«Lo neutro refulgente se afirma en el Deseo. ¡Sí! ¡Oh recóndito rumor de la inmanencia!» Armando Almánzar-Botello
Por Armando Almánzar-Botello
Copyright Armando Almánzar-Botello.
Reservados todos los derechos de autor.
Santo Domingo, República Dominicana.
A Jorge Alemán, poeta, psicoanalista y pensador crítico de la emancipación
Armando Almánzar-Botello
Miércoles, 16 de septiembre de 2026
Lo «no matable» de Jorge Alemán es, en mi lectura particular, una variación terminológica de la sobrevida inmanente; de eso que Gilles Deleuze denomina, en su obra Lógica del sentido (1969), el «acontecimiento-sentido» como «INCORPORAL estoico», ese que sobrevuela el «accidente padecido» que opera en la profundidad de los cuerpos y las causas.
«Lo no matable», como el acontecimiento-sentido en Deleuze, es «el ya pasado y todavía futuro» de lo que inaugura una nueva «cuasicausalidad» en la superficie de la inmanencia trascendental.
«Lo no matable» está relacionado con el «no cesa y no termina de morir» de Maurice Blanchot. Es impersonal, singular y nómada; esa dimensión que abren, bajo el carácter de líneas de fuga desterritorializantes y promisorias, figuras como Ernesto «Che» Guevara, Fidel Castro o, salvando las distancias, Manolo Tavárez Justo y Francisco Alberto Caamaño en mi país, la República Dominicana.
Guarda también ese concepto de «lo no matable» una evidente relación con «aquello» que Jacques Lacan denominó «la lamelle» («la laminilla»), una estructura mítica —la incorporalidad inmanente del acontecimiento-sentido— que pretende dar cuenta de la «naturaleza inmortal de la pulsión» y la libido «más allá del principio del placer y de la muerte de los cuerpos biológicos» (accidentes en la profundidad de la carne: G. Deleuze).
Cruzando todavía más el cuasiconcepto de «lo no matable» con el pensamiento filosófico que tanto impactó (muchas veces de modo secreto) en el último Lacan, podríamos descubrir una relación oblicua entre el binomio de Jacques Derrida «la vida la muerte» (escrito así, sin coma entre los dos términos del paradigma) y «lo no matable». Esto último funciona, a semejanza del referido grama derridiano, como lo que relaciona la vida y la muerte en una suerte de «sobrevida inmanente», sin constituir un significado idealista o trascendente.
Implica «lo no matable» esas dos instancias de lo real (la vida y la muerte) sin constituir el tapón de una ideología (cara obturadora del objeto a), sino la desnuda potencia del Deseo indomeñable —más allá del Ego— producida por el objeto a como hueco, agujero o falta que sirve de causa a la referida potencia deseante irreductible y sin retorno.
Tan argentino el Ego, che, tan argentino... y por qué no, tan dominicano, compai, tan dominicano... ¡y, gracias a la posibilidad de la «emancipación», tan humano!
Armando Almánzar-Botello
Miércoles, 16 de septiembre de 2026
IMAGEN
Montaje fotográfico. Desde la parte superior izquierda, en el sentido de las manecillas del reloj: 1-. Jorge Alemán. 2-. Jacques Lacan. 3-. Maurice Blanchot. 4-. Jacques Derrida. 5-. Gilles Deleuze y Félix Guattari
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Santo Domingo, República Dominicana.

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