«Il n'y a donc pas de concept pur, ni, bien sûr, d'intuition pure, d'intuition immédiate de l'haptique.» Jacques Derrida [«No hay concepto puro ni, desde luego, intuición pura, intuición inmediata de lo háptico.» Jacques Derrida]
«Muchos pretenden entender el complejo pensamiento de Jacques Derrida solo por medio de la Inteligencia Artificial. ¡Cayéronse del cielo! Algunos patanes se quejan de que es un pensador muy difícil, mas dicen comprender a Kant, a Hegel y a Marx. Lo dudo. El pensar-sentir asonetado, ya sin Góngora y Quevedo, hoy no se llama pensar: se llama emprendedurismo. ¡No entienden ni el origen provinciano de la gran meritocracia! ¡Jo! Hasta se proponen escribir sobre el gran pensador argelino-francés sin haber estudiado nunca ni una sola de sus obras. Otros lo han plagiado de forma penosa y descarada... ¡Tengo pruebas de los usos «indebidos» (por ser hurtos banales) de los polivalentes textos del autor de Aporías y de Glas (Clamor)! ¡Terror! Hace ya más de cincuenta años que leí por vez primera De la gramatología y La diseminación... ¡Ay! ¡Humor! Todavía leo activamente al gran polímata Derrida y escribo con cautela litúrgica sobre su poliédrica obra emblemática.» Armando Almánzar-Botello
HAPTOTROPISMO Y METAFÍSICA DE LA PRESENCIA
Brevísimo fragmento de mi exégesis de la deconstrucción que hace Jacques Derrida del motivo artaudiano y deleuziano de «Cuerpo sin Órganos» (CsO). Interpretación seguida de varias citas clave del texto de Derrida titulado El tocar, Jean-Luc Nancy.
Por Armando Almánzar-Botello
Jacques Derrida, sutilmente, insinúa la impensada y secreta pertenencia del llamado «Cuerpo sin Órganos» (CsO) de Antonin Artaud, Gilles Deleuze y Felix Guattari a la gran tradición platónico/metafísica de la presencia: tradición inmediatista, intuicionista, continuista, óptica pero también táctil, es decir, ocular, trópica y apropiadora: «hapto-trópica». Derrida viene a mostrar en su libro El tocar, Jean-Luc Nancy, la deuda que contrae con la tradición logocéntrica dicho «Cuerpo sin Órganos».
Concebido por Deleuze y Guattari como una pretendida ruptura radical con la metafísica negativista y falocéntrica implícita en la concepción lacaniana del deseo, este cuerpo sin órganos opera, para sus teorizadores, como indeterminación y polimorfia que sustituye al cuerpo de la homeostasis constituido en el espacio «estriado», cualificado y jerárquico convencional.
No obstante, a pesar de su metamorfismo en líneas y planos de fuga, de su generatividad que actúa en el «espacio liso» de la producción deseante y liberadora como supuesto ejercicio de un deseo situado más allá de la falta y de toda castración, para la vigilante lectura deconstructiva de Jacques Derrida este cuerpo sin órganos artaudiano-deleuziano se mantiene prisionero de una concepción idealista de la carnalidad, en su develada tendencia a la apropiación de lo próximo. El «Cso» de Antonin Artaud y Gilles Deleuze viene a encarnar así la apropiación ontológico-metafísica de una presunta plenitud de la presencia inmediata de lo dado, «ousía o parusía» por fin alcanzada o reconquistada.
A propósito de un aspecto, entre tantos, de Derrida, Jacques: El tocar, Jean-Luc Nancy, Buenos Aires, Amorrortu, 2011. (Ver notas de Derrida al final de los textos).
Copyright Armando Almánzar-Botello: Fragmento de «Introducción a la lectura de Jacques Lacan» (versión ampliada). Santo Domingo, República Dominicana.
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~PERFORMANCE VERSUS DISCURSO... (Nota escrita por simple hastío)
A los arcángeles del óxido y el miedo, a los redondos baluartes presumidos que ya no vuelan —si es que alguna vez volaron—, a los sujetos nómades que se olvidaron del callejón de atajo, y que por defender la supuesta dignidad de un doctorado escapan temerosos de lo aórgico... ¡Percibir una pipa es reconstruirla en el acto mismo de la percepción!
Por Armando Almánzar-Botello
El «texto» como «técnica generalizada» por mediación de la «huella» como «no presencia»: «Lo real es tan técnico como real es la técnica [...] ¿Se trata de una hipertrofia cancerosa del artificio, o es más bien el despliegue de las propias cosas? Cuestión ingenua si pensamos en cómo se han hecho profundamente más complejas las oposiciones entre naturaleza y cultura, entre auténtico y derivado, tético y protético, propio o impropio, ciencia y ficción, consciente e inconsciente [...] La afirmación de Derrida de que no hay “nada fuera del texto” —a menudo interpretada como una reducción fantasmática de lo real al lenguaje—, ¿lo que pretende señalar es que, en ausencia de todo referente primero y último, de todo sentido consumado, únicamente podemos considerar la intrincación de los reenvíos mutuos entre todos los entes y entre todas las instancias de existencia (la “naturaleza”, la “técnica”, el “animal”, lo “simbólico”, lo “efectivo”, lo “mítico”, etcétera)? La técnica es la naturaleza misma, pues el animal técnico es una especie natural.» Jean-Luc Nancy: La frágil piel del mundo, 2020
Para el filósofo argelino-judío de lengua francesa, Jacques Derrida, la différance, la traza, el grama, el himen, el tímpano, el párergon, el suplemento, la huella —como estructuras de no-presencia— operan siempre más acá y más allá del recinto lingüístico, más acá y más allá del discurso, del sentido contrapuesto al referente denotado —tal como piensan este binarismo Saussure y Frege—, más acá y más allá de la noción de «texto» concebido al modo filológico, taxativamente pensado de forma plana, simplista, convencional, o como articulación sígnica o enunciado fónico/gráfico, intencionalmente orientado en un proceso monologal o dialogal de producción lingüística de sentido, significado e interpretación (Sinn, Bedeutung, Deutung).
El cuasiconcepto de (archi)huella posibilita la deconstrucción de las oposiciones sujeto/objeto, consciente/inconsciente, humano/animal, lenguaje/realidad fenoménica, discurso/performance —tal como funciona este último binario metafísico en el discurso de Judith Butler, por ejemplo.
Lo reiteramos con hastío, el derridiano «no existe nada fuera del texto» (Il n’y a rien hors du texte) no implica ningún tipo de clausura de la meditación en el recinto estrictamente lingüístico.
Dicho enunciado simplemente debe orientarnos en dirección al hecho de que el objeto fenoménico «mismo», la cosa en su «evidente» objetividad, es un signo, como nos enseña el filósofo norteamericano Charles Sanders Peirce, una realidad que funciona en un juego relacional que desborda su presencia de cosa: que remite, en la percepción de su «cosidad», a otra cosa, por vínculos y reenvíos analógicos o diferenciales, y que así se descubre trabajada por la huella, por una red «rizomático-tabular» de remisiones diferenciales, esas mismas que determinan y ofrecen la percepción de los objetos «naturales» como una experiencia desde siempre afectada por la «artificialidad» de la «huella», la cual, de hecho, no es más artificial que natural...
He aquí la paradoja de la huella.
Nos dice Derrida en su obra fundadora De la gramatología:
«Según la “faneroscopia” o “fenomenología” de Peirce, la manifestación en sí misma no revela una presencia, sino que constituye un signo. Se puede leer en los Principles of phenomenology que “la idea de manifestación es la idea de un signo”. Por consiguiente no hay una fenomenalidad que reduzca el signo o el representante para dejar brillar, al fin, a la cosa significada en la luminosidad de su presencia. La denominada “cosa misma” es desde un comienzo un “representamen”, sustraído a la simplicidad de la evidencia intuitiva. El “representamen” solo funciona suscitando un “interpretante” que se convierte a su vez en un signo y así hasta el infinito.» Derrida, Jacques: De la gramatología, Siglo XXI Editores, México, 1978, p. 64
Nunca existe «inocencia» de la percepción. No hay captación directa o intuitiva de la cosa en su pura presencia o cosidad.
Toda percepción de la cosa, y la cosa misma en su cada vez más «problemática materialidad» (la Cuántica), están marcadas por la huella, por la diferencia, por la no presencia, por la indeterminación...
No digo que sin el trabajo de la huella no exista la cosa en tanto que physis, sino que la huella es anterior al deslinde neto entre physis y techne y condiciona la forma de percibir las dos categorías con sus concreciones y deslindes provisorios.
La indeterminación de la huella como diferencia viene más bien a (im)posibilitar todo deslinde paradigmático-binario entre «physis» y «techne», con la subsiguiente contaminación entre ambos términos del paradigma. Juegos modales, fractales, locales, de actos, tactos y contactos ecotécnicos, como viene a decirnos Jean-Luc Nancy.
En ningún texto de Jacques Derrida se ha dicho que el cuerpo animal, o la enfermedad, o los seres inorgánicos, o las realidades y prácticas políticas, culturales e históricas constituyan eventos meramente lingüísticos, discursivos, susceptibles de ser transformados y reducidos en su conjunto a la simple acción de las palabras. Eso vendría a constituir un puro idealismo subjetivo y una vieja y pesadamente fechada cogitación de raíz nominalista. La nave de la deconstrucción gramatológica derridiana no ancló jamás en esos litorales.
Una ingenua concepción «realista» o «performativista» del derridiano «no hay nada fuera del texto» (Il n’y a rien hors du texte), tiende a suponer que el autor de De la gramatología confunde el puro pensamiento discursivo, la magia, la brujería, el ámbito absolutizado del lenguaje o de las palabras, con el enfoque «objetivo», «científico-racional», práctico-instrumental de los objetos y procesos del mundo fenoménico.
No. No es así. A lo que el filósofo argelino de habla francesa apunta con su idea de una «textualidad generalizada y abierta» es a explorar y descubrir, en cada caso singular, cómo, aunque unos particulares o específicos fenómenos o realidades tengan su propia modalidad causal de efectuación y arbitraje, lo que permite «originariamente» captar la especificidad preontológica de estos resulta ser la huella, en tanto que, como estructura de la no-presencia y la remisión, ella viene a producir el juego relacional de producción o generación de sentido en el que se constituyen las oposiciones sujeto/objeto, inteligible/sensible, sentido/referente, lenguaje/realidad...
Ciertamente, operar sobre un organismo animal o humano, por ejemplo, intervenirlo científico-quirúrgicamente para extraerle un lito vesicular o renal, digamos, no se reduce a ser una pura operación lingüística, verbal o discursiva.
Esa operación constituye una práctica especializada que requiere de un «corpus de conocimientos» no solo médico-teóricos sino también manuales, instrumentales y corporales por parte del cirujano correspondiente, en tanto que poseedor este de una subjetividad/corporalidad y de unas destrezas técnico-cinestésicas, propioceptivas y hasta interoceptivas que actúan en su propio esquema corporal de sujeto-agente y que le permiten una labor coordinada en equipo.
Dicha subjetividad-corporalidad está labrada, digámoslo así, primero por su temprano, singular y complejo proceso genético-histórico de constitución lingüístico-simbólica y cultural como sujeto, y, más tardíamente, por unas disciplinas y saberes de alta especialización adquiridos con miras a permitir o lograr en dicho sujeto —como estudiante de medicina, como persona receptora de un discurso universitario especializado— cierta performance o desempeño cognitivo-instrumental, técnica y anatomo-fisiológicamente adecuado, cónsono con la meta de preservar la salud y la vida del posible paciente bajo su responsabilidad en una futura intervención quirúrgica.
No obstante, para que funcione a cabalidad todo este complejo proceso regido por sus propias reglas cognitivo-instrumentales y específicas, se hace necesaria la intervención de la huella derridiana entendida como campo genético archioriginario generador o posibilitador de sensaciones, percepciones, enlaces neurales o sinápticos en el mismo sujeto agente; interacciones propioceptivas e interpersonales; deslindes, flujos y fusiones, donaciones y sustracciones de sentido; operaciones producidas tanto en los planos a-significante, micro-subjetivo, pre-individual, impersonal, personal, interpersonal, transpersonal, ontogenético y aun filogenético.
Se hace allí necesaria la intervención de la economía del grama o de la huella, en tanto que estos, en su operatividad constituyente, posibilitan la configuración de pliegues, despliegues, repliegues, acontecimientos, continuidades e interrupciones, invaginaciones, estabilizaciones, concentraciones y dispersiones de sentido que vienen a constituir la tensión entre las bandas centrífugas de sinsentido y las contrabandas centrípetas de sentido-significado —las cuales deben ser consideradas, en el seno mismo de la llamada «praxis» concreta, como reales manifestaciones materiales de una «textualidad generalizada» que opera en el ámbito fenoménico mismo, definido este por sus modos particulares de regulación y marcaje, pero sin que nunca se sustraiga a esa paradójica «economía de la huella», a la indeterminación indecible, diseminante, que viene a caracterizarla como «archifenómeno genético de la memoria» (J. Derrida).
La archihuella derridiana, como ausencia de simple origen, constituye así una instancia indecidible, sin lugar fijo entre el adentro y el afuera, entre lo actual y lo virtual, anterior al neto deslinde metafísico entre todos los opuestos.
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Agosto de 2015
Copyright Armando Almánzar-Botello.
Reservados todos los derechos de autor.
Santo Domingo, República Dominicana.
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ADENDA 2015
20 de mayo de 2015
MENSAJE DIRIGIDO AL ESCRITOR Y AMIGO PERUANO PEDRO GRANADOS, A PROPÓSITO DE UNA NOTA DE SU AUTORÍA SOBRE EL LIBRO DOMINICANO MASA CRÍTICA
Por Armando Almánzar-Botello
A Médar Serrata; a Pedro Granados
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Saludos, querido Pedro. Conozco el trabajo de Médar Serrata: muy bueno; aunque podría ser mejor... Tengo el libro donde figura su intervención: Masa crítica. Memorias del Primer Seminario Internacional de la Crítica Literaria en República Dominicana (Editora Nacional, 2013), obra que, como su título indica, constituye una muy buena recopilación de textos crítico-literarios realizada por el Ministerio de Cultura dominicano, en la que se incluye a intelectuales del país en el ejercicio activo de la crítica literaria a través de los diferentes medios, tanto a nivel nacional como internacional.
Debo decirte que Serrata confirma, en cierta zona de su ensayo, un deslinde entre el concepto (post)estructuralista (derridiano) de «texto» (instancia presuntamente desencarnada, descorporizada, establecida en relación con «un saber letrado» que de un modo supuesto difumina la «realidad» concreta, socio-cultural e histórica), y aquello definido como «performance» por la gran pensadora de la «teoría queer» y crítica de la guerra imperialista norteamericana, Judith Butler.
Esa «performance» (no digo «aquí-ahora» «performatividad») implica los desempeños del cuerpo, los actos corporales como formas de construir y transmitir conocimientos en la acción socio-cultural y política de superar o «desbordar la epistemología de Occidente» (Serrata dixit).
Aunque lo dicho por Serrata podría resultar válido para un cierto estructuralismo cerrado, deconstruido precisamente por el trabajo de Jacques Derrida, es preciso aclarar una vez más que el concepto derridiano de Il n’y a rien hors du texte («No hay nada fuera del texto»), no comporta una hipóstasis o esencialización del «lenguaje doblemente articulado». No niega la realidad relativamente autónoma de aquello que Butler denomina «performance», como acto creativo, en contexto histórico y cultural, que viene a involucrar al cuerpo y al comportamiento.
Allí Derrida reconoce más bien el funcionamiento de una productividad semiótica plural que desborda lo meramente lingüístico.
El concepto derridiano de «textualidad abierta», como digo, supera lo simplemente «lingüístico» para incluir también, por intermediación de la categoría de «huella» como estructura de la «no-presencia», eso que funciona supuestamente al margen de la textualidad bajo el carácter de lo corporal, lo social, la historicidad concreta, la política...
La oposición binaria «sentido» / «referencia» viene a ser pulverizada o deconstruida en la conceptualización crítica de Derrida.
Todo el que interpreta y contextualiza de un modo «mínimamente» válido el pensamiento de Jacques Derrida sobre la relación entre lenguaje y mundo, sabe que la «textualización derridiana» no comporta una homologación o «desdiferenciación» entre «lenguaje» y «realidad» sociopolítica e histórica. Derrida reconoce la diversidad de sus registros operativos.
El «no hay nada fuera del texto» derridiano jamás puede implicar un ingenuo retorno del idealismo trascendental implícito en la concepción medieval del mundo y el universo como Gran Libro Sagrado que amerita la intervención de un Gran Hermeneuta que descifre los Mensajes de un Autor Omnipotente. Es todo lo contrario de esta onto-teo-teleología de cuño falogo-fonocéntrico.
El texto, tal como lo concibe Derrida, más bien muestra que la llamada «realidad» es una construcción histórica trabajada también por la «huella», por el juego de las «diferencias y cesuras».
No obstante, Derrida, en su generalización estratégica de la categoría de «textualidad» y rompiendo con el concepto convencional y filológico de «texto», reconoce también que las transformaciones de la realidad sociopolítica obedecen a regulaciones muy específicas en el territorio complejo y multidimensional de dicha textualidad. Nunca establece una contraposición maniquea entre «archivo» y «repertorio de prácticas culturales»; entre lo que denomina registro «auto-biotánato-heterográfico» y «performance»...
Reitero algo planteado y «archidiscutido» desde hace largos años : El derridiano «No hay nada fuera del texto», no implica que, como dice el mismo Derrida, las «diferencias» entre «lenguaje lingüístico» y «realidad» se «puedan ahogar confusamente en la generalidad de un elemento homogéneo, indiferenciado» (Derrida)...
Por otro lado, en diversos aspectos, la escritura y el pensamiento de la Judith Butler autora de El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad; Vida precaria. El poder del duelo y la violencia; Marcos de guerra. Las vidas lloradas, etcétera, están parcialmente inspirados por las obras de filósofos como Derrida, Levinas, Lacan, Foucault, entre otros... Esto ha sido dicho por ella misma, de una forma explícita o no. No obstante, aquí la Butler no acierta en su reinstalación de él referido binarismo:
Transcribo a continuación un párrafo que me parece importante porque revela meridianamente —en el trabajo de Médar Serrata que figura en la obra colectiva Masa crítica—, la interpretación inadecuada que la gran filósofa lesbiana Judith Butler y el poeta y académico dominicano realizan del concepto derridiano de «texto», reducido este último, de un modo empobrecedor, a su significado meramente filológico:
«...El desplazamiento de la noción de discurso por la de performance desestabiliza la posición privilegiada que pretendía ocupar el crítico como poseedor de la llave de acceso al conocimiento de todos los aspectos de la realidad. Pues si el universo tuviera la estructura de un texto, ¿quién mejor dotado para desentrañar sus secretos que el experto en asuntos del lenguaje? Sin embargo, no se trata de abandonar el estudio de los textos o de las otras manifestaciones del archivo. De lo que se trata es de ver los textos como portadores de saberes en diálogo constante con otras formas igualmente ricas y complejas, dotadas de sus propios códigos, sus convenciones y maneras de preservar o resistir las estructuras de poder...» (Fragmento pp. 251 y 252) Médar Serrata. “Literatura, discurso y performance”, en Masa crítica. Memorias del Primer Seminario Internacional de la Crítica Literaria en República Dominicana, Editora Nacional, 2013, Santo Domingo, R. D., pp. 245-252
Relativamente vieja pero no agotada «conversación»...
20 de mayo de 2015. Texto publicado como nota en «Taller On de Pedro Granados».
Copyright Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.
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ADENDAS DERRIDIANAS
DERRIDA, JACQUES: “EL TOCAR, JEAN-LUC NANCY”, Buenos Aires, Amorrortu, 2011, páginas 178, 179, 185 y 186, 188 y 190
«El contacto no produce entonces fusión ni identificación, y tampoco contigüidad inmediata. Debemos disociar una vez más el tacto de lo que el sentido común y el sentido filosófico le acuerdan siempre como la evidencia misma, como el primer axioma de una fenomenología del tacto, a saber: la inmediatez.
»El uso que hace Nancy de la expresión “partes extra partes” parece a veces obsesivo, pero en verdad es necesario y determinante. Además de un invencible principio de divisibilidad diseminal, me parece significar un deseo incesante de marcar esa ruptura con la inmediatez o con la continuidad del contacto, ese intervalo del espaciamiento, esa exterioridad, y ello, en el mismo momento en que se insiste tanto sobre la contigüidad, el tocar, el contacto, etc.
»Como si Nancy quisiera marcar la interrupción de lo continuo y objetar la ley de la intuición en el corazón mismo del contacto.» Jacques Derrida: El tocar, Jean-Luc Nancy, Buenos Aires, Amorrortu, 2011, página 178
«Pues, ¿acaso no es el intuicionismo aquello en torno a lo cual, sin combatir, estamos debatiendo? No tal o cual intuicionismo como doctrina o tesis filosófica, no un intuicionismo que en un campo problemático determinado se opondría a alguna posición adversa, al formalismo, al conceptualismo, etcétera. No, nuestro intento persigue más bien identificar un intuicionismo constitutivo de la filosofía, del gesto que consiste en filosofar —e incluso del proceso de idealización que consiste en retener el tacto en la mirada para asegurar a esta lo pleno de presencia inmediata requerido por cualquier ontología o por cualquier metafísica. Lo pleno de presencia inmediata significa, sobre todo, la actualidad de lo que se da efectivamente, enérgicamente, en acto. Bien sabemos que, como el nombre podría indicarlo, la intuición privilegia la vista. Pero siempre para alcanzar con ella un punto donde la consumación, la plenitud o el llenado de la presencia visual toca en el contacto, es decir, un punto que podríamos apodar, en otro sentido, punto ciego, donde el ojo toca y se deja tocar —por un rayo de luz, a menos que sea, más rara vez, y más peligrosamente, por otro ojo, por el ojo del otro. Al menos desde Platón, sin duda, y pese a su endeudamiento con la mirada, el intuicionismo es también una metafísica y una trópica del tacto, una metafísica como hapto-trópica. Ella se consuma y por lo tanto llega a su plenitud, a su pleroma, es decir, a su límite, apostando por el giro elemental de la consumación táctil, por el sesgo de un lenguaje que, de manera cuasi natural, se orienta hacia el tacto cuando, precisamente como lenguaje, pierde la intuición y ya no da a ver.» Jacques Derrida: El tocar, Jean-Luc Nancy, Buenos Aires, Amorrortu, 2011, página 179
«Porque ese valor de proximidad, porque ese vector de la presencia cercana determina en última instancia el concepto y el vocablo ‘háptico’, porque lo háptico abarca virtualmente todos los sentidos donde sea que se apropien de una proximidad, Deleuze y Guattari prefieren la palabra ‘háptico’ a la palabra ‘táctil’:
»“La palabra ‘háptico’ es mejor que ‘táctil’, por cuanto no opone dos órganos de los sentidos, sino que deja suponer que el ojo mismo puede tener esa función que no es óptica […] Lo Liso nos parece a la vez el objeto de una visión próxima por excelencia y el elemento de un espacio háptico (que puede ser visual, auditivo tanto como táctil).” Deleuze-Guattari
»Interpretado así lo háptico, eso que lo suelda a lo cercano, que lo identifica con la aproximación a lo cercano, no solo con la “visión próxima” sino con la aproximación en todos los sentidos y para todos los sentidos, más allá del tacto, eso que lo vincula a la apropiación de lo cercano, es una postulación continuista, un continuismo del deseo que pone todo este discurso en concordancia con el motivo general de lo que Deleuze y Guattari, siguiendo a Artaud, reivindican bajo el nombre de “cuerpo sin órganos”. Por consiguiente, es en el “espacio liso” y no “estriado” donde ese continuismo háptico encuentra, busca, mejor dicho, su elemento de apropiación.» Jacques Derrida, ibid., pp. 185, 186
«Nancy, por su lado, parte [il part]. Él parte, marca su partida [départ] («Corpus, autre départ» [«Corpus, otra partida»], dice un título de Corpus). Él reparte [partage] y separa [départage], abandona [se départit] sin duda también esa problemática fundamental, así como ese intuicionismo de lo continuo o de lo inmediato, ese intuicionismo más radical, más invencible, más irreprimible que el que se opone simplemente a su contrario (conceptualismo, formalismo, etc.). Hace pensar así en otro reparto [partage] de los sentidos, en ese lugar del límite, de los límites plurales en los que dicha tradición se abastece. Al marcar y remarcar los límites, Nancy espaciaría más bien la continuidad de ese contacto entre el tacto y los otros sentidos, e incluso la continuidad inmediata en el corazón, por decirlo así, del tocar mismo, de ese tocar que, él va a recordarlo, es “local, modal, fractal”». Jacques Derrida, op. cit. p. 188
«Con motivo de la ecotecnia de los cuerpos, de un mundo de los cuerpos que “no tiene sentido trascendente ni inmanente”, Corpus proseguirá esta dislocación del tocar. Sin abandonar nunca la insistencia en el tacto [tact] que tanto le importa, al que no renuncia nunca, Nancy lo asocia siempre, en contra de la tradición continuista de lo inmediato, al valor de apartamiento, de desplazamiento, espaciamiento, partición о reparto: “Por el contrario, hay el tacto [tact], la pose et la dépose, el ritmo del ir y venir de los cuerpos en el mundo. El tacto [tact] desligado, separado de sí mismo.”» Jacques Derrida, ob. cit. p. 190
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31 de diciembre de 2015
Copyright Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.
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¡NOTA SIN RUBOR!
Muchos pretenden entender el complejo pensamiento de Jacques Derrida solo por medio de la Inteligencia Artificial. ¡Cayéronse del cielo! Algunos patanes se quejan de que es un pensador muy difícil, mas dicen comprender a Kant, a Hegel y a Marx. Lo dudo. El pensar-sentir asonetado, ya sin Góngora y Quevedo, hoy no se llama pensar: se llama emprendedurismo. ¡No entienden ni el origen provinciano de la gran meritocracia! ¡Jo! Hasta se proponen escribir sobre el gran pensador argelino-francés sin haber estudiado nunca ni una sola de sus obras. Otros lo han plagiado de forma penosa y descarada... ¡Tengo pruebas de los usos «indebidos» (por ser hurtos banales) de los polivalentes textos del autor de Aporías y de Glas (Clamor)! ¡Terror! Hace ya más de cincuenta años que leí por vez primera De la gramatología y La diseminación... ¡Ay! ¡Humor! Todavía leo activamente al gran polímata Derrida y escribo con cautela litúrgica sobre su poliédrica obra emblemática.
IMAGEN:
Fotografía de una parte significativa de los volúmenes (no todos) de (y sobre) Jacques Derrida en castellano. En mi biblioteca figuran también varios de sus libros en francés.
Copyright Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.

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