viernes, 21 de marzo de 2025

CAPITALISMO LIBIDINAL. Antropología neoliberal, políticas del deseo, derechización del malestar.

VIGOROSO LIBRO DEL ESCRITOR ESPAÑOL AMADOR FERNÁNDEZ-SAVATER. [Algunos apuntes arrítmicos para una relectura].

«El arte es político por su capacidad de hacer añicos nuestra representación estereotipada del mundo y proponer una nueva percepción a través de las formas que crea. El arte no emancipa porque confirme lo que nosotros ya sentimos o pensamos, sino por su capacidad de darnos algo nuevo que ver y pensar. La experiencia política del arte es la ampliación de nuestros sentidos, no la confirmación de nuestras ideas. La reducción de la politicidad del arte a su mensaje o contenido es una mutilación de sus virtudes emancipadoras.» Amador Fernández-Savater: Capitalismo libidinal, página 85.

     Por ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO

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Este bien concebido libro, en el que su autor utiliza creativa y artísticamente la escritura fragmentaria, ofrece lúcidos despliegues conceptuales que nos ayudan a situarnos y orientarnos de forma crítica en el abigarrado mundo-consumo del capitalismo neoliberal de nuestros días. Apela el sujeto de la escritura, Amador Fernández-Savater, a la utilización de recursos o claves hermenéuticas de partida procedentes de la teoría política, la filosofía, el psicoanálisis, la antropología, la ecología, etcétera. 

Varios autores clásicos, modernos y contemporáneos son convocados en el cuerpo de la propia escritura teórica de Fernández-Savater. A título de “entrevistados”, se les concede “directamente la palabra” a un grupo de intelectuales contemporáneos para que respondan a las preguntas formuladas por el autor principal. Así viene a definirse una dinámica modalidad o especie de texto citativo, “híbrido y mutante”. 

Los autores son: Aristóteles, Lucrecio, Immanuel Kant, Karl Marx, Max Weber, Sigmund Freud, Jacques Lacan, Roland  Barthes, Jean-Fraçois Lyotard, Pier Paolo Pasolini, Christian Laval, Pierre Dardot, Herbert Marcuse, Gilles Deleuze, Felix Guattari, Michel Foucault, Franco “Bifo” Berardi, Diego Sztulwark, André Glucksmann, Jon Beasley-Murray, Achille Mbembe, Yayo Herrera, Jorge Alemán... etcétera.

En su Capitalismo libidinal, a partir del concepto lyotardiano de “economía libidinal”, articulado en la obra homónima del autor francés Jean-Fraçois Lyotard (Économie Libidinale, Les Éditions de Minuit, Paris, 1974), Amador Fernández-Savater teoriza lo que define como: 

«Un tipo de escucha, de recepción, de acogida de los fenómenos que presta atención, no solo a los discursos o las identidades, los cálculos o los intereses, sino también a las posiciones de deseo y las fluctuaciones del ánimo, las ganas y las desganas, los estados anímicos.» AF-S: Ob cit, p. 11.

En sus más de doscientas páginas, el libro del joven pensador español despliega con pertinencia y eficacia estratégica una visión de la política que, siguiendo en parte a Herbert Marcuse, pone en valor lo que denomina “la sensibilidad”. Con respecto a ese término Fernández-Savater nos dice: 

«¿Cómo establecer otra relación con el mundo? No a través de mandatos o imperativos de lo que “debe hacerse”, aunque sean racionales o ideológicos; tampoco a través de las pulsiones agresivas de dominio y control. La respuesta de Marcuse es la sensibilidad.» AF-S: Idem. p 84.

Prosigue el autor: «La transformación social consiste en pasar de una cultura de la “conquista” de la realidad (mediante la fuerza o la razón instrumental) a una cultura de la “acogida” del mundo mediante la sensibilidad. Una activación individual y colectiva de la capacidad de “recibir”. La receptividad creadora frente a productividad represora, obligatoria, como forma de habitar.» AF-S: Obra citada, p. 85.

Continuando con su conceptualización estético-erótico-política —que no solo hace referencias a Marcuse (citado aquí de modo principal), sino también a Kant, a Schiller, a Lyotard, y, de forma implícita, tal como lo percibo, a cierto Octavio Paz, el poeta y pensador mexicano del “erotismo cósmico”—, Amador Fernández-Savater afirma: 

«El arte es político por su capacidad de hacer añicos nuestra representación estereotipada del mundo y proponer una nueva percepción a través de las formas que crea. El arte no emancipa porque confirme lo que nosotros ya sentimos o pensamos, sino por su capacidad de darnos algo nuevo que ver y pensar. La experiencia política del arte es la ampliación de nuestros sentidos, no la confirmación de nuestras ideas. La reducción de la politicidad del arte a su mensaje o contenido es una mutilación de sus virtudes emancipadoras.» AF-S: Obra citada, p. 85.

Así prosigue el pensador español meditando sobre la compleja situación del sujeto contemporáneo en sus relaciones con el arte, las políticas de la alteridad y los nuevos proyectos emancipatorios, la subjetividad creadora transnarcisista, la posibilidad de fundar “vínculo social”, comunitario, a partir del cuerpo, del arraigo en lo sensible, en lo terrestre, en lo ecológico, en lo no recuperado ni recuperable por el capital y el mercado tal como estos operan de modo aplastante, brutal, en el contexto del neoliberalismo propio de las sociedades capitalistas actuales.

No deseo abundar en torno a ciertos aspectos técnicos de la conceptualización de Fernández-Savater sobre los que yo tampoco soy un auténtico especialista, aunque en ocasiones me parezcan contradictorios o propios de un diletante en asuntos de psicoanálisis freudo-lacaniano. Por ejemplo: 

«La pulsión de muerte, según el psicoanalista vienés, es la búsqueda instintiva [sic] de un estado de “tranquilidad psíquica” previo a la vida misma. Tánatos empuja para volver a la inercia de lo inorgánico suprimiendo las tensiones de la existencia.» AF-S: Obra citada, p. 130.

Aunque el mismo Freud, en ciertos contextos tempranos de su obra, participa de cierta indeterminación entre ambos conceptos, aquí me parece percibir una confusión muy poco esclarecedora (hay mixturas, mezclas o confusiones que pueden en ocasiones resultar o devenir “esclarecedoras”), entre “instinto” (Instinkt) y pulsión (Trieb). Esta diferencia es luego rescatada por Jacques Lacan en su “retorno” crítico a Freud.

No hay que confundir “pulsión” con “instinto”; tampoco hay que homologar la “pulsión de muerte” con el “principio (de) nirvana” y su tendencia a reducir a cero toda tensión. 

Lacan, en su Seminario 7 La ética del psicoanálisis, defiende una postura “creacionista” y “creativista” de la “pulsión de muerte”. 

La pulsión de muerte es fundamental en el juego transformativo de la economía vital del sujeto parlante, sexuado y mortal, siempre y cuando se manifieste como un “acto de habla” creativo y subversivo (en la transferencia analítica y/o en la obra de arte). 

La pulsión de muerte, definida como acto al servicio de la emergencia de una “neoterritorialidad” simbólica (por ejemplo: teatro artaudiano de la crueldad: acción violenta verdadera, estéticamente desplegada en el escenario, pero sin consecuencias prácticas, directas), no implica el simple y terrorista “pasaje al acto”, ese que convierte al sujeto capturado por el Otro y convertido en agujero negro del objeto a, en puro instrumento de un goce letal y sin retorno, suicida o asesino, con su característica efectuación en bruto de la pura agresividad (auto)destructiva ejercida contra la realidad de los cuerpos, los estados de cosas y sus mezclas (Gilles Deleuze)...

Apelo aquí, simplemente, a la diferencia que existe entre “acto”, “pasaje al acto” y “acting out”.

PULSIÓN DE VIDA (EROS) Y PULSIÓN DE MUERTE (TÁNATOS)

«El ser humano tiene un cuerpo, el cuerpo tiene pulsiones y las pulsiones son dos: Eros y Tánatos.» Amador Fernández-Savater: Capitalismo libidinal

«Freud dice maravillosamente: las pulsiones de muerte trabajan silenciosas en el rumor de Eros. Eros y la pulsión de muerte, incomposibles, son indisociables.» Jean-François Lyotard: Economía libidinal

Podríamos decir, en el contexto teórico lacaniano, que pulsión de vida y pulsión de muerte son dos vertientes antagónicas y complementarias de toda pulsión. La libido es, simultáneamente, vida y muerte. La sexualidad siempre implica el horizonte de la muerte. 

Cuando la pulsión funciona en el marco de la homeostasis y el principio del placer, podría considerarse como pulsión de vida; cuando se manifiesta más allá del principio del placer, se concibe como pulsión de muerte. Eros y Tánatos (categoría esta última que no utilizó nunca el mismo Freud como sinónimo de pulsión de muerte) son dos vertientes inseparables de lo pulsional. 

Jacques Lacan llega más lejos: abandona el dualismo pulsional maniqueo; para Lacan “toda pulsión es de muerte”. En el contexto de su pensamiento, la muerte, el goce y la pulsión se ubican en el registro de lo Real. 

Sustituyó Lacan, además, el modelo freudiano del goce como descarga pulsional que conduce al cero “0” de lo inerte o inanimado (principio del nirvana), por el paradigma del goce como incremento de tensión más allá del principio del placer freudiano. 

Me parece oportuno mencionar aquí lo dicho por Julia Kristeva en un artículo de los años setenta: 

«El fascismo es el retorno de lo reprimido en el monologismo religioso. No se puede impedir ese retorno, como lo quiere ingenuamente el liberalismo burgués, o como —dejándose contaminar— intenta hacerlo el dogmatismo “comunista”. El problema consiste en hacer hablar a lo reprimido del monologismo: ese semiótico pulsional, heterogéneo al sentido y al Uno, y que los hace andar. La transferencia sin duda, pero de manera menos familiar y menos privada, una práctica llamada artística, esclarecida por el descubrimiento freudiano, es precisamente lo que habla lo reprimido del monologismo (del contrato social) y lo consume invirtiéndolo en una nueva forma de lengua, por consiguiente en una nueva socialidad. De este modo esas dos prácticas son la más sólida barrera contra el fascismo. Si es que hay una función ética de la literatura, es esa: hacer pasar a la lengua lo que el monologismo reprime (desde el ritmo hasta el sentido).» Julia Kristeva.

Dicho retorno de lo reprimido tal como lo resalta Julia Kristeva, sería similar, para mí, a lo que Franco “Bifo” Berardi señala, en la entrevista que figura en este libro que comentamos, como un efecto hiperbarroco, salvaje y cínico, que resulta de lo que denomina el pensador italiano “puritanismo digital” hipertrofiado. 

Este digitalismo de vocación totalitaria es concebido como un efecto tardío, en el ámbito tecnológico, de la represión platónico-cristiano-puritana de lo sensible y de los cuerpos, negación producida por la primacía de lo inteligible y lo abstracto, de la racionalidad como dominio imperialista, cognitivo-instrumental. La comunicación digital ha generado un grave desarreglo de la sensibilidad del hombre postmoderno, al desmaterializarlo y negarlo como sujeto de la percepción y las pasiones. La ciudad, saturada y dislocada por lo telemediático y lo virtual, se ha convertido en espacio deserotizado del desencuentro. 

Dice Fernández-Savater: «El fascismo clásico fue el ideal de plegar el mundo al poder del Estado. Había que eliminar para ello todo lo que ”no encajaba” en la ley estatal: judíos, homosexuales, locos... El fascismo posmoderno es la tentativa de plegar el mundo a la lógica del mercado. Hay que eliminar para ello todo lo que no encaja en la norma de la productividad total.» AF-S: Ibid, p. 142  

A continuación, el autor nos dice que el neoliberalismo no participa de la lógica de la aventura y el vagabundeo, sino de la lógica de la conquista y el sometimiento de franjas cada vez mayores de la vida a la lógica del rendimiento, la productividad y la ciega maximización de beneficios.

Se pregunta el autor si podemos salir de la impotencia usando el mismo malestar que experimentamos, pero compartido y comunicado como fuerza real de emancipación. Dice: «La sanación no pasa entonces por la reparación, sino por la (auto)transformación. Al tipo de fuerza que se genera en esta presencia compartida la llamaremos fuerza vulnerable.» Frente al valor nihilista de invulnerabilidad, de la gran potencia ilimitada y la voluntad de conquista, debe surgir una conciencia de los límites que nos sirva para el cambio social entendido como emancipación. Esta supone un vínculo inédito entre lo existencial y lo político, lazo ajeno al “grupo militante” como al “grupo de autoayuda”.

Un aspecto del libro que no podemos dejar de comentar en estos breves apuntes es el relativo a lo titulado por el autor: «Eliminar todo lo que vagabundea: Del fascismo clásico al fascismo postmoderno». 

Haciendo referencia a la obra Los maestros pensadores (1977), de la autoría de André Glucksmann, Amador Fernández-Savater glosa al autor francés y dice: «el antisemitismo de los siglos XIX y XX está vinculado estrechamente a la voluntad de Estado. Allí donde la prioridad es construir y fortalecer el Estado —homogeneizar los territorios, las lenguas y los hábitos, acabar con la fragmentación del poder (en órdenes, en principados), instaurar la ley única e indivisible, construir un poder centrado y visible, etc.—, el judío aparece como lo que no encaja.» AF-S: Obra citada, p. 135.

Prosigue diciendo Fernández-Savater en su glosa del pensamiento de Glucksmann: 

«Cuando se apunta a los judíos, se apunta a todo lo que se fuga, lo que desafía las fronteras y las disciplinas, lo que obstaculiza la unificación abstracta de los territorios, las lenguas y las formas de vida. Se apunta hacia los grupos sin vocación estatal. [...] Lo que escapa, lo que se desvía, lo que vagabundea, lo que resiste, lo que acampa, sin permiso, recibe en el libro de Glucksmann el nombre de “plebe”. Lo judío es un nombre de la plebe.» A.F-S: Obra citada pp 136 y 137.

Aquí recuerdo una reflexión realizada hace pocos días por el psicoanalista y pensador Jorge Alemán Lavigne en una conversación sobre feminismos, creo que en Málaga, cuando decía que en nuestros días hay dos temas que ponen a quien los toca en condiciones de caminar por las cornisas y sobre techos de cristal: el tema de la violencia de los judíos (no la realizada contra ellos sino la producida o generada por ellos) y el feminismo o los feminismos. 

En nuestros días, el judío asimilado por un Estado militarista y genocida, miembro de una elite planetaria, parte representativa de la clase dirigente y guerrera a nivel mundial, ya no es el nómada deleuziano que transmigra y explora los límites; ya no es el receptivo hasid de la peregrinación iniciática constante; ya no es la víctima sino el victimario; ya no es el que vagabundea, dolorosa o creativamente, sino el que, desde la prepotencia de un Estado belicista, racista y de vocación saqueadora, pone al otro más débil en forzada situación de padecer la desterritorialización como desarraigo y línea de fuga mortal, no mutante...

El gran ensayista Fernando Savater, con su excelente libro sobre Cioran (su tesis de doctorado, creo), me hace sentir el paso de los años inexorables y la caducidad de ciertos paradigmas: 

«Emancipado de la tiranía del paisaje, de las tonterías del arraigo, sin lazos, acósmico, el judío es el hombre que jamás será de aquí, el hombre venido de otra parte.» Emil Cioran

Lo dicho por Cioran provocaría risa en la gente de Benjamín Netanyahu.

El pueblo palestino es hoy el testigo, el «¡musulmán!», la víctima paradójica del Estado sionista. Palestina constituye, hoy por hoy, el colectivo sufriente que ofrece testimonio de la brutal violencia que ayer descargaron contra los judíos y otros pueblos y grupos los nazi-fascistas alemanes.

Ya no hay “inquietud judía” en los justos términos definidos por Jean-Paul Sartre en los años 40; ¡esta se ha convertido en “inquietud palestina”!

Volveremos sobre el oportuno, nutritivo y muy esclarecedor libro de Amador Fernández-Savater.

Armando Almánzar-Botello

15 de marzo de 2025

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo República Dominicana.

HASIDISMO / SIONISMO MILITARISTA Y GENOCIDA

¡Y pensar que la vertiente más dignamente representativa del mundo espiritual judío, el “hasidismo” y su concepción de la peregrinación iniciática constante, se opone a los desmanes “territorialistas” del sionismo genocida renuente a reconocer la verdad sufriente del Otro, del vecino, del extranjero! En clave esencialmente abrahámica, el hasid es la acogida del extranjero... aunque este sea tu hermano renegado y olvidado... ¡el palestino! ¡Oh paradoja!

«“SABIDURÍA DEL EXILIO”: LO QUE PERDIÓ EL SIONISMO». Armando Almánzar-Botello

«Emancipado de la tiranía del paisaje, de las tonterías del arraigo, sin lazos, acósmico, el judío es el hombre que jamás será de aquí, el hombre venido de otra parte.» Emil Cioran

SIONISMO GENOCIDA

Se necesita de un Primo Levi palestino y/o libanés... que ofrezca, para la Historia y el Archivo, testimonio del Genocidio Judío contra la población civil de la Franja de Gaza. ¡Alto al fuego criminal contra la población civil y contra los inocentes! 

Cierto es que la “eternidad” de la vida, de la juridicidad y de los valores del espíritu es muy vulnerable —de sobra lo sabemos y asumimos responsablemente las consecuencias de ello en nuestra condición de seres humanos auténticos—: ¡pero solo la fuerza totalitaria bruta, monstruosa y criminal —creyéndose eterna ella misma— alude a esa vulnerabilidad de lo humano como simple advertencia amedrentadora. ¡¡Cuidado!!...  

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ESCRITURA Y RETORNO DESÉRTICO

     «“Todo fluye”: también este pensamiento. ¿Y ello no hace que todo vuelva a detenerse?» Paul Celan 

     A la memoria de Jacques Derrida, judío en tránsito...

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La escritura intensiva es ambigua. Siempre comporta para el viajero un riesgo de muerte y locura en la exploración del desierto. Ella es medicina y veneno simultáneamente: phármakon paradójico disuelto en el agua indescrita del oasis...

Encontrar el oasis salvador de puras aguas medicinales ya no es “propiamente” la escritura como diseminación, es más bien la lectura interpretativa  —realizada por el viajero mismo, en primer lugar—, de la cosa viva y monstruosa que un “Se” impersonal ha engendrado y vomitado arrancándole arena, cactus, frío y ardor a la experiencia inconmensurable del desierto. “Se” da el agua clemente a eso en el oasis de lo verosímil.

Escribir es un despliegue peligroso de huellas con rumbo firme o vacilante hacia lo ignoto. Lo salvífico sería tener fe en el propio riesgo, en la terrible gratuidad de la aventura, saber leer-descubrir el sentido recóndito de nuestros pasos en un posible repliegue o retorno desértico a la codificada seguridad de la Tribu.

Al inicio del acto de escritura el sujeto impersonal cumple “infinitos de no ser”, de no haber sido, siendo. Luego muere, para renacer en la lectura de otro sí mismo que pueda encarnar el “Se”... Y así,  interminablemente... 

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26 de enero de 2012

© Armando Almánzar Botello

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.

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CHANTAJE DE AUSCHWITZ

«Con el chantaje de Auschwitz, los judíos sionistas creen poder justificarlo todo...» Fredesvinda Báez Santana

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GILAD ATZMON analiza y cuestiona el judaísmo y no cree en su existencia por fuera de las prácticas religiosas y el cuidado de las tradiciones. También critica a la izquierda israelí. (Fragmento de una entrevista)

«(...) –¿El antisemitismo no es como la contracara de la identidad judía?

–El antisemitismo reafirma el origen bíblico del pueblo judío. Una fantasía de origen medieval ¿Soy semita? Para nada, quien me mire me calificará de caucásico. No estoy en contra de la gente judía. No estoy en contra de la religión judía, ni de los que siguen las tradiciones. Me opongo a la idea de una identidad judía de la que no podemos salirnos, de la creencia en una supremacía que viene dada de sí. Y del exclusivismo. ¿Cuál es la diferencia entre un estado totalmente ario y un estado totalmente judío? De hecho, habiendo nacido en Palestina y siendo mi familia de origen judío, decidí dejar de serlo.

–¿Es posible una convivencia entre Israel y un estado palestino?

–Eso sería lo más deseable. Pero no es posible en tanto se mantenga la ideología etnocentrista. Los israelíes han judaizado el estado. Y en el nombre del judaísmo han colonizado y reprimido. Entonces no pueden vivir con nadie, ya no con los palestinos, sino tampoco con ellos mismos. Porque la supremacía interior no sirve para nada, es algo vacío. 

–Se suele decir, con alguna sorpresa, que Israel, paradójicamente con su origen, se ha ido transformando en un estado fascista…

–Desde Israel se ha universalizado la ocupación del territorio. Cualquier judío puede instalarse en Israel, no le pasa lo mismo a un palestino. Puede pensarse que los judíos que fueron víctimas del nazismo no son en realidad los que se mudaron a Israel. Al principio no se hablaba del Holocausto, recién en 1957 se lo incorporó a la narrativa de la identidad judía. El sionismo es una ideología previa al nazismo. Y lo sobrevivió. En psicología se habla de los abusados que se vuelven abusadores. Lo que proporciona una especie de coartada. Infligen sufrimiento porque son una banda de psicópatas. Y se quiere que se los acepte como tal. En lugar de sufrir junto a los demás, no muestran empatía en un contexto político hacia los demás. Solo se mueven a favor de los judíos. En este proceso, la izquierda judía es el peor peligro. El poder judío es la capacidad de impedir que hablemos del poder judío, silenciarnos. De eso se ocupa la izquierda judía (...)» Clarín, 2021

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DICE JEAN-PAUL SARTRE EN 1944:

 «Nos contentaremos, a guisa de conclusión, con señalar a grandes rasgos aquello que se ha convenido en denominar la INQUIETUD JUDÍA. Porque, y en efecto, los judíos suelen sentirse inquietos. Un israelita no está seguro de su lugar o de sus bienes; ni siquiera podría asegurar que mañana estará todavía en el país donde hoy vive. Su situación, sus derechos, incluido su derecho a la vida, pueden ser puestos en duda y sufrir un vuelco en cuestión de minutos; y por si esto no bastara, se halla, como hemos visto, obsesionado por la imagen huidiza y humillante que las masas hostiles tienen de él… No hemos de considerar, no obstante, que la inquietud judía sea metafísica. Erraríamos si la confundiéramos con la ANGUSTIA que suscita en nosotros la idea de la condición humana. Yo diría que la inquietud METAFÍSICA es un LUJO que el judío, como el OBRERO, no está, hoy por hoy, en condiciones de permitirse. Porque hay que sentirse muy seguro de los propios derechos y del arraigado lugar que se ocupa en el mundo, no padecer ninguno de los temores que día tras día aquejan a las MINORÍAS  y a las CLASES OPRIMIDAS, para  poderse permitir interrogarse sobre  el lugar del ser humano en el mundo y acerca de su destino…» JEAN-PAUL SARTRE: Reflexiones sobre la cuestión judía, 1944

Ya no hay “inquietud judía”, en los justos términos definidos por Jean-Paul Sartre en los años 40; ¡se ha convertido esta en “inquietud palestina”! 

Armando Almánzar-Botello 

Copyright © Armando Almánzar-Botello.

Reservados todos los derechos de autor.

Santo Domingo, República Dominicana.


FOTOGRAFÍA:

     Portada del magnífico libro de Amador Fernández-Savater titulado: Capitalismo libidinal. Antropología neoliberal, políticas del deseo, derechización del malestar. Ned Ediciones, 2024, España.

lunes, 17 de febrero de 2025

DESERTAR DESDE UN “TODO” PERDIDO...

DESERCIÓN: ¿PUEDE LEERSE AQUÍ A BERARDI EN CLAVE DELEUZIANO-GUATTARIANA?

«Lo que Berardi llama “deserción”, vendría a constituir eso que Kafka intuye como exceso enigmático de fuerzas, como desmedida y acto de escritura-pensamiento que permite contemplar nuestro propio dolor, nuestro propio encierro, nuestra propia disminución de potencia, desde un punto de vista que, si bien no elimina nuestro sufrimiento, nos faculta para “retocarlo”, para percibirlo desde otra perspectiva: esa que puede implicar la construcción de nuevos dispositivos o agenciamientos maquínicos de deseo creador.» Armando Almánzar-Botello

Por Armando Almánzar-Botello

Afirmaban los filósofos Gilles Deleuze y Felix Guattari que el “callejón sin salida” puede formar parte de lo que denominan “rizoma”. (Capitalismo y esquizofrenia. El Anti-Edipo; Capitalismo y esquizofrenia 2. Mil Mesetas; Kafka. Por una literatura menor...)

Lo que Franco “Bifo” Berardi denomina “deserción” con respecto a una suerte de callejón sin salida constituido por la “máquina-mundo” actual, ¿no podría devenir en una tangente de fuga o desterritorialización (Deleuze, Guattari) “finalmente” liberadora? 

Al proponer y/o trazar el abandono de la dimensión “molar” de un “todo” perdido, ¿no abriría Berardi, desde una “punta fina” de la depresión parcial de un sujeto dividido, la posibilidad política y “molecular” de “contraefectuar” (Deleuze) el “accidente” del nihilismo paralizante, y así crear o generar, sobre la marcha, lo que Gilles Deleuze, Felix Guattari y Chantal Mouffe quizá denominarían “una vertiente inédita o nueva de pueblo-acontecimiento”? 

¿En esa “deserción”-provocación no se podría reafirmar el lazo o vínculo social de un modo correspondiente a lo que Deleuze, siguiendo a Nietzsche, denominó transmutación de valores en el punto atópico y aleatorio de un “nihilismo consumado”? 

El hecho de Franco Berardi publicar un libro sobre el problema en cuestión, ofrece el testimonio palpable de que algo excede en el sujeto de la escritura a la simple posición depresiva y nihilista... ¿Invitación a la réplica, al cuestionamiento? ¿Provocación política desde un acto de escritura singular entendido como saturación de la semántica neolibertaria y como aparente claudicación? ¿Instigación indirecta y estratégica a la protesta y a la búsqueda de nuevas alternativas reales frente a la dura y dolorosa evidencia de un complejo momento histórico, neoliberal y neofascista?

También Franz Kafka percibió, en el plano micropolítico, algo equivalente a lo que decimos en el nervio principal del párrafo anterior:

«Me resulta siempre incomprensible que a casi todo el que sabe escribir le sea posible objetivar el dolor en medio del dolor, de tal manera que yo, por ejemplo, en medio de mi desdicha, todavía con la cabeza ardiendo de desdicha, puedo sentarme y comunicar a alguien por escrito: Soy desdichado. Sí, puedo incluso ir más allá de eso y fantasear con distintas florituras sobre mi desdicha, conforme a mi propio talento, el cual no tiene nada que ver con la desdicha misma; puedo fantasear con sencillez, o mediante antítesis, o con orquestas enteras de asociaciones. Y no es en absoluto mentira, y no calma el dolor, es, sencillamente, un exceso de fuerzas que por sí solo se produce en un instante en que, sin embargo, el dolor ha consumido visiblemente todas mis fuerzas hasta el fondo de mi ser, fondo que el dolor continúa arañando. ¿Qué clase de exceso es ese?» Franz Kafka: Diarios, 19 de septiembre de 1917

Lo que Berardi llama “deserción”, vendría a constituir eso que Kafka intuye como exceso enigmático de fuerzas, como desmedida y acto de escritura-pensamiento que permite contemplar nuestro propio dolor, nuestro propio encierro, nuestra propia disminución de potencia, desde un punto de vista que, si bien no elimina nuestro sufrimiento, nos faculta para “retocarlo”, para percibirlo desde otra perspectiva: esa que puede implicar la construcción de nuevos dispositivos o agenciamientos maquínicos de deseo creador.

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17 de febrero de 2025

Copyright © Armando Almánzar-Botello.

Reservados todos los derechos de autor.

Santo Domingo, República Dominicana.

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LA LÍNEA DE FUGA ES LIBERADORA; PUEDE SERLO TAMBIÉN LA IDEA DE “DESERCIÓN”, ENTENDIDA ESTA COMO SUBVERSIVOS DEVENIR-MOLECULAR Y DEVENIR-INVISIBLE DELEUZIANOS...

     Por Armando Almánzar-Botello

Sigo entendiendo que filosofar no es una mera actividad tautológica, filológica o de mera constatación de significados canónicos.

Como ya he dicho, para mi forma est/ética de percibir los deslindes entre conceptos, filosofar puede ser también crear nuevos “personajes conceptuales” (G. Deleuze F.Guattari), haciendo vibrar intensivamente las palabras (G. Deleuze), “virando los términos en contra de sus presuposiciones” semánticas...

En Franco “Bifo” Berardi existe una contextualización del término “deserción” que lo saca de su significado depresivo, melancólico, reactivo y pasivo-nihilista. La misma vibrante intensidad de su planteamiento, de su conceptualización, ofrece un vivo testimonio de eso que Kafka denominó “fuerzas enigmáticas que exceden al dolor y a su clausura”, mas permiten explorar hasta el agotamiento mismo de ciertas otras fuerzas... En Berardi, esas fuerzas encuentran su lugar en el discurso...

La categoría de “líneas de fuga”, desde la “perspectiva” de Alberti hasta el pensamiento de Deleuze y Guattari, más que una simple defensa del organismo, ofrece la posibilidad de pensar la desaparición o disolución de la forma figurativo-ilustrativa en el punto de fuga, para permitir la constitución de “otro cuerpo”, el erógeno (distinto de la carne, como en la pintura del artista angloirlandés Francis Bacon).

Ese cuerpo permite sobrevolar el mero accidente biológico del organismo para generar lo que Jacques Lacan denominó “parlêtre”, “ser-hablante”, “cuerpo-parlante”, constituido por el encuentro traumático de “lalangue” y el organismo... 

La fuga, en el pensamiento de Gilles Deleuze, de Berardi, y hasta de Jacques Lacan, es un juego topológico y transformativo de tensiones vectoriales que permiten transformar el organismo en cuerpo, en Cuerpo sin Órganos (CsO)... Todo cuerpo libidinal y erógeno implica el trazado de una “fuga” con respecto al organismo meramente biológico...

Otra cosa muy distinta es la crítica a que Jacques Derrida somete el concepto de “cuerpo sin órganos”, como posible reducto de una metafísica de la presencia... Saludos cordiales.

24 de febrero de 2025

(Comentario en el muro del psicoanalista y pensador Jorge Alemán Lavigne)

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Reservados todos los derechos de autor.
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¿«GE-STELL» (PELIGRO) / «EREIGNIS» (LO QUE SALVA)?

     «Donde está el peligro crece también lo que salva.» Friedrich Hölderlin

     Por Armando Almánzar-Botello

«Jamás probar. Jamás fracasar. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.» Samuel Beckett: Rumbo a peor

«Sol: Alguien acaba de irse / En el cuarto / Queda un suspiro / Vida que deserta // La calle / Y la ventana abierta // Un rayo de sol / sobre el césped.» Poema de Pierre Reverdy (Traducción de Octavio Paz)
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Para Franco “Bifo” Berardi son la vida misma y la historia humana de Occidente las que actualmente “desertan”, pudiendo quizá ser comprendida esta “deserción” en el sentido de una hegemonía total de lo que Martin Heidegger denominó “Ge-stell”, interpretado dicho término como “estructura técnica de emplazamiento” que aprisiona y deseca a la “vida creadora y activa” misma, al esta última “encontrarse” ahora programada por el “nihilismo metafísico realizado”, en el que lo ontológico se somete a lo óntico.

Frente a la deserción que es la “vida programada”, el filósofo italiano parece proponer una suerte de “deserción en segundo grado”, una “deserción de la deserción”, ahora entendida esta como imprevisible “desterritorialización liberadora” hacia lo desconocido, hacia lo “real abierto” pluripotencial, desde los que se podrían inventar nuevas “armas de reconstrucción masiva”... paradójica y deleuzianamente hablando...

21 de febrero de 2025

(Comentario en el muro del psicoanalista y pensador Jorge Alemán Lavigne).

Copyright ©️ Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.
Reservados todos los derechos de autor.
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DESERTAR NO ES CLAUDICAR...

     Por Armando Almánzar-Botello

Cito aquí a Martin Heidegger porque una componente de su método de filosofar es jugar con los étimos, y en ocasiones “virarlos contra sus presuposiciones”...

El abandono de lo “entrelazado” no es necesariamente sinónimo de claudicación; podría también referise a un abandono transformativo de la “trama condicionante de los poderes o dominios programadores” (Ge-Stell heideggeriano, por ejemplo) que constituyen, forman y deforman a las subjetividades, obliterando al sujeto dividido del inconsciente freudo-lacaniano...

Cuando Gilles Deleuze y Félix Guattari nos hablan de “líneas de fuga creativas y liberadoras”, aluden a esas fuerzas enigmáticas que rompen con los límites del dominio programador y con la axiomática misma de un sistema pretendidamente cerrado...

Filosofar es crear nuevos conceptos, reutilizar los términos ya existentes dentro de otras configuraciones, crear “personajes conceptuales” (G. Deleuze, F. Guattari...). Lo filosófico, como reino de la creación de conceptos, violenta lo estrictamente filológico y etimológico para abrir y orientar el pensamiento, desde el lenguaje y no desde la ideología, hacia nuevos recursos y decursos...

Desertar: desistir, abandonar, huir, escabullirse... Así también el concepto de “fuga” no implica abandono de la lucha sino creativo y subversivo “atravesamiento de límites”, según una lógica no meramente dialéctica, del “anti”, sino —como dice otro filósofo francés, Jacques Derrida—: una lógica del “más allá” (au-delà)...

19 de febrero de 2025

(Comentario en el muro del psicoanalista y pensador Jorge Alemán Lavigne)

Copyright © Armando Almánzar-Botello.
Reservados todos los derechos de autor.
Santo Domingo, República Dominicana.
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DESERTAR DESDE UN “TODO” PERDIDO... ¿PUEDE LEERSE AQUÍ A BERARDI EN CLAVE DELEUZIANO-GUATTARIANA?

«Lo que Berardi llama “deserción”, vendría a constituir eso que Kafka intuye como exceso enigmático de fuerzas, como desmedida y acto de escritura/pensamiento que permite contemplar nuestro propio dolor, nuestro propio encierro, nuestra propia disminución de potencia, desde un punto de vista que, si bien no elimina nuestro sufrimiento, nos faculta para “retocarlo”, para percibirlo desde otra perspectiva: esa que puede implicar la construcción de nuevos dispositivos o agenciamientos maquínicos de deseo creador.» Armando Almánzar-Botello

   Por Armando Almánzar-Botello

Afirmaban los filósofos Gilles Deleuze y Felix Guattari que el “callejón sin salida” puede formar parte de lo que denominan “rizoma”. (Capitalismo y esquizofrenia. El Anti-Edipo; Capitalismo y esquizofrenia 2. Mil Mesetas; Kafka. Por una literatura menor...)

Lo que Franco “Bifo” Berardi denomina “deserción” con respecto a una suerte de callejón sin salida constituido por la “máquina-mundo” actual, ¿no podría devenir en una tangente de fuga o desterritorialización (Deleuze, Guattari) “finalmente” liberadora?

Al proponer y/o trazar el abandono de la dimensión “molar” de un “todo” perdido, ¿no abriría Berardi, desde una “punta fina” de la depresión parcial de un sujeto dividido, la posibilidad política y “molecular” de “contraefectuar” (Deleuze) el “accidente” del nihilismo paralizante, y así crear o generar, sobre la marcha, lo que Gilles Deleuze, Felix Guattari y Chantal Mouffe quizá denominarían “una vertiente inédita o nueva de pueblo-acontecimiento”?

¿En esa “deserción”-provocación no se podría reafirmar el lazo o vínculo social de un modo correspondiente a lo que Deleuze, siguiendo a Nietzsche, denominó transmutación de valores en el punto atópico y aleatorio de un “nihilismo consumado”?

El hecho de Franco Berardi publicar un libro sobre el problema en cuestión, ofrece el testimonio palpable de que algo excede en el sujeto de la escritura a la simple posición depresiva y nihilista... ¿Invitación a la réplica, al cuestionamiento? ¿Provocación política desde un acto de escritura singular entendido como saturación de la semántica neolibertaria y como aparente claudicación? ¿Instigación indirecta y estratégica a la protesta y a la búsqueda de nuevas alternativas reales frente a la dura y dolorosa evidencia de un complejo momento histórico, neoliberal y neofascista?

También Franz Kafka percibió, en el plano micropolítico, algo equivalente a lo que decimos en el nervio principal del párrafo anterior:

«Me resulta siempre incomprensible que a casi todo el que sabe escribir le sea posible objetivar el dolor en medio del dolor, de tal manera que yo, por ejemplo, en medio de mi desdicha, todavía con la cabeza ardiendo de desdicha, puedo sentarme y comunicar a alguien por escrito: Soy desdichado. Sí, puedo incluso ir más allá de eso y fantasear con distintas florituras sobre mi desdicha, conforme a mi propio talento, el cual no tiene nada que ver con la desdicha misma; puedo fantasear con sencillez, o mediante antítesis, o con orquestas enteras de asociaciones. Y no es en absoluto mentira, y no calma el dolor, es, sencillamente, un exceso de fuerzas que por sí solo se produce en un instante en que, sin embargo, el dolor ha consumido visiblemente todas mis fuerzas hasta el fondo de mi ser, fondo que el dolor continúa arañando. ¿Qué clase de exceso es ese?» Franz Kafka: Diarios, 19 de septiembre de 1917

Lo que Berardi llama “deserción”, vendría a constituir eso que Kafka intuye como exceso enigmático de fuerzas, como desmedida y acto de escritura/pensamiento que permite contemplar nuestro propio dolor, nuestro propio encierro, nuestra propia disminución de potencia, desde un punto de vista que, si bien no elimina nuestro sufrimiento, nos faculta para “retocarlo”, para percibirlo desde otra perspectiva: esa que puede implicar la construcción de nuevos dispositivos o agenciamientos maquínicos de deseo creador.

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17 de febrero de 2025

(Comentario en el muro del psicoanalista y pensador Jorge Alemán Lavigne)

Copyright © Armando Almánzar-Botello.
Reservados todos los derechos de autor.
Santo Domingo, República Dominicana.
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NIETZSCHE, ESCRITURA, DANZA, OBRA Y NIHILISMO Tipos diversos de nihilismo: negativo, reactivo, pasivo, realizado, activo-destructivo y  consumado (Breve fragmento)

     Por Armando Almánzar-Botello

     «Referidos a Zarathustra, la risa, el juego, la danza, son los poderes afirmativos de la transmutación: la danza transmuta lo pesado en ligero; la risa los sufrimientos en alegría; el juego de lanzar (los dados), lo bajo en lo alto. Pero referidos a Dionysos, la risa, la danza, el juego, son los poderes afirmativos de reflexión y de desarrollo. La danza afirma el devenir y el ser del devenir; la risa, las carcajadas, afirman lo múltiple y lo uno de lo múltiple [univocidad del ser]; el juego afirma el azar y la necesidad del azar.» Gilles Deleuze

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«[...] El nihilista-víctima padece la pulsión de muerte; muere sin obra (aunque publique), en un anonimato de primer grado. 

»Ese “nihilismo realizado”, plenitud de una mala negatividad, es esencialmente incomunicable. 

»No es lo mismo dicho nihilismo padecido-realizado que el “nihilismo consumado” de Friedrich Nietzsche, como denomina Gilles Deleuze al punto de transmutación de la subjetividad nihilista-destructiva en potencia de afirmación selectiva.

»El discurso nihilista-pasivo absoluto, como nihilismo simplemente realizado, es desconocido, imposible, inefable. Del mismo modo en que —como nos testimonian los pensadores Primo Levi y Giorgio Agamben— el testigo integral del horror no puede hablar para dar testimonio, porque sencillamente ha sucumbido de un modo radical en el fragor absorto de la catástrofe.

»El opaco y mudo nihilismo pasivo, radical y extremo, a comprender como nihilismo “realizado” en la genealogía nietzscheana, viene a ser desplazado, en el devenir de las fuerzas, por el nihilismo destructivo-activo (el león, en De las tres metamorfosis nietzscheanas del espíritu: camello, león, niño que juega). El león, como símbolo del nihilismo activo-dedtructivo, se vuelve contra los nihilismos negativos, reactivos y pasivos. Llevado hasta sus consecuencias últimas, dicho nihilismo activo-destructivo puede representar, como hemos ya significado, el punto aleatorio que vendría a transmutar la subjetividad nihilista-destructiva en pura potencia de afirmación selectiva y transfiguración

»Toda auténtica escritura se mide con la ausencia, con lo imposible, con el vacío del nihilismo realizado pero que no alcanza su consumación. Dicha escritura se plantea entonces como exploración asintótica de la muerte, del vacío y del horror. 

»He aquí el problema activo: decir la imposibilidad de decir. Caída intensiva en la escritura.

»Pretendemos entonces —utilizando un recurso distinto al convencional— cribar, cernir la dimensión problemática, ambigua y mixta de la pulsión de muerte. 

»En su crítica al monologismo del poder y a los nuevos discursos del amo, Julia Kristeva nos recuerda lúcidamente que: 

«El fascismo es el retorno de lo reprimido en el monologismo religioso. No se puede impedir ese retorno, como lo quiere ingenuamente el liberalismo burgués, o como —dejándose contaminar— intenta hacerlo el dogmatismo “comunista”. El problema consiste en hacer hablar a lo reprimido del monologismo: ese semiótico pulsional, heterogéneo al sentido y al Uno, y que los hace andar. La transferencia sin duda, pero de manera menos familiar y menos privada, una práctica llamada artística, esclarecida por el descubrimiento freudiano, es precisamente lo que habla lo reprimido del monologismo (del contrato social) y lo consume invirtiéndolo en una nueva forma de lengua, por consiguiente en una nueva socialidad. De este modo esas dos prácticas son la más sólida barrera contra el fascismo. Si es que hay una función ética de la literatura, es esa: hacer pasar a la lengua lo que el monologismo reprime (desde el ritmo hasta el sentido).» Julia Kristeva

»Asi, “hacer pasar la pulsión de muerte al discurso, es la más sólida barrera simbólica contra el retorno de los fascismos”.

»La pulsión de muerte sería equivalente, en cierto modo, a la inestabilidad y al caos que vienen a desplazar los límites téticos de la estabilidad homeostática o inercial de lo simbólico, y a erosionar el contrato social entendido como dominio clausurado y avasallante erigido sobre una sistémica contraviolencia o guerra preventiva. 

»Jacques Derrida, quien teoriza una figura bifronte a la que denomina “la vida la muerte”, observa que los dos primeros conceptos —inestabilidad y caos— representan lo mejor y lo peor, simultáneamente. Lo peor, porque sin estabilidad —macro y/o micro— no hay vida social. Lo mejor, porque inestabilidad y caos permiten la permanente renovación política del contrato social. Esa es también, a nuestro entender, la dimensión aporética de la pulsión de muerte...» 

Armando Almánzar-Botello 

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Noviembre del 2010

© Armando Almánzar-Botello: Fragmento de “La pulsión de muerte no es solo muerte: ¿Es ‘la vida la muerte’?”, 11 noviembre del 2010

Ver: Blog Cazador de Agua y Blog Otros Textos Mutantes.

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LA PULSIÓN DE MUERTE NO ES SOLO MUERTE, ES “LA VIDA LA MUERTE”

«Contra una lectura-interpretación unidimensional de la pulsión de muerte, banal y reduccionista, ofrecida desde hace largos años por los psicoanalistas estadounidenses —Erich Fromm a la cabeza del denominado revisionismo neofreudiano edulcorante—, se levantaron, en sus respectivos momentos, Theodor Adorno y Herbert Marcuse, potentes filósofos de la Escuela de Frankfurt.» Armando Almánzar-Botello                                               

     Por ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO

     A Fidel Munnigh, pensador auténtico

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Además de lo que hemos escrito recientemente con el propósito de “conversar” —con muy contados y especiales amigos de la “parroquia” intelectual vernácula— en torno al problema de las relaciones entre principio de nirvana y pulsión de muerte, insistimos con estas breves notas para legitimar quizá un poco más nuestra idea de que no se prosiga concibiendo tal pulsión en su modalidad conceptual meramente termodinámica clásica, es decir, como simple pulsión de (auto)destrucción, entropía y retorno a lo inanimado. Lo reiteramos: no solo así debemos y podemos teorizarla.

La pulsión de muerte, como decíamos que la concibe el psicoanalista y pensador francés Jacques Lacan —principalmente en su Seminario VII, que lleva por título La ética del psicoanálisis—, es también gasto, tensión, esfuerzo, goce de la diferencia e hiperestesia, no simple abocamiento a estados letárgicos, nirvánicos, entrópicos o comatosos. 

La pulsión de muerte es un intento de empezar de nuevo después de transgredir ciertos límites. En este sentido es que Lacan reinterpreta el “más allá del principio de placer” de Freud. Concebida de este modo, la pulsión de muerte se constituye en la instancia “creacionista” y creativista que posibilita todo proceso de subjetivación-desubjetivación y abre la posibilidad de transformar, críticamente, la pretensión autárquica de las hegemonías vigentes.

Pasa con ella algo parecido a lo que sucede con el concepto de “lo intensivo” en Kant (ver su Crítica de la razón pura). El grado mayor o menor de concentración de una sensación en un instante es su intensidad. Aquí se llega a la conclusión de que la intensidad se mide en su relación con el cero (0), ya sea que disminuya o aumente el potencial.

La caída (pulsión de muerte) sería el devenir activo de las fuerzas. Gilles Deleuze nos aclara: no hay que concebir la caída en términos puramente termodinámicos clásicos, entrópicos, reductivos. Deleuze diferencia la caída física, espacial, termodinámica, de la caída intensiva kantiana. Esta caída no se produce necesariamente hacia abajo. No es de modo obligatorio “miserabilista”. Puede ser una caída “hacia arriba”, en el ascenso hacia niveles superiores de fuerza. 

¡Caer hacia arriba! “Sólo en la caída se cumplen las presencias”, nos dice un poeta.

Esto así, porque todo incremento de fuerza, de tensión, se experimenta fenomenológicamente como una caída (Kant, Lacan, Deleuze). La caída y la pulsión de muerte son el devenir activo de las fuerzas y las pulsiones. 

Consideramos que la pulsión de muerte no se encuentra en limpia oposición a una pulsión de vida (que no existe como tal), sino que ella misma, como pulsión de muerte y “abyección sublimada, pero sin consagración” (J. Kristeva), propone y crea su “propia” neoterritorialidad. 

Sin que haya una simple coincidentia oppositorum, aquí Eros copula con Tánatos pues, en ausencia de este último —con su potencial de desintegración reorganizadora— no hay posibilidad de renacimiento simbólico para las estructuras psíquicas y sociales. La relación de vendaje entre lo erótico y lo tanático estaría definida por una cópula disyuntiva inclusiva.

Como bien señala Deleuze, lo que importa es el “diagrama de fuerzas” en el que se traza la línea de fuga. Determinar si esta se constituye, por un lado, en “pura línea fría de abolición y muerte” (por ejemplo, la trayectoria de un avión que se estrella contra las Torres Gemelas; el recorrido de una bomba que cae sobre la ciudad de Bagdad; los alimentos envenenados que van a los labios de niños inocentes), o, por el contrario, si se perfila como línea mutante, metamórfica, de polivocidad y vendaje entre energía libre de los procesos primarios del inconsciente y energía ligada de los procesos secundarios del sistema preconsciente-consciente.

Ejemplos de esta línea de fuga en su modalidad creativa los tendríamos en el acto de escritura en sentido fuerte, en la creación artística en general, en el encuentro entre los que se aman, en el compromiso político con la justicia y las reivindicaciones sociales con miras a construir espacios para lo que Derrida concibe y denomina como “democracia que vendrá”.

Podemos decirlo de otro modo más directamente ligado con la filosofía. En lo que Jean-Paul Sartre denomina (ver su obra Crítica de la razón dialéctica) totalización/destotalización/retotalización, la destotalización no es una destrucción en bruto, ni un simple afloramiento de la “negatividad pura hegeliana”, sino una negación parcial que permite una subsiguiente retotalización.

Eso lo comprendieron muy bien “sujetos-rizomáticos” (Guattari) de la estrategia creativa “aéreo-subterránea” como Kafka, Joyce, Proust, Mann, Beckett, Cioran, Bacon (el pintor), para citar “antojadizamente” siete figuras emblemáticas de la modernidad que se tomaron el trabajo de “decir”, activamente y a través de su precisa, parsimoniosa y filigraneada escritura, “el vaciamiento catastrófico de la significación”.

Por este motivo, esos siete artistas-pensadores no deben ser considerados representantes del nihilismo occidental. Ni reactivo ni pasivo. La “forma estallada” y el fragmento como vías o medios de dación semiótica de estructura utilizados por estos creadores en la generación de sus obras, no son, como bien señaló Umberto Eco, meros reflejos de una simple ausencia de forma ni de una torpe caída inercial en la “empiria accidental” de una pulsión de muerte, entendida esta como agujero negro que se traga a la escritura. 

Esa “forma estallada” no es un ruido blanco padecido como “asignificante” o insignificante, sino el “accidente elevado a la dignidad de acontecimiento”, la obra perfilando el vacío de la Cosa (das Ding: Freud), el proceso del síntoma físico, que opera en la “profundidad de los cuerpos” (Deleuze), “contraefectuándose” en sinthome estético-incorporal (Lacan). 

Exploración, experimentación e interpenetración compleja de sentido y sinsentido, de forma y no-forma. He aquí lo informal, o, más bien, aquello que Lyotard, luchando contra la absolutización de la clausura representativa, ilustrativa, figurativa, ilusionista y mimética denomina “lo figural”. Transfiguración de la pulsión de muerte en acto de creación.

El nihilista-víctima padece la pulsión de muerte; muere sin obra (aunque publique), en un anonimato de primer grado. Ese “nihilismo realizado”, plenitud de una mala negatividad, es esencialmente incomunicable. 

No es lo mismo dicho nihilismo padecido-realizado que el “nihilismo consumado” de Nietzsche, como denomina Gilles Deleuze al punto de transmutación de la subjetividad en “potencia de afirmación selectiva”.

El discurso nihilista-pasivo absoluto es desconocido, imposible, inefable. Del mismo modo en que —como nos testimonian Primo Levi, Jorge Semprún y Giorgio Agamben— el testigo integral del horror no puede hablar para dar testimonio, porque sencillamente ha sucumbido, de un modo radical, en el fragor absorto de la catástrofe.

Pero toda auténtica escritura se mide con esta ausencia, con esta imposibilidad y este vacío. Ella se plantea la exploración asintótica de la muerte, el vacío y el horror. He aquí el problema activo de decir la imposibilidad de decir. Caída intensiva en la escritura.

Pretendemos entonces —utilizando un recurso distinto al convencional— cribar, cernir la dimensión problemática, ambigua y mixta de la pulsión de muerte. 

En su crítica al monologismo del poder y a los nuevos discursos del amo, Julia Kristeva nos recuerda lúcidamente: 

«El fascismo es el retorno de lo reprimido en el monologismo religioso. No se puede impedir ese retorno, como lo quiere ingenuamente el liberalismo burgués, o como —dejándose contaminar— intenta hacerlo el dogmatismo “comunista”. El problema consiste en hacer hablar a lo reprimido del monologismo: ese semiótico pulsional, heterogéneo al sentido y al Uno, y que los hace andar. La transferencia sin duda, pero de manera menos familiar y menos privada, una práctica llamada artística, esclarecida por el descubrimiento freudiano, es precisamente lo que habla lo reprimido del monologismo (del contrato social) y lo consume invirtiéndolo en una nueva forma de lengua, por consiguiente en una nueva socialidad. De este modo esas dos prácticas son la más sólida barrera contra el fascismo. Si es que hay una función ética de la literatura, es esa: hacer pasar a la lengua lo que el monologismo reprime (desde el ritmo hasta el sentido).» Julia Kristeva

Asi, “hacer pasar la pulsión de muerte al discurso, es la más sólida barrera simbólica contra el retorno de los fascismos”.

La pulsión de muerte sería equivalente, en cierto modo, a la inestabilidad y el caos frente a la estabilidad homeostática del poder avasallante y su guerra preventiva. 

Jacques Derrida, quien teoriza una figura bifronte a la que denomina “la vida la muerte”, observa que los dos primeros conceptos —inestabilidad y caos— representan lo mejor y lo peor, simultáneamente. Lo peor, porque sin estabilidad —macro y micro— no hay vida social. Lo mejor, porque inestabilidad y caos permiten la permanente renovación política del contrato social. Esa es también, a nuestro entender, la dimensión aporética de la pulsión de muerte...

La pulsión de muerte freudo-lacaniana no es entonces un simple valor nihilista. Pulsión de muerte no es mera pulsión nihilista de (auto)destrucción, aunque eventualmente pueda encarnar este aspecto. 

Contra una lectura-interpretación unidimensional de la pulsión de muerte, banal y reduccionista, ofrecida desde hace largos años por los psicoanalistas estadounidenses —Erich Fromm a la cabeza del denominado revisionismo neofreudiano edulcorante—, se levantaron, en sus respectivos momentos, Theodor Adorno y Herbert Marcuse, potentes filósofos de la Escuela de Frankfurt.

Para bien y para mal, la pulsión de muerte sigue viva, actuando en los seres humanos...

En el resto descubrimos el reto: abocarnos solidariamente al ejercicio de una práctica creativa, ética, política, transformativa; potenciar la capacidad de transmutar y renovar, desestructurar y reestructurar —de un modo permanente, crítico, múltiple— nuestro estatuto de sujetos vinculados, problemáticamente, por el discurso y por lo social.

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11 de noviembre del 2010

Blog Cazador de Agua 

Jueves, 11 de noviembre del 2010

© Armando Almánzar Botello. Santo Domingo, República Dominicana.

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Otros Textos Mutantes

ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO ES MIEMBRO DE LA “RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL”, REMES

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martes, 10 de diciembre de 2024

UN GOCE Y EL SILENCIO CONSTRUYE AQUÍ LA LETRA

«La letra dibuja el borde del agujero en el saber.» Jacques Lacan:  Seminario 20, Aún

Por Armando Almánzar-Botello

     Un goce femenino más allá del falo...

    A Ella, la mi “una” mujer

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Adyacente a cada ruido hay un silencio, 

que una vida sigilosa va impalpando a cada instante, 

le responde sola-mente, litoral, otro silencio 

que juega en la frontera de la letra con el hueco.


Ese borde inabordable la sigue a todas partes, 

y callado la oye aunque no hable...


Es un agua secreta ese silencio, 

que ahoga finalmente los sonidos de una vida

en huella (im)pura y claroscura ausencia...


Ahora el ruido en el espejo de una vida,

la despierta parpadeando con el eco indiferente 

de la muerte que roía desde siempre 

las palabras.

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29 de agosto de 1982


Copyright ©️ Armando Almánzar-Botello. 

Reservados todos los derechos de autor.

Santo Domingo, República Dominicana.


IMAGEN:

     Gian Lorenzo Bernini: “El éxtasis de la beata Ludovica Albertoni”, 1671-1674

domingo, 8 de diciembre de 2024

DON DE LENGUAS, IGNORANCIA DOCENTE Y OSCURANTISMO CIUDADANO DOGMÁTICO

«Para referirse a esta relación originaria del sujeto con el lenguaje, Jacques Lacan habla de “lalangue” (lalengua), definida por él como una trama de “significantes prelingüísticos” (“letras”, en sentido lacaniano) o juego fónico de condensaciones y desplazamientos anterior a toda lengua constituida. Esa “lalengua” es la matriz de la “glosolalia” y de las posteriores estructuras estabilizadas del lenguaje propiamente dicho; de ese lenguaje que permite actos de habla o de producción de sentido, de discursos articulados por un hablante particular que utiliza estructuras sígnicas intencionales sometidas a la regulación de una particular sintaxis, a una explícita intención significativa (Bedeutung-intention husserliana), etcétera.» Armando Almánzar-Botello
 
Octavio Paz  

Por Armando Almánzar-Botello

«A los muertos que me habitan les doy vela en este entierro.» Armando Almánzar-Botello

A Octavio Paz, in memoriam 

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Octavio Paz, el gran poeta, ensayista y crítico mexicano (1914–1998) es muy lúcido en casi todo lo que escribe, aunque no haya sido un especialista en algunos temas que abordaba con cierto desenfado... 

No obstante, Paz tenía a su favor unos pequeños detalles: además de poseer una colosal erudición, era un verdadero genio creativo a la altura de los grandes de todos los tiempos...

Debo aclarar que, a mi modesto entender, cuando Paz menciona en cierto contexto de su obra el llamado “don de lenguas” caracterizándolo como “glosolalia”, no pierde de vista nada esencial ni comete un error conceptual o etimológico de bulto.

Allí Paz nos remite a la socorrida explicación científico-racional de un fenómeno complejo que posee, además de su carácter “poético”, una vertiente bíblico-religiosa percibida por la “fe abrahámica” y cristiana —insisto en esta palabra: “fe”— como un don espiritual y milagroso que permite hablar y entender perfectamente lenguas originalmente desconocidas para el hablante. 

En efecto, la Biblia ofrece testimonio de ello, aunque en 1 Corintios 14 se puede leer que quien habla en lenguas solo se entiende a sí mismo, pues su uso del lenguaje es para hablar con Dios y no con los hombres. 

En ese sentido, frente al “don de lenguas” el texto bíblico exhorta a “profetizar” como un medio o recurso que ofrece mayor servicio a la comunidad de fieles en tanto que hace con más fuerza “lazo social” para el mensaje cristiano, tal como define Jacques Lacan a dicho vínculo. 

El mismo texto bíblico dice que quien habla en lenguas se edifica solo a sí mismo, mientras que quien profetiza edifica a la iglesia... 

Se reconoce allí, aunque atribuido al Espíritu Santo, el carácter “idiolectal” —y hasta podríamos decir, “cuasisolipsista”—, del “hablar en lenguas” por parte del sujeto: solo Dios lo entiende... 

Aun así, en ciertos contextos bíblicos aparecería sin lugar a dudas la comunicación real con otros individuos humanos producida en base al don de lenguas... 

Retornamos... En la mayoría de los casos rigurosamente investigados en la actualidad, el llamado “don de lenguas” es, precisamente, una simple “glosolalia” entendida como “disolución (in)voluntaria o inducida” de las estructuras morfosintácticas del discurso de un hablante. 

Esa vivencia “lingüística” viene a “(re)conducir” la verbalización del sujeto a una fase “posterior al grito pero anterior a la palabra propiamente dicha”, entendida esta última como palabra transmisora de “significados cerrados” o intencionales. 

Para referirse a esta relación originaria del sujeto con el lenguaje, Jacques Lacan habla de “lalangue” (lalengua), definida por él como una trama de “significantes prelingüísticos” (“letras”, en sentido lacaniano) o juego fónico de condensaciones y desplazamientos anterior a toda lengua constituida. 

Esa “lalengua” es la matriz de la “glosolalia” y de las posteriores estructuras estabilizadas del lenguaje propiamente dicho; de ese lenguaje que permite actos de habla o de producción de sentido, de discursos articulados por un hablante particular que utiliza estructuras sígnicas intencionales sometidas a la regulación de una particular sintaxis, a una explícita intención significativa (Bedeutung-intention husserliana), etcétera.

Por otra parte, la técnicamente llamada “xenoglosia” —en su diferencia relativa con la “glosolalia”—, implicaría cierta capacidad de hablar correcta y efectivamente una lengua en apariencia desconocida hasta ese momento por el sujeto en cuestión. Aquí este podría comunicarse con los otros y hacer “lazo social”. 

La arriba mencionada experiencia estaría más próxima al “don de lenguas” entendido desde el punto de vista de la fe religiosa que habla de sellar alianzas mediante la Palabra. Bien. ¿Bien?

Debemos aquí resaltar, no obstante, que cuando se han estudiado rigurosamente ciertos fenómenos de “xenoglosia” (no digo ahora “glosolalia”), lo que se descubre detrás de ellos es algo que no tiene absolutamente nada de milagroso: el sujeto hablante de la “neolengua” sencillamente conocía las estructuras básicas de ese “recien adquirido” sistema de signos pero las había olvidado por particulares coyunturas históricas y existenciales: migraciones tempranas hacia contextos culturales y lingüísticos distintos, diversos traumatismos de guerra, bloqueos o represiones inconscientes, destituciones, transculturaciones, deculturaciones, traumatismos etnopsiquiátricos tempranos de aculturación y resimbolización cultural, etcétera. Estos fenómenos son estudiados por disciplinas científicas como la etnopsiquiatría y el psicoanálisis complementarista, asistidas por la psicolingüística, la neurolingüística y la biolingüística. 

El “hablar en lenguas”, históricamente, tiende a producirse en un contexto de interaccionismo transvernáculo, multicultural y plurilingüe que ofrece la “materia prima” propicia para la emergencia del fenómeno en esta su particular vertiente. 

En otros casos de “xenoglosia”, científicamente estudiados hasta con recursos neurocognitivos o neurocientíficos de laboratorio y “medical imaging” (además de rastreos clínicos de la historia personal del sujeto), lo que se ha descubierto por detrás de dicha “xenoglosia” es precisamente la llamada “ensalada de palabras”, productora de “palabras-valija”, en el contexto de una “esquizofasia” o disolución psicótica de las estructuras canónicas del discurso lingüístico, tal como esta fue descrita y estudiada por el precursor psiquiatra Emil Kraepelin, o de una “afasia”, entendida como severa desorganización de las estructuras discursivas, orales y escritas, tal como este trastorno neurológico del lenguaje fue analizado por el lingüista, pensador y teórico de la literatura Roman Jakobson. 

Aclaro. Lo señalado arriba no niega la posibilidad de que un determinado sujeto acceda de un modo cultural y reglado a estas “cuasiestructuras” disipativas, “neoformaciones” o neologismos generados  por condensación y desplazamiento significantes. En el Crátilo, Platón pone a “hablar” a Sócrates por medio de unas “neoformaciones (a)significantes” que dan testimonio de lo que Georges Devereux denomina, siguiendo al psicoanálisis y a la antropología cultural: “una erupción psicótica del proceso primario del inconsciente individual” de Sócrates. No obstante, la lengua de Platón y Sócrates era la griega. Ambos retornaban, después de esas experiencias de exaltación lingüística y “fuga de ideas”, al discurso filosófico canónico...

Lo que deseo significar con todo lo anteriormente dicho es que no podemos encerrarnos —sino por un acto de fe imponderable y muy personal—, en la interpretación abrahámica, bíblica o pentecostalista del “don de lenguas”. 

También existen las interpretaciones del fenómeno desde las perspectivas antropológica, psicohistórica, psiquiátrica, psicoanalítica, cognitivista, neurolingüística, lingüístico-filosófica, etcétera.

Para el creyente: “Don de lenguas”: ¡milagrosa inspiración multilingüística producida por el Espíritu Santo.

Para el no creyente o para el creyente en suspenso el “Don de lenguas” remite al “balbuceo místico del Ser” (Juan de la Cruz), a la recuperación de una lengua aprendida y luego olvidada, o a la disolución patológica (esquizofasia) o no patológica (juego de palabras como síntoma sublimado o “sinthome”) de unas estructuras lingüísticas determinadas. 

En este último caso creativo, cuyo ejemplo más portentoso lo sería un James Joyce, se observa una recreación sintomática de la despedazada “lengua propia” convertida en “saber-hacer-con la letra” (Lacan), para producir un nuevo tipo de “don de lenguas literario”...

Decía el filósofo español Xavier Zubiri que la creencia en Dios... y en el “don de lenguas” por intervención del Espíritu Santo... son hechos de “admisión”, situados más allá de toda discusión convencional; más allá del mero “asentimiento intelectual”...

Si existe una discusión “bizantina” por excelencia es aquella que se demora en fraguar tesis y argumentos a favor o en contra de ciertos modos de concebir lo divino y sus manifestaciones. En “eso” se cree o no se cree... Mientras tanto, la racionalidad humana plantea respuestas e interrogantes. ¡Está en su derecho!

Yo, como sujeto particular obligado a pensar —dada mi humana condición mortal de Ser-en-el-mundo (Dasein)—, entiendo que lo más importante hoy en día no es saber si Dios y el “don de lenguas” —tal como se entienden en el ámbito abrahámico y cristiano—, existen o no existen como manifestaciones trascendentales, sino más bien el descubrir, en cada situación, quién nos engaña y qué nos oprime, para luchar contra ello en un proceso de redescripción permanente de nuestra libertad... 

Armando Almánzar-Botello

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18 de abril de 2020

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.


FOTOGRAFÍA: Octavio Paz

sábado, 30 de noviembre de 2024

FRAGMENTOS DE UN BLOQUE... (¡No hay que hacerse los graciosos!)

«El yo biográfico se ve imantado, y quizá modificado, por el núcleo ardiente de la obra en curso —o ya articulada como artefacto semiótico—, en tanto que el sujeto de la escritura que del yo se desprende para fundar el espacio virtual donde se despliega el texto, participa de una enunciación inconsciente y de la tensión contemplativa de una consciencia alterada que obligan a dicho yo a reformular sus límites imaginarios, estrategias y protocolos mundanos.» Armando Almánzar-Botello: “Escribir / Publicar. (Apuntes de pretensión psicoanalítica en torno al Acto de Escritura)”, 1991 (Fragmento)

     Por ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO

     «¿Quién eres yo? ¿Quiénes soy, habré sido y seré yo? ¿Seré acaso tú, y ya no lo recuerdo?» Armando Almánzar-Botello

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[...] —¡Que Dante Alighieri se compadezca de mí! ¡Sufriendo inexisto en el núcleo mismo del virtual Averno, aquí, en el Barrio Textual de los Sueños Caóticos!

Aunque mis ojos y una parte de mi mente me induzcan a creer que estoy en la mansión de mi propiedad en Cité Soleil, la magnitud de mi angustia y la reverberación por todo mi cuerpo de una gran incertidumbre, me hacen poseer casi la certeza de que realmente ahora me encuentro pensando, gimiendo, escribiendo y penando en el Séptimo Círculo de un nuevo Infierno narrado.

Presiento que mi franco espejismo imitativo-ilusionista ha sido condenado a consumirse, pavorosamente, en las llamas textuales de una prosodia ígnea, pulsional, circular y perpetua, y ello solo por causa de mis pequeños caprichos, excentricidades eróticas y políticos desaciertos, cometidos con la batería semiótica de los significantes lingüísticos [...]

[...] Algo parecido a los párrafos precedentes atribuyó el Sujeto de la Escritura —en el comienzo mismo de su otro texto— al actante TrujiJack el Destripador, mientras el villano-asesino constitucional, desplegando su tiránico rol de literato y realmente alojado y activo en un cierto cerebro-universo en carnaval perpetuo, hacía uso de polícromos abalorios y letras gorjeantes que seducían con su ritmo político-semiótico al gozoso populacho nihilista. Cautelosamente generaba el villano un texto hermético, traidor y bifronte, mas sin embargo sutil y peligrosamente inadvertido en su falacia para la mirada interrogativa de los oportunistas neopersoneros cognitivos y presumidos catedráticos-hermeneutas.

El tiránico destripador encontrábase confinado y seguro en el antiguo pero postmodernamente reconstruido Palacio Nobiliario de San Cristóbal. Lúcido, sereno y rodeado de espejos, escribía una extraña fábula reclinado en su barroca, lujosa y reluciente cama —colocada en el centro del enorme cuarto principal—, rimbombante lecho iluminado en su cabecera por una lujosa lamparita de mesa de noche. La cama, la mesilla y el candil domótico-cibernético estaban diseñados con la muy postmoderna combinación plutocrática de estilos al uso epocal: biomórfico-posthumano, postgigeriano y cibernético-rococó [...]

[...] Así las cosas, desde su cama en la pomposa y gigantesca estancia pintada de soñador azul turquesa, amoratado por un golpe de bastón el ojo izquierdo, pudo TrujiJack por fin distinguir, mientras avanzaban lentamente desde la puerta del dormitorio hacia el lugar donde él se encontraba, primero a una mujer desnuda y muy alba, lujuriosamente montada —o más bien tumbada de espaldas, con las piernas bien abiertas como en posición de parto— en un chirriante y enmohecido carrito de autoservicio empujado por un enano amarillo y desdentado.

En segundo lugar, esta imprevista pareja de visitantes era seguida por tres bufones maromeros semidesnudos que se desplazaban sostenidos en precario y acrobático equilibrio erguido, “caminando” apoyados tan solo en sus manos, y vestidos con sendos trajes de plástico negro en los cuales, al nivel conveniente, unas hendiduras dejaban ver los descomunales miembros erectos de los Graciosos, apuntando hacia el piso en un ángulo místico de cuarenta y cinco grados, y con sus tensos glandes reluciendo como limpias bombillas eléctricas en el aire del salón gimiente de fantasmas y deseo escritural.

—¡Revolución o Fusión! ¡Revolución o Fusión! ¡Revolución o Fusión! —vociferaba un gentío irredento cuyas voces y ruidosas operaciones en la calle podían escucharse a través de la ventana.

¡Y era la Revolución!

Encabezando la comitiva libertaria en el cuarto mismo del Destripador —como quien dice “Mujer Desnuda Guiando al Pueblo”—, era dueña la beldad Comisionada, la nívea Doncella del carrito chirriante, de la mirada más profunda, sublime, indescifrable y aleteante que ojos humanos hayan podido imaginar...

Y, seráfico golpe claroscuro de la luz al fin allí en la sombra, ostentaba esa mujer la más amplia, espesa y seductora de las manchas, como un delicioso y selvático enjambre de hormigas negras y carnívoras.

¡Revolución o Fusión! ¡Revolución o Fusión! ¡Revolución o Fusión! ¡Y era la Revolución!

Latía, esa inmensa, oscura y seductora mancha —semejante a un formidable sol negro palpitando en el espacio cósmico y femenino de un cuerpo tántrico/católico/vudú—, de un modo sorprendentemente lúcido, velludo y desconsiderado; parecía más bien un gigantesco y divino paraguas negro abierto sobre un abismo presentido y deslumbrante, patibulario a su vez por comisión u omisión... TrujiJack sudó copiosamente.

—¡He aquí el tesoro azabache de los significantes, la sede del código estallado y la ruina de todo presumido nacionalismo ontológico! —dijo una mestiza y poderosa voz andrógina, híbrida, resonante pero pausada, que parecía proceder de la zona cenital del cuarto donde culebreaban todavía, enredados en los brazos de las lámparas casi muertas, los despojos y retazos de algodonosa tiniebla que acompañaban siempre a los domótico-cibernéticos y estrambóticos candiles barrocos de luz tenue, los cuales pendían del techo de la recámara secreta, ahora iluminada principalmente por un viejo sol frío y marchito que penetraba por los desnudos ventanales virtuales del recinto [...]

De repente, comenzó a resonar la metralleta. Muchos políticos, comerciantes, jueces, obispos y simples ciudadanos de todos los bandos, huían fuera de la megalópolis, entre el humo y el fulgor de las granadas. En mitad de las calles, los soldados enfrentados realizaban lúdicos derramamientos de sangre y perversas orgías que recordaban el Jardín de las Delicias y el Infierno Musical de El Bosco. Todos justificaban sus acciones violentas aduciendo pasadas ofensas y supuestos maltratos cometidos en su contra por las víctimas actuales. ¡Todo era pólvora y trapecismo erótico!

¡Y era la Revolución!

Mientras tanto, algunos pequeños hijos de los soldados que formaban dichos ejércitos enemigos, vulnerables retoños prodigiosamente indemnes bajo el fuego de las bombas y confundidos en una asombrosa fraternidad infantil ajena del todo al virulento combate, levantaban muy alto, muy alto, banderas extrañas que no se correspondían con ninguna de las naciones en conflicto.

—¡Mamita llegó el Big Brother, llegó el Big Brother del Norte! Mamita si usted lo vie... ¡Clic!

—Ajeno a la política situacional y al peligro de los carnales desbordamientos, él se deja llevar sencillamente por la deriva semántica, por el furor pulsional de los vocablos —dijo uno de los bifrontes catedráticos hermeneutas—. Pero vosotros, ávidos lectores postmodernos, queréis una historia verosímil, apropiadamente construida, con peripecias bien urdidas que prueben el valor “trascendente” del neorrealismo sucio pero insulso, la calidad autorial —cuasi místico-visionaria en el trabajo de planificación y orientación de la obra—, característica del supuesto narrador de agujeros negros, lacrimógenos recuerdos y desastres ontológicos…

No obstante, aunque nos encontremos en el Tercer Mundo —no popperiano por cierto y con grandes limitaciones diegéticas—, es menester decir ahora (ahora: jetzt: Hegel) que no solo de tramas y pirotecnias representativas vive el hombre, sino de toda palabra sonámbula que dice que sabe, sin saber que la sabe, la verdad metonímica de que nada está nunca totalmente presente y sabido (ahora) en la inabordable productividad translingüística y su construcción en abismo: aporéticos dispositivos generadores de realidad.

Y ello es así, pese a la voz del Gran Cíclope y su metarrelato de grado cero, que mentidamente decreta el fin de los metarrelatos bifocales [...]

[...] Horrible y ubicua la Mirada del Escriba…

—Cuando articula su discurso narrativo, un alguien innombrable busca la deriva, la fuga, la retracción, el flujo, el reflujo, la pérdida, el todo que se escapa imantado por la huida del fragmento: el texto como infinitud potencial o deus absconditus multicéntrico… ¡No pretendas comprar las líneas de fuga en el mercado! [...]

[...] Luego TrujiJack, el renombrado criminal-homicida, vio aparecer, entre humo espeso y delirante sonido de saxofones, al Minotauro Caribeño de las Copulaciones Efímeras, para gozar inmediatamente —ya sollozando y envuelto con la gran sábana de la aflicción en aquella sorpresiva madrugada terrible, manchada de tinta, semen, pólvora y sangre—, de una vengativa y torva serenata-aguinaldo, concebida-cantada por cautelosos letrados, por detectives y fiscales calvos, por viejas víctimas de la monstruosa cárcel La 40, por inútiles y melancólicos soldados con vendas ensangrentadas, por inoportunos oportunistas acreedores procedentes de otros reinos narrativos plagiados por el Águila, el Oso y el Tigre...

Se aproximaban al lecho del Destripador predicadores pentecostales vociferantes, con sus cachondas Biblias negras —cada mentido y apócrifo Evangelio en cuestión, cifrada, frívola y astutamente marcado con exóticos, lujosos, delicados y novísimos festones de madrás—; letales, perspicaces y ceñudos actores de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de Scotland Yard y del trujillista Servicio de Inteligencia Militar (SIM); comisiones paraoficiales de políticos, comerciantes, jueces, ladrones, militares y asesinos; cortejos de colonialistas anticolonialistas, de sonetistas, intelectuales, parásitos contemplativos y maniáticos resentidos carentes de talento; interminables séquitos formados por defensores de los Derechos Torcidos…

Finalmente, hicieron su bulliciosa aparición las infames o cándidas comadronas despechadas procedentes de las populosas barriadas de San Lorenzo de Los Mina, Pequeño Haití, Guachupita, Pétion-Ville, Gazcue, Cité Soleil, Ensanche Naco, Arroyo Hondo y Gualey, suburbios ubicados en el viejo y perseverante Santo Domingo Cosmológico del Siglo XXII.

Todos los miembros de esta grotesca y grandiosa multitud, empujándose violentamente unos a otros, trataban de introducirse de forma simultánea en la habitación lujosa del viejo TrujiJack. El gentío rompía las puertas y ventanas. El humo por las calles desgarraba los confines, y la indolencia de un ruido de motores arañaba la frente de la ciudad perdida.

En el abarrotado cuarto de TrujiJack, el corro esquizofrénico de aquellos cuerpos orgiásticos que rodeaban el lecho del villano-tirano constitucional —muchos de ellos tocados únicamente con extraños sombreros de copa alta, y en lo demás completamente desnudos; globosos y pedorreantes algunos; cadavéricos y fosforescentes los otros—, vocalizó melodías de letras demenciales con gran desenfado y feroz estilo heterofónico, al ritmo frenético de sus cornetas y tambores copulantes de orfeón desenfrenado, mientras los miembros de la gran comparsa manifestaban grotescos arrebatos de lujuria popular carnavalesca y globalizada, y estrechaban su círculo de modo cada vez más amenazador en torno a la gran cama de caoba con dosel donde dormía en su inocencia banal y ahora de nuevo despertaba —sorprendido, narrado y aterrorizado—, el pobre y mitológico Padre Destripador.

La muchedumbre cantaba: «¡Mataron al Chivo! ¡Cayó Duvalier! ¡Me llama el Big Brother! ¡Yo fui un Calié!»

—Eterno es el Retorno de los Espectros...

Y entonces, voces violentas indecisas frente a las Metrópolis levantaron decibeles contra la verdad de la Condena. ¡Emigraron muchedumbres en rotonda! ¡De sur a sur, de sur a norte, de norte a sur, de sur a norte, de este a oeste, de oeste a este, de sur a norte, de este a sur, de este a este, de norte a norte, de sur a norte, de sur a norte, de sur a norte, de sur a norte, de oeste a oeste, de sur a oeste, de oeste a sur, de sur a este, de sur a norte, de sureste a noreste, de noroeste a suroeste, de suroeste a noreste, de suroeste a oeste, de este a nordeste, de sureste a oeste, etc., etc., etc., como diría el gran Samuel.

¡Movimiento browniano de los flujos migratorios!

De pronto, TrujiJack el Destripador, convulsionando en un trance de fuego aglutinante, fue de nuevo la Doncella del Sacrificio, y el Minotauro, finalmente, con dulzura resopló en la rosada caracola ya desierta [...]

Armando Almánzar-Botello 

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2012

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Tomado del libro de relatos ¿Quiénes escribieron las historias? (2009-2012)

© Armando Almánzar-Botello, 2012. Santo Domingo. República Dominicana.

FRAGMENTOS DE:

“El delirio de Jack el Destripador. Manual en clave de historia patria globalizada, todavía escrito con el método freudiano de la asociación libre. (Poema en prosa patafísica)”.

A: Dante Alighieri, Miguel de Cervantes Saavedra, Fiódor Dostoievski, Manuel del Cabral, François Rabelais, Jacques Roumain, Gustave Flaubert, Knut Hamsun, Victor Hugo, Franz Kafka, James Joyce, Thomas Mann, Louis-Ferdinand Céline, Antonin Artaud, Herman Melville, André Breton, Tomás Hernández Franco, Georges Bataille, Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, Raymond Chandler, Pierre Klossowski, José Lezama Lima, Hermann Hesse, Samuel Beckett, Severo Sarduy, Jean Genet, Julio Cortázar, Pedro Francisco Bonó, Italo Calvino, Eugène Ionesco, William S. Burroughs, Francisco Angulo Guridi, Tristan Tzara, Ramón Lacay Polanco, William Faulkner, Aída Cartagena Portalatín, Aimé Césaire, Derek Walcott, Fernando Arrabal, Henri Michaux, Francisco Nolasco Cordero, Wole Soyinka, Norman Mailer, Lewis Carroll, Alfred Jarry, Arturo Rodríguez Fernández... In memoriam.

A: Marcio Veloz-Maggiolo, Thomas Pynchon, Iván García Guerra, Gabriel García Márquez, Umberto Eco, Andrés L. Mateo, Giovanny Cruz Durán, Paul Auster, Enrique Vila-Matas, Cayo Claudio Espinal, Rey Andújar, Tony Raful Tejada, Pedro Antonio Valdez, Armando Almánzar Rodríguez, Diógenes Valdez, Mario Vargas Llosa, Pedro Granados, Pastor de Moya, Manuel Mora Serrano, Toni Morrison, Pedro Vergés, Don DeLillo, Pedro Peix, Manuel Matos Moquete, Roberto Marcallé Abreu, Efraim Castillo, José Enrique García, Manuel García Cartagena, Junot Díaz, Alejandro Jodorowsky...

Tomado del libro de relatos ¿Quiénes escribieron las historias? (2009-2012). © Armando Almánzar-Botello, 2012. Santo Domingo. República Dominicana.

ADENDA. Marzo de 2015

Este alucinante texto se propone constituir en realidad un poema en prosa: dramático-grotesco, de catadura neoexpresionista, postsurrealista y neorrealista-figural, no meramente imitativo-ilusionista como es el caso de los “ingenuos espejos tipográficos” (Armando Almánzar-Botello dixit: 1977-1978), los cuales pretenden redimir el mundo de todo su dolor, pero descuidando las imbricaciones erógenas, las bifurcaciones y confluencias micropolíticas y libidinales de las galerías y rizomas enigmáticos de la letra, la ficción, la escritura, el cuerpo, el poetema y la carne del mundo.

“Fragmentos de un Bloque” es un texto postmoderno escrito en clave de humor negro e ironía transformativo/connotativa. No es un mero reflejo ilustrativo que denota, de modo excluyente, las realidades históricas o sociales de un determinado conglomerado humano.

No es, como muchos relatos convencionales, un manual sociológico-nostálgico de vivencias de la infancia, de los viajes o desplazamientos físicos de los personajes, del viejo barrio citadino con sus valores tradicionales, de la gran urbe moderna que se abre amenazadora para el actante completamente previsible, (acompañado todo esto de la consabida o manida moralina implícita en la torpe crítica social a la corrupción y sus múltiples modalidades: “La sociedad está muy mal, sí, pero prosigamos cosechando éxitos…”).

Aunque bien podría implicar, de una forma oblicua, todo lo señalado con anterioridad, el texto-poema al que ahora nos referimos se propone instituir, con pertinencia, una “lúcida poesía delirante o alucinada”, esquizo-deseante (Deleuze-Guattari), modulada en sus detalles por una conciencia vigilante y un dominio del oficio de la escritura polivalente que explore, a través de un cierto humor negro, lo informe, lo grotesco, lo siniestro, lo abyecto, en el acto de vislumbrar nuevas configuraciones de signos y sentidos múltiples, enigmáticos y abiertos.

Mi texto ansía un afinado trabajo especular (en espejo) sobre las posibilidades y recursos de incubación y producción textual que caracterizan a la escritura (de)constructiva como “destructora” y “generadora” de Realidad.

Dicha (de)construcción en abismo podría poner en juego —con “lucidez en claroscuro”, cuando arma su campo de posibilidades semióticas o expresivas orientadas—, aquello que (más allá de la mera epidermis o falsa profundidad de las intrigas convencionales de las historias verosímiles y reflectantes de la realidad cotidiana, tópica: historias insípidas o densas pero finalmente representativas, ilustrativas o fotográfico-realistas), podría considerarse como una radiografía o tomografía micropolítica del cuerpo sutil de lo real inconfesable, entendido este como teatro semiótico-étnico e inconsciente socio-escritural (no colectivo: Jung) donde se trenzan, copulan o “endiablan” las pulsiones; como carnaval conflictivo de significantes y territorialidades semánticas; como recónditas, microscópicas e inéditas batallas en los ámbitos del infrasentido de las profundidades, de la “intersubjetividad” y la “carnalidad”, de la “intercorporalidad” sutil y compleja del mundo, como diría Merleau-Ponty...

     No se debe olvidar, sin embargo, que dicho poema en cuestión forma pieza en cierta máquina histórica, textual y deseante; se fractaliza en un rizomático, complejo, imprevisible trabajo poético-político-escritural en curso…

Armando Almánzar-Botello

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Marzo de 2015

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana

Otros blogs en los que figura este mismo texto “Fragmentos de un Bloque”:

Blog Cazador de Agua

Blog Tambor de Griot

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.

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OTROS BLOGS DE ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO:

Cazador de Agua                  

Tambor de Griot

ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO ES MIEMBRO DE LA “RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL”, REMES

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.

IMÁGENES:


IMÁGENES:

1) Nicolás Kalmakov: “Négresse” (Negra), 1929 

2) Fotografía de un ritual afroamericano con el agua

viernes, 29 de noviembre de 2024

¿FUE SEDUCTORA Y PERVERSA LA MUJER DE PUTIFAR? (Ilústrenme los exégetas que conocen el asunto y saben conceptualizar)

«El judaísmo resulta, entonces (y todavía más en su actual versión sionista, fundamentalista y fanática), la religión de “un” pueblo “elegido” dispuesto a cualquier cosa para preservar su hegemonía...» Armando Almánzar-Botello

«Pero además de Jacob, como favorecido nieto de Abraham frente al burlado hermano Esaú, también Yahúh/Yahvé/Jehová estaba con José... Luego lo estuvo Faraón y, por supuesto, El Soberano de Atón... Sutiles componendas místicas...» Armando Almánzar-Botello

     Por ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO

     «¡Ilústrenme, y guardaré silencio! Quiero comprender cuál es mi error.» Job 6:24

     A Emmanuel Levinas; a Jacques Derrida, in memoriam 

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Dicen algunas exégesis heterodoxas del texto bíblico que la aristocrática virgen y cantora Mut-em-enet, esposa en el plano meramente sociopolítico y formal —bajo la protección del dios de Tebas Amón-Ra, cuyo duplicado viviente era Faraón— del potentado eunuco egipcio Putifar, Potifar o Petepré, no era una simple mujer adúltera o gran puta seductora que traicionó y manchó su papel de adoradora consagrada de Amón o Amún —y también la fidelidad que le debía a su esposo Putifar—, sino que fue un instrumento, un medio involuntario elegido, una víctima humana selecta, una suerte de instrumental “chiva” expiatoria —psicológica, espiritual y moralmente confundida por el Mismo (¿el Otro?), el Altísimo y Eterno—, obligada por los designios insondables del prepotente Yahvé hebreo a seguir y enamorar a José, hijo favorito de Jacob y Raquel, para permitirle finalmente a ese vástago de la referida pareja, cumplir, por vías o medios inverosímiles, con su destino trascendental: ser encumbrado por Faraón como el sabio intérprete que supo descifrar aquellos decisivos sueños faraónicos de las vacas y las espigas, y propiciar así José, con su acertada hermenéutica y munido de gran poder espiritual y político, la unión del pueblo de Israel en territorio egipcio. 

De este modo se pudo manifestar la caprichosa preferencia que sentía el Dios de los hebreos por algunos de los miembros de la estirpe de Abraham. 

¿Qué puede uno esperar de cierta divinidad que recibió anteriormente por nombre Yahúh*, dios de la guerra y del desierto, señor dios de los ejércitos?*

¿Qué misterio es el de un Dios que siendo realmente omnisapiente y omnipotente permite usurpaciones de primogenituras, engaños y robos de sus bendiciones? 

¿Qué favoritismo extraño es este que funciona en ocasiones enturbiando u ocultando la virtud de los extranjeros para encumbrar de forma inhumana a los miembros de una tribu o de un pueblo en particular? 

Ese Dios debe serlo únicamente de dicho pueblo hebreo, pues tan solo responde a los intereses de Israel. 

La verdadera religión universal es el cristianismo, profundamente situado más allá de las nociones de raza, cultura y genealogía familiar.

Lo que digo no es de mi cosecha, es un viejo problema planteado por algunos de los que deslindan teológicamente el “judaísmo” del “cristianismo”. 

Como afirma el fallecido y brillante pensador judío-norteamericano Harold Bloom, Yahvé, ontológicamente, no parece remitir al “Padre” tal como este opera en el contexto cristiano de la Santísima Trinidad: “Padre, Hijo y Espíritu Santo”. 

Bloom más bien insinúa que fuera del contexto estrictamente judaico, la figura del Yahvé abrahámico se ve profunda y radicalmente alterada y pierde su esencia o auténtica sustancia mística. 

El judaísmo resulta ser —especialmente en su actual versión sionista, fundamentalista y fanática—, la religión de “un” pueblo “elegido” dispuesto a cualquier cosa para preservar su hegemonía...   

Emmanuel Levinas, por su parte, dice que Dios (Yahvé) “insiste” fuera de toda ontología, en una suerte de extra-ser. ¿Ein Sof (אין סוף)?

Jacques Lacan y Jacques-Alain Miller, a su vez, razonan que cierta dimensión de Dios pertenece al registro de lo “real-imposible”. 

El núcleo de mi argumentación me lo aporta, entre otros pensadores, el gran escritor alemán Thomas Mann. 

Dicho autor, por interpósita figura de uno de sus narradores de ficción y en algunos de sus apuntes críticos biobibliográficos, defiende, o por lo menos contextualiza, la inocencia de la esposa de Putifar, de aquella mujer que ha sido vista por una tradición de miles de años como la supuesta “seductora” egipcia de José. 

Este último, biznieto de Abraham y nieto de Isaac, colocado por encima de todos sus hermanos pese a ser el penúltimo de doce varones, era el preferido de su progenitor Jacob por su gran parecido con la madre Raquel, hija de Betuel, nieta de Nahor, sobrina nieta de Abraham y esposa favorita del hijo astutamente bendecido de Isaac. 

Pero además de Jacob, como favorecido nieto de Abraham frente al burlado hermano Esaú, también Yahúh/Yahvé/Jehová estaba con José... Luego lo estuvo Faraón y, por supuesto, El Soberano de Atón... Sutiles componendas místicas... 

Sigmund Freud (Moisés y la religión monoteísta) y Peter Sloterdijk (Derrida, un egipcio), entre otros, plantean la tesis de un supuesto Moisés muy diferente al de la tradición bíblica canónica: un Moisés egipcio de sangre, de nacimiento y de formación convertido posteriormente al culto monoteísta de Atón, creado por Amenofis IV (Akenatón) contra el tradicional espíritu politeísta egipcio y la casta religiosa y militar de los sacerdotes de Amún-Ra. En esta interpretación freudiana, Moisés, continuador de la tradición heteroegipcia (o heterojudía) de José, hijo de Jacob, hace causa común con los hebreos o judíos por la naturaleza monoteísta de la religión de estos, a la sazón esclavizados en Egipto. 

Así plantean Freud, Derrida, Sloterdijk y otros pensadores la continuación por medios judíos de un cierto egipcianismo de cuño monoteísta...

¿Misteriosos los caminos, caprichos y favoritismos del Señor?

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16 de octubre de 2021

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.