Por Fredesvinda Báez Santana
«Cadáver queda, no se torna carroña, el cuerpo que habitaba la palabra, que el lenguaje “cadaveriza”». Jacques Lacan
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I. El «Ciberleviatán» y sus peligros
Mi crítica no implica nada personal. Comparto plenamente las preocupaciones del ensayista y teórico español José María Lassalle en torno a las cautelas, precauciones y protocolos, tanto éticos como metodológicos, que deben orientar las investigaciones y usos de la Inteligencia Artificial (IA) en el horizonte de lo que él denomina con pertinencia la «Civilización Artificial», regida por el posible advenimiento de la «Inteligencia Artificial Fuerte».
Acepto como buena y válida la persistente crítica de Lassalle a la voluntad de dominio geopolítico de los Estados Unidos de Norteamérica y de China Popular, en el uso nihilista, ciego y hegemónico de la inteligencia artificial por estas potencias.
Acepto la constatación de que esas territorialidades geopolíticas rivales, en su afán de alcanzar la llamada IA fuerte, no tomen en cuenta las potenciales consecuencias catastróficas de una utilización irresponsable y no sostenible de la IA, manejo que se mira fundamentalmente orientado —por los intereses oscuros de los mencionados «Ciberleviatanes» y sus «satélites»— a dominar la pluralidad de mundos en nuestro planeta.
Percibo como legítima la preocupación de Lassalle por la peligrosa continuación de una «política de lo peor», tal como definía Paul Virilio a la ciberpolítica que no respeta el «Principio de Precaución», y que solo persigue maximizar los niveles de fuerza, rendimiento, eficacia económico-política, control y avasallamiento de los seres humanos, reducidos a un simple recurso a explotar, controlar o sustituir en los procesos creativos y productivos de los que hasta ahora ha formado parte decisiva el Homo sapiens sapiens.
Justifico política y éticamente su apelación al «Principio de Responsabilidad» (Hans Jonas) reforzado, en la creación de valores y protocolos que orienten de manera sostenible, humana y no simplemente nihilista las investigaciones y el uso de la IA.
Debo también decir que los atendibles planteamientos del matizado «neohumanismo tecnológico» defendido por el pensador español pueden ser muy saludables en las presentes circunstancias históricas caracterizadas por la ciega tendencia del capitalismo cognitivo a la «plataformización corporativa y monopólica» de sus invenciones y servicios —proceso carente de una lúcida vertiente deontológica y pluralista que permita la sobrevivencia de lo que Jean Baudrillard denominó en su momento la complejidad de «lo (in)humano».
II. «El estilo es el hombre». Conde de Buffon
No obstante, en términos gramaticales y estilísticos estrictos el libro Civilización artificial de José María Lassalle está muy mal escrito.
Dicho libro se resiente de una prosa fragmentada, con errores de puntuación que dificultan la comprensión del texto.
Los grandes modelos de lenguaje en la IA, por ejemplo, escriben con frases cortas pero coherentes, frases que cierran el sentido: ¡y son meros modelos artificiales de lenguaje!
En el libro de Lassalle hay un fragmentarismo asintáctico que resulta de colocar el punto ortotipográfico sin completar plenamente las ideas en la secuencia sintagmática. No hay la debida redondez de las ideas que amerita un ensayo académico de este tipo. Hay que leerlo adivinando lo que quiere decir. El autor o el corrector-editor creyó que fragmentando y «tasajeando» los períodos gramaticales se tornaba más viable o comprensible el mensaje. Pero de hecho no resulta así.
No menciono aquí, en esta breve reseña del referido libro de José María Lassalle, los abundantes errores de concordancia, propiamente dichos, que figuran en la obra.
Entiendo que si los pensadores y técnicos especialistas deben cuidar los protocolos de investigación sobre la Inteligencia Artificial haciéndolos pasar por la regulación de un Principio de Responsabilidad (Hans Jonas), lo mismo debe aplicarse también al uso fluido y pertinente de la lengua como «tesoro del significante».
El manejo justo y creativo del lenguaje es parte de nuestro «núcleo antropológico específico». Como han señalado desde hace siglos muchos de los más grandes filósofos, el lenguaje doblemente articulado funda la condición humana. Somos seres primordialmente lingüísticos. El proceso de artificialización se «inicia» con la caída de la malla-carpa del lenguaje sobre el cuerpo biológico del Homo sapiens.
Lassalle parece desentenderse de la «naturaleza» lingüística del ser humano y trata el español con una apresurada voluntad de instrumentalización que, en nombre de la supuesta eficiencia y velocidad de la comunicación, pierde la potencia y la real eficacia del discurso en su rigor sintáctico, semántico y ortotipográfico.
Fuera de todo purismo academicista, erosionar por motivos de pretendida urgencia en la transmisión de los contenidos el sistema histórico de la lengua, viene a coincidir, paradójicamente, con lo mismo que Lassalle critica: el apetito y la voluntad de arrebatar al ser humano sus atributos más esenciales y definitorios.
El uso del lenguaje es anterior a las lógicas ética, política, tecnológica y jurídica: no hay cultura humana o registro de lo simbólico sin el lenguaje como soporte semiótico en sentido general.
Ese descuido altanero, apresurado y tecnocrático del lenguaje es parte de la automatización del cuerpo y de la sensibilidad creada por el sistema, del déficit cognitivo y afectivo que algunos pretenden atribuir exclusivamente al uso no regulado de los recursos tecnotelemediáticos y de la Inteligencia Artificial (IA) por parte de los «robotizados» usuarios prisioneros de la incoherencia y la pobreza de vocabulario y pensamiento. (Resultado real este malestar de los grandes déficits formativos creados por una educación reductora, mereológica y sin equidad inclusiva).
¿Muchos grandes teóricos de la radicalización de la democracia y partidarios de la «buena comunicación» entre humanos y máquinas no saben plasmar por medio de la grafía la relación ontológica y dialéctica entre el pensamiento humano fuerte y la escritura en sentido estricto o generalizado?
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25 de febrero de 2026
Copyright © Fredesvinda Báez Santana. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.
ADENDA:
ERROR TERMINOLÓGICO DE JOSÉ MARÍA LASSALLE (Notita)
¡Atención, presumida altanería metafísica de los grandes sabiondos continentales de todo el mundo, no traiciones de forma tan crucial el ordenamiento riguroso de los conceptos en la filosofía del gran Martin Heidegger!
Por Armando Almánzar-Botello
En el libro Civilización artificial de José María Lassalle (Arpa & Alfil Editores S. L., 2024) al que pertenece el fragmento en cuestión (p. 171), se insiste en evitar el nihilismo que comporta no imponer ciertas regulaciones a la IA y dejarla, fuera del «Principio de Responsabilidad» (Hans Jonas), bajo el imperio de los intereses tecnocráticos y geopolíticos que persiguen actualmente la más incondicional y absoluta hegemonía dentro de una razón operativa, calculadora, apropiadora y antiecológica, entendida como lógica planetaria del Gestell.
Hay aquí, en el primer párrafo que aparece en la página 171 del referido libro de Lassalle, una evidente contradicción con los principios del mismo Martin Heidegger en Ser y tiempo. Se confunde al Dasein como «ser-en-el-mundo», con la herramienta o el útil: el «ser-a-la-mano».
Para Heidegger, el Gestell, como estructura técnica de Control, Emplazamiento y Uniformización, tiende a convertir todo en recurso a explotar (Bestand). No podemos definir al Dasein en ese contexto de energía disponible a utilizar como sucede con el útil.
El Dasein tiene un trato manual (Umgang) con el útil (Zeug) o utensilio, no solo una relación meramente contemplativa, pero él mismo, el Dasein (Ser-ahí) no es un mero «ser-a-la-mano» (Zuhandenheit).
La relación del Dasein con los entes es la ocupación (Besorgen), fundada en el cuidado (Sorge). Esta ocupación se dirige a lo «ser-a-la-mano» (Zuhandenheit) en su carácter de útil, diferenciándose de la «pura presencia» (Vorhandenheit), que es el modo de ser de la cosa cuando es tratada como un objeto teórico o descontextualizado de su uso.
El mismo autor, Lassalle, dice en su obra de marras que la IA no forma parte de las herramientas técnicas tradicionales debido a la función teleológica, programada algorítmicamente, que la conduce a maximizar inteligencia y potencia cognitiva en general, y a causa, también, de su tendencia a sustituir en el desempeño de funciones complejas a los seres humanos.
Creo que esta cautela o precaución de no considerar herramienta a la IA, propiciando un manejo regulatorio de los programas de investigación que haga uso de un «Principio de Responsabilidad» reforzado (Hans Jonas), debe aplicarse con más razón en el caso del Dasein.
No debemos, en zonas tan delicadas, confundir categorías ónticas y ontológicas, cuando dicha desdiferenciación tiende a contradecir la matriz misma y el rigor del pensamiento de apertura al Ser que decimos defender, en un proceso vertiginoso y creciente de artificialización hegemónica propio del Gestell.
2026
Copyright © Armando Almánzar-Botello.
Reservados todos los derechos de autor.
Santo Domingo, República Dominicana.

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