sábado, 27 de mayo de 2017

Balbuceos, lágrimas, cogitaciones...

«Si evaluamos la filosofía desde el punto de vista del saber dogmático cientificista, ella constituye una mera ficción o retórica inútil.

El psicoanálisis, por su parte, no es filosofía ni simple ciencia: es una coherencia teórico-práctica que opera en los contornos y fronteras de ambos territorios, de-limitando y desterritorializando los efectos de las respectivas praxis e interferencias del concepto filosófico y de las funciones lógicas y matemáticas. Esto se hace urgente y necesario en tanto que la estrategia del saber filosófico tradicional y el llamado discurso científico, implican una forclusión (Verwerfung) del sujeto deseante de la duda y el equívoco, un rechazo de la verdad destotalizante que aspira, como distinta del mero saber, a lo real imposible sin ley (Lacan).

El psicoanálisis es una teoría sustentada en el espacio clínico-práctico y cuasi-experimental del encuadre analítico. Como disciplina que conserva plenamente su vigencia epistemológica, el psicoanálisis da cuenta de la constitución y emergencia de la subjetividad y sus objetos, del sujeto barrado del inconsciente (sujet barré) y su objeto metonímico a: real-imposible que descompleta a lo simbólico, evanescente causa del deseo...» Armando Almánzar-Botello.

                           Imre Lakatos (1922–1974), gran matemático y filósofo húngaro.


Por Armando Almánzar-Botello



Me encuentro, en lo relativo a la filosofía de la ciencia, un poco en sintonía con el pensamiento de Imre Lakatos. Sus reflexiones y aportes sobre el tema de la “falsación” afinan indudablemente los planteamientos de Karl Popper. Aunque debo admitir que el rigorismo epistemológico de un Mario Bunge problematiza, y quizá “supera” en sus alcances teorético-gnoseológicos, las respectivas visiones de ambos filósofos epistemólogos.

“Mi” acuerdo o desacuerdo subjetivos con respecto a ciertos planteamientos de Lakatos sobre el  “valor de verdad” de algunos enunciados o proposiciones —si en “verdad” tiene validez lo que afirma Lakatos—, sería algo irrelevante para la determinación de dicho “valor de verdad”.

Para Lakatos, lo relevante en el proceso científico es la conjunción de verificación-falsación (falsación sofisticada lakatosiana) en un proceso concreto de investigación. Popper no invalida nunca la categoría de “verdad”, sino más bien la “certeza apodíctica” de raíz cartesiana.

La epistemología lakatosiana-popperiana —y en particular, el importante texto de Lakatos Metodología de los programas de investigación científica—, ha sido pensada por algunos psicoanalistas (Néstor A. Braunstein entre ellos) como posible vía para dar una suerte de rigor añadido al programa de investigación del psicoanálisis, no obstante el hecho de que el mismo Lakatos manifestó en su momento cierta renuencia a considerar al psicoanálisis como ciencia.

Ello no impide que un pensador como Jacques Derrida le atribuya, en su obra De la gramatología, un carácter “arcóntico” al psicoanálisis, en su calidad de campo de saber “extraterritorial” que medita sobre la posibilidad estructural de otros saberes, incluido en ellos el mismo discurso filosófico tradicional sobre la cientificidad. 

No todo lo que brilla es ciencia ni todo lo riguroso es por necesidad científico...

Friedrich Nietzsche conocía muy bien las implicaciones de lo que arriba afirmamos, cuando dijo, “tomando al toro por los cuernos”, que la ciencia no es lo máximo en las jerarquías del espíritu...

El psicoanálisis, por su parte, es una disciplina que delimita en abismo, de un modo “metaconceptual”, su propia especificidad, su particular campo de coherencia interna. El mismo Jacques Lacan abandona, finalmente, la pretensión de hacer ciencia dura o simplemente conjetural con el psicoanálisis.

No obstante, la falta de experiencia psicoanalítica de Lakatos, es decir, su desconocimiento del valor heurístico-práctico de la denominada “transferencia” en el contexto clínico y en el mismo territorio de la investigación (relaciones auto-transferenciales con los textos, inevitables transferencias contingentes con el saber constituido y con el Zeitgeist inconsciente, etcétera), determina que podamos aplicarle a él mismo su principio de que el valor de conocimiento de una teoría, perteneciente al llamado “Mundo Tres” popperiano, es independiente de la subjetividad de su creador o crítico espontáneo. Su valor científico [el de una teoría] depende solamente del apoyo objetivo que prestan los hechos a esa conjetura, nos advierte Lakatos.

En el caso del psicoanálisis, ahí están los notables resultados concretos de la aplicación de su corpus teórico-práctico en el ámbito de la clínica, tanto en el abordaje de las neurosis y las psicosis, como de las depresiones, los trastornos psicosomáticos, la anorexia-bulimia, la disforia de género, etcétera, etcétera.

A lo anteriormente dicho habría que sumar la repercusión “cuasi-filosófica” (Derrida), heurística, cuasi-hermenéutica del psicoanálisis, en las problemáticas antropológicas y político-ideológicas más “ígneas” del mundo capitalista contemporáneo y glocal

Para confirmar lo que arriba decimos, bástenos hacer referencia a las obras de pensadores de la relevancia de Alain Badiou, Jacques Derrida, Slavoj Žižek, Ernesto Laclau, Félix Guattari, Jacques-Alain Miller, Jorge Alemán, Judith Butler, Juan David Nasio, Sergio Larriera, Néstor Braunstein, Didier Anzieu, Diana Rabinovich, Eugenio Trías, Terry Eagleton...

Debo precisar ahora que no hablo aquí, necesariamente, de la concepción del psicoanálisis que se revela en aquella modalidad hermenéutica teorizada por un Paul Ricoeur en sus diversas obras, sino de un giro hermenéutico, digamos derridiano y post-gadameriano, si se quiere...

Con respecto a la afirmación lakatosiana-popperiana que dice: su valor científico [el de una teoría] depende solamente del apoyo objetivo que prestan los hechos a esa conjetura, el mismo Jacques Lacan ya había señalado algo parecido en su particular registro comunicativo cuando dijo: lo que prueba el poder de lo que denominamos 'procedimiento', es el hecho de que no está excluido que el psicoanalista carezca de toda idea relacionada con dicho procedimiento. Hay estúpidos: verifíquenlo, es muy fácil.

Jacques Lacan, cuando no merodeaba en torno a lo real-inabordable, imposible, sin ley, no se andaba con remilgos ni rodeos... ¡Verifíquenlo!


2010



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lunes, 22 de mayo de 2017

JACQUES LACAN Y EL “HACERSE EL MUERTO”...

«IGNORANCIA DOCENTE / DOCTA IGNORANCIA» Jacques Lacan

«La “ignorancia docente” de las redes sociales y de cierta letra banal impresa en libros y periódicos, no es la famosa “docta ignorantia” de los místicos cusanos... aunque ambas categorías, pese a su gran distancia en la potencia, participan de la misma metafísica “haptotrópica” de la presencia ontoteológica...» Armando Almánzar-Botello

     «Desde hacerse el Otro (A) hasta hacer semblante de a...» Armando Almánzar-Botello


Por Armando Almánzar-Botello

     «Ignorancia docente / Docta ignorancia». Jacques Lacan

     «La histérica pide a su Amo —que “supuestamente sabe”— la respuesta sobre el enigma que constituye para ella (y para todos) la causa de su propio deseo, pero de inmediato produce, por el carácter estructuralmente insatisfactorio de todo “saber constituido” para dar cuenta de la verdad del objeto ausente, una destitución o vaciamiento del discurso de dicho Amo, en su papel de instancia que puede ofrecer una presunta respuesta universal al vacío del goce perdido...». Armando Almánzar-Botello
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     El auténtico chiste lacaniano que representa decir: «La única manera de ganar una discusión a un filósofo es hacerse el muerto» (EL SFA), constituye un mero “plagio” transformativo de lo dicho por Jacques Lacan en relación al lugar de “neutralidad” relativa que para el gran psicoanalista y filósofo francés, en una primera etapa de su pensamiento clínico sobre el proceso de análisis (y prosiguiendo con la concepción freudiana revisitada), debe ocupar el analista posicionado como sede del código, “Otro simbólico” y “garante impersonal de la verdad”.

     Frente a la mencionada postura psicoanalítica freudo-lacaniana, las estrategias neurológico-psiquiátricas, las psicoterapias convencionales y los revisionistas freudianos, tienden a concebir el proceso terapéutico como relación complementaria entre un sujeto profesional de los saberes neurológico-medicamentosos o psicológicos, y su partner o compañero imaginario, el “enfermo”, comprendido este bajo la especie de “paciente mental”, persona sometida al saber maestro de las ciencias del cerebro y de la psique...

     Nos viene aquí a la memoria la importante distinción establecida por Octave Mannoni entre los silencios y decires respectivos del psiquiatra y del psicoanalista, en tanto que el primero se reserva un saber que aplica al paciente, y el segundo guarda un frecuente y receptivo silencio que permite al analizado desplegar libremente su decir, con los efectos (des)estructurantes y de posible valor terapéutico que dicha estrategia comporta.

     El silencio del psiquiatra es, según Mannoni, el silencio del que se identifica con un saber constituido, y lo aplica. El silencio del analista es un silencio de ignorancia y de apertura a una verdad constituyente por venir; su saber lo utiliza para seguir y orientar la cura, pero también para evitar en sí mismo los trastornos que podría producir en él la relación sostenida con las neurosis y las psicosis...

     Ese lugar de “neutralidad estructural” constituido por un Otro simbólico que administra los decires y el silencio como estrategias en el “tratamiento” psicoanalítico, Lacan lo identificaba explícitamente, frente al binomio “terapeuta-paciente” y sus peligros de seducciones imaginarias, con el lugar del “Muerto” en el juego de Bridge...

     Siguiendo con la metáfora del juego de bridge, el analizado vendría a funcionar entonces como “declarante”...

     El primer nivel del chiste, válido para el vulgo y por lo tanto garantía de su éxito más amplio como recurso humorístico en cuanto viene a tocar de modo freudiano una “verdad” oculta del inconsciente socio-cultural, alude a la idea de una indiferencia del receptor del mensaje, de un “ausentarse” del diálogo con el “filósofo”, de un “hacerse el muerto” frente al pensador como “sujeto que se supone sabe” y que pretende (se presupone), “aplastar” al interlocutor o simplemente conducirlo, de modo socrático, al “oprobio supremo”: la autocontradicción.

     Con toda la ironía implícita en esta estrategia popular que señalamos, la supuesta “astucia de la mala consciencia” incorregible aspira ingenuamente a neutralizar, por vía de una suerte de “evitación-aleve” de la figura paterna o del nombre-del-padre, la “palabra maestra”, esa palabra con vocación de cierre absoluto que, en todo acto de habla o discurso, puede operar como límite, como interdicción-prohibición, como aquella palabra “avasallante” que se atribuye al filósofo, entendido este, con todo su peso histórico y en su rol clásico de voz plenipotenciaria, bajo el expediente de “vía regia” por medio de la cual se manifiesta entre los mortales la potencia del Logos Spermatikós (Semina Verbi) y del Logos Apofantikós.

     Es como si el agente y supuesto “beneficiario” del chiste dijera:

     No entro en el juego discursivo del filósofo; cuando él “hable” o “escriba”, en lugar de responder a sus argumentos yo le mostraré que me ausento, que “bostezo”, que hago fading (que me desvanezco, me desmayo, me voy, me esfumo), frente a la pretensión que le supongo de ocupar el lugar del Amo en la famosa dialéctica aquella de Hegel.

     Frente a la presunta “Verdad” y la soberanía supuesta de su discurso, el filósofo-amo solo encuentra la “escucha” flotante-ausente de un “astuto esclavo”, más que dormido, histriónicamente muerto... Chiste logrado...

     Pero el estrato más profundo del chiste (“chiste para la parroquia”, como decía Henri Bergson en su obra La Risa; chiste para orejas psicoanaliticas) consiste o estriba en la nueva versión ahora entrevista o insinuada en el dictum lacaniano reformulado, lectura inédita que brota como un efecto sorpresa:

     En el chiste, parece producirse la identificación del “filósofo” con el “analizado”, entendido aquí el pensador en su más chata vertiente retórico-sofística, no de modo psicoanalítico-socrático... El filósofo es concebido por el sujeto light como simple agente de actos verbales inútiles, como simple “paciente” que debe ser sometido por el “vulgo” a una “terapia salvaje” que la “astucia” del esclavo, al pseudo-invertir la dialéctica hegeliana referente a las “luchas de puro prestigio”, viene a realizar a favor de la doxa, del discurso común y de los registros no formalizantes de la vida, lo sencillo y lo “espontáneo”...

     El mencionado “esclavo” trabaja en contra de una palabra envolvente que, por el rigor de su formalismo, tendería a resultar “ofensiva" para los valores creados desde la perspectiva del pragmatismo, de la ley del mínimo esfuerzo y del puro espectáculo.

     “Hay que prestar oídos sordos al necio” (al filósofo), parece decir entre líneas, de un modo sarcástico, el breve texto plagiado-transformado en el cartelito de marras, halagando así el odio antiintelectualista del hombre-masa contra los discursos más o menos densos, resentimiento denunciado en su momento por Isaac Asimov, entre tantos otros, cuando afirmaba: La presión del anti-intelectualismo ha ido constantemente abriéndose paso a través de nuestra vida política y cultural, alimentada por la falsa noción de que la democracia significa que “mi ignorancia es igual de válida que tu conocimiento”...

     Para Lacan, en cierta etapa de su pensamiento, el éxito de la cura y “los principios de su poder” dependían de que el analista mantuviera su neutralidad como Otro, que no cediera ante la “seducción” y las demandas del analizado; reclamos estos motivados de un modo inconsciente por el esfuerzo que tiende a realizar el analizado para “formar pareja o dupla imaginaria” con su analista. 

     Por esta ultima vía se producen todos los efectos negativos que se derivan de la identificación imaginaria con el analista, cuando este, en el proceso dialógico del psicoanálisis, viene a cristalizarse de un modo equívoco y técnicamente “perverso” como sujet supposé savoir (“sujeto que se supone sabe”)... y se lo cree.

     El analista, cuando asume su rol propiamente freudo-lacaniano, aspira a propiciar la emergencia o producción de las “verdades inconscientes” del propio analizado, sin proponerle una pasiva identificación con el “terapeuta que sabe”, o con alguna otra figura modélica a seguir.

     El analizado, en el proceso analítico en curso, debe producir su propio “Ideal-del-Yo”, más allá de las seducciones imaginarias de un “Yo-ideal”.

     Llegados aquí, en esta “napa sumergida” del chiste de marras, resulta posible observar que se contrastan en el rótulo en cuestión dos planteamientos relacionados pero diferentes:

     1) La única forma de curar a un “paciente” neurótico es “haciéndose el muerto” frente a sus demandas “locas”, negándose el psicoanalista a formar pareja imaginaria con él, situando con su “silencio estratégico y táctico” el deseo del analizado de encontrar la “palabra plena” de la neurosis en su espera ilusoria de una respuesta concluyente a la demanda voraz que pretende agotar la totalidad del Deseo que la subtiende.

     2) La única forma de “curar-derrotar” a un filósofo “aprisionado” en su afán de lograr la “verdad plena” —batallando este, a veces, con el “(re)molino de palabras” en el que puede sumergirse ¡y sumergirnos! en su búsqueda compulsiva de “La Verdad”—, sería... ¡hacernos los muertos!

     Posible fin de la cura, del análisis... o del “diálogo filosófico”...

     Pero se trata, en este caso, de un “hacernos los muertos” que no se produce por miedo a la carencia o a la falta, ni por incompetencia estético-filosófica, intelectual o técnica (lo que resulta muy usual), ni tampoco por “antiintelectualismo envidioso” e impotente (también usual), sino por amor descarnado a la no forclusión del decir contra la pretendida hipóstasis de lo dicho, por la apertura infinita y el amor a la emergencia posible de una verdad desestabilizante, nueva, entendida como neoformación discursiva indecidible y “monstruosa”, como testimonio de la singularidad del otro que somos y que nos espera, de nuestra radical capacidad para “saber-hacer-ahí” con el síntoma (symptôme) convertido así en sinthome borromeo, bajo el carácter de parlêtres (cuerpos hablantes, cuerpos parlantes, parlaseres), tal como concibe Lacan al sujeto (in)humano en su relación con esa lalangue “archioriginaria” que subtiende a todo posterior deslinde universitario efectuado entre lengua y habla...

Armando Almánzar-Botello

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Febrero de 2016 

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sábado, 20 de mayo de 2017

Hilo de la carne. (Cabeza de Bacon I)

«¡Estúpido el Poeta, Gran Amo de la Nada: metafísico exégeta del Hambre!» Armando Almánzar-Botello

«…Nunca me han convencido las meras poses de "vanguardismo" o "malditismo", ni existenciales ni artísticas. El llamado malditismo, como se ha dicho tantas veces, no es el efecto de una decisión personal, es sencilla y terriblemente una pura fatalidad, una respuesta vital —creadora en particulares ocasiones— a un callejón sin salida. Si algunos artistas y pensadores desgarrados por las contingencias de la vida se asumen como trágicos en sus respectivas obras, y conmueven a un determinado público (auditorio casi siempre restringido y selecto en una primera fase de la recepción de los nuevos mensajes creadores, aunque no siempre), ello es resultado de su vigorosa reacción estética frente a la desgracia real y padecida que los convirtió en "malditos". El "malditismo" no es, como algunos creen, un "divertimento" existencial ni una simulación ni un pasatiempo. No es una elección light o soft. El maldito, tanto como el "bendito", si tiene genio y talento, si alcanza con su obra un genuino valor artístico, sólo pone en práctica lo que Nietzsche denomina: "Devenir el que se es". El gran artista maldito es activo y creador por medio de su arte, aunque por variados motivos pueda fracasar en otros planos de la existencia... Su obra, si posee calidad, ofrece el testimonio de la más esencial de las victorias. El resto es comedia, oportunismo, imitación frívola, vulgar, ingenua, o simplemente perversa... Finalmente, debo decir que yo, por motivos temperamentales y al no ser una gran artista, prefiero, en mi discreto hacer personal cotidiano, los modestos logros de un "benditismo" artístico moderado...». Fredes Báez Santana y Armando Almánzar-Botello 
                                   
Francis BaconCabeza I. 1948.

Por Armando Almánzar-Botello

Don Mario Vargas Llosa, admirador de Francis Bacon.


No logra solo el Tedio escribir sin un metrónomo. No puede abrir su cuerpo sin la música el Deseo. Áspero el sudario en la fiebre lo presiente.

Oscuros torreones del Ego acorralado sienten miedo por los bordes: hay grafemas derretidos, óleoputrefactos.

Muy vivos los tejidos del origen lo respiran: metastásica, ekfrástica ectoplasmia... Con ellos el pintor envuelve amantes de su enigma: ¡polimorfo transmuta y se libera!

Mordida por el garfio turbulento y por la espina, rota página herida su carne atormentada, desolada otra figura en letras lo desangra. Al fin lo escribe al viento.


No puede solo el miedo en mangas de camisa decir sobre una mesa delirante su paraguas. No puede. No alumbra con navajas la memoria 
caracol de baba negra espiral manierista del misterio…

El ritmo es decisivo si marca los aullidos… ¿la Voluntad de Forma?...

¡Estúpido el Poeta, Gran Amo de la Nada: metafísico exégeta del Hambre!

El hombre solitario de labios mutilados y lengua serpentina, quebrado el verbo impúdico, tinieblas la ventana, grita lo siniestro vacío de sentido cojeando en 3x4 el horror en su aventura.

Luna es gato putrefacto a través de las persianas…


Arde un hombre solitario y la noche lo amenaza: fría sombra gigantesca y su rumor de rascacielos. El Metro es la serpiente subterránea con faroles que lo arrastra prisionero y veloz hacia el Infierno…

Cama descompuesta, rostro y toro confundidos, vuela furia por la frente hasta la boca convulsiva.

Sangra el hilo de la carne los amarres viscerales: Tigre y Minotauro junto al Cíclope del miedo. Pero hay huesos lacanianos, litorales de la letra... cirugías...


Abierto lo (im)posible: Eterno es el Retorno del Espectro en la Memoria, el derrumbe indestructible del Olvido.

En noches rojizas por espesos augurios —vapores arcaicos de la sangre— se mira su otro yo el hombre pensativo. Inventa los balcones, un astro esquizofrénico, límpido y barbado cazador de los espejos…

En el décimo piso de la muerte, las aristas de su cuarto alucinante fosforescen.


Asomado a la ventana, bebiendo la tiniebla, Bufón equilibrista se ríe del vacío: túnel que vomita lodo de cloaca y sombra infame de guarida.

Camina el pensamiento por la ruta de lo incierto. Delira una violenta belleza en la basura…

Y el arte alza el vuelo, levanta catedrales contra el tiempo y el olvido: negros cubos beckettianos del desastre…

Lenta cama del insomnio, escrita cara desgarrada, sube rabia por la frente hasta la boca vengativa.

Si la mano de la noche apaga la bombilla: fríos dientes carniceros desangran luz de luna.


¿Dónde habita el gran fulgor, el Otro herido?...





Noviembre de 2006



Tumoración textual en versión retocada extraída del libro:

Francis Bacon, vuelve. Slaughterhouse’s Crucifixion.
Editora Ángeles de Fierro, 2007, San Francisco de Macorís, R.D.

Páginas 18 y 19.


© Armando Almánzar-Botello.
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                            Francis BaconTres estudios para una crucifixión. 1962.

viernes, 21 de abril de 2017

SINTHOME

«El psicoanálisis, más que ninguna otra praxis, está orientado hacia lo que, en la experiencia, es el hueso de lo real». Jacques Lacan.

«En la civilización actual del espectáculo capitalista, el Nombre del Padre perimido, el Ideal que producía devenires transformadores, el vacío de lo real que resiste, se ven sustituidos por la bulimia de la mercancía, por la imagen de los objetos consumibles y el spot publicitario, por un mandato superyoico al goce sin medida y a la felicidad ilimitada». Armando Almánzar-Botello.



Por Armando Almánzar-Botello

A Jacques Lacan; a Jacques Derrida. In memoriam.


Al publicar un síntoma tórnase incurable: se transmuta
la fonética, la música del hueso en la escritura.

Insólita suplencia de una falta...
                                                     (Im)posible des-decir
el poema paradójico del Ser así con letras...


                                            Fragor de lo agrietado
en la cadena de fonemas.
                                            ¡Rota!
Diseminante al fin...
                                  Genético desgarro de fotones.
Dice:
           ¡acéntrica semántica del polvo!

Brilla un Se impersonal cuando silencia.
Y áspero el síntoma
                                  (lo)cura...
¿punto?...
                 Comunidad insospechada que a partir
del sinsentido se sustenta,
                                             lo herida,
                                             lo sujeta,
al sujeto lo revierte.
                                 Lazo extraño por venir...
¡Fármaco-escritura!:
                      lumínico vendaje y muerte cierta
lo Real de otro cuchillo.
                                       Habita el Ser su doble vínculo.

¡Sésamo, ábrete, cesa un dios de no decirme!
Tanto tiene de ti-niebla tu luz, como de ríspida
mujer se torna el mundo…
                                            La tomo aquí despierto:
en pura guerra de un azar ya sin fractales...

Lóbrego yo labro y líquida la piedra se vierte impredecible:
Oro ardiendo inagotable:
                                         la Palabra.
Lo digo en el diván polivalente: Lo-cura nada el tiempo:

el Universo...



Febrero de 2007. (Texto retocado).

Otro blog en el que figura este mismo texto:

Blog Cazador de Aguahttp://tambordegriot.blogspot.com/2013/03/sinthome.html

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JOYCE Y EL ENIGMA DEL ZORRO (IV)
«Uno solo es responsable en la medida de su saber hacer. ¿Qué es el saber hacer? Es el arte, el artificio, lo que da al arte del que se es capaz un valor notable, porque no hay Otro del Otro que lleve a cabo el Juicio Final. [...]» Jacques Lacan. Seminario 23. “El Sinthome” (sobre James Joyce). Paidós, 2006, página 59.

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Adenda:

ESCRITURA LITORAL, FRONTERIZA...

     «Escritura no es tan solo mera escripción, ex-cripción o grafía... Entendemos por “letra”, en la vía abierta por Lacan, la materialidad pura del significante como semblante roto, cuando deja de aparecer en el registro de lo simbólico y se manifiesta en lo real imposible lacaniano, en la caída del decir analítico donde la palabra se revela por lo que oculta: vacío, goce y acontecimiento en los cuerpos; escritura litoral, dislocada, bilocada, entre la deflación del sentido y la pulsión vislumbrada en su dimensión real de sinsentido fáctico. Escritura y letra: testimonios paradójicos, fronterizos (Eugenio Trías, Jorge Alemán, Sergio Larriera) del encuentro del sujeto con lo Real imposible, en la errancia problemática del Ser...» Armando Almánzar-Botello
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JAMES JOYCE: SÍNTOMA Y SINTHOME

     «Digo que hay que suponer tetrádico lo que hace al lazo borromeo —que perversión sólo quiere decir versión hacia el padre— que, en suma, el padre es un síntoma, o un sinthome, como ustedes quieran. Plantear el lazo enigmático de lo imaginario, lo simbólico y lo real implica o supone la ex-sistencia del síntoma.» Jacques Lacan: Seminario 23. El Sinthome. Paidós, 2006, página 20.

     «Uno solo es responsable en la medida de su saber hacer. ¿Qué es el saber hacer? Es el arte, el artificio, lo que da al arte del que se es capaz un valor notable, porque no hay Otro del Otro que lleve a cabo el Juicio Final. [...]» Jacques Lacan: “Joyce y el enigma del zorro (iv)”, en Seminario 23, El Sinthome (sobre James Joyce). Paidós, 2006, página 59.
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     Por Armando Almánzar-Botello

     Aun en las Psicosis, el Otro del lenguaje entendido como “sede del código y tesoro de los significantes”, o como simple “lalangue” o sinsentido (el inconsciente real, no el inconsciente simbólico), se revela originalmente en su inconsistencia: le falta el significante del cierre, de la completitud que vendría a detener la dimensión procesual de la cadena significante o la polifonía ilimitada, radical, autista, de la letra gozada, tal como la concibe Jacques Lacan en el caso de James Joyce, por ejemplo: (S1…S1…S1…).

     La letra, como pura materialidad “bi-locada” del significante, no hace cadena significante propiamente dicha (S1–S2), sino mera “lluvia” de Significantes Amos (S1…).

     En este último contexto, el sujeto “parapsicótico” encuentra su coartada al identificarse con “eso” que le permitiría completar de modo imaginario el hueco del Otro primordial. El resultado final de dicha estratagema podría ser la llamada “emancipación alucinatoria”: el sujeto capturado por lo imaginario preespecular (esquizofrenias) o especular (paranoia), se constituye en testimonio viviente del goce absoluto y la omnipotencia del Otro, con los resultados catastróficos ya conocidos por la clínica de las psicosis.

     El sujeto normal o normativizado en un discurso que hace lazo social (el sujeto neurótico-perverso con cierta funcionalidad o identidad civil), es aquel para quien ha funcionado el Nombre-del-Padre, entendido como Metáfora Paterna que permite el acceso al segundo tiempo lógico de la Represión Originaria (Urverdrängung), generador del deslinde tópico entre inconsciente-preconsciente-consciente. Por eso el primer Lacan escribe: “La castración quiere decir que es preciso que el goce sea rechazado para que pueda ser alcanzado en la escala invertida de la Ley del deseo”.

     En las neurosis la castración se reprime (Verdrängung), en las perversiones la castración se reniega o desmiente (Verleugnung), y en las psicosis desencadenadas, es decir, en las psicosis no sinthomatizadas (no compensadas o no suplementadas), la castración como falta, inconsistencia o incompletitud en el Otro, se forcluye o repudia (Verwerfung).

     La locura es constituyente (forclusión generalizada); la psicosis es algo constituido (psicosis desencadenada por forclusión del Nombre-del-Padre).

     Las psicosis sinthomatizadas, ordinarias (Miller), enmascaradas, suplementadas o compensadas, son estructuralmente psicosis, pero sin las manifestaciones clínicas “espectaculares” que caracterizan a las psicosis clásicas conocidas como “Paranoia” y “Esquizofrenia”: trastornos del lenguaje, dislocaciones imaginarias o no constitución plena del esquema corporal y del cuerpo propio debido a problemas padecidos en la llamada Fase del Espejo, “empuje a la mujer”, alucinaciones, delirios, etcétera.

     Las estructuras nosográficas en cuestión (neurosis, perversiones, psicosis desencadenadas… y “psicosis ordinarias” o suplementadas por un “sinthome”: Lacan, Jacques-Alain Miller) no son la misma cosa, aunque puedan eventualmente confundirse o solaparse.

     De ahí la gran importancia del diagnóstico diferencial en las psicosis, pues de su valor y pertinencia dependerá la estrategia terapéutica, “la dirección de la cura” a seguir.

Armando Almánzar-Botello

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Agosto del 2007

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS BÁSICAS:

   —Jacques Lacan. Seminario 3. Las Psicosis. Paidós, 1986.
   —Jacques Lacan. Seminario 23. El Sinthome. Paidós, 2006
   —Jacques-Alain Miller. Los signos del goce. Paidós, 1998.
   —Jacques-Alain Miller y otros. La psicosis ordinaria. Paidós, 2003.

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.
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JAMES JOYCE Y LA SUPLENCIA DEL SINTHOME (Fragmento)

     Por Armando Almánzar-Botello

     «[...] A propósito de la singular escritura de James Joyce —patente de un modo paradigmático en obras como Ulises y Finnegans Wake—, Jacques Lacan habla, en su Seminario XXIII El sinthome (Paidós, Buenos Aires 2008, página 21) de un cuarto nudo que viene a enlazar los redondeles R (Real), I (Imaginario) y S (Simbólico), los cuales, en el aparato psíquico de Joyce constituyen un falso nudo borromeo en el que lo Imaginario (el sentido y la imagen corporal) está suelto como efecto de una forclusión psicotizante del nombre del-padre.

     »Con el expediente inventivo del “sinthome de su escritura artística”, el cual, de modo transmutante, ahonda en el original síntoma autista joyceano que consistía en gozar de la “letra como lluvia” y del “sinsentido” de la “lalangue” en el inconsciente real de los significantes amos sueltos, Joyce elabora y constituye una suplencia del nombre-del-padre, un enlazamiento cuaternario denominado por Lacan “sinthome borromeo”, síntoma “normalizador” o síntoma vinculante que le permitió al gran escritor irlandés hacer lazo social y evitar la locura [...]» Armando Almánzar-Botello (“Lacan y Joyce le sinthome”. Fragmento)

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Sábado, 2 de marzo de 2013

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana
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AULLIDOS (Diferencias de lo Mismo)

     Por Armando Almánzar-Botello

     «Mirror on mirror mirrored is all the show» William Butler Yeats

     «La técnica es la naturaleza misma, pues el animal técnico es una especie natural.» Jean-Luc Nancy

     «Poppet! Puppet! Papanatas... Pap! Pappy!, papagalleó la infanta, poniéndose colorada. Pup! Pop! Poppy!, y se toqueteó coqueta la amapola. Poppycock! Y me sedujo por la labia...» Julián Ríos

     «In the beginning was the pun» Samuel Beckett

     A Gilles Deleuze; al poeta vedrinista dominicano Zacarías Espinal, in memoriam

     A Julián Ríos
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     Y fue la incertidumbre ancla rota del beduino. Y fe la certidumbre alta nota del babuino. ¡Creo en Darwin! ¡Creo en Dios!

     Inflamaba engreimiento su ventrículo cardíaco, arribista-sapo-en-viaje paradójico. En las tetas jugosas de Tiresias nutría ese (i)letrado la impostura: azogaba su escritura con los ecos de su espejo : : que asmático y quiasmático hurtaba los reflejos deslumbrantes de otro espejo. ¿Textual Puesta en Abismo? ¿Mitología o Ciencia?

     —¡Así no más! ¡Así no más! ¡Así no más!

     Los aullidos se extendieron. Hasta narrar un solo cuerpo desolado se extendieron... [Armando Almánzar-Botello, dixit, 1975]

     (Por boca de aquel Sócrates caído, chupando con lujuria el cálamo sangriento, el andrógino Platón rememorando ahora escribe):

     Y me habló aquella placa especular ya frutecida: —imagen radiográfica de un texto, osamenta fraudulenta y sombra informe de fonemas— asustando con mil voces la inocencia soñolienta de los pájaros...

     —¡Así no más! ¡Así no más! ¡Así no más!

     Ha perdido para siempre lo eterno de su aliento: ha borrado el paraíso de su alma polimática, por ilícito y voluble. Sin pensarlo ha convertido el gran poema de los cuerpos que devienen singulares animales siderales, polimorfos, metamorfos, el poema de la carne que palpita en el púlpito secreto de los pulpos, en aviesa mercancía consagrada por la gula de otro ego irregular, ciego adicto de sí mismo, gatuno, mercurial, mentidamente plural como este punto absorto que no cesa (•) delicuescente, banal, invertebrado, mudo...

     «Cuidate» ahora tú demonio casi derruido –babilónico ídolo de tierra y excremento–, de la Furia originaria en la febril Tormenta, más lúcida y antigua que un calcado y torpe rito en ritmo invicto.

     Potencia ignota azotará la vieja página del mundo, repitiendo turbulenta en la memoria y el olvido: ¡eso incierto que ahora vuelve a desflorar presencias núbiles!

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Junio de 1976-1988 (Texto retocado)

     Ver el libro de Armando Almánzar
Botello titulado: Francis Bacon, vuelve.
Slaughterhouse’s crucifixion, Editora
Ángeles de Fierro, San Francisco de
Macorís, 2007, pág 36. República
Dominicana.

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.
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USOS LITERARIOS Y ARTÍSTICOS DEL JUEGO DE PALABRAS

     «Samuel Beckett, en su poema “Comment dire” (“What is the word”, en inglés; “Cómo decir”, en español), participa de un uso trágico-humorístico y desgarrado del lenguaje, uso que si bien no reviste por necesidad el carácter de suplencia de una forclusión del nombre-del-padre, de sinthome lacaniano estabilizador, no por ello deja de ofrecer el testimonio de una forma de lidiar con el “vaciamiento catastrófico de la significación”, con la experiencia trágica de un precipicio ontológico que, al ser bordeado por la “escritura cuasiglosolálica de la locura”, constituye y revela lo infundamentado de todo intento radical de aproximarse, por medio de la letra litoral en su materialidad fónica, a-semántica o a-significante, a la decadencia y a la vejez como antesala del abismo, al sinsentido de la muerte, a la ausencia de sentido de lo real imposible… al sentido balbuceante, siempre frágil y provisorio, de lo real contingente...» Armando Almánzar-Botello

     Por ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO

     «In the beginning was the pun» Samuel Beckett
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     El juego de palabras, como sinthome lacaniano-joyceano, parte de un primer tiempo lógico del síntoma (symptôme) en el cual este se ofrece como síntoma autista. Se denomina “autista” por encarnar el puro goce de la letra sin lazo social, fuera de la convencional cadena significante que genera significados precisos, abstractos. El síntoma autista se encuentra ligado a la potencia disruptiva del neologismo.

Cuando es trabajado sistemáticamente por cierta escritura, dicho síntoma autista (symptôme), como en el caso de James Joyce con su obra Finnegans Wake, puede llegar a constituirse en «sinthome» o suplencia del Nombre-del-Padre forcluido o repudiado.

Así, lo que podría presentarse como una psicosis desencadenada en un sujeto particular, se constituye en psicosis ordinaria “textualizada”, sinthomatizada o compensada. Esta función se desarrolla independientemente del “valor estético” de la obra en su especificidad semiótica: problema propio de los campos de la poética, la hermenéutica y la crítica literaria.

Lacan, Miller y otros analistas hablan de la construcción de un Ego escritural de suplencia. La base de esta posibilidad se encuentra en lo que Lacan denomina “lalangue”, a entender como dimensión real del inconsciente basada en un “lenguaje” primordial, originario, anterior al deslinde entre “lengua” y “habla”, y sometido a los procesos primarios de "condensación" y “desplazamiento”.

La “lalengua” se manifiesta en el sinsentido de la letra, en la pasión por el neologismo, en el juego homofónico de los significantes “brutos”.

Bajo la influencia del genial escritor esquizo Raymond Roussel —autor de Impresiones de África y Locus Solus—, el inmenso Marcel Duchamp logra integrar semióticamente la “lalangue” francesa en El gran vidrio, sus Proyectos y sus Juegos de palabras. De este modo, la incorpora al proceso de construcción de su revolucionaria obra plástica y de su extraordinario arte mixto y conceptual. No obstante, el uso que hace Duchamp del juego de palabras y de la escritura cifrada no reviste, aparentemente —como sí acontece, quizá, en el caso de Roussel—, el carácter de suplencia lacaniana del nombre-del-padre.

En el capítulo 68 de Rayuela, Julio Cortázar intentó escenificar algo emparentado con la generalización del sinthome joyceano, tal como esta generalización se produce en la obra del irlandés titulada Finnegans Wake. Utilizó la lluvia sintomática de “letras” (término de Lacan) como un recurso que busca generar “lazo social” a través de la invención artística. Este acto, en Joyce, persigue suplir los desajustes psíquicos provocados por el no funcionamiento, Verwerfung (Freud) o forclusión de la Metáfora Paterna.

Dicho trabajo sobre la dimensión material del significante le permitió a Joyce crear un “narcisismo” funcional de suplencia entendido como efecto de la constitución “ortopédica” del “Yo (Moi) Especular” a través de un acto singular de escritura. Dicho narcisismo implica una regulación o acotación de lo Imaginario desencadenado. (Jacques Lacan: Seminario 23, Le Sinthome).

Evidentemente, Cortázar (gran lector de Joyce) realizó en este punto concreto su acto de escritura bajo la influencia no solo de James Joyce, sino también de Lewis Carrol, François Rabelais, Antonin Artaud y los poetas dadaístas y surrealistas. Justo resulta mencionar aquí al César Vallejo de Trilce y al Oliverio Girondo de En la masmédula como reales precursores de Cortázar en este capítulo 68.

Samuel Beckett, en su poema “Comment dire” (“What is the word”, en inglés; “Cómo decir”, en español), participa de un uso trágico-humorístico y desgarrado del lenguaje, uso que si bien no reviste por necesidad el carácter de suplencia de una forclusión del nombre-del-padre, de sinthome lacaniano estabilizador, no por ello deja de ofrecer el testimonio de una forma de lidiar con el “vaciamiento catastrófico de la significación”, con la experiencia trágica de un precipicio ontológico que, al ser bordeado por la “escritura cuasiglosolálica de la locura”, constituye y revela lo infundamentado de todo intento radical de aproximarse, por medio de la letra litoral en su materialidad fónica, a-semántica o a-significante, a la decadencia y a la vejez como antesala del abismo, al sinsentido de la muerte, a la ausencia de sentido de lo real imposible… al sentido balbuceante, siempre frágil y provisorio, de lo real contingente...

Es pertinente recordar y señalar que los juegos de palabras sostenidos como juegos de étimos, neologismos y homofonías glosolálicas, aparecen ya en el Crátilo de Platón, por limitarnos aquí a la cultura occidental...

Esos juegos con un “sinsentido” previo al no-sentido fueron denominados “jitanjáforas” por el cubano Mariano Brull y por el mexicano Alfonso Reyes, aunque también fueron utilizados, como hemos dicho, por el poeta Oliverio Girondo, a quien Cortázar, en Rayuela, rinde justamente homenaje. En la poesía de la República Dominicana la jitanjáfora fue utilizada desde finales de los años 20 por el poeta vedrinista Zacarías Espinal.

No obstante, es necesario aclarar que la exploración cortazariana (incluso la misma experiencia carrolliana del significante, que participa más bien de una dimensión psicoanalítico-perversa propia de los lenguajes de superficie, como argumentan Artaud y Deleuze), es de naturaleza meramente lúdico-creativa y no cumple un papel de compensación o suplencia sinthomática, en el radical sentido lacaniano-milleriano de estos términos.

La invención del “glíglico”, “lengua” ficticia caracterizada por el ejercicio de una cierta potencia del neologismo, por la polifonía o polivalencia semántica, tal como aparece en la mencionada novela de Cortázar, es más bien, lo reiteramos, un ejercicio retórico-estilístico con la materialidad de los significantes. También lo es en Joyce, pero en este funciona con un “plus” realmente dramático y crucial.

En este contexto, los ludismos escriturales de Duchamp, de Cortázar, de Carrol, del dominicano Espinal, etcétera, no constituyen, como en Joyce, en Artaud o en Beckett, una forzada invención (sinthome: cuarto nudo) para lograr el “abrochamiento borromeo” de lo Real, lo Imaginario y lo Simbólico, y permitir así al sujeto sostenerse mínimamente cuerdo sobre la escena problemática del mundo.

Jacques Lacan ha mostrado que Joyce era un psicótico suplementado o compensado por una práctica singular de la escritura creativa, práctica que parte de una transformación artística del “síntoma autista” (symptôme), de la letra suelta y de la glosolalia meramente padecida, para convertir esos elementos en recursos formales, estilísticos y estéticos que hacen lazo social...

El irlandés James Joyce, autor del Finnegans Wake —obra que junto con el Ulysses constituye uno de los textos narrativos más importantes del pasado siglo XX—, realiza, en esa exploración del lenguaje que es de modo radical dicho genotexto, entendido como “infinitud potencial” (el Finnegans Wake), un sondeo del “sinsentido” y de la polivalencia lingüística, aspectos estudiados, entre muchos otros, por Jacques Lacan en su seminario sobre Joyce: El sinthome, seminario 23, y por Umberto Eco en su libro Las poéticas de Joyce. El gran escritor irlandés despliega sus juegos de palabras, condensaciones y desplazamientos glosolálicos, hasta vertebrar un libro de centenares de páginas ardidas por el juego y el fuego del significante-letra (Lacan), algo emparentado con la tradición del “nonsense” británico, con figuras como Laurence Sterne (Tristram Shandy) y Lewis Carroll a la cabeza.

Mundo-guión a subvertir de intratable obscenidad en lo real, con letras la escritura golpeando al traslapar, bordea el hueco hurtado con semblante-litoral... ¡Desmancha lo manchado y luego marcha!


     ¡Des-marcha!... ¿revolución?...

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Febrero 2002 (Texto retocado). ©Armando Almánzar-Botello. Todos los derechos reservados. Santo Domingo República Dominicana.
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VIDEOS:

1) Lewis Carroll: Jabberwocky

2) James Joyce reading Finnegans Wake

3) Antonin Artaud: Para terminar con el juicio de Dios

4) César Vallejo: Poema II de Trilce

5) Oliverio Girondo: Al gravitar rotando

6) Julio Cortázar: Rayuela, capítulo 68

7) Martin Heidegger: Intervenciones

8) Jacques Lacan explica la correlación entre el “ser” y el “lenguaje”

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Sócrates y el Lirio


«Sólo sé que no sé nada»Sócrates.
«Pienso, luego existo»Descartes.
«Pienso donde no soy, luego soy donde no pienso»Jacques Lacan.

                           Sensuales criaturas andróginas en el universo maravilloso 
                          del pintor cubano Pedro Osés Díaz (1954-2009).

Por Armando Almánzar-Botello


Flor andrógina de Mapplethorpe: 
Fulgía erguido su pistilo
entre los labios corola de su noche…

Lenta mi boca se acercó hasta la insolencia… 
Puso en ella su verdad: 
                                       la lengua… 
                                                          Tímida caricia 
Pizzicati de Hosanna         música 
Fluencia de los pulpos       aliento        gotas de rocío
memorias de la tinta          cálida saliva sacrosanta
                                           humedad de lengua 
que retorna 
sus bordados caprichos en la tarde 
haciendo poco a poco de las suyas
en aquel                        rosado 
                                      pulido 
tenso erguido palpitar…

Luego: solo supe que no sabía nada…


Agosto, 2006


Poema ligeramente retocado extraído del libro:
"Francis Bacon, vuelveSlaughterhouse's Crucifixion".
Editora Ángeles de Fierro, 2007. Página 23
San Francisco de Macorís. República Dominicana.


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CANGREJO


«La civilización es el desecho, el vertedero, la cloaca máxima». Jacques Lacan, psicoanalista y pensador crítico francés.

«Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba». Stanley Kubrick, director de cine y guionista norteamericano de ascendencia judía.


Por Armando Almánzar-Botello
                    
                    Ojos
de radares.
                    Barroca su armadura
renegrida.
Artrítico metrónomo crujiendo
a contratiempo.
                          ¡Disparate!
Con sus patas disperso en el detritus.
                           Nota rota:

Delir-arte es un crustáceo
                                      que retorna.
¡Ardiente y disonante por el borde!

                                  Sorda quiebra
del Ser.
              Remoto su fragor
sin ser notado.

                          Delir-arte.
Travesti polimorfo.
                                Eléctrico a través /

de la ventana.
Mecanógrafo cangrejo esquizofrénico.

Crítico y caótico maniático
te escribe                  te abre

arañando los desechos
del sentido
                      grietas de fonemas,

roturas de grafemas,
                                  grutas de la carne
                                  gritos encendidos.
Laberintos torturados
                                  ardiendo por tu
frente.


              Con otra luz bujía,
ocre araña en el alféizar de tu cráneo
las veredas…
                       De la plaza sitiada subterráneo,
oscuro crepitar del pensamiento.

¡Giran los rotores! ¡Deliran los motores!
Se turba la Razón, masturba monstruos.

Turbio
            y adentrándose
                                    filoso en el Afuera,
dentado adentro raspa
                                    su música concreta.
Despliegue revertido.
                                    Áspero teclado
cau-te-lo-so…

A través de la ventana
miro el vertedero:
un cangrejo mecanógrafo
                                         escudriña
la basura.

¡Ardió Troya!

Mana oscura la escritura de la mano de la muerte.



1986.


A la memoria del gran poeta dominicano Antonio Fernández Spencer, quien me sugirió en 1986 sustituir, como título de este poema de 1982, la palabra “Crustáceo” por “Cangrejo”, en homenaje al escritor, también dominicano, Rafael Damirón.


Cazador de agua y otros textos mutantes.
Antología poética personal 1977-2002.
Editora Nacional, 2003. Santo Domingo, R.D.
Páginas 45-47

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.


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CIUDAD

«Emancipado de la tiranía del paisaje, de las tonterías del arraigo, sin lazos, acósmico, el judío es el hombre que jamás será de aquí, el hombre venido de otra parte». Emil Cioran

«Bajo la forma del rostro sin rostro encontramos el llamado del Otro en su forma mas pura y radical»Slavoj Žižek





Por Armando Almánzar-Botello


Borracha la ciudad se levanta la falda
y muestra sin rubor sus laberintos:
vertederos inmensos del vacío,
ministerios atávicos de niebla,
iglesias resoplantes,
                                  y sus cárceles.

Tocada en las sienes por el humo
violeta del delirio,
                                  en crecimiento
cimbreante de caderas,
                                  con el bello
furor del vértigo
                                  desgarra
el tapiz vegetal del ciclo y de la forma…

Enfurece la ciudad
                                  frente a los muros.
Retornan desde adentro los viajeros del olvido:
historias palpitantes de la herida iluminada.

Loca boca del abismo,
descubre la ciudad sus cadáveres ocultos.
Y en el rostro cobarde del espejo que pregunta,
estrella desde el fondo
                                  un pájaro de sangre…



Febrero de 1981


© Armando Almánzar Botello. Santo Domingo, República Dominicana.

Poema tomado del libro:
"Cazador de agua y otros textos mutantes.
(Antología Poética Personal 1977-2002)
"
Editorial Gente 2003.Santo Domingo. R.D.





Otros lugares en la Red donde figura este mismo texto:


Vesión en PDF de la antología "La ciudad en nosotros. La ciudad en la poesía dominicana.":

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