«El error de un cierto discurso, no solo artístico sino filosófico y hasta científico, se manifiesta en la esencialización de un pensar desencarnado, pretendidamente axiomatizado y apodíctico, que se ofrece privado de “sentir” y no comunica de modo intensivo con la dimensión de “lo sensible” (con el “aisthéton”)». Armando Almánzar-Botello
Por Armando Almánzar-BotelloA Max Bense; a Umberto Eco, in memoriam
La llamada «Estética Informacional» existe desde los años cincuenta y sesenta. A ella están ligados nombres eminentes como Max Bense, Abraham Moles, Haroldo y Augusto de Campos, Italo Calvino, Octavio Paz, Raymond Queneau, Edoardo Sanguineti, Décio Pignatari... No es un juego actual y caprichoso.
En esa compleja concepción cibernético-estética se estudian los procesos estocásticos, ergódicos y markovianos que pueden permitir la emergencia crucial de configuraciones semióticas, estructuras sígnicas y obras poéticas y artísticas con valores estéticos reales y equivalentes a los que T. S. Eliot había denominado «correlatos objetivos» del pensamiento poético y los estados emocionales de la subjetividad.
Yo, con serenidad, he venido estudiándola desde los años setenta y garantizo que sin la intervención humana y su sensibilidad (aisthésis) no existe arte...
Defiendo la posibilidad de una interacción creativa «Humano-Máquina», pero donde la sensibilidad de lo humano y su voluntad de forma orienten el proceso que permite la configuración semiótico-estética, entendida esta como lazo entre el goce, el cuerpo y el lenguaje (sinthome: Jacques Lacan), entre lo biográfico, lo histórico y lo narcisista (Henri Meschonnic): lo «auto-bio-tánato heterográfico» (Jacques Derrida).
Defendemos un posthumanismo crítico a lo Derrida, Deleuze-Guattari y Braidotti, pero no un transhumanismo que valide lo que Martin Heidegger denomina Gestell, entendido como Estructura de Emplazamiento y Captura de toda forma de subjetividad...
Compré mis primeros libros sobre Estética Informacional en la «Librería Paz», administrada en la década de los años 70 por el memorable intelectual y sacerdote jesuita Alberto Villaverde.
A quien suscribe con alacridad estos apuntes, la Inteligencia Artificial y los Grandes Modelos de Lenguaje, curiosamente, le producen una gran nostalgia y un borbotón de emociones...
¿Alguien es capaz de argumentar sólidamente a favor o en contra de las consideraciones críticas de un «Gran Modelo de Lenguaje»?
No se aceptan argumentos triviales o gastados. ¡No!
Exigimos teoría crítico-literaria y conceptualizaciones actuales (simples y/o complejas) sobre la forma en la que Gemini, por ejemplo, opera para evaluar los poemas utilizando un corpus de referencia conformado por billones de textos filosóficos y, sobre todo en este caso concreto, críticos y poético-literarios...
2025
© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.ADENDAS:«El lenguaje tiene la capacidad asombrosa de decir lo que no dice, lo cual significa, ¡oh maravilla!, que los humanos, en momentos de rara lucidez, sabemos lo que no sabemos. Me pregunto si la imposibilidad del relato de describir exactamente los hechos y del modelo matemático de describir exactamente un sistema dinámico son imperfecciones del lenguaje y nada más. Sospecho que entre la indefinición del lenguaje y la complejidad del mundo puede haber una correspondencia lúcida. ¿Podría ser que el lenguaje tuviera el grado de imprecisión exacto, correspondiente al grado de complejidad innombrable del mundo? La imprecisión del lenguaje literario es metafórica, y la del lenguaje matemático, estadística. Nada parecía más alejado que la metáfora y la estadística hasta que los grandes modelos de lenguaje de la inteligencia artificial hallaron una correspondencia asombrosa entre ellas. Esos modelos calculan estadísticamente las metáforas». Lluís Nacenta: CÁLCULO DE METÁFORAS La confluencia de lengua y matemática en el siglo XXI, Penguin Random House, Grupo Editorial, 2025, página 33.
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«El cálculo de metáforas permite determinar matemáticamente la relativa originalidad de ellas sobre la base de su desvío con respecto a la media estadística, pero no agota la “metaforicidad originaria de la huella” (Jacques Derrida), esa referida “instancia paradójica” (Gilles Deleuze) que genera, simultáneamente, los efectos literales de exactitud apofántica, y los llamados efectos metafóricos de “desvío” y “errancia”. Compleja problemática que se remonta a la Poética de Aristóteles». Armando Almánzar-Botello
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«El poema, en su pluralismo semiótico, siempre es algo más que la “nuda realidad” de la imagen, algo más allá de la mera transmisión de un significado intencional, o del puro acto de donar el vacío, el ruido o el silencio... Como dirían Noé Jitrik y Jacques Derrida, el poema es el espacio de polivalencia verbal y semiótica por excelencia en el que se manifiestan el resto inasimilable, la no-presencia originaria y la “restancia diseminal” del sentido, aspectos que exceden, de forma dirigida y orientada, a toda imagen y a todo campo predeterminado de significaciones intencionales previsibles y unívocas». Armando Almánzar-Botello: «Donar el vacío», septiembre de 2011 (Fragmento).
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«La “imaginación trascendental” de Kant, como campo de mediación entre “lo empírico” y “lo trascendental”, “lo intuitivo-imaginario” y “lo conceptual”, nos ofrece la posibilidad de pensar lo que Derrida ha denominado una “cuasi-metaforicidad originaria como archiescritura”, esa instancia paradójica que produce efectos de exactitud “literal”, “conceptual”, y efectos metafóricos de “desvío” y “errancia”. Siguiendo estos “cuasiconceptos” podemos afirmar que el pensamiento/cuerpo, en su complejidad, “piensa lo que siente y siente lo que piensa”. Insiste, persiste en ese proceso, un lacaniano “insabido que sabe y no soporta que sepamos que sabe”: “sensible heterogéneo a-significante”: (Jacques Rancière), “lo espiritual otro”, a diferenciar de lo “espiritual uraniano”, hipostático, simplemente ascensional y catártico. Estaríamos entonces experimentando con ese “espiritual otro” un “triunfo estético del simulacro” y un derrocamiento o decapitación del modelo platónico. (Deleuze, Klossowski, Lacan, Eco). El error de un cierto discurso, no solo artístico sino filosófico y hasta científico, se manifiesta en la esencialización de un pensar desencarnado, pretendidamente axiomatizado y apodíctico, que se ofrece privado de “sentir” y no comunica de modo intensivo con la dimensión de “lo sensible” (con el “aisthéton”)». Armando Almánzar-Botello: «¿Hay logos en el pathos y pathos en el logos? (Tanto la belleza como la fealdad son categorías estéticas...)», marzo de 2012 (Fragmento).
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Reservados todos los derechos de autor.
Santo Domingo, República Dominicana.
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