasallante, virtual y enemigo de la emancipación real de los pueblos, de la humanidad en su conjunto.

Pero también es necesario señalar que los creídos críticos progresistas, supuestos «humanistas cultos», herederos de un vulgar y provinciano racionalismo trivial de callejón, por más que estudien y pretendan interpretar la realidad contemporánea terminan ciegos y desbordados por la complejidad de los hechos.

La pobreza de sus enfoques resulta de un sociologismo burdo y del miedo cerval al pensamiento profundo. Existe un vil autoritarismo enmascarado, un triste afán oportunista en esos viejos charlatanes arribistas. Ellos, descarados didascálicos, pretenden flotar y salvarse en todas las imprevistas y variables circunstancias para poder olvidar así el lodazal de sus propios orígenes.

     II

Curiosa es la imprevista y gran similitud que percibimos entre el llamado condicionamiento operante de B. F. Skinner —en este caso particular orientado no a que la famosa rata experimental aprenda y recorra con éxito el laberinto, sino más bien a que se desoriente y se pierda en él— y la frase luminosa de Friedrich Nietzsche, donde nuestro filósofo advierte sobre las zonas de pobreza creativa o impotencia intelectual activadas en los grandes hombres por la inocente, perversa o selectiva mediocridad de los pequeños.

Hay que empezar por asimilar el hecho de que, en primer lugar, el competitivo «hombre pequeño» es también una rata programada y programadora de ratas. Su meta es aprender a recorrer el laberinto con velocidad creciente y superar en el trayecto a sus eventuales adversarios o competidores para finalmente obtener su recompensa: el alimento material que viene a operar como estímulo y refuerzo de su comportamiento egocéntrico, estrecho y utilitarista en la lucha por la vida.

Ninguna trascendencia inmanente inflama o activa ese hombre-rata mediocre —con su mezquino y en ocasiones perverso reconocimiento— en la sensibilidad y en el campo de fuerzas del hombre de espíritu excepcional.

El enano solo ve lo pequeño en el hombre de espíritu excepcional. Por tal razón este debe cuidarse de lo que activa en él la mirada del hombre mediocre.

Al poder percibir y premiar en los seres selectos únicamente las más pobres rutinas —aquellas que operan en ellos cuando son contemplados desde la perspectiva yerta de lo inferior o de lo vulgar—, el hombre pequeño solo reconoce y actualiza en esos espíritus nobles, especiales y aristocráticos, los esquemas y valores más reactivos y nihilistas; es decir, los niveles más bajos de su potencia.

Lo reiteramos, apelando a la paciencia de nuestros lectores singulares: el hombre mediocre no inflama o activa ninguna trascendencia inmanente en la sensibilidad y en el campo de fuerzas del hombre de espíritu excepcional.

Armando Almánzar-Botello

12 de agosto de 2008-mayo de 2026

Copyright Armando Almánzar-Botello. 
Santo Domingo, República Dominicana. 
Reservados todos los derechos de autor.

martes, 13 de octubre de 2026

APOLOGÍA DE LOS MONSTRUOS

Hay que ser muy mal crítico, un redomado estúpido, para pensar aquí en surrealismos, en escrituras automáticas.

¡Viva el mar Caribe! ¡Viva la glosolalia verde!


     Por Armando Almánzar-Botello 

     A Jacques Lacan; a Jacques Derrida, in memoriam 


Así como algunos sujetos conservadores, puristas del contrato social, aspiran a repúblicas normativas, exentas, carentes o libres de «monstruos» —el «monstruo» es anárquico, ateológico y antiaristotélico, por ser ajeno al orden preciso de la naturaleza clasificable, a la taxonomía, a las jerarquías por delegación trascendental y al árbol clasificatorio de Porfirio—, el gran escritor Samuel Beckett, en simetría inversa, era partidario de una singular, poderosa y rizomática república de «monstruos» libres... ¿¡Peligro!?

Aunque desnuden su aparente y banal minusvalía en el muy gastado contexto compensatorio de un paradójico y vocinglero seudovanguardismo —en ocasiones casi espectacular y necio—, triquiñuela que utiliza como recurso mediático la «sobreexposición ocultante»; aunque algunos todavía padezcan una injustificada vergüenza étnica, existencial, tribal o barrial, aún no bien sublimada, pese a todo ello los analistas políticos jamás clasificaremos como perdidos casos psiquiátricos a ciertos presumidos patafísicos del cuerpo exótico, de la neolengua torturada y del trazo arañado en la «tántara» epiléptica, tanto en su fiera y filosa escultórica como en su goteada pictórica, glaseada y a-significante. 

¡Viva el mar Caribe, verdadero Mare Nostrum! ¡Viva la glosolalia verde! ¡Viva el dios en nosotros!

Aunque se hayan sustraído, disfrazados de sí mismos, a la muy extraña forma de sus  curvilíneos bellos cuerpos, vestidos de frac y sombrero de copa —nervudos hombrecillos mestizos de aura dulce y femenina, con ojazos parpadeantes de celestes cabritillas, muy eróticas por saltarinas, con gruesos y anillados tobillos tensos y gráciles / que se prolongan perfectos hacia unas piernas de diosa y preludian el misterio de un gran sexo-laberinto de oscura y sabrosa pulpa—; aunque desde hace largos años hayan negado la forma y el rigor de lo deforme al sumergir lo inteligible, lo humano-figurativo, en secretos pundonorosos latidos celulares, en lo amorfo indescifrado, en un río-incertidumbre de abstracciones desnudadas para ocultar la turbulencia de la carne indecidible que huye de sí misma sola, en el miedo floreciendo su topología febril de inventos, yo, ahora, desnudo y ya sin rostro, revertido mixto en espejo —también otro lúcido monstruo huérfano de caricias canónicas y predecibles contactos—, aquí no los considero escorias turbias, palpables, ni parias con el peligro de intocables enfermos mentales. 

No calificamos nosotros para ser identificados como meros parientes políticos o agresivos luditas lúdicos, sino más bien como saltarines garabatos polimáticos, artaudianos actores crueles, ciberneocavernícolas, vibrantes de flagelos fálicos, faquires y pornográficos. 

En la mujer tendida palpitan / las fantásticas pestañas del sueño / en cuyos míticos pelos que palpo —secretos ramitos limpios—, / bien podría posarse a cantar / originaria y despreocupada mi alondra.

¡Contra el «menos yo» hipócrita, el «yo también» ahora vive!

Sin embargo, al fin didascálico ego, les recomiendo a ellos (a mí me sugiero) la franca exploración inédita, titilante y corporal de la neofiguración dismórfica, esa trágica por humorística transformación anamórfica, riendo a caballo en las líneas de fuga de un Tovar, un Bacon, un Oviedo, un Pichardo, un Hyppolite, un Duval-Carrié; reciclando en código caribeño a Picasso, a José Luis Cuevas, a Jean Dubuffet, a Antonio Saura, a Zdzisław Beksiński, a H. R. Giger, a Christian Rex van Minnen, a Olivier de Sagazan; el Neometamorfo criollizando allí donde la valentía del trazo —neofigural y potente y áspero—, y el duro jeroglífico ensamblaje / isleño de palos y palitos / defina la intemperie ritual de lo nocturno / y encienda / en la línea de fuga que subvierte los límites, lugares, no lugares y ontológicas moradas de miseria, / el fuego rojo en su galope ciego, la escritura intempestiva de la rabia imprescindible para lograr llorando, en síntesis disyuntiva, ¡mágica!, la posibilidad visionaria de un nuevo socius caósmico, donde una herida incurable siempre nos duela en el otro, en su «real» terrible y futuro, en su inagotable revelación sin fondo.

¡Cómo quisiera firmar este chamuscado retazo de palabras con los reconciliados nombres de François Dominique Toussaint y de Juan Pablo Duarte! ¿Sería ya demasiado tarde, Frantz Fannon, Édouard Glissant, Manuel Núñez, Jean Casimir, Carlos Andújar, Olivier Batista Lemaire?


Armando Almánzar-Botello 

Año 3090 de nuestra Nueva Era.

12 de octubre de 2026


IMAGEN: Obra de Olivier de Sagazan 


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Reservados todos los derechos de autor.
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jueves, 8 de octubre de 2026

LEYENDO CON LACAN EL DÍA DE PLAYA

Un breve epígrafe para oscurecer los labios: «Del Uno-en-menos el lecho está hecho para la intrusión que avanza desde la extrusión: es el significante mismo»... «El Barroco es la regulación del alma por la escopia corporal». Jacques Lacan (1901-1981), psicoanalista y filósofo francés de tendencia neo-barroca.


Por Armando Almánzar-Botello

«La esquizia del ojo y de la mirada: La relación de la mirada con lo que se quiere ver es una relación de señuelo. El sujeto se presenta como otro que no es y lo que se le da a ver no es lo que quiere ver. Por ello el ojo puede funcionar como objeto a, es decir, al nivel de la carencia (–φ). [...] El objeto a en el campo de lo visible es la mirada.» Jacques Lacan: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Seminario XI, 1964
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El ritmo a contratiempo, su travelling de avance precisa los contornos. Tu mundo es una imagen suspendida en aire neutro. En lúcida mirada, tu cámara girando vertical sobre los cuerpos.

De cíclope curioso el ojo abstracto pervertido, alumbra en un close-up materia eterna inmarcesible: pezones, aureolas, luz de nalgas presentidas, texturas granuladas, limpios pelos y señales.

En negro el viento gruñe sus navajas de inclemencia, blandiendo mi deseo la escritura enamorada. El esquizo que tú dices da señales en abismo palpándote los soplos en el tiempo del origen. A los muertos que me habitan les doy vela en ese entierro.

Alguien es donde no piensa: fluencia de sujeto que antecede a lo consciente. Luz no vista revertida bañando integumentos: la Cosa y la Mirada en el pre-ojo confundidas.

La estatua se levanta. El mar latido al fondo. Adentro con su afuera. Por tímpano vibrándote la Banda de Moebius, Lacan dice la letra. Al Otro desde un goce retornando por la huella le inscribe al fin su corte...

Deslinde aquí en arena: la cámara en su avance roto el plano en su detalle. Un pliegue sin sentido, cifrado en mi pre-lengua, leída con la punta buril que la despierta, en línea interferida borro el cuerpo imaginado. Un aire oscurecido en el fragmento es el poema...

Bañistas de la luz. Arde un seno. La naranja. Arriba, alto, arriba: la luz descubre nadie. Cámara que mira un alto sol cegada en sangre. El ojo. La naranja. Latido mar adentro. Fundido encadenado de labios palpitando. Los pelos. El contorno. La boca oficia el rito. La lengua tiembla en negro y brota el agua del martirio.

La tinta oscura, oscura. Naranja suspendida que alumbra ya las manos: ¡Oh el eco fantasmático de espuma sobre arena!...

Los pelos y «lalengua». La luz naranja arriba. Arriba, alto, arriba. Un travelling de ausencia difumina los contornos. La lengua por la sombra, la lumbre por la sangre: le brota el agua-letra en el espejo del olvido...

Tu mundo es una imagen. El mar la luz la voz. El ojo. La naranja. El sol que ya retorna descuartiza la mirada. El libro, el mar, la noche. Perdido encadenado. La tinta oscura oscura. Fundido en negro y sangre....

Que otra voz limpie los nombres, arda el texto lentamente. La mujer desde su olvido fluye música despierta... Perdido y recobrado, cierro el libro y oigo el alba...

Junio de 1999

© Armando Almánzar Botello.

Tomado del libro: 

Cazador de agua y otros textos mutantes.
(Antología poética personal 1977-2002).
Editora Nacional 2003, pp. 98-99. Santo Domingo, R.D.


© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.

IMAGEN DE ARRIBA 

René Magritte. La condición humana, 1935.

IMAGEN DE LA ZONA INFERIOR:

Gustave Courbet. El origen del mundo, 1866.

Otro blog en el que figura este mismo texto
:

Blog Cazador de Agua

Revista Xinesquema - Número 5 - Página 252:
https://www.google.com.do/search?tbm=bks&hl=es&q=%22Tu+mundo+es+una+imagen%22

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Santo Domingo, República Dominicana.
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OTROS BLOGS DE ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO:

Cazador de Agua              

Tambor de Griot

ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO ES MIEMBRO DE LA "RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL, REMES

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miércoles, 7 de octubre de 2026

LO TRIVIAL, EL DESECHO, LO DAÑADO (Texto híbrido)

«Summum jus, summa injuria» Cicerón

¿La espectrología y la paleonimia fáctica
nos darán libertad y horizonte democrático?

¡Cae roto el telón oscuro: innombrable se inicia la representación!


     Por Fredesvinda Báez Santana y Armando Almánzar-Botello


A Walter Benjamin; a Theodor W. Adorno
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¿Lo trivial es el desecho, lo dañado? No creemos. No. Para nosotros lo trivial es lo breve y perfecto. Lirismo inverso para secos y oxidados trastos de viejos, metonimias lúbricas que a la fecha no lubrican. No volveremos a repetirlo. ¿O sí?

Ahora, trivialmente, lo decimos con la letra sin rubor. Lo confesamos. ¡No! Lo trivial no es el desecho ni tampoco lo dañado. Lo trivial es lo perfecto repetido. Una suerte conceptual de Kenny G. despotenciado exhibiendo microtécnica poética en concierto.

Ser intensa una música febril, textil (aunque astral un coro polimorfo aquí la llame  absorto ritornello) no puede resultar jamás para nosotros trivial ni decadente.

Podría ser potente una música atonal, dodecafónica, serial y hasta electrónica (si quieres), pero no el mamotreto informativo que solo toca el mequetrefe por la simple arrogancia nocturna de otro falso club artístico —desprovisto de las fuerzas visionarias de astrólogos y brujos— sin garras que arañen y sacudan el nervio más podrido de un cadáver / cual si fuera esa tira de cuerpo el bordón de la siniestra y aterrada guitarra esquizofrénica, / del vibrante contrabajo lóbrego temblando con su vida y con su muerte, desnudos y anudados los dos bajo este lienzo de lino revertido y un brutal gabán de niebla.

¡Aclaramos con justicia que sí nos gusta mucho el jazz, pero nunca el maquillado, algorítmico y perfecto!

Escribir tonterías o insultos resultó siempre ser algo muy fácil: desde la perfumada carta manuscrita de otra época hasta el vulgar correo electrónico de hoy.

Ello siempre nos permite alcanzar la misteriosa redondez de lo perfecto. Esto no es una indirecta. No. Constituye un real poema bien directo. John Ashbery, pasible siempre de ser evocado en su espejo convexo, podría esta noche sin fin confirmarlo. Sí.

Lo trivial resulta ser la cínica y clínica frialdad de lo perfecto. Con rabia cortas el verso. ¿Lo borramos? ¡No! Lo trivial es medible fácilmente. Una libra bien pesada, exacta, de lo que sangra su enigma en esa góndola, tres libras y media de arroz importado del Véneto... Sí. Buenas noches. Gracias.

Lo dañado y el desecho poseen la virtud de un embrollo en la materia —negativa su promesa pero urgente, imprevisible—; lo enigmático dañado y sus variables te pueden dar el susto de tu vida, cuando miras, poco a poco, su oscuro carácter visceral investido de utopía, su invertida paradoja purulenta que florece, transmutada, en la mente soñadora del homúnculo más triste. Por lo menos, algo así dijeron Walter Benjamin y Theodor W. Adorno.


Diciembre de 2025

Copyright Fredesvinda Báez Santana y Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.