miércoles, 2 de abril de 2025

SAMUEL BECKETT, LAS PERMUTACIONES VESTIMENTARIAS Y OTROS JUEGOS TRAGICÓMICOS

«Tenía cuatro modos de ponerme la camisa. / La parte delantera delante al derecho, / la parte delantera delante al revés, / la parte delantera detrás al derecho, / la parte delantera detrás al revés. // Y al quinto día, vuelta a empezar. / Era con la esperanza de su duración prolongar.» Samuel Beckett: Molloy

     El siguiente texto del gran Samuel Beckett podría ser un cantable si se le pone música de tango de la vieja guardia, o de merengue domínico-cibaeño:     

     «Tenía cuatro modos de ponerme la camisa. / La parte delantera delante al derecho, / la parte delantera delante al revés, / la parte delantera detrás al derecho, / la parte delantera detrás al revés. // Y al quinto día, vuelta a empezar. / Era con la esperanza de su duración prolongar.» Samuel Beckett: Molloy

     Por Armando Almánzar-Botello 

     De los cuatro modos que tenía de ponerse la camisa, en tres de ellos se nota que el personaje está loco: 1) la parte delantera delante al revés; 2) la parte delantera detrás al derecho; 3) la parte delantera detrás al revés. Solo en la primera opción, «La parte delantera delante al derecho», el personaje no manifiesta su locura vestimentaria, su «torpe aliño indumentario», diría Machado.

     El argumento final: «Y al quinto día, vuelta a empezar. / Era con la esperanza de su duración prolongar», es un mecanismo de defensa, un simple intento fallido de racionalizar los “esquizo-manierismos” del personaje, los cuales no corresponden, de hecho, a motivos económicos sino a la búsqueda desesperada, compensatoria, sinthomática o suplementaria de «inicuas simetrías» que vengan a rellenar el hueco resultante de la forclusión del nombre del padre. ¿Moran deviene Molloy? ¿Se trata del mismo personaje dividido esquizofrénicamente?

     El fragmento pertenece a la novela de Samuel Beckett titulada Molloy, en su segunda parte correspondiente al personaje Jacques Moran. 

     Molloy, Malone muere y El innombrable forman la famosa trilogía beckettiana que revolucionó la narrativa moderna y condujo al gran escritor irlandés a recibir en 1969 el Premio Nobel de Literatura.

11 de septiembre de 2014

Copyright © Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.

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FRAGMENTOS DE MI LIBRO SOBRE SAMUEL BECKETT (La escritura grotesca, humorística y excrementicia, o la potente subversión de la identidad monádica como severa dislocación deleuziano-maquínica del esquema corporal humano, con la intensa desterritorialización y distorsión subsiguientes y febriles de los códigos semióticos cinéticos y proxémicos).

     Karl Marx y Samuel Beckett estuvieron ambos bajo la gran influencia de Laurence Stern, el autor de las grandes novelas Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy y El Viaje sentimental: «Era de complexión nervuda y su estatura recordaba la de mi estufa.» Karl Marx: Escorpión y Félix

     «La manera en que Watt avanzaba hacia el Este, por ejemplo consistía en girar el busto, en la medida de lo posible, hacia el Norte, y, al mismo tiempo, lanzar la pierna derecha, a la mayor distancia posible hacia el Sur, y, a continuación, girar el busto, en la medida de lo posible, hacia el Sur, y, al mismo tiempo, lanzar la pierna izquierda, a la mayor distancia posible hacia el Norte...» Samuel Beckett

     Por ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO 

     Con su novela Murphy, recibimos de Samuel Beckett uno de los testimonios literarios iniciales de un viaje de la subjetividad a los estados alterados de la fragmentación y el vértigo, aventura de la letra (J. Lacan) que viene a garantizar, más allá de la convencional connotación patológica de esa experiencia de ficción, (Freud: “novela familiar del neurótico”) el progresivo despliegue estético-terapéutico de una escritura beckettiana exploratoria y parsimoniosamente transgresiva, como forma pluralista e inédita de percibir y redescribir la mente y la llamada “realidad”.

     Watt, la siguiente novela de Beckett, es entre otras cosas, una parodia de las novelas naturalistas. Allí, el humor trágico sobrevuela un espacio irracional donde las complicadas, minuciosas e inútiles actividades de una cotidianidad delirada, constituyen una irrisión a la lógica aristotélica. Por la ausencia de real movimiento del proceso narrativo, esta novela ha sido relacionada por la crítica con El Castillo de Kafka. Veamos un párrafo:

     “¿Qué es esta sombra del partir en la que nosotros llegamos, esta sombra del llegar, en la que nosotros partimos, esta sombra del llegar y del partir, en la que esperamos, sino la sombra del propósito, del propósito que se marchita al florecer, que al marchitarse florece, y cuyo florecer es un florecer de caducidad? ¿Verdad que hablo bien, teniendo en cuenta mi condición social? ¿Y qué es este llegar que no es nuestro llegar, y este ser que no es nuestro ser, y este partir que no será nuestro partir, sino un llegar y un partir y un ser sin propósito? Y pese a que parezca que parto sin propósitos, no es en realidad así, del mismo modo que tampoco llegué sin propósitos, ya que me voy con propósitos, del mismo modo que llegué con ellos, con la sola diferencia de que entonces estaba vivo y ahora estoy muerto, lo cual viene a representar aquello que significa la frase inglesa: ‘media docena de éstos y seis de aquéllos’. ¿O no es así?”. SB

     En este fragmento de la novela Watt, el sujeto beckettiano de la escritura, mediante un juego cáustico y paródico cargado de intensos valores poéticos shakespearianos, realiza una suerte de reducción al absurdo del pensamiento finalista trascendental o teleológico. El proceso de enunciación se hunde en la inmanencia indeterminada y ciega, estocástica, jocosa y abruptamente aludida con el “media docena de éstos y seis de aquéllos”. Este desenlace inesperado de la secuencia lógica del discurso, nos recuerda el manejo de la sorpresa como método de revelación místico-humorístico en la tradición del “nonsense” británico o en ciertos koan del budismo Zen japonés.

     Percibimos en algunas zonas de Watt una “carnavalización esquizo” del cuerpo, un despedazamiento lúdico del esquema corporal de los personajes, que aun cuando no se manifiesta en la forma típica descrita por Mikhail Bakhtin en su estudio sobre La Cultura Popular en la Edad Media y en el Renacimiento, no deja de participar del sentido grotesco, subversivo y popular característico de la constelación cosmogónico-carnavalesca rabelaisiana.

     La reiterada presencia de recursos coprológicos o escatológicos en el desarrollo de la trama —micción, defecación, copulación— se constituye, conjuntamente con los demás elementos grotescos que hemos avanzado, en un rasgo distintivo mayor que resalta no solo en esta novela, sino también en fases posteriores de la narrativa beckettiana:

     “Las inmundicias del primer piso hubieran podido ser arrojadas, cómodamente, en el primer piso, y el cubo debidamente limpiado, pero no se hacía así, por razones ignoradas. Cierto es que Watt había recibido órdenes de vaciar las inmundicias, aunque no en los lugares en que las inmundicias suelen arrojarse, no señor, sino en el jardín, antes del alba, o después del ocaso, en el parterre de violetas, cuando corrían los días en que las violetas florecen...” SB

     “[Sam]... en modo alguno ocultaba que había fornicado, en gran escala, en la localidad, yendo de un lado para otro en su silla de ruedas —propulsada con sus propias manos— con viudas, casadas y solteras, algunas de las cuales eran jóvenes y atractivas, otras jóvenes pero no atractivas, otras atractivas pero no jóvenes, y otras ni atractivas ni jóvenes, y algunas de las cuales, a resultas de la intervención de Sam, concibieron y parieron un hijo o una hija, o dos hijos o dos hijas, o hijo e hija, ya que Sam nunca concibió trillizos.” SB

     Esos valores carnavalescos encuentran su vía de acceso a la escritura de Beckett por el contacto directo de nuestro escritor con la obra de Rabelais, o de manera mediatizada, por la influencia de los textos de Joyce, Swift y Sterne.

     “Pero volvamos a Vincent y Walter. Tenían con gran aproximación la altura de usted, la misma anchura y la misma profundidad, es decir, eran hombres grandotes, huesudos, desastrados, descuidados, malcarados y con abultadas rodillotas, dientes podridos, grandes narices rojas, resultado, según decían ellos, de un exceso de soledad, del mismo modo que yo me parezco mucho a Erskine y Erskine se parece mucho a mí, es decir que somos los dos hombres pequeños, sucios, grasientos y patizambos, con abultadas nalgas en la parte delantera y abultada barriga en la parte trasera, ya que, ¿acaso es posible que a uno le sobresalgan unas rollizas nalgas por delante, sin que le sobresalga una buena barrigota por detrás?”. SB

     Las torsiones humorísticas y grotescas del cuerpo nos recuerdan el tratamiento que este recibe en los cuadros de Hieronymus Bosch, Brueghel y Francis Bacon.

     “La manera en que Watt avanzaba hacia el Este, por ejemplo consistía en girar el busto, en la medida de lo posible, hacia el Norte, y, al mismo tiempo, lanzar la pierna derecha, a la mayor distancia posible hacia el Sur, y, a continuación, girar el busto, en la medida de lo posible, hacia el Sur, y, al mismo tiempo, lanzar la pierna izquierda, a la mayor distancia posible hacia el Norte...” SB

     Cinética esquizofrénica polidireccional, que muestra la recurrente tendencia beckettiana a desarticular el esquema corpóreo de los personajes acentuando en clave de farsa el carácter bufonesco de sus movimientos. Lógica del desequilibrio. Disyunción inclusiva creadora que afirma los términos diferentes a través de su distancia, en un proceso de cabeceo y germinación rizomática. Ensayo lúdico-humorístico, en el plano de la desterritorialización fictiva del sujeto, de una suerte de equilibrismo gestual de la vacilación (Beckett), en una línea semiótica de fuga donde la normalidad de los códigos cinéticos y proxémicos humanos resulta ostensiblemente transgredida. He aquí un ataque a la identidad trascendental del sujeto por medio de una disolución o cuestionamiento de su soporte material: la unicidad funcional del cuerpo. 

     Enigmatización o complicatio esquizo de la semiótica corporal humana, por injerencia de la cinética bestial y/o maquínica. Abandono del organismo y aproximación a la productividad del Cuerpo sin Órganos (CsO).

     En la mayor parte de la obra de Beckett, el poder regenerativo —o por lo menos afirmativo— de la risa y el humor, sobrevuela el campo textual donde estalla la lógica del sentido común —como asignación de identidades fijas— y se produce la supresión de los códigos referenciales estables. 

     La risa, en Beckett, se eleva por encima de la demolición de la trama como secuencia lógica de acontecimientos, y sirve de contrapunto a la fluidificación de las “constelaciones de atributos” de los personajes, que de simples figurantes convencionales, cerrados, monádicos y fijos, situados en el marco clauso de una representación ordenada y estable de la realidad social, pasan a comportarse como “cabezas buscadoras”, en el sentido que da a esta expresión el filósofo francés Gilles Deleuze: sujetos fractales sin identidad fija o instancias cuasi-impersonales de la escritura.

     Como efecto de una pérdida progresiva de la rostridad, con la erosión de los atributos y valencias convencionales del personaje, estos sujetos fractales trazan en el espacio fictivo una línea de fuga trágico-humorística y no antropomórfica hacia el azar y lo desconocido, hacia la multiplicidad molecular del Afuera caósmico.

     Los caracteres pierden su forma en lo informe del devenir, como dice Ionesco. Carnavalización textual del descenso a los “infiernos” de lo fragmentario, de lo no totalizable y humorísticamente descentrado.

     La risa mortuoria del yo desacralizado y desacralizante, como la denomina Mikhail Bakhtin, es la risa que acompaña a esta experiencia desconstructiva de los referenciales estables ontoteológicos. 

     Uno de los personajes de Watt la define como “risus purus” o risa pura, aquella que, operando en la última fase de un proceso de excoriación o legrado progresivo del entendimiento y los fundamentos, se ríe de sí misma y de la desdicha en un estupefacto homenaje a la broma suprema de Nadie: El Universo. Apocalipsis que ríe o mística negra del aplastamiento trascendental, tal como diría Julia Kristeva.

Armando Almánzar-Botello 

Muy breve fragmento de mi libro Samuel Beckett. La creación como catástrofe. 1998, Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.

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ALGUNOS BREVES FRAGMENTOS DE MI LIBRO INÉDITO: SAMUEL BECKETT O LA CREACIÓN COMO CATÁSTROFE, 1993-2019

     Por Armando Almánzar-Botello

     «Respecto a dublineses yo siempre di la pauta, y, diciendo “¡síganme!”, la ciega jauría corría tras de mí...» Armando Almánzar-Botello 

      «Nos dice Nell, personaje de Final de partida, obra teatral de Samuel Beckett: “Nada hay más divertido que la desgracia”.

     »Quien así nos habla, quien puede hacer de la desgracia un objeto de afirmación vital y escritural, no es el loco ni el sadomasoquista ni el confundido, sino la “alegre maldad indiferente” del poeta trágico —iniciado en los misterios de la comicidad, de la cosmicidad— y cuyo rostro, por debajo de su máscara siniestra, es tan solo luz, sombra, música y silencio. [...].   

     »Los personajes de Beckett se mueven en un mundo conjetural, problemático, regulado por un principio universal de incertidumbre. Sus relaciones con los objetos se establecen en una penumbra de contingencia en la que el ensayo y el error no conducen jamás a la certeza. 

     »En este universo indeterminado, en permanente conflictividad catastrófica, espacio palinódico de retractación y corrección perpetuas —como lo conciben Wolfgang Iser, Richard Ellmann y Matei Calinescu—, se han abandonado los lazos referenciales estabilizantes y la verosimilitud de los propósitos definidos. En él se desdibuja, como ya hemos señalado anteriormente, el perfil psicológico de un posible “sujeto actancial” en una serie de rasgos de rostridad aislados, tics, tropismos y errancias, índices que insinúan el estallido de los cuerpos y los rostros, la disolución de la personalidad monádica y la producción de una interfaz radical del deseo con la fragmentaridad y la muerte esquizofrenizada, tal como nos recuerdan Gilles Deleuze y Felix Guattari. 

     »El sujeto sin identidad fija, fuera del marco rígido de un “yo” hipostasiado y aglutinante, no cesa de viajar y de vivir la muerte como un “Se” impersonal; “no se cesa y no se acaba de morir”, como dice Maurice Blanchot en El espacio literario. 

     »El cuerpo libidinal pluralizado y reescrito, activado por la coreografía ritual del significante-letra, se transmuta en melodía heterofónica que fluye por las estructuras reticulares del texto, abriendo la promesa de una comunidad dialógica sin atributos.[...]».

© Armando Almánzar-Botello: Fragmento de mi libro inédito Samuel Beckett o la creación como catástrofe, 1993-2019, Santo Domingo, República Dominicana.

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SAMUEL BECKETT Y YO

     «Jamás probar. Jamás fracasar. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.» Samuel Beckett: Rumbo a peor

     Por ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO

     «Samuel Beckett, otro de los genios que saben reír con su escritura entusiasta, esa que afirma de modo selectivo el enigma de la vida polivalente... Él hablaba de “risus purus” para merodear ese misterio de la risa que se ríe de sí misma y del dolor.» Armando Almánzar-Botello

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     Así como algunos conservadores aspiran a una república libre o carente de monstruos (el monstruo es anárquico, ateológico y antiaristotélico por ser ajeno al orden preciso de la naturaleza, a la taxonomía, a las jerarquías por delegación trascendental y al árbol clasificatorio de Porfirio), el gran escritor Samuel Beckett, en simetría inversa, era partidario de una república de monstruos libres... 

     Con eso aludía el genial irlandés a una suerte de secreta celebración de lo singular, de lo único, de lo inespecífico, de lo anormal, del idiota, de lo atípico, del cadáver viviente y del viviente mortal, de lo monstruoso, del devenir en su imprevisibilidad: síntesis disyuntiva inclusiva de lo múltiple...

     Uno de los modelos de Beckett para pensar esta paradójica comunidad “sustentada” en lo infundamentado, lo constituía la primera República negra libre de la historia humana: Haití. De allí su admiración por Toussaint Louverture, a quien menciona en varios lugares de su obra. 

     Para algunos autores, Hegel oculta la fuente concreta de la que procede su llamada “Dialéctica del Amo y el Esclavo”: la realidad de la lucha entre el Amo (la Francia europea), y el Esclavo (Haití), que termina liberándose de la sujeción del Amo.

     Un puñado significativo de relevantes pensadores consideran que solo con la Revolución Haitiana (la cual tenía por objetivo la liberación de los esclavos negros de la zona occidental de la isla de Santo Domingo), queda confirmada la verdadera universalidad de los principios que sirvieron de orientación a la Revolución Francesa (Liberté, Égalité, Fraternité). Esos mismos principios, en su momento, guiaron a la Revolución emancipadora en Haití...

     Por cierto, tengo un libro de casi doscientas páginas en 8 1/2 por 11 sobre la obra completa de Samuel Beckett (narrativa, teatro, poesía y ensayo) que me gustaría algún día publicar [...] Se titula: Samuel Beckett o la creación como catástrofe.

     Mi texto sobre Beckett tuvo su origen en una conferencia-ensayo que preparé en 1998 para la Casa de la Cultura de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), ponencia sugerida por las autoridades correspondientes de este centro de altos estudios y por los amigos Basilio Belliard y Fernando Vargas Jiménez. Dicha conferencia-ensayo ha sido reformulada metodológicamente, ampliada y actualizada de un modo sustantivo.

     Tengo a mi disposición, en mi biblioteca familiar, las obras completas de Beckett y una extensa bibliografía sobre su obra, que va desde Back to Beckett, de Ruby Cohn (Princeton University Press, Princeton, New Jersey, 1973); Galería de Moribundos, de Francisco Pérez Navarro (Ediciones Grijalbo, Barcelona, 1976); Beckett/Beckett, de Vivian Mercier (Oxford University Press, New York, 1977), hasta The Beckett Country. Samuel Beckett’s Ireland, de Eoin O’ Brien (The Black Cat Press and Faber and Faber, London,1986); Damned to Fame: The Life of Samuel Beckett, de James Knowlson ( Simon & Schuster Inc, New York, 1996); BECKETT Remembering. Remembering BECKETT de James Knowlson and Elisabeth Knowlson, (Arcade Publishing, New York. 2006), entre otros muchos textos no menos importantes en los que se analiza la obra del gran irlandés desde perspectivas filosóficas, psicoanalíticas, semióticas, teológicas, estéticas, etcétera

     A Beckett lo leo-estudio y sufro-disfruto desde la primera mitad de la década de los setenta (antes de cumplir mis veinte años). Salvó mi vida –junto con Kafka– del absurdo retórico meramente padecido... Beckett disculpa la intensidad juvenil de mi entusiasmo con la angustia, el desarraigo y la catástrofe.

     Por múltiples razones resulta muy significativo este fragmento de El innombrable: 

     «La isla, estoy en la isla, no he abandonado nunca la isla, pobre de mí. Creí entender que me pasaba la vida dando la vuelta al mundo, en espiral. Error. Donde no ceso de dar vueltas es en la isla. Lo único que conozco es la isla, nada más. Y tampoco la conozco, pues nunca tuve fuerzas para mirarla. Cuando llego a la orilla, me vuelvo hacia el interior.» Samuel Beckett: El Innombrable, Alianza Editorial, Madrid, 1971, página 80. 

     Lo curioso del caso es que Beckett, en el fragmento citado (este dato lo conocen muy pocos) parece referirse, además de Irlanda o cualquier otra isla, precisamente a la Isla de Santo Domingo, dividida en dos naciones, dos estados o dos jurisdicciones, como la Isla de Irlanda. En uno o dos lugares de El Innombrable, el narrador menciona, de manera reverente y significativa, nada más y nada menos que a Toussaint Louverture:

     «Pero esto lo olvidaré, en el calor de la miseria, olvidaré que ya no soy Worm, sino una especie de Toussaint Louverture de décima categoría...» El Innombrable. Alianza Editorial, Madrid, 1971, página 106

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Septiembre de 2012

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.

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JUEGO SEMIÓTICO-MATERIAL DE LAS INTENSIDADES PURAS Y POLIVALENTES (SENTIDO-ACONTECIMIENTO) (Fragmento)

     «Me hacen gracia junguiana las canicas, bolitas, bellugas o abalorios, con su almita petulante, polícroma y trivial...» H. Hesse

     Por Armando Almánzar-Botello

     Theodor W. Adorno, en su denso estudio sobre Final de Partida de Beckett («Intento de entender Fin de partida», 1958, Suhrkamp Verlag Frankfurt am Main; otras ediciones: 1974, 1988, Akal 2003), nos dice que la categoría de lo sublime encuentra su más radical rehabilitación para el contexto de la modernidad en el acto de objetivar estéticamente el estallido del sentido metafisico, en la dación de forma aporética a lo absoluto de la negatividad alcanzada. 

     Este “sublime” se ofrece como configuración estética que dice la carencia de fundamento de una forma inédita y fragmentaria, esa que opone su resistencia flexible al abismo que adviene a la experiencia del hombre postmetafisico en sustitución de la significación ontoteológica derruida (muerte de Dios).

     Comunicar de modo estéticamente eficaz la experiencia del abismo como poder de lo negativo, como “sol negro” que consume la significación metafisica unívoca y totalizante; comunicar la fragilidad del sujeto inteligible en vías de nihilizarse, es transformar la impotencia y la muerte, lo espeluznante y lo incomprensible, en sorprendente goce estético afirmativo, en comunicación vertiginosa de lo incomunicable, lo inane y lo terrible.

     Resistencia del acto creador frente al poder de lo informe; capacidad de sobrevolar escrituralmente el vaciamiento catastrófico de la significación.

     Para Adorno, el arte de Beckett conjuga la seriedad trágica ligada a la experiencia abismal de la muerte y el sinsentido con la capacidad de aguante y espera ligada a la erección de la forma disjunta, al despliegue del juego y de la comicidad operando más allá del principio del placer.

     Los personajes de Beckett —esos «ángeles devastados por el humor», como los llama Cioran— perseveran en manchar el silencio con palabras interminables, sospechando oscuramente la imposibilidad de encontrar respuestas definitivas a sus más urgentes preguntas o indagaciones.

     Con el sórdido y amorfo universo de barro, soledad y entropía descrito en su novela “Cómo es”, con sus personajes reptando por el lodo, afectados de un valor excrementicio, rotos, desarticulados y convertidos en “objetos a” lacanianos, en restos, detritus o desechos caídos, Samuel Beckett nos ofrece una parodia moderna del descenso dantesco a los infiernos del sentido fragmentado y ya jamás totalizable. O, por lo menos, el descenso a un desolado “purgatorio para nada” donde se vive la realidad fatal de una caída escatológica sin posibilidad de redención. Descenso vertical a la basura. Visitación al subsuelo podrido de la memoria, a la cripta del ser que se pierde sin respuesta; caída, repetimos, en el lodo del sinsentido y la inmanencia, barro por el que se arrastran como gusanos los personajes asordinados de un oscuro universo concebido en grotesca visión afacetada y en extraña ebullición poética.

     Pero ese denso pantano del desánimo a lo John Bunyan; este infierno o “purgatorio para nada” beckettiano que nos hace pensar en el demoníaco y lúcido delirio pictórico de un Francis Bacon, resulta, paradójicamente, un espacio escritural transmutador, potencial y “milagroso”, porque en él, como también dice Cioran, los personajes se liberan, viviendo y sufriendo, de «la doble tarea irrisoria de vivir y de morir...»

     Se produce en la textualidad beckettiana una radical desmotivación de la voluntad de vivir. No obstante, los personajes del genio irlandés persisten en la vida, si no heroicamente, por lo menos explorando, a través de la risa, el horror y el júbilo negro, la terrible lucidez de saberse contingentes. Danza desesperada al borde del abismo; danza de Lucky en Esperando a Godot. Sinuosa y atormentada, pero también enigmáticamente afirmativa. Experiencia crucial y ambigua de la persistencia en la vida, más allá de la gratuidad del ser, a pesar de la negra conciencia del fracaso aparente y la «indigencia» ontológica [...].

     [...] En Beckett, una extraña pasión anima el proyecto ético desgarrado y lúcido de explorar artísticamente los abismos “unheimlich” de la impotencia, la dolorosa desarticulación de las formas, la inquietante y familiar extrañeza de lo que declina en la desesperanza.

     Esta peligrosa exploración de la inanidad y la insignificancia, preserva, no obstante, un particular efecto estético: el de la “belleza rota” o barrada, en el sentido adorniano y lacaniano de los términos, aquella que incluye en su propio resplandor la oscuridad, la “incompletitud”, el abismo y la carencia. Posibilidad ética que deviene est/ética tachada del horror y la piedad.

     En este sentido, resplandece en la escritura de Beckett una caridad o compasión por sus criaturas —de posible genealogía budista o gnóstica—, manifiesta en la voluntad est/ética de acompañarlas hasta los más remotos territorios del dolor, el extrañamiento y la impotencia.

     En la obra Esperando a Godot, por ejemplo, podemos vislumbrar, en la deconstrucción de toda espera ontoteológica convencional, lo que Jacques Derrida denomina “mesianismo desértico, abisal o caótico”, sin contenido ni mesías identificables. 

     Estaríamos allí en “presencia” de una suerte de espera piadosa de la imborrable alteridad del otro, de lo otro en su radical extrañeza (god-ot). Ello se traduce en apertura incondicional a la dispersión cuasiapofática de lo infundamentado y de lo heterogéneo. 

     Esa espera escatológica, pero no necesariamente teo-teleológica, constituye una afirmación vital de la diferencia que se produce más allá de la reunión y la identidad, más allá del arrasamiento de las fundamentaciones o seguridades ontológicas ofrecidas por la “síntesis conjuntiva totalizante”.

     Es visible en la escritura de Beckett el movimiento disyuntivo de la justicia como don (Derrida), como apertura mesiánico-desértica a la irreductible singularidad del otro sufriente y del otro por venir, más allá de la mera legislación taxativa históricamente definida como absoluta.

     Nos sentimos tentados de hablar aquí de un “mesianismo teleonómico” beckettiano, que consumiría toda esperanza “trascendente” en la incandescencia de un deseo estético y trágico que explora la pura congregación/disgregación en la inmanencia del “plano trascendental” (G. Deleuze).

     Piedad por la memoria de las ruinas y los despojos... Pero también, desmedida afirmación estética de la singularidad absoluta del acontecimiento arribante. Escritura trágica, sí, pero bajo el carácter de abierta energía de una rebelde y nerviosa c(a)o(s)micidad grotesca y turbulenta que viene a merodear y a decir ¡sí! al enigma oscuramente gozoso de la existencia y a la beatitud (in)diferente del Universo.

     Esa comicidad o humor, a través de la risa como “risus purus” (Beckett), conjura la angustia y la muerte para inventar la pura vivacidad poética de lo nuevo que retorna en cada instante.

     En la portentosa resistencia frente al dolor y en la sorprendente capacidad de soportar lo inconmensurable, fortalezas paradójicas que caracterizan a los “circenses y humorísticos” personajes de Beckett, descubrimos la receptiva desmesura de un “deseo afirmativo de nada”, de un deseo que prepara en la espera la venida o el retorno de lo “por-venir”: la rememoración (andenken) o repetición de lo Mismo, entendida esta “mismidad” no bajo el fantasma de “lo idéntico” sino como eterno retorno de la diferencia.

     Samuel Beckett: Definición del existir humano como inyunción creadora y est/ética de “reafirmar eligiendo”, al borde mismo de la dispersión y la muerte.» 

© Armando Almánzar-Botello: Fragmento de La creación como catástrofe. Ensayo sobre la estética de Samuel Beckett, 1998-2005, Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.

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EL INNOMBRABLE DE SAMUEL BECKETT

Breve fragmento de mi libro: “Samuel Beckett. La creación como catástrofe” 

     Por Armando Almánzar-Botello

     «[…] En El Innombrable de Beckett, tercera y última novela de la famosa trilogía (Molloy, Malone muere y El Innombrable), el proceso que hemos denominado “indigencia nómada del deseo escritural”, intensifica su desasimiento destructivo con respecto a los vínculos y concreciones objetuales de la ficción. 

     »Aquí ya no habla “un” personaje, por más vulnerado, residual y fragmentario que este pueda concebirse; habla más bien lo que Maurice Blanchot concebiría como una “exigencia impersonal de la escritura”. 

     »Es una tensión, innombrable, encarnada en una voz fragmentaria, en un sujeto de la enunciación sin identidad fija, que se confunde con las esquirlas sin sentido de un universo conjetural estallado. 

     »El Innombrable, como “Nadie de la Nada” joyceano, sin unicidad corporal ni identidad personal, es un debate del Deseo creador (inconsciente, consciente y orientado) en el claroscuro ilimitado de la escritura, con la fosforescencia inasible de fantasmas y despedazados semblantes derivados del reino de lo imaginario especular y pre-especular. 

     »Casi todos los personajes anteriores de la obra de Beckett —Murphy, Mercier, Molloy, Malone, Moran—, son convocados y retornan en El Innombrable: 

     »“Quizá sea toda una pandilla, uno tras otro, qué confuso es esto, alguien habla de confusión, es una falta, todo es falta aquí, no se sabe por qué, no se sabe de quién, no se sabe con respecto a quién, alguien dice Se, es culpa de los pronombres, no hay nombre para mí...” El Innombrable. Alianza Editorial, Madrid, 1971, página 170.

     »“...alguien dice Se”: instancia impersonal (Blanchot), nómada y pre-individual (Deleuze) que vive la experiencia problemática de la desterritorialización textual. 

     »El Innombrable: mero campo topológico de fuerzas, intensidades puras o vectores espectrales manifiestos en el juego de la escritura citativa, inter e intratextual. Construcción en abismo y complicatio textual producidas por el estallido del recinto pretendidamente cerrado de la identidad escritural homogénea: la obra reflexiona sobre sus propios mecanismos o procesos de producción, se genera en una suerte de contaminación diseminante de las identidades monádicas por efecto de las fluctuaciones e insuflaciones de la espectralidad intensiva del pensamiento en acto de escritura. 

     »El Innombrable, Basilio, Worm, Mahood: Basilio y Comparsa (como denomina sorprendentemente el Innombrable a esta proliferación de trazos y matrices caracteriales estalladas), son, a nuestro entender, meros gradientes de intensidad (G. Deleuze) que permiten la aproximación vertiginosa al “punctum caecum” de la escritura o punto de ceguera y desfallecimiento del relato. 

     »Grado cero del espacio fictivo despoblado, para operar de inmediato su repoblamiento con espectros. Gozosa voz del lenguaje despersonalizado en clave tragicómica. 

     »Los objetos inasibles y los semblantes fantasmales que circulan por el espacio virtual ilimitado donde se monta y desmonta la ficción, se fragmentan y se confunden, se enlazan y desenlazan, producidos y fundidos por la fuerza generadora del lenguaje. Arañazos intensivos trazados por el innombrable como sujeto impersonal de la escritura 

     »Con El innombrable estamos en presencia, quizá, en la escritura de Beckett, de un momento privilegiado de insospechada y gozosa dimensión trágico-dionisíaca. 

     »Lúcida coronación transmutante de uno de los ciclos en los que el autor irlandés explora el necesario nihilismo destructivo-deconstructivo, la radical y metairónica impugnación circular y autodevorante de su propia obra […]» 

Armando Almánzar-Botello

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1998

© Armando Almánzar-Botello. “Samuel Beckett. La Creación como catástrofe”. (Breve fragmento). Página 79. Santo Domingo. R.D. 1998. Todos los Derechos Reservados.

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FRAGMENTO DE UN ANÁLISIS DE LA NOVELA EXPERIMENTAL «CÓMO ES» (COMMENT C’EST), de Samuel Beckett. (Traducción al español de la versión original publicada en francés y luego traducida al inglés como How it is)

     Por Armando Almánzar-Botello

     «[...] Después de El innombrable, el proceso de muerte de la voz representativa unificada se intensifica y complejiza aún más en la novela experimental de principio de los años sesenta titulada Cómo es. Aquí se opera un nuevo descentramiento en el dispositivo enunciador para que la voz impersonal y fragmentaria cite o transcriba aquello que se genera o se dice en un espacio virtual y discontinuo de enunciación, en la “infinitud potencial” de lo que Julia Kristeva denomina “texto”... 

     »En Cómo es el agenciamiento textual exploratorio como “máquina de guerra” semiótica (Deleuze) traza líneas de fuga creadoras y disolventes que arrastran casi todas las concreciones semánticas y sintácticas, la mayor parte de las segmentaridades y estratificaciones estabilizantes de la escritura identitaria o azogada (Deleuze, Derrida), para hacer penetrar así al texto en un campo ilimitado de inmanencia. 

     »La articulación paradójica del texto beckettiano que ahora nos ocupa viene a recordarnos el concepto complejo de “indetermanencia”, acuñado por Ihab Hassan. Con este concepto se alude a una síntesis problemática de la inmanencia, la indeterminación y el azar, en un espacio potencial de juego y dispersión no regulado por el determinismo mecanicista. 

     »Tal es el caso de la síntesis polivalente que opera en Cómo es, y que conduce a la máquina textual —como potencia de extrañamiento que atraviesa los códigos narrativos e ideológicos—, al ámbito no programado y liberador de lo desconocido y de la espectralidad por venir. 

     »Los bloques “musicales” o estrofas sin puntuación que proporcionan su articulación mínima al texto, funcionan como territorialidades provisorias que ofrecen la fragilidad de sus límites y bordes al ímpetu transgresivo del deseo enunciador, a la insólita línea de escape transversal que se traza en la lecto-escritura a partir del crujido trágico-humorístico y la vibración intensiva y esquizofrénica de las palabras...» Armando Almánzar-Botello 

© Armando Almánzar-Botello: Muy breve fragmento de mi libro Samuel Beckett. La creación como catástrofe, p. 68, 1998, Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.

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DELEUZE-GUATTARI, ANTI-EDIPO, BECKETT… (MÁQUINA 8)

     Por Armando Almánzar-Botello

     «A ciertas “cabecitas buscadoras” les asiste la razón cuando manifiestan sus dudas con respecto al orificio por el que llegaron al mundo». A. Almánzar-Botello

     PREGUNTA: «En El Anti-Edipo, Gilles Deleuze dice como sigue: “Galería del paseo del esquizo, cuando los personajes de Beckett se deciden a salir”. ¿Será eso una forma del filósofo francés referirse a los rasgos esquizoides en El Innombrable?». Señor X

     RESPUESTA: «No, Señor X, Gilles Deleuze y Felix Guattari no se refieren, en la zona específica que señala usted, a los “rasgos esquizoides” de El innombrable.

     Paso a explicar el asunto brevemente, tomando como referencias el libro de Deleuze-Guattari El Anti-Edipo. Capitalismo y esquizofrenia, Barral Editores, Barcelona, 1974, y las obras de Samuel Beckett, Molloy y Malone muere, Alianza Editorial, Madrid, 1973.

     El texto de Deleuze-Guattari, en español (traducción de Francisco Monge) dice realmente: 

     “Comitiva del paseo del esquizo, cuando los personajes de Beckett se deciden a salir. En primer lugar hemos de ver cómo su propio andar variado es asimismo una máquina minuciosa…” Gilles Deleuze y Felix Guattari. El Anti-Edipo. Capitalismo y Esquizofrenia, Barral Editores, Barcelona, 1974, página 12. 

     Cuando Deleuze-Guattari hablan de Beckett en el pasaje citado por el señor X, perteneciente al principio mismo del Anti-Edipo, los pensadores no se están refiriendo, como he dicho, a El innombrable de Beckett sino al paseo de los esquizos al final de la segunda novela de esa trilogía beckettiana constituida por Molloy, Malone muere y El innombrable. 

     El paseo de los pacientes internos, como digo, se prepara en la zona final de la novela Malone muere donde se puede leer: 

     «… Al grano. Una mañana Lemuel, habiéndose dirigido al salón antes de entrar en servicio, como exigía el reglamento, encontró, clavada en el tablón, una nota que le concernía. Grupo Lemuel, excursión a las Islas, si el tiempo lo permite, con la señora Pédale, salida 13 horas…» Samuel Beckett. Malone muere, Alianza Editorial, Madrid, 1973, página 151.

     En el mismo párrafo del Anti-Edipo (página 12, en la edición Barral, 1974) Deleuze-Guattari se refieren a Beckett cuando mencionan las bicicletas y las bocinas; aluden a la madre y al nacimiento de Molloy, y citan la primera novela de la trilogía (Molloy), donde dice el personaje: 

     «Hablar de bicicletas y de bocinas, qué descanso. Por desgracia, no es de esto de lo que tengo que hablar ahora, sino de la que me dio a luz, por el ojo del culo si mal no recuerdo. Primera vaina. Me limitaré, pues, a añadir que aproximadamente cada cien metros me detenía para descansar las piernas, tanto la sana como la enferma, y no solo las piernas, no solo las piernas.» Samuel Beckett, Molloy, Alianza Editorial-Lumen, Madrid, 1973, página 21. 

     La referencia, en esta misma zona de El Anti-Edipo a “las piedras de succión” y al dispositivo maquínico que forman los bolsillos del abrigo de Molloy, sus manos, su boca y la circulación de las piedras, pertenece también a Molloy, no a El innombrable. 

     Sería muy simplista pensar que toda la intención de Deleuze-Guattari al citar y aludir a estos textos de Beckett se reduce a presentar personajes esquizos como simples caracteres clínicos, psicológicos, de una novela realista tradicional. 

     Tampoco se deben olvidar la crítica realizada en El Anti-Edipo a la concepción de la locura propia de la psiquiatría oficial (crítica hecha desde un punto de vista parcialmente colindante con la corriente antipsiquiátrica de Laing y Cooper, muy en boga en esa época) y el severo cuestionamiento al psicoanálisis institucionalizado. 

     Solo se salvan para Deleuze-Guattari algunos aspectos del pensamiento de Jacques Lacan, como su planteamiento del “objeto a” en su condición de plus-de goce real…

     El asunto aquí es un poco más complejo: Deleuze y Guattari están comenzando su obra El Anti-Edipo. Capitalismo y Esquizofrenia, utilizando citas y referencias a situaciones paradigmáticas en una cierta modernidad (las famosas Memorias de mi enfermedad mental de Daniel Paul Schreber, el Lenz de Büchner, El Capital de Marx, los textos de Freud, Artaud, Bataille, etc. etc.) que les permitirán definir el funcionamiento de lo que teorizan como “máquinas deseantes”, es decir, configuraciones libidinales en las cuales el Deseo establece conexiones transversales, síntesis disyuntivas y conjuntivas, cortes, acoplamientos de objetos parciales y de flujos (Cuerpo sin Órganos: CsO), posibilidades que definen una “operatividad deseante” que se manifiesta más allá de las oposiciones naturaleza/artificio, hombre/naturaleza, industria/phisis, sujeto/objeto, y que le permite al “sujeto procesual y esquizo” vivir o experimentar la naturaleza, lo real, lo social, el mundo, como un proceso de producción, engendramiento y auto-engendramiento:

     «De suerte que todo es producción: producciones de producciones, de acciones y de pasiones; producciones de registros, de distribuciones y de anotaciones; producciones de consumos, de voluptuosidades, de angustias y de dolores…» Gilles Deleuze y Félix Guattari, obra citada, página 13. 

     Posteriormente, la categoría operativo-crítica de “máquina deseante” es sustituida en el pensamiento de Deleuze-Guattari, en Mil mesetas, por ejemplo, por otros conceptos como “rizoma”, “agenciamiento”, “dispositivo”, etc. etc. etc.

     En Beckett la psicología estalla, y los personajes, en erosión hasta por las mutaciones constantes de sus nombres e identidades, efectúan un proceso que manifiesta la apertura escritural beckettiana a una dimensión de la subjetividad-mundaneidad que nos habla de un sujeto real reventado, roto, pero tenaz (“cabezas buscadoras”), en exploración constante de un universo acéntrico, fragmentado, desarticulado, del cual han desaparecido los valores metafísicos estabilizantes, la ontopología (copertenencia ontológica, ahistórica, esencialista, entre el ser socio-cultural y un determinado territorio) y las funciones comunes de los elementos práctico-instrumentales. 

     Los universos creativos de Beckett remiten a una suerte de realidad fictiva en catástrofe, constituyen auténticas escrituras del desastre (Blanchot), que implican una puesta en verdadero abismo de la subjetividad-mundaneidad y de la lecto-escritura textual aseguradora. 

     Deconstrucción de codificaciones semióticas, narrativas, estéticas, ideológicas, más que simple saga o periplo habitual de los actantes, tal como se presentan estos en los textos narrativos “estabilizados” a los cuales está acostumbrado el lector común. 

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29 de junio de 2013

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.

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SAMUEL BECKETT. Hacia un grado cero de la retórica

     «La isla, estoy en la isla, no he abandonado nunca la isla, pobre de mí. Creí entender que me pasaba la vida dando la vuelta al mundo, en espiral. Error. Donde no ceso de dar vueltas es en la isla. Lo único que conozco es la isla, nada más. Y tampoco la conozco, pues nunca tuve fuerzas para mirarla. Cuando llego a la orilla, me vuelvo hacia el interior [...] Metido, a modo de ramo, en una vasija profunda, cuyos bordes me llegan hasta la boca, al lado de una calle poco transitada junto a los mataderos, estoy en reposo, al fin. Al girar, no diré la cabeza, sino los ojos, que poseen facultad autónoma de giro, puedo ver la estatua del propagador de la carne de caballo, un busto. Sus ojos de piedra, sin pupilas, están fijos en mí. Son cuatro, con los de mi creador, que están en todas partes, no vayáis a creer que me considero favorecido. Aunque no esté exactamente en regla, la policía me tolera. Sabe que hallándome en la imposibilidad de articular palabras, no me aprovecharé deslealmente para sublevar a la población contra sus dirigentes, mediante inflamados discursos en las horas de mayor afluencia, o para murmurar frases subversivas, llegada la noche, a los transeúntes retrasados y borrachos.» Samuel Beckett: El Innombrable. Alianza Editorial, Madrid, 1971. Página 80

     Por ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO 

     Dice Félix Guattari que Samuel Beckett, por lo afinado de su escritura y por el singular carácter de su desposeída e intensa estrategia artística —estrategia contraria, en lo esencial, sobre todo a partir de una determinada etapa del proceso creador de Beckett, a cierta exuberancia retórica entendida por Lacan como “palabra vacía”o “molino de palabras”—, establece con el lector una especie de relación psicoanalítica de suspensión o problematización del sentido.

     Aceptando lo planteado por Guattari, no debemos olvidar que el autor de L’ innommable y Worstward Ho, construye parcialmente su estilo como una progresiva reacción frente a la exuberancia que ofrece la obra de James Joyce...

     Utilizando la metáfora de la literatura como “circo”, Hugh Kenner distingue, si mal no recuerdo, dos tipos básicos de escritores: el sujeto “acróbata” de la escritura, al estilo de James Joyce, y el sujeto “payaso” de la escritura, al modo de Samuel Beckett.

     El “escritor acróbata”, nos diría Kenner, viene a ofrecer el testimonio heroico y grave de su pericia, el impresionante despliegue de su potencia y rigor creadores. Dicho “acróbata”, tipo Joyce, explotaría hábilmente su precisión dentro de la opulencia, su desbordante maestría en el uso del lenguaje.

     El “payaso” al modo de Beckett, por el contrario, realiza su propia versión de la cuerda floja; tematiza y simula, paradójica y eficazmente, su “inhabilidad e impericia” de segundo grado, aproximándonos vertiginosamente al punto de resta y “deflación semántica” en que se derrumban todo Saber y toda “consistencia yoica”.

     La dialéctica del acróbata y el payaso se despliega en el espacio del humor, en ocasiones negro.

     En su famosa entrevista con Israel Shenker, Beckett dijo: «Joyce, cuanto más sabía más podía. Como artista tiende a la omnisciencia y la omnipotencia; yo trabajo con impotencia e ignorancia. No creo que la impotencia haya sido explotada en el pasado. Mi pequeña exploración es sobre esa zona que siempre ha sido dejada de lado por los artistas como algo inservible, como algo incompatible, por definición, con el arte. Creo que, hoy en día, cualquiera que preste atención a su propia experiencia se da cuenta de que es la experiencia de alguien que “no sabe”, que “no puede”...».

     Evidentemente, la estrategia de Samuel Beckett, en su calidad de escritor-“psicoanalista” (Guattari), implica, como en Jacques Lacan, la caída final del Gran Otro, del sujet supposé savoir (sujeto supuesto al saber)...

     No obstante, no hay que olvidar en este contexto el estilo exuberante de cierto Lacan, las características de la estética barroca, y, concretamente, la dicción y las formas de un particular neo-barroco latinoamericano...

     Sin referirnos al “lugar común” de su gran obra teatral realizada en el contexto de la mal llamada “Dramaturgia del Absurdo”, ni a sus ensayos sobre Proust o el pintor Bram van Velde, ni a su poco mencionada poesía, es evidente que no son el mismo Samuel Beckett, estilísticamente hablando, el sujeto de la escritura que produce obras primerizas como More Pricks Than Kicks, (Belacqua en Dublín, en español), Murphy o Watt, y aquel nuevo agenciamiento de la escritura, más “molecular” y sobrio (Deleuze-Guattari), que genera, de modo extraterritorial (G. Steiner), la famosa trilogía en francés: “Molloy”, Malone meurt, y L’ innommable (Molloy, Malone muere y El innombrable, en español).

     Y si proseguimos la línea beckettiana de “desterritorialización” (Deleuze-Guattari), llegaríamos a obras tardías, de semántica “enjuta” en extremo y sintaxis todavía más fuertemente erosionada, tales como el texto intensamente experimental Comment c’est (Cómo es, en español), que lo vincula al Nouveau roman francés; The Lost Ones (El despoblador) o Worstward Ho (Rumbo a peor)... Proceso de “unmaking”, como concibe Ihab Hassan el contexto de la postmodernidad.

     Así como Jacques Lacan, en un cierto sentido, se alejó al final de su vida de la “retórica expositiva barroca” para entregarse con más intensidad a una interpretación topológico-psicoanalítica de los nudos, Beckett, por su parte, abandona cada vez más el estilo enfático, cuasi-joyceano, de sus primeros textos, para merodear con la “letra” (Lacan) en torno al “hueco”, al vacío y al silencio, para articular en su escritura una suerte de “lichtung”, “medio-decir” o claroscuro que apunta en dirección a lo Real inabordable...

     No debemos, literariamente hablando, pedir al Joyce de Ulysses y Finnegans Wake, al Lezama Lima de Paradiso, al César Vallejo de Trilce, al Céline de Voyage au bout de la nuit, al Thomas Pynchon de Gravity’s Rainbow, al William Burroughs de Naked Lunch, al Julio Cortázar de Rayuela, al Kurt Vonnegut de Breakfast of Champions o Slaughterhouse-Five, al Philippe Sollers de Drame y Lois, al Roberto Bolaño de 2666... lo mismo que podemos esperar del Samuel Beckett de Company o Worstward Ho...

     Podríamos decir, parafraseando a Octavio Paz: “Erosiones: el cero crece más y más”. Así Beckett…

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Julio de 2010

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.

Otro blog en el que figura este mismo texto y otros relacionados:

Blog Cazador de Agua

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OTROS BLOGS DE ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO:

Cazador de Agua                   

Tambor de Griot

ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO ES MIEMBRO DE LA “RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL”, REMES

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CUANDO BECKETT ERA TODAVÍA MÁS JOYCEANO QUE BECKETTIANO

(BREVE FRAGMENTO DE WATT):

https://youtu.be/nVI5cz8H0M4

BREVE FRAGMENTO DE WORSTWARD HO, OBRA TARDÍA DE BECKETT: https://youtu.be/QhfQyCvo2V8

KARL HEINRICH MARX: Tréveris, 5 de mayo de 1818—Londres, 14 de marzo de 1883.

SAMUEL BECKETT: Dublín, 13 de abril de 1906–París, 22 de diciembre de 1989.

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domingo, 30 de marzo de 2025

APOSTILLAS A LO «“FEMENINO”-NEUTRO» o Derrida más allá de Lacan (Muy breve fragmento)

«Fatal abandono a-teológico: Y ella, / entreabierta, / en su tendida desnudez que sueña, / haciéndose la mística en el deslizarse al éxtasis...» Armando Almánzar-Botello 

     Por ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO

     En la tradición occidental falogocéntrica es un hecho constatado que la definición de la sexualidad en oposición binaria es cómplice de un movimiento de reducción de la feminidad a patrones masculinos. 

     La feminidad así constituida es definida en el espacio de lo simbólico a partir de la misma dialéctica fálica que gobierna a lo masculino. 

     De este modo, dicha definición se hace partícipe de una neutralidad trascendental homogeneizante y homosexualizante (Derrida) cuyo beneficiario es el término masculino en la oposición paradigmática masculinidad/feminidad. 

     Solidario con la tradición metafísica ontoteológica, este paradigma, tal como opera en los discursos de las ciencias humanas y de cierto psicoanálisis, está ligado en sistema al conjunto de las oposiciones metafísicas que articulan la temática de la presencia del sentido en Occidente: sensible/inteligible, razón/locura, afuera/adentro, significante/significado, escritura/habla, etcétera.

     Equivalente a la reducción metafísica del significante en el contexto de la teoría del signo, la reducción de la feminidad a la dialéctica fálica viene a determinar, repetimos, la constitución de lo “femenino” como instancia derivada de una “neutralidad trascendental masculina”.

     Cuando en nuestra teorización de lo “femenino”-neutro utilizamos el cuasiconcepto de “neutro” como punta preontológica que “comanda” la dispersión-reconstitución situacional de lo simbólico, debemos aclarar que nos estamos refiriendo a una neutralidad radicalmente distinta de la anterior. 

     Recapitulando: una interpretación posible de la neutralidad es aquella que, tal como hemos visto, viene a concebirla trascendentalmente, como algo que participa de lo que Derrida y Deleuze, en alusión al pensamiento de Nicolás de Cusa, denominan “simplicidad puntual de la coincidentia oppositorum”, fusión armónica de los contrarios, integración homogeneizante y totalizante. 

     Otra interpretación muy distinta es la que piensa a “lo neutro” como instancia paradójica y transicional que atraviesa las oposiciones binarias sin operar síntesis tópicas de la significación que tiendan a restaurar la presencia-ante-sí del sentido. 

     Como hemos dicho, la primera neutralidad a que nos referimos está al servicio de la lógica falocrática, de la metafísica de la presencia, y se presenta como atributo originario de una mítica masculinidad primordial perteneciente, reiteramos, al reino de lo inteligible platónico. 

     Nos disculpan los lectores el carácter en apariencia repetitivo de nuestro decir. Él está realmente movido, en su desenvolvimiento en hélice, en tirabuzón y ritornelo, en espiral descendente, por un auténtico deseo de operar con precisión un deslinde entre dos tipos de “neutralidad” y dos concepciones distintas de la feminidad.

     A partir de esa masculinidad neutra, metafísica en el sentido trascendental, surgiría la feminidad con carácter secundario y subordinado. Esta es la concepción “propia” de la tradición “falogo-fonocéntrica” de Occidente. Contra ella opera la deconstrucción y cierto “feminismo”.

     La otra neutralidad que concebimos, relacionada con aquello a lo que nos hemos referido como “instancia paradójica”, no es trascendental sino cuasitrascendental; participa simultáneamente de lo empírico y de lo trascendental, de lo sensible y de lo inteligible, del afuera y del adentro. 

     Ella sería análoga, en su atopía aneidética, al fármacon derridiano, al sentido/acontecimiento de Deleuze, a la khôra platónica y al 1/8 transicional de Fourier, tal como lo interpreta y teoriza Roland Barthes en su obra Sade, Loyola, Fourier (Monte Ávila Editores, Caracas, 1977) a partir del pensamiento utópico fourierista.

    En la mencionada obra nos dice Barthes: “Lo neutro es lo que se sitúa entre la señal y la no-señal, esa suerte de tapón, de amortiguador, cuyo papel consiste en  sofocar, suavizar, fluidificar el tic-tac semántico, ese ruido metronómico que señala obsesivamente la alternación paradigmática: sí/no, sí/no, sí/no, etcétera. [...] Es Transición (Mixto, Ambiguo, Neutro) todo lo que es duplicidad de contrarios, confluencia de extremos, y en tal sentido puede tomar como forma emblemática a la elipse, que tiene doble foco. [...] Lo Neutro es, pues, lo opuesto al Término Medio; éste constituye una noción cuantitativa, no estructural; es la figura misma de la opresión que el mayor número hace padecer al menor número: tomado en un cálculo estadístico, el intermediario se llena y obstruye el sistema (como en las clases medias); lo neutro, al contrario, es una noción puramente cualitativa, estructural; es lo que desvía el sentido, la norma, la normalidad. Tener el gusto de lo neutro es, forzosamente, sentir disgusto por el término medio”. Op. cit., pp. 115, 116, 117

    En su carácter de “instancias indecidibles, paradójicas”, esta neutralidad y este mixto, a entender como “entre”, como desvío y atopía interválica, no se encontrarían gobernados por la lógica predicativa y apofántica de la identidad sino por una lógica paraconsistente de la diferencia y del suplemento.» A. A. B. Breve fragmento

Armando Almánzar-Botello

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Febrero de 1995

     Arriba, un breve fragmento de mi escrito crítico y teórico-deconstructivo «Apostillas derridianas a lo “femenino-neutro», redactado en febrero de 1995. Dichas apostillas fueron escritas para dar una mayor consistencia teórica a mi concepto de «lo “femenino” neutro» tal como lo formulo y trabajo en mi texto de enero de 1995 «La constitución del sujeto y el goce de lo “femenino”-neutro», conferencia dictada ese mismo año en la Casa de la Cultura de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). 

     Esa conferencia, ampliada significativamente, vendría a constituir el cuerpo de mi ensayo titulado «Lo “femenino”-neutro: Reflexiones metapsicoanalíticas». Con ese título figura en la lista de mis trabajos ensayísticos referenciados en la solapa de mi libro Cazador de agua y otros textos mutantes. Antología poética 1977-2002, Editora Nacional, 2003, Santo Domingo, República Dominicana. Ese mismo título-sintagma, «lo “femenino” neutro», se puede obtener, desde hace casi dos décadas y ligado a mi nombre, utilizando el motor de búsqueda de Google. Se puede comprobar lo que digo haciendo una simple consulta en Internet.

     Me extraña que veinticinco años después de ser formulado por quien suscribe, dicho sintagma-concepto «lofemenino-neutro» aparezca utilizado por una analista argentina, Mariana Quevedo Esteves, en el mismo contexto psicoanalítico-lacaniano y barthesiano en que fue originalmente formulado por mí en 1995. 

     El título de mi trabajo remite a un encuadre conceptual muy parecido al que se revela en el texto de unas escasas diez páginas titulado: «Lo femenino neutro. Un axioma donde la última palabra se escapa»,  artículo que aparece en las páginas 69 a 79 del libro Filosofía y prácticas de sí. II Encuentro sobre técnicas del yo (Mario Osella, J. M. Moretti y Natalia Lorio, compiladores), publicado por la Universidad Nacional de Río Cuarto, Argentina, en abril de 2020, bajo el sello UniRío Editora. ISBN del libro: 978-987-688-382-5. 

     He leído el artículo y no digo que esté descaminado, pero resulta interesante resaltar que la referencia que hace el texto de Mariana Quevedo Esteves a “lo Neutro” barthesiano pertenece “tardíamente” al seminario Lo neutro, lanzado a la luz pública por primera vez en francés en 2002, y publicado en español en 2004 con traducción de Patricia Willson (texto establecido por Thomas Clerc). El cuidado de la edición en español corrió bajo la responsabilidad de la gran intelectual argentina doña Beatriz Sarlo. 

     Mis referencias a Roland Barthes,  anteriores en veinticinco (25) años al “hallazgo” por parte de la Quevedo Esteves de que lo femenino lacaniano, como espacio topológico de goce más allá del falo, se puede vincular a “lo Neutro” barthesiano-fourierista, no tuvieron que esperar a que se publicaran en Francia y luego en Argentina las notas de Barthes pertenecientes a su seminario Lo neutro, dictado en el Collège de France (1977-1978), Éditions du Seuil, Paris, 2002; Siglo XXI Editores, México, 2004.

     Yo había tomado las referencias de Roland Barthes a «lo Neutro» del contexto de su obra publicada en Francia en 1971, titulada Sade, Fourier, Loyola, Éditions du Seuil [Sade, Loyola [sic] Fourier, Monte Ávila Editores, Caracas, 1977]. Luego, en 1997, Ediciones Cátedra publica una traducción más afinada de dicho libro de Barthes. 

     Desde hace más de una década he señalado por medios públicos, por la blogosfera y luego por las redes sociales especializadas, como lo es el Grupo Cero Las Palmas, asociación de psicoanálisis de España con su cabecera en Madrid, la influencia del psicoanálisis de Jacques Lacan en una cierta etapa tardía del pensamiento de Roland Barthes. Esto lo descubrí en la República Dominicana desde finales de los años setenta, y lo registré en mi texto sobre Barthes y Lacan.

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EL PÁRRAFO QUE SIGUE REMITE AL SEMINARIO DE ROLAND BARTHES TITULADO “LO NEUTRO”

     En sus notas de cursos y seminarios en el Collège de France, 1977-1978, específicamente en su seminario Lo neutro (Siglo XXI Editores, México, 2004), Roland Barthes dice: «Lo Neutro como deseo pone continuamente en escena una paradoja: como objeto, lo Neutro es suspensión de la violencia: como deseo, es violencia. A lo largo de este curso habrá entonces que entender que hay una violencia de lo Neutro, pero que esa violencia es inexpresable; que hay una pasión de lo Neutro, pero que esa pasión no es la de un querer-asir [de un afán dogmático].» Ob. cit. p. 58

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JACQUES LACAN Y LA MUERTE DE ROLAND BARTHES

     «En 1980, en Casa de Francia, institución cultural perteneciente a la Embajada de Francia en la República Dominicana, el entonces joven intelectual Armando Almánzar-Botello, junto a otros importantes estudiosos de la literatura y las humanidades egresados de universidades francesas, realiza una interesante y novedosa exposición titulada “Roland Barthes, el pensamiento de Jacques Lacan y el placer del texto”.

     »En el evento cultural, organizado por la Embajada de Francia en Santo Domingo a raíz del fallecimiento del gran crítico francés Roland Barthes atropellado en París por una furgoneta, participaron con sus respectivas exposiciones, un doctor francés en literatura, los maestros dominicanos Pedro Ureña Rib y Fernando Vargas Jiménez, la crítico de arte domínico-francesa Marianne de Tolentino, y el escritor dominicano Armando Almánzar-Botello.» 14 de septiembre de 2019. Fredesvinda Báez Santana. Santo Domingo, República Dominicana.

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   13 de noviembre de 2015

CORRESPONDENCIA VIRTUAL DIRIGIDA AL POETA Y PSICOANALISTA ESPAÑOL DE ORIGEN CUBANO JUAN FRANCISCO GONZALEZ-DÍAZ, QUIEN RESIDE EN ESPAÑA. ESTE PERTENECE AL GRUPO CERO DE PSICOANÁLISIS CON SEDE EN MADRID   

(Versión muy ligeramente retocada) 

    [Apuntes de Armando Almánzar-Botello sobre la naturaleza de su conferencia pronunciada el 1980 en la República Dominicana. Exposición titulada “Roland Barthes, el pensamiento de Jacques Lacan y el placer del texto”. Leída en “Casa de Francia”, en Santo Domingo. Esta nota es, simplemente, el esquema de la exposición. Actualmente, dicha conferencia constituye un documento de mayor extensión que “El placer del texto” de Roland Barthes.]

     Por ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO

     Mi trabajo de 1980 leído en Casa de Francia versaba, original y básicamente, sobre el uso que hacía Roland Barthes de ciertas categorías de Jacques Lacan en el contexto de la breve obra de Barthes titulada El placer del texto

     Analizaba yo en aquella conferencia el asunto de la sustitución, en el discurso crítico de Barthes, del “psicoanálisis de lo imaginario” al modo de Gaston Bachelard, por la teorización del Jacques Lacan que piensa el “discurso”, la “función y el campo de la palabra”, el “significante”, la “cadena significante” y su lógica, el Edipo y el problema del Padre, el goce, el placer, el “fading”, la Ley y la Perversión (“Kant con Sade”: Lacan), la dialéctica de la “Demanda” y el “Deseo”... 

     Pero, sobre todo, analizaba allí en mi conferencia la “tipología de los lectores de placer” que plantea Barthes casi al final de su breve libro, donde nos habla de “lector fetichista”, “lector histérico”, “lector obsesivo” y “lector paranoico”. 

     Originalmente yo resaltaba en mi escrito la naturaleza lacaniana del mismo paradigma que le sirve de punto de apoyo y partida, como base de sustentación teórica y conceptual, al breve libro de Barthes: la oposición placer/goce, con todo lo que implica esta estructura binaria de aceptación problemática de un goce situado más allá del principio del placer restringido u homeostático, y que viene a operar en el seno de un principio del placer generalizado que no coincide con la constancia energética sino con el esfuerzo, el gasto y la tensión: Goce de lo “femenino”-neutro.

     Vale decir que Lacan sitúa de ese modo la relación entre pulsión de muerte y goce, diferenciando a dicha pulsión del freudiano principio de nirvana como “aspiración”, o más bien tendencia del aparato psíquico al cero de la tensión y a la “neutralidad” de lo inorgánico. 

     El mismo Barthes resalta en su texto el carácter ambiguo, escurridizo, del término “placer” en el sentido freudo-lacaniano que señalamos: dicho término comporta, simultáneamente, placer yoico, asegurador, narcisista, culturalmente regulado, en uno de sus polos, y en el otro, puesta en catástrofe del principio de homeostasis, desvanecimiento (fading) de la imagen narcisista ligada a los procesos secundarios del psiquismo, mezcla indecidible de placer y dolor... Una suerte de placer armónico-apolíneo versus goce trágico-dionisíaco: el disfrute confortable y hedonista de los productos, códigos y estructuras culturales, por un lado, frente a “la cultura en pedazos”, como nos dice el mismo Barthes, frente a un aórgico proceso radical de turbulento y gozoso resquebrajamiento e imprevisible redefinición de lo simbólico.

     Ya desde la versión original de mi texto, escrito y leído en 1980, me preguntaba yo por qué no incluía Barthes al “lector esquizofrénico” dentro de su tipología de los lectores de placer... 

     Justamente dos años después de la publicación de El placer del texto (1973), Jacques Lacan realiza su Seminario XXIII (1975-1976) titulado Le sinthome, donde aborda los textos de James Joyce desde una perspectiva psicoanalítica que presupone una relación joyceana, de tipo esquizofrénico, con la lengua (Jacques Lacan: lalangue).

     La categoría lacaniana de “sinthome” ofrece el testimonio de la invención de una “suplencia”, lograda por vía de una escritura polivalente, inventada por Joyce para compensar la forclusión del nombre-del-padre. (Desde luego, para 1980 Le sinthome, no se había publicado como libro ni siquiera en Francia, pero Roland Barthes asistió al Seminario y tuvo noticias de él por vía de fotocopias.)  

     En ese Seminario de 1975-76 se encontraba el espacio teórico psicoanalítico en el que se podía alojar a ese “lector esquizofrénico” que yo había echado de menos en la tipología de Barthes. El gran crítico y semiólogo, posteriormente acusa recibo de las categorías que Lacan elabora en el mencionado seminario, y ellas pasan, de forma directa o indirecta, a formar parte del tinglado de recursos teórico-críticos de Barthes en textos posteriores a El placer del texto

     Señalo ahora que conceptos barthesianos tales como “grano”, “voz”, “fantasma”, “studium”, “punctum”, etcétera, guardan una estrecha relación con categorías procedentes del psicoanálisis freudo-lacaniano, tales como “semblante”, “objeto metonímico a”, “objeto pulsional”, “lalangue”, etcétera. 

     La forma barthesiana de concebir lo que denomina “la exención del sentido”, acusa también una estrecha relación con la categoría lacaniana de “lo real fuera del sentido”, como algo diferente al concepto lacaniano de “realidad”... 

     De algunos de estos temas y de otros hablé en mi ponencia de 1980 en Casa de Francia. Varios de dichos planteamientos (para la fecha de la muerte de Barthes todavía no publicados de un modo sistemático ni siquiera en la misma Francia), fueron analizados por mí posteriormente, con mayor pertinencia y nueva información, en una versión ampliada de dicha conferencia, versión que hoy constituye prácticamente un pequeño libro de más páginas que el mismo El placer del texto. (Desde el principio, según me dijo mi esposa de entonces, mi conferencia era demasiado extensa para la relativa brevedad del texto de Barthes). 

     De Lacan yo había leído, para 1980, sus Escritos, El deseo y su interpretación, Las formaciones del inconsciente, La familia, etcétera. De Barthes había leído para esa fecha, además de El placer del texto, sus Elementos de semiología, Sade, Fourier, Loyola, sus ensayos presentes en la serie “Comunicaciones”, etcétera. 

     Luego, amplié significativamente mi bibliografía sobre ambos autores y sobre todos los del grupo llamado postestructuralista. Incorporé a mis meditaciones críticas textos que aparecieron con posterioridad al año de 1980.

     He aquí una muestra de dichos nuevos interrogantes y problemas:

     «¿Podríamos hablar de una suerte de “punctum” barthesiano en la voz, susceptible de generalizarse para toda música entendiéndolo como grano de la voz y del genocanto? 

     »¿Qué relación guarda este grano de “significancia” genomusical con el “objeto metonímico a” lacaniano, en tanto que dicha instancia opera como condensador de goce, como vínculo disyuntivo del sujeto con el cuerpo pulsional y semblante puntiforme del ser? 

     »¿Guarda el grano musical de la voz una relación firme con la imagen acústica, entendida esta como “ser-oído del sonido”, como pura foné reducida al sonido pensado o alucinado, fenomenológicamente diferente al sonido físico escuchado en el mundo? 

     »Más allá de la borradura del rasgo o trazo unario, ¿se origina en cierta música (serial, aleatoria, electrónica) una instancia de la “letra” translingüística que remite al genocanto, a la pura significancia como voz sin azogue? 

     »Estas problemáticas corresponden a las meditaciones postestructuralistas desarrolladas por Roland Barthes bajo influencia del Lacan de la “letra”, la “lalangue” y la “pulsión invocante”. AAB

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DEBATE BIZANTINO SOBRE «LO TRANS»

     «El transexual no tiene nada que ver con las ratas transgénicas, como cree el señor presidente de los Estados Unidos Donald Trump. ¡Oh “superba” ignorancia plena de prejuicios y disparates! Si duda una cosa es “transgénero”, y otra, pero que muy distinta, es “transgénico”. ¡Bien por la denuncia de Elizabeth Duval!» Armando Almánzar-Botello 

     Por ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO

     «Lo “trans” es complejo: el transgénero no pide necesariamente una real intervención quirúrgica “correctiva” de su cuerpo físico con miras a la reasignación de género. El transexual sí la pide, pero también en muy diferentes grados.» Armando Almánzar-Botello 

     «Una de las tendencias psicoanáliticas de orientación lacaniana más actuales, es la que implica una escucha ético-clínica, caso por caso, de los sujetos que formulan serias demandas de reasignación de género. De entrada, se plantea la “despatologización” de lo «trans», a no ser que este asuma el carácter de una severa y egodistónica disforia de género de corte parapsicótico.» Armando Almánzar-Botello

     «La “artificial sexualidad humana” no está programada genéticamente de un modo absoluto, ni para el que se posiciona como homosexual en las singulares peripecias libidinales que lo constituyen como tal, ni para el que se posiciona como transexual, como intersexual, como trasvestista, como heterosexual... Cierto, la definición de la sexualidad no es una simple elección: el sujeto libidinal está desde siempre atrapado, cogido en las redes de los deseos más o menos conscientes e inconscientes de sus “padres”, de los sujetos adultos que lo asisten con valor “(de)formativo” en su prematuridad de neonato y de infante. Los resultados de este proceso no implican, ciertamente, fenómenos de elección para el sujeto. Dicho sujeto asume o no una posición sexual determinada, sea cual fuere la misma, en función del carácter egosintónico o egodistónico que ella puede revestir para él.» Armando Almánzar-Botello 

     «El trans no es tan solo el transformer.» Armando Almánzar-Botello

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     Para el substrato ideológico cristiano de la población dominicana todavía es tabú este ya viejo y conocido tema de lo “trans”. Para la opinión común, la transexualidad es considerada “antinatural”, como si la misma sexualidad humana no fuese un constructo artificial en su profunda raíz constituyente. ¿Cómo un zapato de hombre o de mujer, el simple roce de un pañuelo de seda, la frondosa vellosidad púbica de un maniquí de plástico perfumado pueden venir a sustituir al partner humano de la relación sexual y a desencadenar los mismos efectos orgásmicos que produciría este? 

     El tema “trans” también es percibido como tabú —por los mismos motivos ideológicos ya referidos—, en otros países y culturas del mundo, atrasados o no, lastrados o no por el esencialismo violento y cerrado del monoteísmo fundamentalista que siempre ha negado al cuerpo pulsional o erógeno entendiéndolo como algo sucio, pecaminoso y solo purificable por medio de unas rígidas regulaciones dogmáticas, por asépticos rituales de aproximación que subordinan lo sexual y erótico a la simple reproducción biológica: “¡Creced y multiplicaos!”

     El mero y estratégico planteamiento clínico del asunto es considerado sospechoso y “poco ético” si no condena a priori lo “trans”; este fenómeno es visto por la dura opinión de la cristiana “ordinary people” solo como el peligroso resultado de la “profunda caída y degeneración del hombre” postmoderno. 

     La especificidad del asunto se pierde de vista bajo el espesor de los más ingenuos, torpes, impermeables y triviales (pre)juicios de sentido común. 

     De hecho, esa actual proliferación de “lo trans” solo se puede inteligir, tal como viene a revelarse socio-antropológica y clínicamente en muchos casos estudiados, como un efecto inevitable del repudio, rechazo, forclusión, retirada o degradación del clásico principio metafórico y estabilizador conocido en el psicoanálisis freudo-lacaniano como nombre-del-padre (metafora paterna: Jacques Lacan), como un resultado de la gran deriva global o “desterritorialización esquizo de los flujos” (Gilles Deleuze y Felix Guattari) y de la erosión inevitable del “Uno” simbólico y patriarcal propiciada por el avance del capitalismo tecnocientífico en sus relativamente recientes tendencias neoliberales no tradicionales, no weberianas. 

     La llamada sexualidad humana (constructo artificial, lingüístico, histórico: emergencia del “cuerpo como sede del goce”, de la terceridad que Jacques Lacan denomina “substancia gozante”, ajena esta al simple cuerpo físico en su materialidad anatomofisiológica, estrecha y meramente reproductiva y biológica) abandona una vez más en Occidente su restringida definición “binaria” y viene ahora nuevamente a exhibir su polimorfia, su real enigmaticidad, su dimensión “neutra” pero diferencial (“lo ‘femenino’-neutro”: Almánzar-Botello, 1995), transbinaria y coreográfica (Jacques Derrida). 

Armando Almánzar-Botello

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21 de agosto de 2022

copyright ©️ Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.

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TRANSEXUALISMO Y HOMOSEXUALIDAD: DOS COSAS DISTINTAS (Posicionamiento sexual, bioética y tecnociencia)

     Por Armando Almánzar-Botello

     «Debemos evitar la burla, la sordera y la segregación orientadas a dañar a los sujetos transexuales afectados o no de disforia de género.» Armando Almánzar-Botello

     «Debemos ganarnos con estudio el derecho a opinar sobre un tema específico.» Fredesvinda Báez Santana 

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     Existen las supuestas etiologías de naturaleza bioquímico-cerebral y genética para explicar el posicionamiento subjetivo transexual, pero se ha considerado, como en otros variados casos, que dicha orientación-conducta es de origen multicausal. 

     No son lo mismo, por otra parte, la homosexualidad, el travestismo y el transexualismo. 

     Como dice el gran especialista clínico francés de origen árabe, Moustapha Safouan: el travesti o travestista “imaginariza lo real”; en simetría inversa, el transexual tiende a “realizar lo imaginario”, es decir, a demandar una “corrección” quirúrgica en lo real de su cuerpo biológico, para adaptarlo a su cuerpo imaginario de adscripción subjetiva.   

     Ahora bien, debemos resaltar que el potencial carácter patológico del fenómeno transexual —que bien podría ocultar, eventualmente, una psicosis con graves trastornos invalidantes— también existe para la heterosexualidad como sexualidad normativa.

     La homosexualidad no figura hoy en los DSM como enfermedad o trastorno desde los años setenta. 

     El mismo Freud habló de una elección amorosa de objeto homosexual que superaba lo simplemente “patológico”, lo que denominaba el gran médico y neurólogo “miseria” sexual del hombre contemporáneo: la imposibilidad de reunir en un mismo partner la “corriente del afecto” y la sexualidad. 

     El DSM-V considera al transexual como afectado de un trastorno que allí se designa como “Disforia de Género”. 

     Aunque resulta pertinente aclarar, pese a ciertas alarmantes estadísticas clínicas de casos que hablan de suicidios y patológicas “retractaciones de género”, que hay un gran número de transexuales adultos sanos, lúcidos, “productivos y felices”...

     Una de las tendencias psicoanáliticas de orientación lacaniana más actuales, es la que implica una escucha ético-clínica, caso por caso, de los sujetos que formulan serias demandas de reasignación de género. De entrada, se plantea la “despatologización” de lo «trans», a no ser que este asuma el carácter de una severa y egodistónica disforia de género de corte parapsicótico.

     No debemos mezclar la moral judeocristiana en esto, ni justificar, por la otra vertiente del asunto, los excesos mercuriales de las grandes farmacéuticas, las falsas promesas terapéuticas y la “barbarie” médico-psicofarmacológica, instancias que pretenden solucionar todos los casos de “disforia de género” haciendo uso de tratamientos masivos con hormonas o mediante intervenciones quirúrgicas prematuras...

     De todos modos, las tecnociencias avanzan, ineludiblemente, aportando engaños o soluciones a los problemas humanos. 

     Por otra parte, es inevitable, irreversible, una profunda mutación de las estructuras familiares ligadas al perimido (no en todos los casos) modelo nuclear burgués y a la llamada familia extensa o extendida.

     La familia, como espacio transhistórico de producción social de subjetividad, seguirá existiendo, pero incluirá en sus configuraciones por venir formas hasta ahora insospechadas, consideradas por muchos hasta “monstruosas”. 

     Pero no hay nada más monstruoso y siniestro que el Homo sapiens mismo; ahí está el germen de su potencia, de su gran plasticidad e inventiva.

     No hay supuestos “retornos a la naturaleza”, a un “orden natural” que vendría “onto-teo-terapéuticamente” a salvar a la “humanidad” de estos inevitables cambios. La idea misma de orden natural, de “Natura naturata”, de naturaleza como “lo dado” que se opone a la industria y al artificio es una invención tardía de la Escolástica. 

     Los griegos hablaron de una suerte de “copertenencia” o “coapropiación” (M. Heidegger) de physis y techné, donde las relaciones o vínculos entre los límites de lo “natural”, como “fisicalidad” dada, y la técnica, como “artificialización” de lo “hilético-material” (E. Husserl), resultan indeterminados o indecidibles...

     De todos modos, las  soluciones “ecológicas” o “ecosóficas” (Felix Guattari) a los problemas técnicos, biológicos y psicosociales que plantean las actividades “(pos)industriales” humanas, solo podrían proceder, necesariamente, de una racionalidad operativa compleja que comporte el uso de nuevas y más sofisticadas tecnologías. 

     Lo repito: el Homo sapiens m, inevitablemente y por su propia dotación genética, está llamado a una “progresiva diferenciación y artificialización”. 

     Los necesarios límites y fronteras en la realización o materialización de dichos procesos, vienen a ofrecerse como “bordes históricos provisorios” para las miradas del filósofo genealogista y del hermeneuta.

     Más que a la famosa y heideggeriana “naturalización de la técnica y del artificio”, el Anthropos está siempre abocado a “devenires moleculares imperceptibles”, como los denomina Gilles Deleuze, a multiformes procesos de “artificialización de lo natural”, que pueden conducirlo, problemáticamente, desde la topografía de lo transhumano, de lo humano modificado por las biotecnologias, al territorio relativamente inédito de lo “posthumano” actualizado y consumado (Nietzsche), de lo que ya se insinúa virtualmente en el seno mismo de lo humano, de lo (in)humano, de lo (trans)humano, de lo (a)humano...

     Lo reitero: la idea misma de “sostenibilidad” es de parte a parte técnica, y no podría realizarse de un modo “sostenido” sin nuevas invenciones técnicas. 

     La bioética solo puede aquí aconsejar respeto al llamado “principio de precaución”, tomando en cuenta, como dice Paul Virilio, que a todo “avance” o invención técnica y tecnológica corresponde una particular modalidad de “accidente”... 

Armando Almánzar-Botello

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Octubre de 2016

 Santo Domingo, República Dominicana. 

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.

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Adenda de junio del 2014:

EROTISMO, SEXUALIDAD HUMANA, INSTINTO SEXUAL

     Por Armando Almánzar-Botello

     La sexualidad humana, desde el punto de vista del psicoanálisis freudolacaniano, de la antropología y de la psicología, de la misma psiquiatría dinámica clásica, jamás se reduce a un simple dato anatomofisiológico de partida. Es una compleja construcción simbólica, interpersonal y cultural.

     En el Homo sapiens, la sexualidad no es tan solo “instinto” (Instinkt, en alemán: tendencia preformada genéticamente y que determina el comportamiento de un animal) sino “pulsión” (Trieb, en alemán: carga “energética” apuntalada, emergida o construida por el significante, en el contexto de una relación interpersonal y simbólica entre el “sujeto infante-neonato” y la figura del Otro que le asiste). 

     El escueto dimorfismo biológico no impide la compleja plasticidad de los posicionamientos subjetivos en la llamada Tabla Lacaniana de la Sexuación (heterosexualidad, homosexualidad, intersexualidad, bisexualidad, transexualidad...). Ello determina que un individuo, hembra o macho, pueda ser transgénero o cisgénero.

     Si bien Freud consideró a la homosexualidad como una inversión o desvío con respecto a la norma estadística heterosexual, nunca negó la posibilidad de que hubiera una elección de objeto amoroso de carácter homosexual, con tanta “validez sublimatoria” (✓) como la que podría implicar la elección heterosexual de objeto. 

     El cuerpo de la anatomía humana como “cuerpo dado” y estructura de partida, no es, en su prematuridad, el cuerpo erógeno o libidinal construido por los avatares del sujeto en sus relaciones con los “otros” a los que van dirigidos sus deseos y demandas. 

     Desde el punto de vista psicoanalítico el sujeto infante no nace propiamente bisexual, sino más bien erótico-polimorfo… 

     La bisexualidad mencionada por Freud es una simplificación dualista de la multiplicidad pulsional o libidinal de los impulsos del sujeto neonato, detectada por el mismo padre del psicoanálisis. 

     Por otra parte, cuando Sigmund Freud utiliza la palabra “perversión” como categoría clínica y reverso de la “neurosis”, la emplea de un modo técnico, dinámico y estructural, no ético ni moral. No pretende emitir un juicio de invalidación moral o psiquiátrica del sujeto. 

     No obstante, todo diagnóstico tiende a volverse etiquetación segregativa y expediente de estigmatización. 

     Con la categoría de perversión, Freud define una estructura subjetiva particular en la que se guarda una modalidad específica de relación entre el sujeto, el objeto, el deseo y el goce. 

     Si bien la homosexualidad puede estar frecuentemente asociada a problemas de naturaleza neurótico-perversa (con mucha mayor frecuencia en sociedades homofóbicas que plantean situaciones de conflicto y rechazo a la singularidad de la conducta homosexual), este hecho no implica que la homosexualidad en sí misma deba ser considerada necesariamente como una patología y que todo homosexual sea un enfermo.  

     Ciertamente la homosexualidad constituye un desvío (genético y/o cultural-simbólico) con respecto a la norma, empero, psicopatológicamente hablando, “norma” no es sinónimo absoluto de “salud mental”. 

     La “norma” es un simple criterio estadístico. Existen comunidades enfermas, como nos ha enseñado la etnopsiquiatría (Roheim, Devereux, Laplantine), donde la mayoría de las personas padecen severos trastornos mentales. 

     Que no se malinterprete lo aquí argumentado: No decimos, con la aseveración anterior, que la salud sea exclusivamente homosexual, no. Simplemente afirmamos, apoyados en la experiencia clínica y en los datos de la etnopsiquiatría y el psicoanálisis, que la heterosexualidad ha sido y es hasta ahora la norma, pero que ello no implica que la conducta heterosexual sea, por necesidad, sinónimo perfecto de salud mental. 

     Se puede ser “patológicamente heterosexual” sin ser un violador o un sadomasoquista. También muchos heterosexuales pueden manifestar graves y frondosas sintomatologías de naturaleza neurótico-perversa y/o psicótica. 

     Freud reconoció, en el transcurso de su pensamiento, que el homosexual plenamente realizado y “egosintónico”, por efecto de lo que el gran médico y neurólogo denominaba “sublimación”, era capaz de poner de manifiesto los rasgos que constituyen las máximas evidencias de salud mental: 

     Capacidad de amar, de crear, trabajar, relacionarse ética y solidariamente con un partner o pareja, y con los demás seres humanos en un proyecto común. 

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6 de junio de 2014

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.

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LEGOS Y OTROS PASTORES

     Por Armando Almánzar-Botello 

     El gran error de partida —implícito en  razonamientos como los de ciertos buenos pastores y ciudadanos fieles ingenuamente fundamentalistas por verdadera ignorancia estrechamente biologicista— estriba en establecer en el “Homo sapiens sapiens”, entendido como “ser humano” complejo, producto interactivo e interretroactivo (E. Morin) de la filogénesis biológica y la cultura, una relación lineal, de causalidad simple, entre sexo genético-cromosómico, sexo anatomo-fisiológico (dimorfismo sexual), sexualidad, erotismo y posicionamiento en la llamada tabla de la sexuación. 

     La experiencia clínico-experimental demuestra que el sujeto humano no nace con una orientación sexual definida, por eso se habla de sexualidad polimórfica infantil previa a la asunción de una específica identidad sexual. 

     La identidad sexual, tanto la heterosexual como la homosexual y transexual, es algo construido en un contexto relacional de producción de subjetividad/corporalidad: la familia en sus diversas modalidades históricas. 

     La sexualidad humana no es instintiva, congénita, “natural”; ella más bien se articula pulsionalmente por el orden simbólico humano. 

     El erotismo es, por otra parte, la sexualidad humana transfigurada por la imaginación. 

     La sexualidad humana no está orientada esencialmente a la reproducción. Esta última, en el ser humano, es solo un fenómeno colateral o adyacente a la meta de la pulsión: lograr su satisfacción girando en torno a un objeto de deseo no predeterminado genéticamente. 

     El sexo cromosómico, anatomofisiológico, no construye de un modo absoluto ni predetermina la orientación libidinal o erógena del sujeto. 

     Si bien una subjetividad “transexual” o transgénero (este último «deseo trans» no siempre pide, por necesidad, transformar su cuerpo para cambiar de sexo anatómico, en un sentido u otro) puede ser considerada patológica (el DSM-5: clasificación mundial de los desórdenes o enfermedades mentales por sus siglas en inglés, habla de “Disforia de Género”), también puede haber disposiciones patológicas en la asunción de ciertos tipos de heterosexualidad declarada o cisgénero. 

     En síntesis, la sexualidad humana, en su compleja especificidad subjetiva/asubjetiva y erógena/corporal, no es nunca un dato de partida, no está inscrita en los genes ni en el cuerpo anatómico del sujeto. 

     Lo reitero: la “artificial sexualidad humana” no está programada genéticamente de un modo absoluto, ni para el que se posiciona como homosexual en las singulares peripecias libidinales que lo constituyen como tal, ni para el que se posiciona como transexual, como trasvesti, como bisexual, como heterosexual...

     Cierto, la definición de la sexualidad no es una simple elección, lo que resulta muy evidente en el caso del sujeto intersexual. El sujeto libidinal está desde siempre atrapado, cogido en las redes de los deseos más o menos conscientes e inconscientes de sus “padres”, de los sujetos adultos que lo asisten con valor “(de)formativo” en su prematuridad de neonato y de infante. Los resultados de este proceso no implican, ciertamente, fenómenos de elección para el sujeto. 

     Dicho sujeto asume o no una posición sexual determinada, sea cual fuere la misma, en función del carácter egosintónico o egodistónico que ella puede revestir para él. 

     Si el sujeto experimenta y sostiene una relación de rechazo con respecto a su homosexualidad (homosexualidad egodistónica) puede solicitar ayuda profesional para su normalización (que no necesariamente es sinónimo de salud mental). Si por el contrario acepta su orientación sexual y está dispuesto a realizarse como homosexual (homosexualidad egosintónica) el sujeto afirma, “elige” o “selecciona” aquello que permanecía en él como pura virtualidad y pasa a ser un homosexual practicante. 

     La homosexualidad como tal no implica ni salud ni enfermedad. Un homosexual puede estar sano o enfermo independientemente de su condición sexual. 

     Al mismo Sigmund Freud, a pesar de su androcentrismo victoriano de naturaleza profundamente rigorista y homofóbica, la experiencia de la clínica de las neurosis y de las perversiones lo condujo a descubrir una “elección amorosa de objeto” de tipo homosexual, tan válida en términos de salud mental como la “elección amorosa de objeto heterosexual”. 

     La salud mental no se define en función de criterios religiosos o normativos convencionales. No es asunto de creencias, de doxa biologicista o de mera Estadística.

     Desde el punto de vista psiquiátrico dinámico y psicoanalítico, “mentalmente sano” es un sujeto capaz de amar, de trabajar, de crear, de soportar dosis relativas de frustración y displacer sin perder el deseo de vivir, de alcanzar estados placenteros individuales y compartidos, de establecer un lazo social como proyecto individual y colectivo, y, sobre todo, sano es un sujeto capaz de integrar la corriente de la sexualidad y la corriente del afecto en un mismo “partner” o compañero/a, sin vivir aquello que Freud llama “la degradación de la vida amorosa” del hombre moderno: si ama no desea y si desea no puede amar. Sano es un sujeto capaz de aceptar activamente la realidad inevitable de la muerte.

     Esa degradación que menciona Freud puede ser padecida como patología tanto por el sujeto homosexual como por el heterosexual. 

     El transexualismo es otro comportamiento más complejo que la mera homosexualidad. 

     Puede estar relacionado con ciertas estructuras psicóticas resultantes de una verdadera “Verwerfung” o forclusión-rechazo del significante de la “terceridad disyuntiva/conjuntiva” que viene a suspender la díada imaginaria y fusional constituida por el “sujeto bruto del placer” y el “objeto (das Ding) del goce absoluto, primario y abisal”. Esa suerte de “metáfora” originaria con valor estructurante de la subjetividad, creadora de “lazo social”, es denominada por Lacan “Nombre-del-Padre” y comporta las significaciones vinculantes articuladoras del deslinde tópico entre “Inconsciente” y “Preconsciente-Consciente”.

     No obstante, puede haber también para estos casos unas suplencias compensatorias o “sinthomes” que permitan estabilizar y ayudar a “ser felices”, haciendo “lazo social”, a los transexuales afectados gravemente de “disforia de género”. 

     Estos son juicios etnopsiquiátricos, psicoterapéuticos y psicoanalíticos, no necesariamente compatibles con valores o prejuicios de naturaleza moral convencional o religiosa. 

     Las explicaciones naturalistas de sentido común o de buen sentido generalmente no explican nada, absolutamente nada de la compleja sexualidad humana. 

     El hombre cristiano no debe intentar apoyarse en estas argumentaciones pseudocientíficas para dar una presunta legitimidad a su postura ético-religiosa. 

     Simplemente debe argumentar bíblicamente: “Dios los creó hombre y mujer y les dijo creced y multiplicaos...”

     Esa prudente posición frente al tema, con lo que ella implica de acto de fe, no es, como diría Xavier Zubiri, actitud de simple debate o de mero “asentimiento intelectual”, sino consciencia de una postura espiritual libremente asumida, indiscutible por principio y no demostrable: hecho o convicción de pura “admisión” (Zubiri), independientemente de que exista una “teología racional” como ciencia regional que estudia al ser humano en sus relaciones con Dios. 

© Armando Almánzar-Botello

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23 de junio de 2019

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Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.

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«EL CUERPO ES LA SEDE DEL GOCE» Jacques Lacan (Del «deseo trans» a la ciencia f(r)icción (Notita # 2)

     Por Armando Almánzar-Botello 

     «Hablo para los entendedores actuales, no para los timoratos.» Ezra Pound-Guido Cavalcanti 

        «Para J. Lacan la “realidad física del cuerpo humano” es objeto de las llamadas ciencias médicas; lo “real enigmático del cuerpo parlante y gozante” (“parlêtre”, correlato de la “lalangue”) es objeto del psicoanális.» Armando Almánzar-Botello 

     Complicatio:

     «El cuerpo erógeno mordido por la letra lacaniana; cuerpo gozante, libidinal, pulsional, creado y artificializado por el lenguaje, no se reduce al mero organismo contingente, físico, anatomofisiológico. 

     »La máquina de silicio, ciertamente, no posee autoconciencia, no piensa en sentido estricto. Pero dado que la máquina podría escapar a su actual definición algorítmica y determinista, ¿le sería posible “gozar” algún día, bajo el estatuto de un nuevo cuerpo maquinal (no digo ahora mecánico ni mecanicista), de una suerte de artificial e inédito cuerpo-lenguaje de síntesis, entendido como aparato de goce? ¿Ciencia ficción? No olvidemos que fue Lacan quien dijo un día: “Para mí, la única ciencia verdadera y seria a seguir es la ciencia ficción.”» Armando Almánzar-Botello

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     La escritura (que no es aquí la simple grafía o «excripción»), entendida como tal por Jacques Lacan, inscribe el goce en el lugar del cuerpo. En el humano, quiéralo este o no, sépalo o no, el cuerpo real es la sede del goce. 

     ¿Qué sería el «goce de la máquina» (en el subjetivo del genitivo), a entender no como una «simulación» sino como la «duplicación» del goce pulsional de los humanos, pero alcanzado con un cuerpo artificial posthumano? Nos referimos ahora a la diferencia entre «simulación» y «duplicación» de la conciencia y los procesos «a-subjetivos» tal como entiende dicha diferencia el filósofo norteamericano John Searle. ¿Qué sería, por ejemplo, el «goce pulsional» en un cuerpo de silicio, de grafeno o de otros elementos constituyentes, con o sin computación cuántica o postcuántica?]

     Lo que sí hay en el llamado «Discurso» Capitalista del hedonismo postweberiano (Daniel Bell) es lo que el psicoanálisis lacaniano conceptualiza como un «mandato superyoico al goce», característico del consumismo neoliberal desmedido. Este “goce” solo se realiza como mascarada, como «simulación», como experiencia narcisista del consumidor de los «objetos a», entendidos como simples tapones de la carencia o la falta en el Otro y no en su vertiente de vacío. Hay el goce de una subjetividad construida por el aparato neoliberal que se pretende más allá del principio del placer pero que solo permite al individuo (que no al sujeto) un goce del «objeto a» como tapón y mascarada.

     Tal como dicen Jesús González Requena y Amaya Ortiz de Zárate con relación al spot publicitario: «no es del goce de lo que aquí se trata sino de su mascarada. Pues no hay lugar para el goce en un espacio donde la expansión narcisista del Yo tiende a aniquilar todo espacio para el sujeto [...] Así, el precio de acceso al goce es siempre la herida narcisista: solo hay goce allí donde el Yo del sujeto conoce de cierta quiebra. Donde, en suma, lo real emerge cuando lo imaginario se resquebraja —de ahí que el goce suponga siempre un contacto con el horizonte de la muerte.» Jesús González Requena y Amaya Ortiz de Zárate.

     La letra de goce que forma escritura o lluvia de significantes sueltos (la ”lalangue”), en principio no forma cadena o discurso significante, pero su “sinsentido” se inscribe y resuena como acontecimiento erógeno en el cuerpo (inconsciente real del parlêtre, definido este último como cuerpo parlante y cuerpo de goce). 

     Ese cuerpo erógeno, libidinal, pulsional, no se reduce a la biología, al mero organismo genético y cromosómico, homeostático, anatomofisiológico, cuya dimensión de realidad operativa, tangible, física y definida de forma tecnocientífica, es necesario resaltar que también constituye, como puro «ente» o «realidad» definida por el discurso de la ciencia (Martin Heidegger, Jacques Lacan), un complejo ordenamiento, dispositivo o constructo somático, histórico, diacrónico-funcional y provisorio, articulado con cierta “objetividad” por la exploración anatómica que constituye la disección clásica en la medicina occidental, hasta el reciente “medical imaging” como recurso punta de dicha cartografía corporal. 

     Diferenciamos aquí un registro “real” (digamos «aórgico», a-significante, semiótico-glosolálico, pulsional-imposible y problemático del cuerpo de goce como «embrollo» de dicho real, sin que participe este cuerpo gozante de otro «fundamento» que la «lalangue» como lluvia de letras y escritura), de la “realidad” de un “cuerpo quirúrgico” cuya dimensión objetiva viene a ser definida por los estadios de la observación directa y los grados o niveles de una específica operatividad instrumental. 

     Generado y perfeccionado por medio de una suerte inédita de «clonación ecotécnica» (J-L. Nancy) o duplicación tecnológico-funcional de procesos cognitivos y afectivos» (J. Searle, R. Picard), ¿podría una especie de «organismo» transhumano o posthumano —con posibilidades de que surja en él una cierta forma de «subjetividad» como efecto complejo de una imprevisible conjunción de recursos procedentes de la ingeniería genética, la inteligencia artificial, la genómica, las nanotecnologías húmedas y secas, etcétera: la «Singularidad» de Ray Kurzweil—, constituir el soporte material para una nueva «intercorporalidad pulsional postbiológica» y lingüística, abierta esta al goce de un nuevo «embrollo de lo real» (concepto perteneciente a un cierto lacanismo milleriano)?

     La dimensión del «lenguaje» sería entendida allí tal como la concibe Jacques Lacan en el Seminario XX, «Aún», postulándola como «aparato del goce».

     [Desde luego, “creemos” que la referida posibilidad gozante, emocional y maquinal-cogitante solo se ofrecería en un «más allá del reino del silicio», como quien dice «más allá del principio del placer»...]

     No solo el cuerpo erógeno es diferente al cuerpo físico de la realidad (para Lacan la «realidad» no es lo «real imposible») sino que aquello que se entiende por «cuerpo humano físico» en la medicina actual, no es lo mismo que, históricamente, definía como tal un Hipócrates, por ejemplo. 

     En fin, el propio cuerpo biológico, físico, cromosómico, anatomofisiológico, participa de una específica “historicidad” diferente de la genealogía concreta que constituye al cuerpo real de goce, al cuerpo erógeno, afectivo, libidinal o pulsional; o dicho de otro modo, a la sexualidad, al erotismo y al amor. 

     [Sé que podría estar aquí bordeando el delirio, como un Wilhelm Fliess cualquiera... Pero no... ¿Pero no?]

Armando Almánzar-Botello

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Abril 2023

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.

IMÁGENES:

1) René Magritte: “La condición humana”, 1935

2) Gustave Courbet: “El origen del mundo”, 1866