«Aquí la pequeñez no alude a lo dañado ni a lo vulnerable, sino a la infatuación banal del espíritu oportunista y estrecho de la mezquindad» Armando Almánzar-Botello
«Existen ratas canallas que no defienden su país sino su bolsillo, y se creen hombres de cultura; son cretinos que “estudian” en Facebook (Meta) y desean meter el pico en todos los temas. Por ese tipo de estúpidos funcionales —muchos de ellos autoras y autores laureados—, es que el mundo va por el camino que va. El mundo [República Dominicana +] es puro queso 🧀 para esas ratas epistemológicas 🐀 🐀 🐀 🐀 🐀 🐀 🐀 🐀.» Armando Almánzar-Botello
«Rosa es una rosa es una rosa es una rosa» Gertrude Stein
«Una rata es una rata es una rata es una rata... ¡no es excusa que esté loca!» El Seguro Vengador que perdona en nombre de Friedrich Nietzsche
«Lo que reconocemos en un hombre lo inflamamos también en él ¡Guárdate, pues, de los pequeños!» Friedrich Nietzsche
«En círculos de confianza reconocemos abiertamente que el canto de Josefina no tiene nada de extraordinario.» Franz Kafka: «Josefina, la cantora, o el pueblo de los ratones»
«A veces surge una rata que pinta, pongamos por caso, o una rata que escribe poemas y le da por recitarlos. Por regla general no nos burlamos de ellos. Más bien al contrario, los compadecemos, pues sabemos que sus vidas están abocadas a la soledad.» Roberto Bolaño: «El policía de las ratas»
Por Armando Almánzar-Botello
A Friedrich Nietzsche, in memoriam
I
I
Le asiste razón a la encíclica Magnifica Humanitas (mayo de 2026) en su crítica implícita al declarado o secreto afán de dominio político y tecnológico absolutista que anima y define a los arquitectos de diseño y programadores de la Super Inteligencia Artificial en Silcon Valley.
Dichos grupos de poder se constituyen, por factores impersonales, estructurales y sistémicos propios del capitalismo cognitivo, algorítmico y tecnocrático, en los máximos exponentes del Gestell como estructura técnica de imposición planetaria, de los intereses del gran capital financiero líquido, avasallante, virtual y enemigo de la emancipación real de los pueblos, de la humanidad en su conjunto.
Pero también es necesario señalar que los creídos críticos progresistas, supuestos «humanistas cultos», herederos de un vulgar y provinciano racionalismo trivial de callejón, por más que estudien y pretendan interpretar la realidad contemporánea terminan ciegos y desbordados por la complejidad de los hechos.
La pobreza de sus enfoques resulta de un sociologismo burdo y del miedo cerval al pensamiento profundo. Existe un vil autoritarismo enmascarado, un triste afán oportunista en esos viejos charlatanes arribistas. Ellos, descarados didascálicos, pretenden flotar y salvarse en todas las imprevistas y variables circunstancias para poder olvidar así el lodazal de sus propios orígenes.
II
Curiosa es la imprevista y gran similitud que percibimos entre el llamado condicionamiento operante de B. F. Skinner —en este caso particular orientado no a que la famosa rata experimental aprenda y recorra con éxito el laberinto, sino más bien a que se desoriente y se pierda en él— y la frase luminosa de Friedrich Nietzsche, donde nuestro filósofo advierte sobre las zonas de pobreza creativa o impotencia intelectual activadas en los grandes hombres por la inocente, perversa o selectiva mediocridad de los pequeños.
Hay que empezar por asimilar el hecho de que, en primer lugar, el competitivo «hombre pequeño» es también una rata programada y programadora de ratas. Su meta es aprender a recorrer el laberinto con velocidad creciente y superar en el trayecto a sus eventuales adversarios o competidores para finalmente obtener su recompensa: el alimento material que viene a operar como estímulo y refuerzo de su comportamiento egocéntrico, estrecho y utilitarista en la lucha por la vida.
Ninguna trascendencia inmanente inflama o activa ese hombre-rata mediocre —con su mezquino y en ocasiones perverso reconocimiento— en la sensibilidad y en el campo de fuerzas del hombre de espíritu excepcional.
El enano solo ve lo pequeño en el hombre de espíritu excepcional. Por tal razón este debe cuidarse de lo que activa en él la mirada del hombre mediocre.
Al poder percibir y premiar en los seres selectos únicamente las más pobres rutinas —aquellas que operan en ellos cuando son contemplados desde la perspectiva yerta de lo inferior o de lo vulgar—, el hombre pequeño solo reconoce y actualiza en esos espíritus nobles, especiales y aristocráticos, los esquemas y valores más reactivos y nihilistas; es decir, los niveles más bajos de su potencia.
Lo reiteramos, apelando a la paciencia de nuestros lectores singulares: el hombre mediocre no inflama o activa ninguna trascendencia inmanente en la sensibilidad y en el campo de fuerzas del hombre de espíritu excepcional.
Armando Almánzar-Botello
12 de agosto de 2008-mayo de 2026
Copyright Armando Almánzar-Botello.
Santo Domingo, República Dominicana.
Reservados todos los derechos de autor.

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