viernes, 6 de marzo de 2015

FRAGMENTOS DE UN BLOQUE... (¡No hay que hacerse los graciosos!)

«El yo biográfico se ve imantado, y quizá modificado, por el núcleo ardiente de la obra en curso —o ya articulada como artefacto semiótico—, en tanto que el sujeto de la escritura que del yo se desprende para fundar el espacio virtual donde se despliega el texto, participa de una enunciación inconsciente y de la tensión contemplativa de una consciencia alterada que obligan a dicho yo a reformular sus límites imaginarios, estrategias y protocolos mundanos.» Armando Almánzar-Botello: “Escribir / Publicar. (Apuntes de pretensión psicoanalítica en torno al Acto de Escritura)”, 1991 (Fragmento)

     Por ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO

     «¿Quién eres yo? ¿Quiénes soy, habré sido y seré yo? ¿Seré acaso tú, y ya no lo recuerdo?» Armando Almánzar-Botello
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     [...] —¡Que Dante Alighieri se compadezca de mí! ¡Sufriendo inexisto en el núcleo mismo del virtual Averno, aquí, en el Barrio Textual de los Sueños Caóticos!

     Aunque mis ojos y una parte de mi mente me induzcan a creer que estoy en la mansión de mi propiedad en Cité Soleil, la magnitud de mi angustia y la reverberación por todo mi cuerpo de una gran incertidumbre, me hacen poseer casi la certeza de que realmente ahora me encuentro pensando, gimiendo, escribiendo y penando en el Séptimo Círculo de un nuevo Infierno narrado.

     Presiento que mi franco espejismo imitativo-ilusionista ha sido condenado a consumirse, pavorosamente, en las llamas textuales de una prosodia ígnea, pulsional, circular y perpetua, y ello solo por causa de mis pequeños caprichos, excentricidades eróticas y políticos desaciertos, cometidos con la batería semiótica de los significantes lingüísticos [...]

    [...] Algo parecido a los párrafos precedentes atribuyó el Sujeto de la Escritura —en el comienzo mismo de su otro texto— al actante TrujiJack el Destripador, mientras el villano-asesino constitucional, desplegando su tiránico rol de literato y realmente alojado y activo en un cierto cerebro-universo en carnaval perpetuo, hacía uso de polícromos abalorios y letras gorjeantes que seducían con su ritmo político-semiótico al gozoso populacho nihilista. Cautelosamente generaba el villano un texto hermético, traidor y bifronte, mas sin embargo sutil y peligrosamente inadvertido en su falacia para la mirada interrogativa de los oportunistas neopersoneros cognitivos y presumidos catedráticos-hermeneutas.

     El tiránico destripador encontrábase confinado y seguro en el antiguo pero postmodernamente reconstruido Palacio Nobiliario de San Cristóbal. Lúcido, sereno y rodeado de espejos, escribía una extraña fábula reclinado en su barroca, lujosa y reluciente cama —colocada en el centro del enorme cuarto principal—, rimbombante lecho iluminado en su cabecera por una lujosa lamparita de mesa de noche. La cama, la mesilla y el candil domótico-cibernético estaban diseñados con la muy postmoderna combinación plutocrática de estilos al uso epocal: biomórfico-posthumano, postgigeriano y cibernético-rococó [...]

     [...] Así las cosas, desde su cama en la pomposa y gigantesca estancia pintada de soñador azul turquesa, amoratado por un golpe de bastón el ojo izquierdo, pudo TrujiJack por fin distinguir, mientras avanzaban lentamente desde la puerta del dormitorio hacia el lugar donde él se encontraba, primero a una mujer desnuda y muy alba, lujuriosamente montada —o más bien tumbada de espaldas, con las piernas bien abiertas como en posición de parto— en un chirriante y enmohecido carrito de autoservicio empujado por un enano amarillo y desdentado.

    En segundo lugar, esta imprevista pareja de visitantes era seguida por tres bufones maromeros semidesnudos que se desplazaban sostenidos en precario y acrobático equilibrio erguido, “caminando” apoyados tan solo en sus manos, y vestidos con sendos trajes de plástico negro en los cuales, al nivel conveniente, unas hendiduras dejaban ver los descomunales miembros erectos de los Graciosos, apuntando hacia el piso en un ángulo místico de cuarenta y cinco grados, y con sus tensos glandes reluciendo como limpias bombillas eléctricas en el aire del salón gimiente de fantasmas y deseo escritural.

     —¡Revolución o Fusión! ¡Revolución o Fusión! ¡Revolución o Fusión! —vociferaba un gentío irredento cuyas voces y ruidosas operaciones en la calle podían escucharse a través de la ventana.

     ¡Y era la Revolución!

     Encabezando la comitiva libertaria en el cuarto mismo del Destripador —como quien dice “Mujer Desnuda Guiando al Pueblo”—, era dueña la beldad Comisionada, la nívea Doncella del carrito chirriante, de la mirada más profunda, sublime, indescifrable y aleteante que ojos humanos hayan podido imaginar...

     Y, seráfico golpe claroscuro de la luz al fin allí en la sombra, ostentaba esa mujer la más amplia, espesa y seductora de las manchas, como un delicioso y selvático enjambre de hormigas negras y carnívoras.

     ¡Revolución o Fusión! ¡Revolución o Fusión! ¡Revolución o Fusión! ¡Y era la Revolución!

     Latía, esa inmensa, oscura y seductora mancha —semejante a un formidable sol negro palpitando en el espacio cósmico y femenino de un cuerpo tántrico/católico/vudú—, de un modo sorprendentemente lúcido, velludo y desconsiderado; parecía más bien un gigantesco y divino paraguas negro abierto sobre un abismo presentido y deslumbrante, patibulario a su vez por comisión u omisión... TrujiJack sudó copiosamente.

     —¡He aquí el tesoro azabache de los significantes, la sede del código estallado y la ruina de todo presumido nacionalismo ontológico! —dijo una mestiza y poderosa voz andrógina, híbrida, resonante pero pausada, que parecía proceder de la zona cenital del cuarto donde culebreaban todavía, enredados en los brazos de las lámparas casi muertas, los despojos y retazos de algodonosa tiniebla que acompañaban siempre a los domótico-cibernéticos y estrambóticos candiles barrocos de luz tenue, los cuales pendían del techo de la recámara secreta, ahora iluminada principalmente por un viejo sol frío y marchito que penetraba por los desnudos ventanales virtuales del recinto [...]

     De repente, comenzó a resonar la metralleta. Muchos políticos, comerciantes, jueces, obispos y simples ciudadanos de todos los bandos, huían fuera de la megalópolis, entre el humo y el fulgor de las granadas. En mitad de las calles, los soldados enfrentados realizaban lúdicos derramamientos de sangre y perversas orgías que recordaban el Jardín de las Delicias y el Infierno Musical de El Bosco. Todos justificaban sus acciones violentas aduciendo pasadas ofensas y supuestos maltratos cometidos en su contra por las víctimas actuales. ¡Todo era pólvora y trapecismo erótico!

     ¡Y era la Revolución!

     Mientras tanto, algunos pequeños hijos de los soldados que formaban dichos ejércitos enemigos, vulnerables retoños prodigiosamente indemnes bajo el fuego de las bombas y confundidos en una asombrosa fraternidad infantil ajena del todo al virulento combate, levantaban muy alto, muy alto, banderas extrañas que no se correspondían con ninguna de las naciones en conflicto.

     —¡Mamita llegó el Big Brother, llegó el Big Brother del Norte! Mamita si usted lo vie... ¡Clic!

     —Ajeno a la política situacional y al peligro de los carnales desbordamientos, él se deja llevar sencillamente por la deriva semántica, por el furor pulsional de los vocablos —dijo uno de los bifrontes catedráticos hermeneutas—. Pero vosotros, ávidos lectores postmodernos, queréis una historia verosímil, apropiadamente construida, con peripecias bien urdidas que prueben el valor “trascendente” del neorrealismo sucio pero insulso, la calidad autorial —cuasi místico-visionaria en el trabajo de planificación y orientación de la obra—, característica del supuesto narrador de agujeros negros, lacrimógenos recuerdos y desastres ontológicos…

     No obstante, aunque nos encontremos en el Tercer Mundo —no popperiano por cierto y con grandes limitaciones diegéticas—, es menester decir ahora (ahora: jetzt: Hegel) que no solo de tramas y pirotecnias representativas vive el hombre, sino de toda palabra sonámbula que dice que sabe, sin saber que la sabe, la verdad metonímica de que nada está nunca totalmente presente y sabido (ahora) en la inabordable productividad translingüística y su construcción en abismo: aporéticos dispositivos generadores de realidad.

     Y ello es así, pese a la voz del Gran Cíclope y su metarrelato de grado cero, que mentidamente decreta el fin de los metarrelatos bifocales [...]

     [...] Horrible y ubicua la Mirada del Escriba…

     —Cuando articula su discurso narrativo, un alguien innombrable busca la deriva, la fuga, la retracción, el flujo, el reflujo, la pérdida, el todo que se escapa imantado por la huida del fragmento: el texto como infinitud potencial o deus absconditus multicéntrico… ¡No pretendas comprar las líneas de fuga en el mercado! [...]

     [...] Luego TrujiJack, el renombrado criminal-homicida, vio aparecer, entre humo espeso y delirante sonido de saxofones, al Minotauro Caribeño de las Copulaciones Efímeras, para gozar inmediatamente —ya sollozando y envuelto con la gran sábana de la aflicción en aquella sorpresiva madrugada terrible, manchada de tinta, semen, pólvora y sangre—, de una vengativa y torva serenata-aguinaldo, concebida-cantada por cautelosos letrados, por detectives y fiscales calvos, por viejas víctimas de la monstruosa cárcel La 40, por inútiles y melancólicos soldados con vendas ensangrentadas, por inoportunos oportunistas acreedores procedentes de otros reinos narrativos plagiados por el Águila, el Oso y el Tigre...

     Se aproximaban al lecho del Destripador predicadores pentecostales vociferantes, con sus cachondas Biblias negras —cada mentido y apócrifo Evangelio en cuestión, cifrada, frívola y astutamente marcado con exóticos, lujosos, delicados y novísimos festones de madrás—; letales, perspicaces y ceñudos actores de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de Scotland Yard y del trujillista Servicio de Inteligencia Militar (SIM); comisiones paraoficiales de políticos, comerciantes, jueces, ladrones, militares y asesinos; cortejos de colonialistas anticolonialistas, de sonetistas, intelectuales, parásitos contemplativos y maniáticos resentidos carentes de talento; interminables séquitos formados por defensores de los Derechos Torcidos…

     Finalmente, hicieron su bulliciosa aparición las infames o cándidas comadronas despechadas procedentes de las populosas barriadas de San Lorenzo de Los Mina, Pequeño Haití, Guachupita, Pétion-Ville, Gazcue, Cité Soleil, Ensanche Naco, Arroyo Hondo y Gualey, suburbios ubicados en el viejo y perseverante Santo Domingo Cosmológico del Siglo XXII.

     Todos los miembros de esta grotesca y grandiosa multitud, empujándose violentamente unos a otros, trataban de introducirse de forma simultánea en la habitación lujosa del viejo TrujiJack. El gentío rompía las puertas y ventanas. El humo por las calles desgarraba los confines, y la indolencia de un ruido de motores arañaba la frente de la ciudad perdida.

     En el abarrotado cuarto de TrujiJack, el corro esquizofrénico de aquellos cuerpos orgiásticos que rodeaban el lecho del villano-tirano constitucional —muchos de ellos tocados únicamente con extraños sombreros de copa alta, y en lo demás completamente desnudos; globosos y pedorreantes algunos; cadavéricos y fosforescentes los otros—, vocalizó melodías de letras demenciales con gran desenfado y feroz estilo heterofónico, al ritmo frenético de sus cornetas y tambores copulantes de orfeón desenfrenado, mientras los miembros de la gran comparsa manifestaban grotescos arrebatos de lujuria popular carnavalesca y globalizada, y estrechaban su círculo de modo cada vez más amenazador en torno a la gran cama de caoba con dosel donde dormía en su inocencia banal y ahora de nuevo despertaba —sorprendido, narrado y aterrorizado—, el pobre y mitológico Padre Destripador.

     La muchedumbre cantaba: «¡Mataron al Chivo! ¡Cayó Duvalier! ¡Me llama el Big Brother! ¡Yo fui un Calié!»

     —Eterno es el Retorno de los Espectros...

     Y entonces, voces violentas indecisas frente a las Metrópolis levantaron decibeles contra la verdad de la Condena. ¡Emigraron muchedumbres en rotonda! ¡De sur a sur, de sur a norte, de norte a sur, de sur a norte, de este a oeste, de oeste a este, de sur a norte, de este a sur, de este a este, de norte a norte, de sur a norte, de sur a norte, de sur a norte, de sur a norte, de oeste a oeste, de sur a oeste, de oeste a sur, de sur a este, de sur a norte, de sureste a noreste, de noroeste a suroeste, de suroeste a noreste, de suroeste a oeste, de este a nordeste, de sureste a oeste, etc., etc., etc., como diría el gran Samuel.

     ¡Movimiento browniano de los flujos migratorios!

     De pronto, TrujiJack el Destripador, convulsionando en un trance de fuego aglutinante, fue de nuevo la Doncella del Sacrificio, y el Minotauro, finalmente, con dulzura resopló en la rosada caracola ya desierta [...]

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Tomado del libro de relatos ¿Quiénes escribieron las historias? (2009-2012)
© Armando Almánzar-Botello, 2012. Santo Domingo. República Dominicana.

FRAGMENTOS DE:

     “El delirio de Jack el Destripador. Manual en clave de historia patria globalizada, todavía escrito con el método freudiano de la asociación libre. (Poema en prosa patafísica)”.

     A: Dante Alighieri, Miguel de Cervantes Saavedra, Fiódor Dostoievski, Manuel del Cabral, François Rabelais, Jacques Roumain, Gustave Flaubert, Knut Hamsun, Victor Hugo, Franz Kafka, James Joyce, Thomas Mann, Louis-Ferdinand Céline, Antonin Artaud, Herman Melville, André Breton, Tomás Hernández Franco, Georges Bataille, Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, Raymond Chandler, Pierre Klossowski, José Lezama Lima, Hermann Hesse, Samuel Beckett, Severo Sarduy, Jean Genet, Julio Cortázar, Pedro Francisco Bonó, Italo Calvino, Eugène Ionesco, William S. Burroughs, Francisco Angulo Guridi, Tristan Tzara, Ramón Lacay Polanco, William Faulkner, Aída Cartagena Portalatín, Aimé Césaire, Derek Walcott, Fernando Arrabal, Henri Michaux, Francisco Nolasco Cordero, Wole Soyinka, Norman Mailer, Lewis Carroll, Alfred Jarry, Arturo Rodríguez Fernández... In memoriam.

     A: Marcio Veloz-Maggiolo, Thomas Pynchon, Iván García Guerra, Gabriel García Márquez, Umberto Eco, Andrés L. Mateo, Giovanny Cruz Durán, Paul Auster, Enrique Vila-Matas, Cayo Claudio Espinal, Rey Andújar, Tony Raful Tejada, Pedro Antonio Valdez, Armando Almánzar Rodríguez, Diógenes Valdez, Mario Vargas Llosa, Pedro Granados, Pastor de Moya, Manuel Mora Serrano, Toni Morrison, Pedro Vergés, Don DeLillo, Pedro Peix, Manuel Matos Moquete, Roberto Marcallé Abreu, Efraim Castillo, José Enrique García, Manuel García Cartagena, Junot Díaz, Alejandro Jodorowsky...

Tomado del libro de relatos ¿Quiénes escribieron las historias? (2009-2012). © Armando Almánzar-Botello, 2012. Santo Domingo. República Dominicana.

ADENDA. Marzo de 2015

     Este alucinante texto se propone constituir en realidad un poema en prosa: dramático-grotesco, de catadura neoexpresionista, postsurrealista y neorrealista-figural, no meramente imitativo-ilusionista como es el caso de los “ingenuos espejos tipográficos” (Armando Almánzar-Botello dixit: 1977-1978), los cuales pretenden redimir el mundo de todo su dolor, pero descuidando las imbricaciones erógenas, las bifurcaciones y confluencias micropolíticas y libidinales de las galerías y rizomas enigmáticos de la letra, la ficción, la escritura, el cuerpo, el poetema y la carne del mundo.

     “Fragmentos de un Bloque” es un texto postmoderno escrito en clave de humor negro e ironía transformativo/connotativa. No es un mero reflejo ilustrativo que denota, de modo excluyente, las realidades históricas o sociales de un determinado conglomerado humano.

     No es, como muchos relatos convencionales, un manual sociológico-nostálgico de vivencias de la infancia, de los viajes o desplazamientos físicos de los personajes, del viejo barrio citadino con sus valores tradicionales, de la gran urbe moderna que se abre amenazadora para el actante completamente previsible, (acompañado todo esto de la consabida o manida moralina implícita en la torpe crítica social a la corrupción y sus múltiples modalidades: “La sociedad está muy mal, sí, pero prosigamos cosechando éxitos…”).

     Aunque bien podría implicar, de una forma oblicua, todo lo señalado con anterioridad, el texto-poema al que ahora nos referimos se propone instituir, con pertinencia, una “lúcida poesía delirante o alucinada”, esquizo-deseante (Deleuze-Guattari), modulada en sus detalles por una conciencia vigilante y un dominio del oficio de la escritura polivalente que explore, a través de un cierto humor negro, lo informe, lo grotesco, lo siniestro, lo abyecto, en el acto de vislumbrar nuevas configuraciones de signos y sentidos múltiples, enigmáticos y abiertos.

     Mi texto ansía un afinado trabajo especular (en espejo) sobre las posibilidades y recursos de incubación y producción textual que caracterizan a la escritura (de)constructiva como “destructora” y “generadora” de Realidad.

     Dicha (de)construcción en abismo podría poner en juego —con “lucidez en claroscuro”, cuando arma su campo de posibilidades semióticas o expresivas orientadas—, aquello que (más allá de la mera epidermis o falsa profundidad de las intrigas convencionales de las historias verosímiles y reflectantes de la realidad cotidiana, tópica: historias insípidas o densas pero finalmente representativas, ilustrativas o fotográfico-realistas), podría considerarse como una radiografía o tomografía micropolítica del cuerpo sutil de lo real inconfesable, entendido este como teatro semiótico-étnico e inconsciente socio-escritural (no colectivo: Jung) donde se trenzan, copulan o “endiablan” las pulsiones; como carnaval conflictivo de significantes y territorialidades semánticas; como recónditas, microscópicas e inéditas batallas en los ámbitos del infrasentido de las profundidades, de la “intersubjetividad” y la “carnalidad”, de la “intercorporalidad” sutil y compleja del mundo, como diría Merleau-Ponty...

     No se debe olvidar, sin embargo, que dicho poema en cuestión forma pieza en cierta máquina histórica, textual y deseante; se fractaliza en un rizomático, complejo, imprevisible trabajo poético-político-escritural en curso…

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana

     Otros blogs en los que figura este mismo texto “Fragmentos de un Bloque”:

Blog Cazador de Agua

Blog Tambor de Griot

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.
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OTROS BLOGS DE ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO:

Cazador de Agua                  

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ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO ES MIEMBRO DE LA “RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL”, REMES

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IMÁGENES:

     1) Nicolás Kalmakov: “Négresse” (Negra), 1929

     2) Fotografía de un ritual afroamericano con el agua

miércoles, 4 de marzo de 2015

PEZZOIANA. Ortónimo evidente...

«El imaginario disociado del narcisismo es lo que Jacques Lacan denominó "enfermedad de la mentalidad". En Fernando Pessoa, la "enfermedad de la mentalidad" resplandece, por así decirlo, porque, muy lejos de tener el imaginario contenido del neurótico, tiene un imaginario muy floreciente, y no sólo proliferante sino múltiple. Un imaginario múltiple y fragmentado. Por otra parte, él mismo lo dice textualmente, y varias veces: "Puedo imaginarlo todo", y cuando dice "imaginar" quiere decir "puedo escribir, puedo esbozar ficciones", y no sólo en la ensoñación sino ficciones convincentes para el lector. "Puedo imaginarlo todo porque no soy nadie". Con esta frase, él mismo conecta, digamos, un defecto narcisista propio, que lamentó toda su vida, precisamente con ese raro talento de poder crear más ficciones que nadie...». (Fragmento). Colette Soler. "La maldición sobre el sexo".

René Magritte. "Retrato de Mister James". 1937 

José de Almada Negreiros. "Retrato de Fernando Pessoa", 1954.

Por Armando Almánzar-Botello 

O poeta é um fingidor.
Fernando Pessoa

Oscuro todo está, incluida la evidencia.”
François Villon

"El ser del hombre no sólo no es comprensible sin la locura,
sino que no sería el ser del hombre si no llevara en sí a la 
locura como límite de su libertad." Jacques Lacan

¿Quién ahora finge ser un zar con alma /
armando aquí en un bote su periplo anortográfico?



              No hay ortónimo evidente.
                El ortónimo es también otro heterónimo.

              Máscara que miente su dolor
                 con voz coturno de la sangre.

              Otro en ausencia que simula ser el Mismo:
               la hipotética persona que lo encarna.

            ¿Quién es quién si hace teatro?

            Veterana la Esfinge venerable
             también finge:
            
              Finge tan perfectamente,
                que hasta finge a la que finge cuando finge 
                  que no finge…

                 ¿Quién es quién si hace teatro?

                El Mimo no supone al fingidor
                 aquí en la escena.

                 No aparenta ser jamás lo que no es
                cuando no es en los espejos.
                Puramente
               finge ser lo que ya es:
            
                ¡y siempre ha sido nadie!

                Tan lejos lo dibuja en su comedia
                la imaginación v(i)olando,
               que sueña que la prueba incriminante
                  de su plagio...
                ¡es puro plagio!

               y el copiar que la b(i)en-dice
                lo hace más que antologable.

               ¿Quién es quién si hace teatro?

                Cae casi el gran telón sobre los ecos
              de un fonema en el instante
                 .……………………………………....................
                 La potencia de lo falso no es quimera.
                  La copia no alcanza la dignidad del simulacro.

                Fingían los filósofos estoicos
              al decir ante la muerte:

              ¡Aquí termina la representación!




Septiembre de 2010. (Poema retocado).


© Armando Almánzar Botello. Santo Domingo, República Dominicana.

Otro blog en el que figura este mismo texto:

Blog Cazador de Aguahttp://tambordegriot.blogspot.com/2012/02/pezzoiana-ortonimo-evidente.html

Blog Tambor de Griothttp://tamborgriot.blogspot.com/2014/03/pezzoiana-ortonimo-evidente.html

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OTROS BLOGS DE ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO:

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BALADA SADI-ANA...

El Anticristo Hermenéutico dice: ¡Demasiado explícita la implicitud!  
Armando Almánzar-Botello.

La escritura en alta voz no es expresiva, deja la expresión al feno-texto, al código regular de la comunicación. La escritura en alta voz pertenece al geno-texto… al granulado de la voz, que es un mixto erótico de timbre y de lenguaje.” 
Roland Barthes.

El deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.” 

Luis Cernuda.

Hans Bellmer. "La muñeca". 1936 
                                                                                           
                         
                                                    Hans Bellmer. "Muñeca".

Por Armando Almánzar-Botello


A Pierre Klossowski. In memoriam.


   ¿Será tu balada sadi-ana 
    un texto escrito por Otro,
     con otro ardor tras las brujas,
    por detrás de raja-duras,
  con el Mismo
 (de)venido heterónimo

    sórdido-inverso-escribiente,
    zoo-lógico al-man-sahari-ano
     solar y monstruo-desértico?
    .................
     ¡Baphomet!:
     ¿tri-fálico?
    .........................................
    ¿Será tu himno sadi-ano 
      un testimonio de época:

    trágico roto en espejo,
    borrado tras rejas del Otro,

      rijoso fervor tras las barras /
       de (im)propio prohibido deseo, /
    la escritura
     dis-lok@)da(k)

       en tu fo-to cibernética?
    .....................
      ¡Phármakon!:
      ¡trans-fálico!
        .......................................
        ¿Podríamos cambiar lo erótico?
        .......................................
        ¿Quién es yo  si hace teatro?
           
         Mi prosodia te desnuda 
                  y queda sola tu ausencia...       
          


12 de enero de 2012. (Texto ligeramente retocado).



© Armando Almánzar Botello. Santo Domingo, República Dominicana.


ADENDA. Facebook. 7 de noviembre de 2013.


Eli Quezada: Lúdico desde los presupuestos fonéticos-fonológicos, pero me permito una pregunta: ¿Algo de relación con los antiguos Palimpsestos o su teoría? ¿La re-escritura del otro en mí o de mí en otro?, etc. ¿Me puede abundar?

Armando Almánzar-Botello: Dicho todo ahora de un modo bastante sumario, pues no es al “autor” a quien corresponde explicar su obra fuera de la práctica significante que constituye su mismo texto creativo, le abundo y significo:

La continuación de la referencia al Roland Barthes de "El placer del texto", que figura como epígrafe del poema, podría aludir a lo que quizá sería uno de los objetivos de mi acto de escritura plasmado en este poema "Balada sadi-ana":

«Su objetivo [el de la escritura en alta voz o escritura vocal y polifónica, tal como pretende serlo "Balada sadi-ana"] no es la claridad de los mensajes, el teatro [en ocasiones banal] de las emociones; lo que busca (en una perspectiva de goce) son los incidentes pulsionales, el lenguaje tapizado de piel, un texto donde se pudiese escuchar el granulado de la garganta, la oxidación de las consonantes, la voluptuosidad de las vocales, toda una estereofonía de la carne profunda.». Roland Barthes. "El placer del texto", Siglo XXI, Argentina, 1974, página 84.

Inspirado yo también, como lo fue Barthes en su momento, por el concepto derrideano de “archiescritura” tal como se conceptualiza en “De la gramatología”, escribí hace unos años: «… El acto de escritura, para el sujeto que lo consume (y hablo aquí del acto de escritura como Georges Bataille hablaba del acto de la carne) constituye una experiencia privilegiada de auto-expropiación... Ese acto escritural encarna, en su amenazante ambigüedad problemática, una objetivización y un espaciamiento percibidos por el “yo” como castrantes, porque rompen con la presunta inmediatez de la consciencia, con la intimidad clausurada de la voz como órgano imaginario de apropiación.». "Escribir/Publicar" (1991), en “Cazador de Agua y otros textos mutantes”, Editora Nacional, 2003, Santo Domingo, R. D. Página 117.

En el poema “Balada sadi-ana”, el sujeto de la escritura parece apuntar a una castración del sentido constituido, convencional, pre-formado (J. A. Miller); a la insinuación de una cartografía pulsional que juega con lo “figural” (Lyotard) más que con lo figurativo...

En mi poema de 1984 “Página desnuda” (Obra citada, página 39) digo: «Desplegada en el vacío de una herida / la escena de la carne es un acto de escritura. / Mujer dormida / temblor de luna, / en la página el silencio nos reclama y nos absuelve. // Presintiéndome una boca palpitando entre tus sueños, / late sílabas de sangre tu oscuro PALIMPSESTO, / me transcurre su mujer alucinada por los labios, / su íntima verdad erguida, / brevemente…».

Podría entonces decir, que en mi texto “Balada sadi-ana” aflora, en clave lúdico-deconstructiva, mi marcada y recurrente preocupación, como sujeto de la escritura, por lo que vendría a ser una relación problemática entre el “cuerpo bruto del goce” (Lacan) y el cuerpo libidinal que resulta de la “mort-ificación” (Lacan) de la carne por el significante-letra.

Ello alude a una experiencia que opera independientemente del sentido coagulado en las estructuras convencionales del decir.

Por otra parte, en la tradición falocéntrica y judeo-cristiana occidental, se ha percibido la valencia positiva del cuerpo y de la sexualidad de la mujer casi como no-cuerpo; se presenta en su dimensión de “pureza natural”, de recinto místico no contaminado: “Vaso Admirable”... Aquí, en mi texto, retorna lo reprimido por dicha tradición, en clave de violencia erótica “sadiana”...

La relación “cuasi onto-teológica” entre el Mismo y el Otro da cuenta de esta “complicatio” en la que lo sagrado ascensional se ve contaminado por la que Roger Caillois denomina, en su obra “El hombre y lo sagrado”: “la sacralidad abyecta”, negatividad que impide la totalización de lo “sagrado ascensional” en el ámbito de lo que Bataille concibe como “lo homogéneo.”

En mi poema “Balada sadi-ana”, el “Otro” funciona como la negatividad (Hegel), y, simultáneamente, como el “Orden Simbólico”, tal como aparece en el pensamiento de Jacques Lacan: “Sede de la verdad, tesoro del significante, Archivo de la Memoria cultural”….

La alusión al “Baphomet” (bifálico, según cierta tradición hermética) remite aquí al pensamiento de Pierre Klossowski: Síntesis disyuntiva, dispersión o proliferación diseminante del “significado trascendental”, vinculado éste, de un modo acostumbrado, con la integridad del cuerpo y la “incomunicabilidad” de las almas, debido a la imposibilidad de “atribuir el ser de un individuo a varios individuos”... (Duns Escoto, Mística renana, Klossowski, Deleuze)… Problema del "erotismo" entendido como "insuflación" mística de lo Otro en lo Mismo y "complicatio" libidinal bicorporal, tripersonal, pluricorporal, multipersonal y transbinaria...

Toda esta red de remisiones intertextuales se manifiesta en “Balada sadi-ana” como palimpsesto, como metalepsis (Gérard Genette), como relación quiasmática (Merleau-Ponty, Derrida, Freud, Lacan) o “doble invaginación quiasmática” (Derrida) entre el cuerpo de la mujer y el acto de escritura; entre “la escena de la carne” y la irrupción del significante; entre el texto sagrado y el texto profano; entre el cuerpo virgen y el cuerpo manchado, profanado; entre cuerpo-“mismidad” e insuflación equívoca de lo Otro en la carne comprendida como teatro del infrasentido…

En esta dirección aludida, el cuerpo de la mujer es concebido como palimpsesto, como capa de escrituras, como “historia estratificada”... El poema “Balada sadi-ana” es un breve espacio de juego en el que se manifiesta, poéticamente, la dinámica pulsional de las intensidades puras…

Eli Quezada: ¡Gracias! Quedó satisfecha mi curiosidad.



© Armando Almánzar Botello. Santo Domingo, República Dominicana.

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¡NO, AL MANIDO SONSONETE!

«Excitado por esta afirmación el Papa abre las esclusas de su memoria. Los gobiernos tiemblan. Se intercambian mensajes sagaces. Los sismólogos arrepentidos oran para que se inicie la era de las catástrofes.» Aldo Pellegrini

«¡No a la ridiculez del viejo que desafina el canto! / ¡No al judío jorobado y fétido que trae mala suerte al huerto!» Armando Almánzar Botello inspirado en Walter Benjamin

«Me hacen gracia junguiana las canicas, bolitas, bellugas o abalorios, con su almita petulante, polícroma y trivial...» H. Hesse (pseudo)
Francis Bacon. "Figuras en movimiento", 1976

Francis Bacon. "Estudio del Papa Inocencio X de Velázquez". 
Óleo sobre lienzo, 1953.

Por Armando Almánzar-Botello 
                                  
     «Existen modalidades de la “cita” o de la paráfrasis que sencillamente constituyen una severa manifestación de gran deshonestidad intelectual.» Armando Almánzar-Botello
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¡No y no al manido sonsonete! No y no al trivial 
categorema frígido del texto aleteando metafísica 
en lo alto, sin testículos ni vulva.

¡No a la insensible hipertrofia vanguardista 
que haría vomitar al gran Vallejo!

¡No y no a la geométrica mierda metonímica! 
No y no a la simplista y engañosa microtecnia fontanera...

¡No a la desplumada cotorra existencial, tan 
ontológica!

Mas no también a ese lirismo melodioso 
con su rancia dulzura de trapiche complaciente.

¡No y no al manido sonsonete!

¡No al savoir-faire banal, reiterativo!
No a la renegación microtécnica, 
“neobarroca” y monocorde de la muerte.
¡No al irredento prosaísmo!

¡No a la retórica brumosa y farfullante! No 
al fétido y ridículo amasijo de metáforas 
que son la mera niebla 
de lo insulso currutaco en la escritura.

No a las pestañas presumidas de 
imposible muñequita coquetica y linajuda. 

¡No a la ridiculez del viejo que desafina el canto!

¡No al judío jorobado y fétido que trae mala suerte al huerto!

No al lirismo terco y fraudulento de crujientes 
gecarcínidos cangrejos, 
los mismos que ahora escriben tan fecales
/bamboleando tuertos casi su cochambre/
por los patios radiactivos de un poético desastre.

¡No y no a la escolástica del verso y el bagazo! ¡No 
al compromiso de bocina petulante y no al bien trinar!

¡Perdón os pido, inicuos! Mas digo ahora ¡no! 
a la madre-simulacro, al terruño glorioso infanticida.

¡No y no a la obesa poesía de salón para señoras, 
con menudos perritos de bufandas! ¡Tan tan torpes, 
lujuriosas por la moda y opulentas de pechuga unas; 
tan tan fálicomenudos los otros con sus versos!

Poli-negociada picardía sus alianzas en clave 
mercantil y fiduciaria. ¡No! 

Y lo único bueno que nos llega de su pacto bien 
podría ser la zoofilia: elevado el animal a la estatura 
de consorte…

Así, maravillosa historia —¡oh gran Vladimir Propp!—
poco a poco en la poética irrumpe sin pudor el 
cuerno místico: dictadura de la carne con respaldo 
popular... ¡Turpicula res!

El poema impuro en prosa: asunto de auténtica 
libido talismánica y genuin@s poetas floreciendo 
sin alarde…

Lo sublime monstruoso del instante neorroto: 
realismo a la medida de lo incierto y lo (im)posible.

Atrapar ahora en este mundo su reverso 
inabordable de otro mundo...

¡Que Dios bendiga vuestro reino amable!

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Febrero de 2010 

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.

Blogs en los que figura este mismo texto y sus variantes:

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Blog Otros Textos Mutantes

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20 de febrero de 2014
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LOS CLÁSICOS, LOS LINDISTAS, LOS VANGUARDISTAS Y EL CAMINANTE

     «Pero comprendí que todo era falso.
Falsa la forma de la vaca que sueña
con ser una linda doncellita incipiente.
Falso lo del falso profesor que ha esperado
al cabo comprender su desnudo.» Vicente Aleixandre 

     «Duplicidad del caminante: nostalgia de la Fiesta y enraizamiento en sí mismo, en su mismo andar. Instante: felicidad en el Inquietum, existir en el Un-ruhiges (lo inquieto) como si fuese morada.» Massimo Cacciari

     «Hay una única desviación, la desviación centrista; la elección del juego seguro, de evitar con actitud oportunista el riesgo de tomar partido clara y excesivamente.» Slavoj Žižek

     «Francis Bacon, vuelve. Slaughterhouse’s Crucifixion, de Armando Almánzar-Botello, instaura un nuevo código discursivo que hace de su dicción un entramado de sólidas arquitecturas verbales e insólitos hallazgos expresivos.» Alexis Gómez-Rosa

     Por ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO

      «Irrisorios “ángeles de canquiña y mazapán” se han alzado con los dones del Cielo y no quieren disolverse ni en el paladar de Dios» Armando Almánzar-Botello 😇
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     Ciertas mentalidades carentes de verdadera perspicacia no conciben que un escritor —y en particular un poeta— se proponga o desee no continuar escribiendo ni leyendo repetitivas obras literarias producidas a granel, correspondientes a un determinado talante o registro histórico-semiótico, temático-formal, genérico y retórico-estilístico, ya severamente datado, agotado y clausurado. 

     El auténtico creador, como explorador de nuevos sentidos y formas semióticas insospechadas, desdeña ciertas modalidades retóricas manidas por considerarlas demasiado previsibles. 

     Aquellas estructuras y fórmulas poéticas tan manoseadas —muchas de ellas meros y desvitalizados neoclasicismos, neorromanticismos yertos o pseudovanguardismos de cuarta, quinta o sexta generación— constituyen para el artista-caminante, comprendido como “injeto” (G. Deleuze), como generador, creador y explorador de nuevas madrigueras, agenciamientos maquínicos, laberintos, techos y membranas que comuniquen lo sideral con lo “éxtimo” (J. Lacan), simples “fantasmas de experiencia” completamente irrelevantes para su particular proyecto de escritura, para su nivel o grado atmosférico de percepción intensiva del mundo, para la densidad de una particular conciencia exploratoria del hecho poético de la que dicho artista participa creativa y dionisíacamente. 

     Cuando este sujeto-enigma, en su calidad de instancia “autobio/tanato/heterográfica” (J. Derrida), desea leer auténticos precipitados estilísticos tradicionales, clásicos, románticos, parnasianos, simbolistas… prefiere simplemente la relectura siempre novedosa de los Clásicos y de los Grandes Maestros de la Modernidad. Pero su acto de creación propio constituye siempre —o por lo menos, así él se lo propone— la riesgosa exploración de una espesa floresta “semántico-sintáctica virtual” que, en un complejo y deleuziano rizoma o “laberinto de fronteras” a lo Wittgenstein, no se amarra a la seguridad de los límites y pretiles consabidos y programados. 

     Esta estrategia comporta, como bien dice Harold Bloom, una “relectura fuerte” de ciertos textos canónicos, una redescripción transformativa de las verdaderas grandes creaciones de una cierta tradición, sí, pero solo si ello implica la incubación y generación de auténticos “valores est/éticos agregados”, los cuales germinan muchas veces fuera del ámbito de la fácil belleza convencional de bisutería y tocador. 

     La mera repetición mecánica de “cosas bellas” o supuestamente “originales” —sin riesgo cinegético ni fuerza de recreación, sin un genuino acto exploratorio e inventivo que como (i)legible acontecimiento inmanente siempre bordea la monstruosidad, la desmesura, lo siniestro y el exceso, aunque luego retorne a la definición de nuevos límites e inéditas territorialidades artísticas—, constituye tan solo un ejercicio esteticista de salón, una insulsa barricada para pasar un grato momento de nostalgia pseudocombativa y regodearse desmayadamente en la gastada y frívola doxa de la impotencia, el resentimiento y la presumida indigencia intelectual. Huera repetición retórica de unas “fiestas galantes” y de una descolorida fanfarria bélica, pseudometafísica o politicista; insistencia torpe que todavía pretende usurpar los vacuos resplandores evocados por el nombre desvaído de una ingenua “Revolución”, o en su defecto, cultivar un simple y demagógico purismo irrelevante que ignora la “escritura del desastre” (M. Blanchot), la recuperación fractal y parsimoniosa del sentido con posterioridad a su catastrófico vaciamiento vanguardista... 

     La poética de lo real como est/ética rota (Jacques Lacan) constituye algo muy diferente a la seguridad mediocre de un juego retórico preciosista o simplón, al empobrecido ludismo frívolo que pretende cerrar el camino —con lánguidos y jadeantes resplandores mentidos—, a las auténticas y nuevas experiencias inventivas, vigorosamente creadoras —legítimamente rememorantes (Andenken: Heidegger)—, a esas vibrantes y complejas configuraciones semióticas que se perfilan como resultado de un intenso y lúcido proceso creativo dirigido por una briosa voluntad de forma. 

     Dicha voluntad permite concebir y orientar la faena creadora como ejercicio de potencia, como dación de forma, efecto y atributo de un sujeto de la escritura polivalente que insurge desde el plano virtual de inmanencia (G. Deleuze). 

     Construido y trabajado por la letra y el universo de lo simbólico, ese problemático sujeto del acto de escritura, en su ardimiento prosódico, en la tectónica de su dicción en curso y en el juego hipercomplejo de la intertextualidad, explora un campo de posibilidades semióticas, estéticas y cognitivas que se van actualizando —en la turbulenta embriaguez inteligente y en la manía dionisíaca y lúcida—, como ritmo-sentido transformativo y multiforme, como articulación (a)significante de nuevos modos de pensar y sentir los universos textuales. 

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20 de febrero de 2014

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.
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PURAS CORAZONADAS “ESTÉTICAS” Y SENTIMENTALISMOS NAÍF (Notita para el vulgo que mete la cuchareta ejerciendo sus “derechos” a opinar en nombre de una falsa democracia intelectual, estética, dizque “contextualista” y metaliteraria en abismo)

     Por Fredesvinda Báez Santana y Armando Almánzar-Botello

     «La llamada “obra de arte” puede ser pura repetición de lo dado, reiteración de la belleza establecida como canon; hasta puede ser un mero pastiche o plagio no redimido por la ausencia de transformación semiótica de los contenidos y materiales, ni superado como simple copia por la no emergencia, como valor estético, de una forma-sentido insospechada y nueva. La proteiforme “creación artística” radical, por el contrario, rompe con el canon yerto del buen gusto, del sentido común y el buen sentido, subvierte las normas y límites de la belleza codificada (o por lo menos eso se propone), abandona la serialización academicista en la “dación establecida de forma-sentido”, explora lo desconocido semántico y morfosintáctico hasta un límite tan radical que puede colindar con lo feo, con lo abyecto, lo siniestro, lo ininteligible, lo imposible y lo monstruoso. Esta categoría de “creación artística” genera nuevas y enriquecedoras perspectivas de apreciación estética. Con ella, la belleza convencional podría verse agujereada, fracturada, rota, despedazada, y, para decirlo parafraseando a Nietzsche, solo renqueando podría transitar esa belleza por el espacio inédito que un potente sujeto de la escritura despliega como experiencia fuerte y transformativa que alumbra nuevos mundos en lo abierto, más allá de la retórica y de lo verosímil, de lo reiterado y pobremente dicho...» Armando Almánzar-Botello

     «Irrisorios “ángeles de canquiña y mazapán” se han alzado con los dones del Cielo y no quieren disolverse ni en el paladar de Dios» Armando Almánzar-Botello 😇
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     El valor más trascendente del arte no es igual al de “un fruto silvestre”, no se mide por la “espontaneidad de una mente y un corazón”. 

     En primer lugar, no hay “primigenia naturalidad” de los momentos vitales. Todo está desde siempre “contaminado” por la memoria, la tradición o el artificio. 

     Los estados emotivos primarios no se transmiten en bruto, es necesario encontrar los correlatos verbales o semióticos precisos que los transfiguren en arte. Esto lo habían dicho T. S. Eliot y Gilles Deleuze, entre muchos otros. 

     Una cosa es lo que se entiende por vida, experimentada esta como concatenación “espontánea” o contingente de “accidentes fenomenológicos”, y otra cosa, muy distinta, es la obra de arte como resultado de la “contemplación activa” de lo vivido y el direccionamiento intencional, pero también consciente/inconsciente de las “vivencias”, para extraer de ellas —al orientarlas, redefinirlas y seleccionarlas por medio de una vigilante “voluntad de forma”—, los “signos esclarecedores” de esa “vida en bruto”, el brillo incorporal del sentido-acontecimiento.

     Wordsworth, el gran poeta inglés, hablaba de la “emoción artística” como de un estado afectivo recordado y contemplado en la calma y en la distancia temporal y física, lo que daba origen a un nuevo sentimiento estético emparentado con la emoción originalmente sentida y evocada, pero diferente de esta. 

     La simple transmisión directa de las emociones solo produce arte naíf. 

     La obra artística siempre surge “al compás de la faena creadora”, de la orientación formal y de la dialéctica forma-sentido. 

     Desde luego, dicha labor transmutante debe estar afianzada en sensaciones, percepciones, afectos, intuiciones e ideas vigorosamente vividas, “internalizadas” y asimiladas por el artista. 

     La mera “supuración” psicologista y espontaneísta de estados emotivos directos solo produce “arte” mediocre, vociferante, sensiblero, “lirismos solipsistas” para ser apreciados y disfrutados exclusivamente entre personas “conocidas”; entre “novios” o “viejos amigos”, por ejemplo. 

     No hay en el arte comunicación “de corazón a corazón”... ¡La potencia de la forma es lo decisivo!

     En síntesis: lo esencial en la obra de arte (en el poema, específicamente) no se reduce a poner en juego, de modo “espontáneo”, directo, las percepciones y las afecciones del sujeto autorial. Es necesaria la orientación formal del texto más allá de la materialidad de sus determinaciones físicas, personales o biográfico-psicológicas. 

     Es preciso alcanzar la superficie virtual y metafísica que permite un “devenir rebelde”: otro tipo de aventura semiótica distinta de aquella posibilitada por el sentido común y por el buen sentido. ¡Para lograrlo, se necesita conjugar el talento transformativo y la “espontaneidad” trabajada, el estudio de la tradición, la disciplina y la cultura! 

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Marzo de 2014

© Fredesvinda Báez Santana y Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.
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POÉTICA DE LO REAL 

     «Dedico este fragmento a los ingenuos que confunden “obra de arte” con “creación artística” en el acto de escritura. Aludo a los que no asimilan todavía esta sal en la herida viva: que la “belleza” no es arquetipo yerto sino efecto incorporal del accidente aleatorio al que un creador orienta y explora y dirige y le da forma: mutante ideología histórica que se actualiza siempre, transideológicamente, por mediación de la belleza rota, es decir, de la función est/ética y transformativa. Dedico este modesto acto de escritura a los que por deslumbramiento inerte no crean sino que repiten “belleza” vieja, regurgitan manido “arte”, no transforman ni crean sino que croan, y en su remota charca crían baba de limo rústico y simple pátina de fierros viejos.» Armando Almánzar-Botello 

     Por Armando Almánzar-Botello

     «Irrisorios “ángeles de canquiña y mazapán” se han alzado con los dones del Cielo y no quieren disolverse ni en el paladar de Dios» Armando Almánzar-Botello 😇
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     Por la senda “lituraterrestre” de Jacques Lacan, Jacques-Alain Miller y Manuel Fernández Blanco (2002), entendemos como difícil la poesía que funciona en el ámbito del sentido. 

     La dificultad semántica de un texto es un concepto que remite a la hermenéutica, al descubrimiento de capas de sentido inconscientes, implícitas en la estructura o configuración sígnica de una obra literaria entendida como obra de arte. 

     La poesía oscura lo es porque se mueve todavía en el espesor de los significantes y de los signos, en el orden de la palabra. 

     Frente al sentido constituido como simple invención, se levanta el sinsentido como no-sentido, como creación y abocamiento a lo real a través de la función litoral de la escritura y la letra. 

     La llamada “poética de lo real” se aproxima al agujero y a la falta en el Otro como sede tachada o barrada de los significantes-letras. Aquí, la única forma de dificultad, fuera de la exégesis metafísica tradicional, es una tensión orientada entre sentido y sinsentido, entre lo simbólico y una articulación semiótica que comporta la diseminación de los significados cerrados, intencionales y canónicos cediendo ante el puro ritmo. 

     El poema, como acto, se “desabona del inconsciente simbólico” y abre el sentido estético al sinsentido de lo real. Así, la creación realiza un vaciamiento catastrófico de las significaciones canónicas y una ruptura con el automaton inconsciente para dar paso a una nueva forma de fallar el encuentro con lo real del vacío: tychê literal, litoral, cuyo resultado poético-escritural sorprende y transforma el posicionamiento y la estructura subjetiva del mismo sujeto creador. 

     La obra de arte como algo diferente a la creación artística persigue sentido en el sinsentido. La creación como tychê disuelve el sentido en su avance dirigido hacia el no-sentido de lo real. La belleza surge aquí como epifenómeno.

Armando Almánzar-Botello

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Agosto del 2010

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.
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Febrero del 2010 (Texto retocado)

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.


Otro blog en el que figura este mismo texto:

Blog Cazador de Agua

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martes, 3 de marzo de 2015

LA GUARIDA. Texto Rizomático.

«La escritura intensiva es ambigua. Siempre comporta para el viajero un riesgo de muerte y locura en la exploración del desierto. Ella es medicina y veneno simultáneamente: phármakon paradójico disuelto en el agua indescrita del oasis... Encontrar el oasis salvador de puras aguas medicinales ya no es "propiamente" la escritura como diseminación, es más bien la lectura interpretativa realizada por el viajero mismo, en primer lugar, de la cosa viva y monstruosa que un "Se" impersonal ha engendrado y vomitado arrancándole arena, cactus, frío y ardor a la experiencia inconmensurable del desierto. "Se" da el agua clemente a "Eso" en el oasis de lo verosímil. Escribir es un despliegue peligroso de huellas con rumbo firme o vacilante hacia lo ignoto. Lo salvífico sería tener fe en el propio riesgo, en la terrible gratuidad de la aventura, saber leer-descubrir el sentido recóndito de nuestros pasos en un posible repliegue o retorno desértico a la codificada seguridad de la TribuArmando Almánzar-Botello


Por Armando Almánzar-Botello

A Sandra Hued Namías

He terminado la guarida y parece que ha quedado bien.
Franz Kafka.


Hay animales que borran el rastro al entrar y salir de su guarida.
No me habita criatura alguna de tal especie artera. ¡Nunca!

Cuando entra un hocico en mi húmedo vientre
(¡Llegó el Otro, Alguien, el Huésped!, me digo)
órganos extraños con lentitud me palpan.

Sigiloso testigo en los bajos fondos
de mi vida indescrita y su mancha secretante, 
                            omitida, 
él piensa y explora mi soledad arcaica
de tierra originaria.

Entonces, yo, cubil taciturno,
tiemblo y aguardo---------------------------
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Entra primero el macho, seguido de la hembra.
Olfatean cautelosos la penumbra, se chillan quedamente
sus mensajes turbios…
Arrebatados por la furia sexual en su profundo sumidero
los huéspedes copulan.
Cubiertos por el denso y fogoso vapor de sus instintos
no temen a los dientes de los depredadores fríos ¡Nunca!
---------------------------------------------
¿Y tú, Tercero, quién eres?
---------------------------------------------
Cambio ahora y arrojo fatalidad sangrante,
mis huellas inciertas al lodo.
Un golpe de miedo no abolirá la muerte.

Me despojo en silencio de mi sombra. Es noche alta.
Sólo queda en el umbral de la madriguera un brillo
neutro de letras…

Y será el Otro, tal vez, quien descifre los diagramas del rizoma:
huellas,
              gradientes y vectores de la fuga
como en el lienzo mágico de un pintor chamánico.

Persigo al que me persigue y me ofrezco sin decoro
ardiente víctima ignota en horrible sacrificio,
a la mordedura de la culebra nocturna imponente, sagrada, 
                                     pavorosa.
¡Tú no lo imaginas, gran ojo de la superficie, no lo puedes concebir!

En conexión intensa con la trama oscura de la carne,
la guarida es el hueco que palpita, ¡oh terrible hombre de las ratas!
con soplos y escrituras profanadas.

En ella, lentamente,
bestiales criaturas de fósforo innombrable
brillan goces del abismo, transfiguraciones tangibles.

En ciertas ocasiones,
buscando la verdad reprimida de su origen /
secretamente alguien acude a las cloacas,
          retretes y viejas escaleras.
Límenes donde la vida dialoga silenciosa con lo incierto...
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Pero basta ya de preámbulos, amigo:
¡Soy la Madriguera feroz que ahora escribe su misterio!

Descuartizo los cuerpos animales que me habitan.
Escupo con furia su banal tragedia, la insondable
osamenta del desastre...

Mas no tienes nada que temer, sabandija del exilio.
Sólo cuídate de mi ternura.

¡Soy la boca de Cristo ensangrentada en su Justicia!



Mayo de 2010. (Poema ligeramente retocado).


© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.


Otros blogs en los que figura este mismo texto:

Blog Cazador de Aguahttp://tambordegriot.blogspot.com/2013/02/la-guarida-texto-rizomatico.html, y tambiénhttp://cazadordeagua.blogspot.com/2011/04/la-guarida.html


Versión en francés:

Blog Espèce de traître...!http://trapoemas.blogspot.com/2011/09/la-taniere-texte-rhizomatique.html

Blog l'or du tempshttps://lordutemps.wordpress.com/2011/09/06/la-taniere-texte-rhizomatique/

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