viernes, 6 de marzo de 2026

BREVE COMENTARIO SOBRE LA «COPIA» Y EL «ORIGINAL»

EL PLAGIO. BREVE COMENTARIO SOBRE LA «COPIA» Y EL «ORIGINAL» EN LA PINTURA Y EN LAS DEMÁS ARTES...


Por Armando Almánzar-Botello 

Una buena copia, imitación o plagio de una obra de Rembrandt no deja de ser un hallazgo de la autoría de Rembrandt...

El Gran Arte no está solo en la mente del receptor del mensaje estético sino en la organización semiótica de dicho mensaje, en las características de un «artefacto» que regula y dirige la percepción con su propia estructura, y así permite múltiples, intensas interpretaciones desde una rica y esclarecida constelación de posibilidades significantes, perfiladas, orientadas y objetivadas en un soporte material específico.

La experiencia artística es el resultado de una interacción entre el objeto artístico en su concreta articulación semiótica y la singular subjetividad de aquel que lo contempla provisto de su específico bagaje o competencia para el desciframiento y el goce de dicha configuración sígnica. Ese valor estético es entonces subjetivo-objetivo.

Lo que demuestran ciertos sofisticados experimentos neurológicos y psicológicos de «medical imaging» no es que los valores estéticos sean arbitraria y caprichosamente subjetivos, sino que el conocimiento, por parte del receptor, del carácter plagiado o de mera copia de una obra artística tiende a disminuir en dicho sujeto su goce estético.

El especialista que distingue desde el principio los elementos que caracterizan el estilo de un artista, aquel crítico que puede diferenciar el arte «original» de la simple «copia», reaccionaría de otro modo y podría llegar a descubrir valores estéticos en esa imitación a pesar de saberla mera copia. Pero el genuino valor artístico seguiría siendo siempre de Rembrandt como personalidad creadora, si de él es la autoría del cuadro original imitado.

El que realiza la copia, el «epígono», si no aporta una verificable transformación estructural en la obra de partida, es decir, si no descubre un valor agregado significativo, un desvío que represente lo que Harold Bloom denomina diferenciación de la obra por aplicación de «coeficientes revisionistas» sobre lo creado por el «precursor», se constituye de un modo exclusivo en un buen artesano o amanuense que reproduce los logros semióticos y el estilo del artista realmente creador... Huelga decir que tal dominio técnico por parte del mero imitador podría, eventualmente, por lo que implica de gran disciplina la mimetización de los complejos universos de los grandes artistas clásicos, garantizarle finalmente el descubrimiento de su propio estilo creador, en calidad de epígono que, habiendo aprovechado los logros del precursor, imprime un decurso propio a los rasgos distintivos de la obra en principio imitada. Estaríamos aquí en presencia de un «sinthome» como «saber hacer» con lo «no propio» del plagio, lo que permitiría al copista abocarse a la singular e irreductible especificidad de su propio deseo creador, de su goce incurable y único, como dice Jacques Lacan.

Me pregunto, mutatis mutandis: ¿A quién le importa saber si Shakespeare o Cervantes, por ejemplo, eran quienes dice la tradición que eran, para poder disfrutar del valor real y objetivo de sus textos?...

Y, con perdón de los que puedan leerme a cuenta y riesgo propios, yo mismo me respondo: le importaría a una persona o receptor que no sabe o no puede distinguir, subjetiva-objetivamente, por falta de la debida sensibilidad, por ausencia de formación artística o adiestramiento y competencia, lo que tiene realmente un «valor estético-artístico» de aquello que no lo posee. Por tal motivo, dicho receptor debe guiarse por un juicio de autoridad ajeno proveniente de «especialistas» en teoría del arte, semiótica y estética.

Armando Almánzar-Botello

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Martes, 6 de diciembre de 2011

Blog Cazador de Agua

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.

IMAGEN SUPERIOR: 

Armando Almánzar-Botello junto al tríptico de Francis Bacon titulado:  «Tres estudios para figuras en la base de una crucifixión», 1944. Metropolitan Museum of Art, New York. 2009. «Francis Bacon: A Centenary Retrospective» (1909-2009).


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