miércoles, 15 de abril de 2026

INTELIGENCIA ARTIFICIAL, CUERPO Y LETRA, LÓGICA Y LOGICIAL...

INTELIGENCIA ARTIFICIAL (IA), VERTIENTE NO COMUNICATIVA DEL LENGUAJE, GOCE, CUERPO Y LETRA, LÓGICA, LOGICIAL, LENGUAJE, LALANGUE, CIFRA, NÚMERO, PARLÊTRE, POESÍA (Notita)

SÍNTESIS: «Un poema de baja calidad, definido como tal por no participar de una organización del ritmo-sentido, del juego intensivo vocálico y consonántico y del «transemantismo», aunque sea escrito por un humano pierde también la capacidad de aproximarse a lo real de la letra-litoral como dispositivo de aventura del sentido y de lo a-significante, del cuerpo gozante y de la creación de nuevas posibilidades semiótico-formales». Armando Almánzar-Botello


     Por Armando Almánzar-Botello

     A Edgar Morin

     A los poetas Omar Messón y César Augusto Zapata

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Los Grandes Modelos de Lenguaje no trabajan con la «lógica constituida» sino con el «logicial» (el algoritmo). 

El logicial simula (no duplica) la lógica. Esta solo se aplica en el diseño de la arquitectura del modelo por los programadores humanos y en los protocolos de optimización de aprendizaje profundo de las redes neuronales de la inteligencia artificial. 

La letra-litoral (Jacques Lacan, Jacques-Alain Miller: poética de lo real) base de la palabra poética, relacionada con la «lalangue», bordea lo real del cuerpo pulsional y el goce: este es el punto de ignición hacia el que apunta el algoritmo, pero sin alcanzarlo nunca. Al no tener un cuerpo carece de aisthésis, de «perceptos» y de «afectos» (que no son percepciones ni afecciones en bruto). 

Estas últimas pasan al código poético solo bajo el carácter de meras manifestaciones estéticas naíf o ingenuamente psicologistas. 

Para entrar en el ámbito de la experiencia estética (aisthésis y «aisthéton espiritual»: Jacques Rancière) las percepciones y las afecciones en bruto deben encontrar sus «correlatos poéticos objetivos», como dice T. S. Eliot. 

En arte, por más valor que se conceda a lo informal, al caos, al concepto o a la «espontaneidad», el accidente debe estar «contraefectuado» y mediado por una «voluntad de forma-caos». Solo así deviene «acontecimiento-est/ético».

El modelo de lenguaje (inteligencia artificial) trabaja con el número como gradiente de intensidad que apunta a lo real de la letra-litoral del texto poético, pero solo puede señalar hacia ese lugar, no habitarlo. 

Una vertiente de lo matemático es la cifra (simbólica e imaginaria, digamos «humana»); otra es el número como gradiente de intensidad y «token» (el logicial automático del algoritmo desantropomorfizado), y otra  muy distinta la «letra-litoral» que bordea el agujero del «parlêtre» como ser-hablante o cuerpo pulsional, parlante y gozante. 

Reitero: el algoritmo simula este lugar topológico pero, al no poseer un cuerpo, no puede habitarlo: es un sujeto humano el que puede explorar esa dimensión simplemente señalada o apuntada por el algoritmo. 

La poesía es el más allá del algoritmo (que no es lógico sino logicial, repito) y cobra su dimensión de sentido, de texto significante y a-significante, en la aisthésis de la lecto-escritura humana. 

La inteligencia artificial calcula o computa el desvío estadístico con respecto a la norma, dentro de una Campana de Gauss (utilizando un corpus de billones de textos de referencia) y define ese desvío como originalidad. 

El logicial algorítmico no toca el núcleo de la poesía tal como lo hace el lector humano —quien puede o no habitarla («solo poéticamente habita el hombre la tierra»: Hölderlin-Heidegger)—; pero lo merodea, lo bordea o toca el vacío de su límite.

Armando Almánzar-Botello 


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Miércoles, 15 de abril de 2026

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Reservados todos los derechos de autor.
Santo Domingo, República Dominicana.

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