domingo, 1 de febrero de 2026

NÓMADES DESEOSOS DE OBJETOS AJENOS...

 A los que no plagian de memoria, sino que copian con el libro abierto...

     Por Armando Almánzar-Botello

«Al cerebro copión de efecto-disparo: “El Otro piensa, luego plagio”». Armando Almánzar-Botello

A los grandes filósofos que merece mi patio...
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Diríamos que los nómades —los beduinos, por ejemplo, como sujetos cualesquiera de cierta desterritorialización originaria—, esos viejos metamorfos de la errancia y el desvío desérticos, esos agentes generadores de una concreta «desterritorialización estratégica», se dejan atrapar, en ocasiones, por el «polo paranoico» de los procesos (Gilles Deleuze) y padecen una voluntad de captura de ciertos «rasgos de la territorialidad del Otro».

Esa voluntad de apropiación ciega puede convertir los «índices maquínicos de efectiva desterritorialización» (Gilles Deleuze) en objetos fetiches robados (Freud, Lacan, Barthes), los cuales, bajo ese «astuto estatuto», dan como resultado una triste conversión del «objeto a» de la fuga metonímica en «objeto a» como tapón imaginario hurtado.

Con dicho plagio, digamos ontológico, queda suturado el agujero-hueco final que resulta —dicho sea utilizando la rigurosa terminología clínica lacaniana— cuando el sujeto logra finalmente «atravesar el fantasma» en la relación transferencial con el analista, o en la relación compleja y autotransferencial con lo que Jacques Derrida singulariza conceptualmente como el corpus auto-bio-tánato-heterográfico que le permite operar al sujeto asumiendo la «destinerrancia»...

He aquí, en el velado plagiario, una reterritorialización que tiene como efecto una falsa territorialidad anamórfica como «territorialidad perversa del artificio» (Deleuze-Guattari).

Desde que yo era un niño de tres años (y bien que lo recuerdo), pude crear una frase «precursora» de mis meditaciones de adulto interesado por la sexualidad y el psicoanálisis: «Jugar al toto»... No a serlo, por supuesto, sino a verlo, tocarlo, frotarlo... y si fuere preciso, con la llam(ad)ita erecta...

Esa expresión la utilizaba como un llamado lúdico, pero ansioso, hecho a mis amiguitas de la infancia —en ocasiones ese llamado era dirigido a criadas adultas y de gran vellosidad púb(l)ica que estaban a mi servicio doméstico— para que realizáramos juntos mostraciones y toqueteos de nuestros respectivos órganos sexuales...

En ciertas oportunidades, esos juegos eróticos, dada la intensidad seductora de mis reclamos fálicos, llegaron, con las muchachas adultas en especial, a constituir lo que hoy podría denominarse abuso pedofílico de una mujer de 19, 20 o 30 años cometido «a favor de un niño» de 4, 5 o 10 años...

Resultado de mi gran pasión infantil por «jugar al toto»: el deseo de apropiarme de todas las vulvas adultas, pero fundamentalmente de las muy peludas, con plena conciencia de que me embarcaba en una «misión imposible»...

Algunos, en su afán de apropiarse de «ciertos signos e insignias» procedentes del Otro, no solo manifiestan una gran voracidad y envidia —algo más bien propio de lactantes (Melanie Klein)—, sino que llegan también a convertirse en verdaderos violadores, en ladrones simbólicos, y, en  ocasiones, en repugnantes cacos reales...

La «metafísica de lo propio» es parte de un proceso que Martin Heidegger y Jacques Derrida denominan «propiación: a-propiación/des-apropiación»...

Si bien todos trabajamos con cierto legado que utilizamos y distorsionamos referenciando debidamente las fuentes, ¡nunca debemos dejarnos seducir por la «apropiación de lo ajeno sin real valor agregado», por los falsos e ilegítimos esplendores del plagio, ese oportunista y perverso recurso que oculta el nombre y el corpus del autor real del texto así abusado!

Domingo, 1 de febrero de 2026

Armando Almánzar-Botello

Copyright © Armando Almánzar-Botello.
Reservados todos los derechos de autor.
Santo Domingo, República Dominicana.

Adendas:

PTYX (La caracola delirante)

Acción de gracias a un poeta y crítico amigo por el envío de una revista literaria de fuerte componente erótico y conceptual.

     Por Armando Almánzar-Botello

A una inteligente y bella feminista, que se depila el pubis por seguir el mal ejemplo, in memoriam

«Al cerebro copión de efecto-disparo: “El Otro piensa, luego plagio». Armando Almánzar-Botello
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...Sobre todo me gustó la abundantísima vellosidad púbica de la bella muchacha del gato negro y el cuchillo. ¿Es modelo profesional reconocida? ¿Es foto reciente la de su joya oscuramente iluminada?

En estos tiempos terribles de bombardeos, genocidios, calentamiento global, afeites y depilaciones canallas, ¡estamos en verdad redimidos por semejantes pubis gloriosos!

¿Testimonio tal vez de un renacimiento postmoderno de la Justicia, o del misterio sagrado de las míticas cavernas y sus lianas indomables y apotropaicas?

Aceptación-celebración de nuestra envidiable condición corporal, mortal, danzante: esa que no asumen como propia los poderosos de la Tierra; esa condición negada por el criminal psicobiopoder eugenésico y cosmético de los imperios y costumbres que hoy controlan a las subjetividades y a los cuerpos, a las poblaciones y sus flujos, asociando la vellosidad púb(l)ica con la temible contingencia de la carne mortal arrojada al mundo, a este hábitat o espacio globalizado que esos mismos poderes asesinos e inhumanos tienden a volver peligrosamente inhabitable...

Sería muy triste que la imagen que celebro fuera tan solo el desnudo fotográfico de un Zeitgeist preterido y sin retorno...

Pero no. ¡La de la foto reciente que celebro, en verdad es una vulva tan ontológicamente deleuziana que hace sombra!

Ella se descubre “total-mente” no platónica en su morfología antiesencialista, humano-bestial, erógena, maquinal y divina.

Siento la recóndita respiración salobre del mar en esa caracola; el lento y sinuoso crecimiento de los pelos, la oscura morfogénesis inmanente de la carne. Recuerdo al sabio Lucrecio y al sensual Spinoza:

Natura naturans” se artificializa a sí misma, y pueden vislumbrar aquí, hombres de poca fe, ¡el poder transmutante que le es dable alcanzar a un cuerpo femenino!

¡Oh divino y secreto cuerpo metamórfico que sabe… y no soporta que se sepa que se sabe sino tan solo en el decir a media luz del poema!

Una mujer sin vello púbico para mí no tiene alma.

Pero puede adquirirla suspendiendo los afeites. Si es lampiña, como dice Schiller, que se aleje llorando de esta hermandad...

¡Chillen amadas feministas, pero hablo en nombre de la dignidad del fetichismo transfigurado por el amor a los cuerpos-almas!

Pero no. ¡Mesuremos el entusiasmo! ¿Mesuremos el entusiasmo? ¡Amemos también a las mujeres de canosa vellosidad púb(l)ica... sin olvidar a las jóvenes o viejas bailarinas depiladas o lampiñas! [...]

¡De verdad me entusiasmó aquel pubis!

Pregunta retórica nomás: ¿La “nueva carne” cybórgica nos dará la oportunidad de palpar de nuevo el palpitar de una “pepita” ora(o)cular asomando como lengua de alme(a)ja sonrosada o violeta entre aquel tupido matorral originario que, como dijo Gustave Courbet un día, constituye sin dudas “El origen del mundo”?

¿Conocen el cuadro del subversivo pintor francés? ¡Búsquenlo, por favor, contémplenlo cautelosamente con el corazón-intelecto, y de lejos les tocará también el resplandor de mi entusiasmo!

¿Sabían que Jacques Lacan fue durante años el dueño legítimo de ese cuadro de Courbet, y que su viuda Sylvia (protagonista de “Une partie de campagne” de Jean Renoir) lo entregó al Estado francés como pago por concepto de impuestos atrasados?

Lacan llegaba de su Seminario en L’ École Freudienne de París, y ya en su casa, en pantuflas y bata, con vasito de whisky entre sus sabios dedos de prestidigitador y dramaturgo filosófico, se sentaba en un sillón reclinable situado frente a esta aurora negra pintada por Courbet, a meditar sobre los misterios de la sexualidad femenina: su esposa Sylvia (¡ex de George Bataille!), Santa Teresa de Jesús, Golda Meier, unas tetas oscuras de mulata antillana (tetas que fascinaban al viejo Góngora del psicoanálisis, según me contó una morena bellísima de Guadalupe que estudió en París), el goce suplementario de la mujer, más allá del falo, más allá del “no-toda es”, en la tabla modal de la sexuación, etcétera.

En fin, me gusta el sabor del cyborg femenino —organismo de mujer y máquina acoplados—, si es que permiten concebir así, l@s teóric@s del feminismo, a esa carne y metal en convergencia funcional femenina, pero con muchos pelos en el coño húmedo, vivo, laberíntico, palpitante: coño paradójico de carne vulnerable, amable, inmortal, contingente, comestible, comulgable...

“El Gran Coño Cósmico es un dios barbado: ¡Dionisio!”

Como lo dirían o dijeron entre otros, Homero, Platón, Buda, Sófocles, Lucrecio, Lao-Tse, Dante, Cervantes, Shakespeare, Rabelais, Meister Eckhart, San Francisco de Asís, John Donne, Nietzsche, Nerval, Artaud, Joyce, Céline, Sartre, Wallace Stevens, Ionesco, Borges, Gabriel García Márquez, Henry Miller y finalmente yo (con humildad indecidible ardiendo, transido de intensivo fervor pulsional).

Sí: «El Gran Coño Cósmico es un dios barbado: ¡Dionisio!»

De dicha “convergencia funcional” hablarían, tal vez, un Jacques Lacan o un Georges Canguilhem, un Marvin Minsky o un Roger Penrose, si mal no recuerdo…

Prosigo “glosando”: es un vicio muy sabroso cuando puedes, con tu agudo vigor hermenéutico y tu bagaje humorístico y “falogo-fonocéntrico”, recrear y traspasar sin Derrida el texto “tutor”...

Con estas ideas creo dar matices al pensamiento de Donna Haraway...

Armando Almánzar-Botello

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Jueves 31 de Julio 2008

Texto retocado cuya versión completa y original fue publicada ese mismo año 2008 en el Blog de Pedro Granados, reconocido y valioso órgano cultural perteneciente al servicio de bitácoras de la Pontificia Universidad Católica del Perú. El texto fue replicado en el Blog epistheme, del investigador dominicano Antonio de Moya (Tony).
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¡EL PLAGIO COMO ARREBATO MÍSTICO! (A los que no plagian de memoria, sino que copian con el libro abierto...)

     Por Armando Almánzar-Botello

     «An open book and empty cup /
On the marble table-top»
William Butler Yeats*
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Algunos deshonestos intelectuales del patio, malinterpretando, generalizando y creyendo encontrarse justificados por lo que plantea Walter Benjamin en su libro “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, entienden que la pérdida de lo aurático, de lo único de la obra de arte (y creen ellos que hasta de lo singular de toda actividad intelectiva) con miras a su empobrecedora, turbia y poco ética masificación mercantil en el contexto de la sociedad neocapitalista de hiperconsumo, comporta una real legitimación del penoso intento de apropiarse y utilizar –burda, inescrupulosa, retorcidamente– lo producido por otros autores (Gilles Deleuze y Jacques Derrida, por citar dos ejemplos que se me ocurren), copiando, transcribiendo literal, textualmente, párrafos y párrafos de estos ensayistas en unos trabajos vernáculos de falsa labor de investigación y que han sido luego hasta galardonados en grandes concursos locales.

En este país, por mucho tiempo, seguirá proliferando la corrupción a todos los niveles, y más cuando la “policía cultural” que se supone debe detener la comisión de dichos feos plagios, sufre de altísimos niveles de ignorancia y desconocimiento o, lo que resulta peor, tiende a maniobrar en complicidad y franco apandillamiento con estos mentidos críticos y “filósofos” que utilizan como si fueran propios los pensamientos de grandes creadores clásicos, modernos y contemporáneos, pero sin mencionarlos, sin efectuar el debido entrecomillado de sus textos cuando los transcriben literalmente, sin ofrecer al lector, en el lugar adecuado, las justas referencias bibliográficas que son de rigor en todo trabajo académico que se precie de ser serio. No escribo por escribir: ¡Tengo pruebas contundentes que confirman lo que digo! Esas pruebas poseen un carácter tan concluyente, que podrían servir de auténtico fundamento casuístico para impugnar el otorgamiento de ciertos premios y hasta para revocar algunos reconocimientos a determinados libros y personas. (Volveremos sobre el asunto).

Armando Almánzar-Botello 

24 de agosto de 2025

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«I sat, a solitary man,
In a crowded London shop,
An open book and empty cup
On the marble table-top.
While on the shop and street I gazed
My body of a sudden blazed;
And twenty minutes more or less
It seemed, so great my happiness,
That I was blessed and could bless

William Butler Yeats: The Winding Stair And Other Poems

Copyright ©️ Armando Almánzar-Botello.
Reservados todos los derechos de autor.
Santo Domingo, República Dominicana.

IMÁGENES:

1) Dibujo que representa, de un modo simultáneo, la realización del plagio y su detección.

2) Fotografía tomada por Armando Almánzar-Botello y retocada por Gemini, Inteligencia Artificial de Google, bajo duros mandatos del Auctor.

Copyright ©Armando Almánzar-Botello.
Reservados todos los derechos de autor.
Santo Domingo, República Dominicana.


© Armando Almánzar-Botello: «El sagrado coño peludo», agosto 2025

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