martes, 31 de octubre de 2017

MEMORIA DE LA LENGUA. Poema breve

Afirma la gran pensadora y psicoanalista: «El Mesías llegará, dice el Talmud, cuando al formular una palabra no se omita el nombre de aquel que la pronunció por vez primera.» Éliane Amado Levy-Valensi

A la “lalangue” lacaniana que resuena en mi “lalengua”.

A la potencia intensiva y polimórfica de «lo “femenino” neutro».

Por Armando Almánzar-Botello     

     A Fredesvinda Báez Santana, mi “una” mujer; indescifrado latido de la perla  
-------------

Y ahora vuelves tú, 
                                       memoria de mi lengua,
a decirme con el viento las líneas de su fuga,
a cantar con boca lúcida en la noche
                                                           de su cuerpo
mil pájaros de lumbre que cieguen a la muerte.

Sueño abierto es mi mujer,
                                 temblor secreto de fonemas.
Huellas y vestigios de horizontes por sus labios.
Cercanía remota de su aliento…

Ella vuelve como el mar para darme nuevamente
la unidad perfecta de un latido,
la rosa perdurable de los vientos.

¡Oh vértigo fecundo en el instante de lo eterno!

Surgen de sus manos las flores prometidas.
                       Caricias: primaveras:
                       pensativas claridades…

Rota la belleza,
cobra cuerpo el futuro insondable del espectro:
 
                       El Deseo indestructible.

Alguien traza iluminado,
                                             lentamente,
la escritura invisible de los Nombres...

--------
1985 (Poema retocado) Poema tomado del 
libro de Armando Almánzar-Botello titulado 
Francis Bacon, vuelve. Slaughterhouse’s 
crucifixion, Ediciones Ángeles de Fierro, 
2007, pág. 61

Blog Cazador de Agua 
Jueves, 27 de octubre de 2011                                         

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana
.............................................................

OTROS BLOGS DE ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO:

Cazador de Agua                   

Tambor de Griot

ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO ES MIEMBRO DE LA “RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL”, REMES

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.

IMÁGENES: Armando Almánzar-Botello y Fredesvinda Báez Santana.

VÍDEO:

Johann Sebastian Bach: “Tocata y Fuga” en Re menor. https://youtu.be/nWI-fal7Oh8

Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.
............................................................................................

VARIACIONES Y “PLAGIOS” EN TORNO A LA CARTA DE AMOR Y LA POESÍA

     «Lo único más o menos serio que puede hacerse: una carta de amor» Jacques Lacan

     «La verdadera musa nunca es “una”... “ella” es un complejo de sensaciones, vivencias y destrezas... Solo es “una” la mujer que amamos...» Armando Almánzar-Botello 

     «Contemplo aquí tu espejo sin mí ya para siempre...» Armando Almánzar-Botello

     «Lo que a continuación decimos quizá corresponde a un tiempo preterido. La comunicación electrónica puede haber acabado con la carta de amor tal como la conocimos en sus formas, ritmos y protocolos tradicionales. ¿Se producirá un renacimiento cibernético de la carta de amor, o el carácter “diferido” y manuscrito de esta constituye uno de sus elementos imprescindibles, distintivos e irrenunciables? El amor, como discurso, ¿ha pasado ya de moda en el llamado realismo capitalista?» Armando Almánzar-Botello

     «El hecho de que hoy en día no tengamos un discurso de amor revela nuestra incapacidad para responder al narcisismo. En efecto, la relación amorosa se basa en la satisfacción narcisista, por una parte, y en la idealización, por otra.» Julia Kristeva

     «El fin del análisis tiene que ver con el amor  descarnado, sin objeto, absoluto, sin límites, sin espejismos de armonía o plenitud, al margen de la ley, a partir del deseo, allí donde solo él, el amor, puede hacer que el deseo condescienda al goce.» Néstor A. Braunstein

     Por ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO

     A mi amada mujer Fredesvinda Báez Santana, motivo central y permanente de mi vida erótica, sentimental, amorosa, intelectual, artística y espiritual
----------

     ¡Qué curioso cuando el amor nos autoriza, en el comercio epistolar con el ser que amamos, a utilizar las imágenes y metáforas más convencionales para dar asidero terrestre a lo que de otro modo sería un canto amebeo ininteligible, como dice Christian Metz!

     Porque si bien la carta de amor puede fundar un nuevo mundo a través de lo que en ella se manifiesta y se promete, no apunta por sí misma a la invención literaria pura sino a la recreación mítica del objeto amado.

     La galanura del lenguaje, la posible novedad de las imágenes no le están prohibidas a la comunicación amorosa, siempre y cuando no se perciba en el registro expresivo epistolar que dichos recursos tienen una finalidad en sí mismos o que apuntan a fines didácticos.

     La estructura trópica en la carta de amor debe estar al servicio de una ontología que no pretende ser sui-referencial (Meschonnic) como en el caso del poema o el texto literario en sentido genérico, sino afanosamente orientada a la seducción y reconstrucción de la imagen proyectiva del ser amado.

     Se puede hacer uso del lenguaje de imágenes en la comunicación epistolar siempre y cuando no perdamos de vista el objetivo esencial de esta: Hacer que el ser amado, a través de la imagen de sí mismo que le presentamos, devenga el que ya en potencia es. Así lo pretendía, por ejemplo, Sören Kierkegaard con su amada Regina Olsen...

     Como apunta el crítico y traductor argentino Carlos Correas, cuyo prólogo a las Cartas del noviazgo (correspondencia epistolar entre Kierkegaard y la Olsen) nos sirve de importante referencia en la presente nota: la comunicación epistolar amorosa es una suerte de hacer aprender socrático en el que la seducción apunta a fundar la mitología encarnada del ser que amamos.

     Cuando el vuelo y el fulgor de la imagen, de los recursos semánticos, consonánticos y vocálicos del texto se orientan a la polivocidad estética, es decir, a la función estética en sí, estamos escribiendo un poema amoroso pero no una comunicación epistolar amorosa.

     Que conste: el poema amoroso puede formar parte de la comunicación epistolar como su punto de mayor incandescencia significante y connotativa, pero en el contexto de la carta de amor debe estar subordinado a la creación mítica de la persona amada y del mundo que aspiramos a compartir con ella.

     El género epistolar poetiza, pero subordinando la poiesis al esplendor del ser que amamos. El poema amoroso puede estar dedicado al ser amado, pero sometiéndolo a otra finalidad tiránica —si en verdad aspiramos a realizar un buen poema—: el logro del máximo esplendor de la significancia intrínseca del texto.

     El amor es una ideología y el texto, como tal, está orientado a deconstruir toda ideología: por ese motivo “se” dice (H. Meschonnic) que es trans-ideológico, trans-narcisista y trans-histórico, aunque pueda trabajar con estos materiales como punto de partida.

     La carta de amor, en este sentido, es menos radical y subversiva que el poema, en cuanto que ella se detiene en la conservación o trasformación del ser amado. El valor literario del “amor loco” de los surrealistas consiste en que, aun cuando exalte la entrega incondicional de los amantes en la exclusividad del abrazo amoroso, apunta fundamentalmente a ser valorado como texto poético por cualquier sujeto lector, incluido el que pueda no estar enamorado.

     Un poema como “Mi mujer”, de André Breton, puede ser disfrutado por cualquier lector que aprecie la riqueza asociativa de las imágenes que dicho texto nos ofrece.

     La carta de amor, aunque participe de lo poético y/o de lo didáctico, pretende la exclusividad, o por lo menos la simula. En este sentido, el género epistolar amoroso comporta menos poiesis literaria, menos “literaturidad”, como dice Roman Jakobson, que la poesía amorosa propiamente dicha. Lo que no impide, repito, que la carta de amor poetice o contenga poemas, y que por su parte el poema tome como pretexto al ser amado.

     Dicho de una forma lapidaria que podría parecer injusta: la carta amorosa tiene como pretexto a la poesía pero apunta a la creación y exaltación del ser amado. El poema tiene como pretexto al ser amado pero apunta al esplendor del lenguaje y del semantismo transgresivo y subversivo generador de nuevos universos de sentido, incluido el territorio mismo del amor.

     El género epistolar requiere de la ilusión que nos hace creer que lo que decimos solo va dirigido y solo debe interesar al ser que amamos. Aunque existen poemas que simulan la comunicación epistolar, y epístolas que, fracasando como tales, alcanzan la dignidad del poema...

     Cuando William Carlos Williams se reconcilia con su esposa después de largos años de discordia y frialdad entre ellos, le escribe una carta muy emotiva en la que le declara la secreta perseverancia de su amor a través de los años, pero conocemos a Williams como poeta por su texto “Asfódelo”, en el que poetiza esa reconciliación, trascendiéndola.

     La comunicación epistolar requiere, más que el poema, del lastre de la cotidianidad irreductible. El poema, aun cuando no existe sin su arraigo originario en la cotidianidad vital, la trasciende con miras a generar una pluralidad de sentidos donde la imagen del ser amado es tan solo un pretexto en el espejo deformante del poetizar.

     El poeta, en su extraña sinceridad, “avanza siempre solo y enmascarado”. ¡Oh abismo el que se abre a sus pies a cada paso! Por ello, las expresiones convencionales tienen un valor tranquilizante, permiten “aterrizar” el texto epistolar en la seguridad de que existe un fundamento absoluto para el lenguaje: la persona amada.

     El poeta solo reconoce como único fundamento absoluto la defundamentación trópica que lo conduce a la creación permanente de universos semáticos posibles, a través de la fuerza incantatoria del decir poético.

     El poeta crea el discurso amoroso.

     El amor, cuando se juzga a sí mismo se cree autosuficiente, pero algunas veces, en su lúcida ceguera, decubre que él es efecto de una productividad más honda: el pensamiento poético que inventa espectros, mitos, dioses, universos y seres dignos de ser amados.

     No denigro el amor, poetas, exalto la fuerza generadora de la palabra poética... ¡Oh amantes!...

     Mas como decía T. S. Eliot: “Estas son palabras privadas que te dirijo en público”...

---------
27 de Junio del 2009

© Armando Almánzar Botello. Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica.

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.
------------------------------------------------

VÍDEOS:

1-. Cartas de amor. Sigmund Freud:
https://youtu.be/G9jf1yY-kC4

2-. Cartas de amor. Sören Kierkegaard y Regina Olsen:
https://youtu.be/9a8oDMPWTvg

3-. El amor para Sigmund Freud y El psicoanálisis:
https://youtu.be/Y3NAWKCYPuo

4-. El amor y “lalangue” maternal según Jacques Lacan:
https://youtu.be/ytVDdUDQyiA

5-. Carta de amor de Jean-Paul Sartre a Simone de Beauvoir:
https://youtu.be/bUNjb_duqMc

6-. Julia Kristeva, la mística y el amor:
https://youtu.be/p-5znQwQF1Q

7-. Gilles Deleuze y el deseo:
https://youtu.be/tLlSRFLThYw

8-. El amor en Hegel:
https://youtu.be/_97Dp3pDbPI

9-. Carta de Friedrich Nietzsche a Lou Andreas-Salomé:
https://youtu.be/gflscNG6k80

10-. El amor según Platón:
https://youtu.be/qUXLTnmCqTM

11-. El amor para Néstor A. Braunstein:
https://youtu.be/GMAH1JAa338
-------------------------------------------------

LA VERDADERA MUSA NO ES “UNA”... (Ella es un complejo de sensaciones, vivencias y destrezas...)

     «La verdadera musa nunca es “una”... “ella” es un complejo de sensaciones, vivencias y destrezas... Solo es “una” la mujer que amamos...» Armando Almánzar-Botello 

     «Recordemos la novela de Goethe Los sufrimientos del joven Werther (Die Leiden des jungen Werthers). En esta ficción singular y primeriza del genial escritor alemán son notorias —para los que conocen los hechos y detalles biográficos de la vida de Goethe trabajados con miras a generar la referida obra—, las divergencias entre la mujer Charlotte Kestner (persona real que inspira parcialmente el relato) y la Lotte de la novela epistolar goethiana. Este personaje último resulta, como criatura de ficción, una mezcla de varios caracteres y rasgos de mujeres diversas que figuraron en la vida de Goethe. No mencionamos ahora la disparidad radical de destino entre el autor, supuestamente autobiografiado, y el personaje principal del texto de ficción.» Armando Almánzar-Botello

     «Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra, / y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo; / y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra; / y nada aprieto y todo el mundo abrazo. // Quien me tiene en prisión, ni abre ni cierra, / ni me retiene ni me suelta el lazo; / y no me mata Amor ni me deshierra, / ni me quiere ni quita mi embarazo. // Veo sin ojos y sin lengua grito; / y pido ayuda y parecer anhelo; / a otros amo y por mí me siento odiado. // Llorando grito y el dolor transito; / muerte y vida me dan igual desvelo; / por vos estoy, Señora, en este estado.» Francesco Petrarca. Versión de Jorge A. Piris

     Por ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO

     A Johann Wolfgang von Goethe, in memoriam

     A Odalís G. Pérez, pensador, poeta, escritor y amigo dominicano

     A Fredesvinda Esther Báez Santana, la “una” mujer de mi vida
-------------

     Muchos sujetos de la contemporaneidad  estética y filosófica —dentro de los cuales podemos incluir a cierto tipo de personas y escritores clasificables todavía como “tardorrománticos”— no terminan de comprender que una “dedicatoria literaria”, por ejemplo, dirigida en lo explícito a un “objeto” singular y específico de amor, amistad o deseo (como huella o testimonio de una simple o posible relación supuestamente constatable para el lector entre las profundas motivaciones personales que posibilitaron la generación de un determinado texto creativo, artístico, y ese objeto biográfico-amoroso en particular), no debe, inevitablemente, condicionar, empobrecer, marcar o limitar la recepción o el destino de dicho texto en tanto que mensaje estético que se pretende relativamente autónomo. 

     Eso se puede afirmar con más vigor todavía en los casos en que el texto creativo al que nos refiramos haya sido generado mucho antes de que su autor “conociera” indirecta o personalmente a los supuestos receptores “privilegiados” y destinatarios coyunturales, a posteriori, de la obra en cuestión. 

     La autonomía problemática de la obra artística niega esta coincidencia o asimilación burda y fortuita operada entre lo simplemente biográfico y el trabajo creador que se materializa en texto. 

     Cuando un mensaje artístico en plenitud logrado —poema, cuadro, ensayo, composición musical... etcétera—, “habla” de amor o de odio, no necesaria y exclusivamente se refiere a un sujeto particular o específico... ¡aunque así lo diga la dedicatoria o la temática! Por eso es arte.

     La imagen con la que describimos en un poema de amor, por ejemplo, “la mirada de una mujer amada”, puede ser el resultado de múltiples y complejas experiencias biográficas: decenas, centenares, miles de miradas de mujer archivadas en la memoria consciente (mémoire volontaire: memoria voluntaria) o inconsciente (mémoire involontaire: memoria involuntaria) del “autor”, entendido este como personalidad biográfica que sustenta parcialmente la historicidad del texto. 

     El vibrante y famoso “Canzoniere” de Francesco Petrarca, por ejemplo, dedicado a Laura de Noves (Laura de Sade), vale como creación artística per se, no simplemente por estar dedicado a Laura, una hermosa y reservada mujer ajena, completamente prohibida para el poeta de Arezzo... El poemario vale por el convincente trabajo creador de Petrarca al articular sus famosos poemas, en cuya elaboración intervinieron todas las experiencias y destrezas literarias de la vida del gran poeta y humanista italiano. 

     Laura es allí un pretexto para ejercitar una poética: la poética provenzal trovadoresca y medieval del Amor Cortés, la cual había sido ya practicada por el gran Dante Alighieri bajo influencia de su maestro Guido Cavalcanti...

     Ello, por supuesto, no desmiente, bajo ningún concepto, el amor que Dante o Petrarca pudieron haber sentido por Beatriz Portinari o Laura de Noves, respectivamente... Como bien lo diría Jacques Lacan: no se niega la naturaleza escrita del amor como desmedida y desgarrada carta de a(l)mor…  

     Al compás de la faena creadora, como labor que configura la especificidad del mensaje estético, se actualizan en el sujeto de la escritura las múltiples identidades y vivencias literarias, biográfico-históricas, que articulan esa memoria del que escribe, y de cuyo reservorio abisal, bajo la condición de materia prima polimorfa, ígnea y metamórfica, surgirá la “cuasi-causalidad” de la obra como algo diferente de la causalidad empírico-biográfica, de la mera “vida en bruto” previa a la terminal “dación de forma” estética. Por eso, decimos que toda dedicatoria amorosa en una obra de arte constituye una atribución a posteriori.

     La obra de arte, en su autonomía relativa, es la consecuencia de un trabajo semiótico —efectuado y contra-efectuado por el sujeto del acto creador, en situación histórica de enunciación estética—, que implica la selección, criba, transformación y orientación de los elementos presentes en un “campo virtual de dispersión”, de posibilidades significantes y a-significantes, tanto afectivas como formales y temáticas, el cual vendría a configurar una suerte de corpus o territorio auto-biotanato-hetero-gráfico del sujeto (J. Derrida), en tanto que personalidad biográfica heterogénea y compleja. 

     Allí, el mero accidente emocional o existencial deviene acontecimiento estético, percepto-afectivo, susceptible de constituirse a su vez en obra —con cierta “self-consistance” y una relativa independencia estético-semiótica con respecto a los elementos o materiales biográfico-empíricos que podrían estar en juego. 

     Recordemos la novela de Goethe Los sufrimientos del joven Werther (Die Leiden des jungen Werthers). En esta ficción singular y primeriza del genial escritor alemán son notorias —para los que conocen los hechos y detalles biográficos de la vida de Goethe trabajados con miras a generar la referida obra—, las divergencias entre la mujer Charlotte Kestner (persona real que inspira parcialmente el relato) y la Lotte de la novela epistolar goethiana. Este personaje último resulta, como criatura de ficción, una mezcla de varios caracteres y rasgos de mujeres diversas que figuraron en la vida de Goethe. No mencionamos ahora la disparidad radical de destino entre el autor, supuestamente autobiografiado, y el personaje principal del texto de ficción. 

     A lo anterior habría que agregar la versión de Charlotte o Carlota que nos ofrece Thomas Mann en su obra Carlota en Weimar (Lotte in Weimar). 

     Es notoria la relación oblicua, jeroglífica y abismal que se observa entre los “accidentes” de la realidad empírica como datos históricos de partida y esos mismos materiales de la vida transformados en “acontecimientos” textuales —de un modo podríamos decir transmutante, alquímico—, contraefectuados en su mera facticidad por la “refracción ficcional” de sus rayos luminosos operada por la subjetividad del autor en su calidad de sujeto de la escritura.

     El arte —específicamente el poema—, constituye un modo no predicativo, no necesariamente apofántico (lógico), del conocer mixto, complejo, que así viene a perfilar un pensamiento estético postmetafísico y trans-apropiador de naturaleza polivalente.

     El sujeto de la escritura es polimorfo, y su “objeto metonímico a” (Lacan) se puede ver apuntalado y sostenido por diferentes figuras o imágenes secuencialmente actualizadas y condensadas en el proceso creador. 

     Finalmente, y como nos recuerda Jacques Lacan: El trabajo creador “eleva el objeto a la dignidad de la Cosa (das Ding)”... 

     Entonces: “Brilla en la memoria la leyenda de su cuerpo”... o “Brilla en el olvido la leyenda de lo ausente...” *

------------------
Noviembre de 2014 (Texto retocado y originalmente publicado en Facebook).

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.

Blog en el que figura un texto relacionado con este:

Blog OTROS TEXTOS MUTANTES

     * Los dos últimos versos pertenecen al poema “Río suelto [la escritura]. Contemplación activa de su cuerpo”, de la autoría de Armando Almánzar-Botello. Dicha obra poética se encuentra incluida en su libro «Cazador de agua y otros textos mutantes. Antología poética 1977-2002», Editora Nacional, 2003, Santo Domingo, República Dominicana.

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.
------------------------------------------------

VÍDEOS: https://youtu.be/i-PGwLbeOAI

SÖREN KIERKEGAARD (Frases): https://youtu.be/a354VcD6Kno

SÖREN KIERKEGAARD: Las obras del Amor. Capítulo 3
https://youtu.be/RcgVBEJvYhY
-------------------------------------------------

AMOR. Contingencia, necesidad, imposibilidad, impotencia…

     «El amor es el encuentro de dos huellas en el exilio.» Jacques Lacan

     «...La llamada monstruosidad integral en Sade constituye más bien un hecho de ESCRITURA. Su obra literaria revela la DOBLE MORAL de la sociedad de su época… y aun de la nuestra… Alguien habló de una “violencia textual”, escritural, situada más allá del deslinde entre el bien y el mal, y que constituye un meta-crimen simbólico, de segundo grado, con respecto a la velada complementariedad de los dos términos del paradigma: paz / violencia. Dicha escritura sería violenta porque revela la secreta alianza, regularmente innombrable, que opera entre la llamada “virtud oficial” y el “crimen quirúrgico institucionalizado”... Así acontece con la escritura subversiva de Sade (cuyo movimiento va más allá del simple sadismo), con el teatro artaudiano de la “crueldad”... y con la violencia pura de la carta de amor, tal como la concibe, transgresivamente, Jacques Lacan...» Armando Almánzar-Botello

     El filósofo esloveno Slavoj Žižek habla sobre el amor. “El amor es el mal.” https://youtu.be/Xy89nSG8NG8

     Por ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO

     Al filósofo y ensayista dominicano Luis O. Brea Franco

     No aludimos al impotente “amor líquido” (Zygmunt Bauman) cuando decimos: «...Hubo personas sin corazón que nunca entendieron el juego y se creyeron imprescindibles en tu vida. ¡Sencillamente no lo son! ¡Nada puede aspirar a tan alto honor! Mucho menos un simple doble de tu propia vanidad. ¡Ni tú mismo eres imprescindible para ti! Solo el Gran Vacío Sagrado es imprescindible: la extensión abierta: ¡nada Sagrado en ella!...» (Fragmento) © Armando Almánzar-Botello: “Lógica paradójica del Zen”. Santo Domingo, República Dominicana

     También en el párrafo anterior hablamos de amor, sí, pero de un AMOR: «descarnado, sin objeto, absoluto, sin límites, sin espejismos de armonía o completud, fuera de la ley...». Néstor A. Braunstein: “GOCE”. Siglo XXI, 1995, página 244

     En un texto anterior afirmábamos, además:

     «El amor es el intento de encontrar no solo a un “otro absoluto complementario” (vía mística de una cierta realización del amor divino), sino también a un “otro suplementario”, terrenal, que nos compense, no de nuestros defectos y carencias, sino de la “imposibilidad de la relación sexual”, entendida esta última imposibilidad no como simple ausencia de “jodienda sexual” (Lacan), sino más bien como escollo absoluto para suturar el ser con la “presencia del otro”, para alcanzar un “reaporte” (Braunstein, Heidegger) ontológico, una supuesta plenitud o “completitud” de la subjetividad que utilice a este “otro” como dispositivo protésico de obturación perversa de la “falta-en-ser” o “falta-de-ser” (Lacan: “manque à être”). No obstante, el amor, como “acto de donación simbólica y entrega”, persevera, no cesa, insiste, y antepone a la propia seguridad del amante la realización asintótica del otro elegido como ser amado...». Armando Almánzar-Botello: “Matizando a John Lennon”

     Por su parte, siguiendo una cierta tradición judeo-cristiana del amor en Occidente retomada por Jacques Lacan, quien resalta la raíz paulina de dicha concepción (sin olvidar aquí la diferencia entre el pensamiento de Pablo de Tarso y la herejía pauliana o samosatense, relacionada con Pablo de Samosata), el filósofo esloveno Slavoj Žižek nos recuerda:

     «Como dijo hace tiempo Søren Kierkegaard en “Las obras del amor”, la consecuencia necesaria (la “verdad”) de la exigencia cristiana de amar a nuestros enemigos es: “la exigencia de odiar al amado fuera y dentro del amor […] Hasta ese punto —podríamos hablar hasta de una especie de locura— puede el cristianismo promover la exigencia de amor si este ha de ser la realización de la ley. De modo que el mandamiento cristiano exige ser capaz de odiar al padre y a la madre y a la hermana y al ser amado [...]”. Kierkeegard aplica aquí la lógica de la “hainamoration”, articulada más tarde por Lacan, que depende de la escisión en el amante entre la persona amada y el verdadero objeto-causa [objeto pequeño “a”] de nuestro amor por ella, que está “en él más que en esa persona” (para Kierkegaard, Dios). A veces, el odio es la única prueba de que realmente amamos. El concepto de amor debería considerarse aquí en su sentido paulino [San Pablo]: el “dominio de la pura violencia”, el dominio fuera de la ley (poder legal), el dominio de la violencia que ni se funda en la ley ni se sostiene en la ley, “es el dominio del amor”…». Slavoj Žižek: “Sobre la violencia”.

     En este sentido, Žižek afirma que para el Jacques Lacan autor del Seminario 7 “La ética del psicoanálisis” y de “Kant con Sade”, el amor, en tanto que consumación de una ética del deseo que surge “más allá del principio del placer” [caso de Antígona], es un “imperativo categórico” kantiano. 

     «No es Kant el que era un sádico disfrazado, sino Sade el que era un kantiano oculto», apunta Žižek.

     Lacan, radicalizando en este contexto su ética del amor concebido como una sublimación del deseo excesivo y desmesurado más allá de la simple apropiación del otro y de la autoconservación, había establecido que la verdadera prueba de fuego para mi amor estriba en que: «el goce de mi prójimo [en el “subjetivo” y en el “objetivo” del genitivo], su goce nocivo, su goce maligno, se propone como el verdadero problema...» JL

     Decía el escritor mexicano Carlos Fuentes que lo más fácil y seguro para los seres humanos es morir. Acto seguido afirmaba que lo más difícil es amar. 

     Si reflexionamos sobre lo dicho por el gran escritor mexicano, debemos pensar que de una forma u otra y a pesar de tantas apariencias en contra, vivimos en un mundo en el que se manifiesta sin lugar a dudas la grandeza del misterio y el milagro.

     Por su parte, el inmenso Mircea Eliade explicaba, siguiendo las huellas del amor cortés y de la mística sufí, la gran tradición occidental del amor pasional de pareja como valoración de un ser único, singular e irrepetible, en una relación que pretende ser eterna en su más profunda vocación originaria. 

     Afirmaba Eliade que la experiencia, en el seno de la cultura occidental, de auténticos “amores sucesivos” entre personas que se eligen libremente, es de hecho algo posible, fenomenológica y éticamente, aun cuando la finalización de las experiencias amorosas que no fuesen la relación definitiva, parecería poner en duda la autenticidad de dichos encuentros y la vocación de “eternidad”, necesaria o implícita, en el “no cesa de escribirse” con el cual un pensador como Jacques Lacan modaliza el amor. 

     No obstante, y como lo repetía Gabriel García Márquez, creemos que “el amor es eterno mientras dura”. 

     El amor, que nace del encuentro CONTINGENTE, azaroso, y su “cesa de no escribirse” (cesa de no darse), aspira a LO NECESARIO por su intrínseca vocación de permanencia: “no cesa de escribirse” (no cesa de darse), en eso que Jacques Lacan denomina en su Seminario XX “Aún” (“Encore”), la carta de a(l)mor... 

     La dimensión trágica del amor consiste en que se produce sobre un fondo que “no cesa de no escribirse” (no cesa de no dar): lo real de la muerte, como lo que viene a destruir todos los juegos del yo (moi) imaginario y su retórica falsa de simulada y frívola “esquizia”. 

     Lo que Mircea Eliade consideraba difícil o más bien imposible, era amar de forma genuina, como pareja, simultáneamente y en términos de don activo de amor orientado a la realización del ser del otro, a más de un partner. 

     Argumenta el pensador rumano que el “amor” de un hombre por varias mujeres, experimentado hacia ellas de forma simultánea, determina la posibilidad de que esos “amores” sean todos falsos con respecto a la integridad de la pauta con la que Eliade entiende axiológicamente el amor auténtico.

     Razonaba el autor de “Herreros y Alquimistas” que de amar ese hombre de modo real y efectivo a uno de sus “varios” partners femeninos, esa misma relación amorosa, supuestamente auténtica, ya estaría lesionada ontológicamente por la traición a la “unicidad” de todo verdadero amor. 

     (Puede existir, sin lugar a dudas, una teología infusa en esta categoría de “unicidad” y “exclusividad” del ser amado). 

     Decía irónicamente el gran historiador de las religiones y pensador rumano, que solo un santo podría lograr la proeza de amar al mismo tiempo a más de una mujer...

     Octavio Paz, aun reconociendo en su hermoso libro “La llama doble” la existencia de diferentes modalidades de amor en correspondencia con cada formación histórico-cultural, se adscribe también, de una forma u otra, a la tesis del amor único. 

     Debemos recordar que Octavio Paz contradice en su mencionado libro a Denis de Rougemont, quien en el contexto de su obra “El amor y Occidente” considera a dicho fenómeno básico de la subjetividad humana como una invención exclusiva del mundo occidental, localizada como tal, de forma concreta, en la cultura trovadoresca provenzal propia del medioevo europeo.

     Una de las variantes modernas del amor a la “persona única”, la constituye el llamado “Amor Loco” (Amour Fou), que es teorizado-vivido por el gran poeta surrealista André Breton. 

     Y menciono este dato ahora para que lo sepan de una vez por todas aquellas personas que piensan, entienden o visualizan el sintagma bretoniano alusivo a la “locura” en el contexto del amor, como un signo que implica o indica la validación de la mera promiscuidad o de la simple laxitud de los encuentros contingentes. Breton creía en la plenitud erótica y amorosa, pero con un partner único...

     El resto, como bien dice Octavio Paz (y sin asumir condenas puritanas o excluyentes de la multiplicidad posible de vínculos erótico-afectivos ni la demonización de las experiencias eróticas libres y mutantes), está constituido por aventuras exploratorias de una pareja que puede amarse realmente pero cuyo amor desfallece y necesita de nuevos estímulos (además de ir acompañadas dichas aventuras de los riesgos mencionados por Mircea Eliade). 

     Todo ello comportaría una simple “complicidad” o tolerancia erótico-conyugal más que verdadero amor.

     Dicha “tolerancia” o flema con respecto al comportamiento desleal y/o “consentido” del partner, muchas veces revela una real impotencia para amar e involucrarse afectivamente con el otro de una forma plena, “enfrentando candela”, para expresarnos en los términos de nuestras culturas latinoamericanas y antillanas en su calidad de porciones excéntricas de Occidente, como diría Octavio Paz.

     Siguiendo a Jacques Lacan se entiende aquí el ideal de amor en sentido amplio, como libre don simbólico y activo dirigido a un otro, en mutuo cumplimiento creativo y en efectiva aceptación de la realización del ser de ese otro.

     Lo anteriormente dicho implica la elección libérrima de la unicidad irrepetible y exclusiva del otro, la plena asunción por parte de los miembros de la pareja de sus respectivas singularidades y libertades.

     Y me pregunto si el sujeto que se encuentra impotente o incapacitado para amar en el contexto de su propia tradición y valores histórico-culturales, está preparado para amar de acuerdo con otros valores —conocidos muchas veces por vías meramente librescas, en el mejor de los casos—, o, si dicho sujeto participa de una “indigencia ontológica” que le impide desplazarse más allá del juego erótico-narcisista para incluir en la ecuación de la “llama doble” (Paz), la otra vertiente que viene a enriquecer la interacción, es decir, la que permite otorgarle una mayor densidad a la relación entre los partners: la estructura del “amor” o del “afecto”, como algo diferente de la mera pulsión.

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.
-------------------------------------------------

Adendas

1.- SEXUALIDAD Y SUBLIMACIÓN PSICOANALÍTICA. (Breve nota)

     Por Armando Almánzar-Botello

     “El erotismo es la sexualidad humana transfigurada por la imaginación.” Octavio Paz

     A Carlos Reyes

     No existe degradación implícita de la sexualidad en el concepto freudo-lacaniano de “sublimación”, tal como algunos piensan.

     La idea de sublimación no implica un supuesto desplazamiento de la sexualidad “baja”, impura, bárbara o deleznable, hacia el territorio de lo “alto”, lo sublime, lo noble, lo puro…

     El referido punto de vista resulta de una interpretación simplificadora y de una lectura “banalizante” de Freud, Lacan y el psicoanálisis.

     Para Lacan, toda pulsión es de vida y de muerte, simultáneamente. El autor de los “Écrits” nos habla en su Seminario VII “La Ética del Psicoanálisis”, de una sublimación “creativista” de la Pulsión de Muerte y de la destrucción: “Voluntad de empezar de nuevo más allá de todo límite”... Redescripción de las fronteras entre lo real, lo simbólico y lo imaginario.

     La pulsión se sublima en tanto que puede ser “desplazada hacia otros fines” fuera del circuito definido por la estructura de la repetición neurótica como fijación compulsiva a ciertos objetos de catexis o carga libidinal.

     ¡No necesariamente la sublimación comporta una desexualización, una dimisión o cesación de lo pulsional por parte del sujeto deseante! Más bien implica un proceso de generación o producción de nuevos vínculos libidinales y de nuevas posibilidades amorosas, creativas, flexibles y proliferantes.

     Jacques Lacan, siguiendo a Freud y analizando un texto poético del gran trovador provenzal del siglo XIII, en lengua de Oc, Arnaud (o Arnaut) Daniel, nos dice, en su Seminario 7 de 1959-1960 “La ética del psicoanálisis”:

     «Antes de dejar la sublimación, cuyo esquema les hice en torno a la noción de la Cosa (das Ding) —que puede parecer todavía enigmática y velada por las mejores razones—, les traigo, en carácter de nota, un texto que concierne a lo que podría denominarse las paradojas de la sublimación. La sublimación, en efecto, no es lo que piensa el común de la gente, NI SE EJERCE SIEMPRE EN EL SENTIDO DE LO SUBLIME. El cambio de objeto no hace desaparecer, lejos de ello, el objeto sexual —EL OBJETO SEXUAL, ACENTUADO COMO TAL, PUEDE NACER EN LA SUBLIMACIÓN. El juego sexual más crudo puede ser el objeto de una poesía, sin que esta pierda sin embargo su mira sublimante. En suma, no creo inútil leerles una pieza del expediente del amor cortés con la que los mismos especialistas, literalmente, no saben qué hacer —están tan embarazados con ella como lo estaría un pez con una manzana. En la historia de la poesía cortés no existe otro poema como este...» JL

     Y pasa entonces Lacan a leer, en dicho Seminario “La ética del psicoanálisis”, el poema del trovador Arnaud Daniel, texto con el que Lacan viene a (de)mostrar la tesis freudo-lacaniana de que la sublimación NO comporta una simple “desexualización”, sino que puede habilitar para el sujeto, en acto de (auto)creación, todo un campo de nuevos goces o vínculos eróticos expresados por intermedio de una fina “orfebrería semiótica“.

     El tema del poema en cuestión, resultante de un acto sublimatorio artístico, es el sexo oral o cunnilingus practicado por el poeta a su Dama. La práctica erótica de explorar la vulva de la mujer, la expresa Daniel mediante la expresión “emboucher sa trompette” (“embocar su trompeta”) con todas las connotaciones erótico-musicales de la expresión, la cual significa: poner la boca en la “trompeta”, pero también en la “concha”: los genitales femeninos; en este caso particular rugosos y malolientes… Cependant… el poeta cumple con su misión cortés…

     El poema es muy extenso para transcribirlo aquí, pero de él nos dice Lacan:

     «La mujer idealizada, la Dama, que está en la posición del Otro y del objeto, súbita, brutalmente se ENCUENTRA en el lugar sabiamente construido mediante significantes refinados, colocando en su crudeza el vacío de una cosa que revela en su desnudez ser la cosa, la suya, la que se encuentra en el núcleo de ella misma en su cruel vacío. Esa Cosa (das Ding), cuya función en relación con la sublimación presintieron algunos de ustedes, es de alguna suerte revelada con una potencia insistente y cruel...»

     Lacan define la sublimación, repetimos, no como una desexualización sino como un “elevar el simple objeto a la dignidad de la Cosa” originariamente perdida. 

     Esta “Cosa” se debe entender como un Objeto Mítico Real (Real en sentido lacaniano), puro goce del ser anterior al discurso, anterior al significante, anterior a la palabra, pero ulteriormente deseado, evocado, merodeado, bordeado o (re)velado por el lenguaje y el significante en el acto de creación (en este caso, artístico), para permitir así el advenimiento de nuevos “plus de jouissance” o plus de goce, de nuevas formas de disfrute libidinal textualizado que rompan con la rigidez de los estereotipos compulsivos de la neurosis…

     Esta visión psicoanalítica de la SUBLIMACIÓN estética como abocamiento a lo erótico transfigurado, a lo real pulsional flexible, puede implicar no solo el registro de la BELLEZA sino también los efluvios de lo SINIESTRO (Eugenio Trías) y de lo ABYECTO (Lyotard, Kristeva). 

     De ahí, la definición postkantiana y postsublime de un territorio correspondiente a una estética rota, barrada (barré): “est/ética”, a entender como instancia diferente de la mera belleza armónica, equilibrada, sublime, ascensional o catártico-uraniano-paterna (Mircea Eliade)…

     De modo que el psicoanálisis no denigra la sexualidad cuando utiliza el concepto de sublimación, categoría que, como bien señala Lacan (y con él Kristeva, Lyotard, Trías, Derrida, Badiou, Rancière, Lynda Nead… y toda una serie de autores pertenecientes a una cierta modernidad) NO COMPORTA UNA SIMPLE DESAPARICIÓN DEL OBJETO SEXUAL…

     El texto de JACQUES LACAN al que hago aquí referencia, como he dicho, es su SEMINARIO VII (1959-1960), “La Ética del Psicoanálisis”, Editorial Paidós, Argentina, 1995. Específicamente, en cuanto al poema, ver sus páginas 197-200.

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. 

2.- JACQUES LACAN Y LA PULSIÓN DE MUERTE

     Lo que no debemos olvidar es que la pulsión de creación no existe como tal. Lo que sí existe es pulsión en sentido general. De existir pulsión creativa, ella sería para Lacan, paradójicamente, la pulsión de muerte considerada en sus posibilidades “creacionistas”.

     El pensador francés nos dice, a propósito de la pulsión de muerte, y marcando de un modo explícito la diferencia entre su concepto de “Voluntad” y el que opera en la obra de Schopenhauer:

     «Voluntad de destrucción. Voluntad de comenzar de cero. Voluntad de Otra-cosa, en la medida en que todo puede ser puesto en causa a partir de la función del significante... Voluntad de creación a partir de nada, voluntad de recomienzo... La noción de pulsión de muerte es una sublimación creacionista, vinculada con ese elemento estructural que hace que, desde el momento en que tenemos que vérnosla en el mundo con cualquier cosa que se presenta bajo la forma de la cadena significante, hay en algún lado, pero ciertamente fuera del mundo de la naturaleza, el más allá de esa cadena, el ex nihilo sobre la que se funda y articula como tal...» Jacques Lacan. Seminario VII, “La ética del psicoanálisis”, Paidós, Argentina, 1988, páginas 256 y 257.

     Freud hablaba de una dualidad de pulsiones: pulsiones de vida o sexuales y pulsiones de muerte. Diferenciaba así aquello que Lacan considera como dos aspectos de toda pulsión.

     La pulsión de muerte disuelve lazos libidinales y, cuando se exterioriza, puede recibir el nombre de pulsión de destrucción o agresividad. Por otra parte, la pulsión sexual liga, participa de una función de vendaje, como dice Derrida leyendo a Freud… Pero de hecho, ambos aspectos constituyen atributos de toda pulsión. 

     La dialéctica del odio y del amor, por su parte, implica también esta dimensión paradojal: el amor no se ofrece sin una componente de agresividad latente y de odio implícito hacia el ser amado. 

     Eso es resultado del carácter contradictorio y problemático de todo sujeto efectivamente vivo y en proceso de transformación. Dicho sujeto en proceso no existe como tal sin verse abocado a la posibilidad del conflicto. 

     Este factor negativo puede ser sublimado poniendo la vertiente de agresividad al servicio de la afirmación vital y de la redefinición permanente de la relación entre los miembros de la pareja. La experiencia clínica concreta sirve de aval a estas afirmaciones.

     La subjetividad viviente, en proceso dialógico-amoroso, de un modo constante se arriesga a disolver-perder la imagen que se hace del otro (lo cual es vivido subjetivamente como un “asesinato” fantasmático) y a transmutar la propia imagen narcisista (vivencia fantasmática “suicida”) en un proceso de reparación simbólica de daños imaginarios. Toda relación intersubjetiva comporta procesos de subjetivación-desubjetivación y resubjetivación. 

     La negatividad radical de la pulsión no es nunca silenciada totalmente. Ello implicaría eliminar a los sujetos como tales. Otra cosa es el maltrato psicológico y la violencia física contra el partner, lo cual, evidentemente, no es promovido por el psicoanálisis.

     No puede haber creación sin destrucción. Por tal motivo, la pulsión de muerte puede ponerse al servicio de una redefinición inédita de límites en el campo de las configuraciones simbólicas de la cultura. Una de esas formas privilegiadas de la condición (in)humana es el amor.

     Desde luego, existe una gran diferencia entre la destrucción en bruto, y la transfiguración de la crueldad en los planos de la creatividad lingüístico-simbólica. A eso se denomina sublimación de la pulsión de muerte.

     La relación que Freud y Lacan establecen entre pulsión sexual o de vida y pulsión de muerte, equivaldría, para Néstor A. Braunstein y otros pensadores, a la tensión que Heidegger define entre Diké: norma que liga o aglutina y preserva, y Tekhné: actividad disolvente o destructiva de las normas y límites establecidos, que tiende a crear (he aquí la ambigüedad de la pulsión de muerte) nuevas formas de socius, vínculos o lazos sociales...

Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.

3.- PULSIÓN DE VIDA (EROS) Y PULSIÓN DE MUERTE (THANATOS)

     «...Podríamos decir, en el contexto teórico lacaniano, que Pulsión de Vida y Pulsión de Muerte son dos facetas antagónicas y complementarias de toda Pulsión. La Libido es, simultáneamente, vida y muerte. La sexualidad siempre implica el horizonte de la muerte.

     Cuando la pulsión funciona en el Marco de la Homeostasis y el Principio del Placer, podría considerarse como pulsión de vida; cuando se manifiesta Más allá del Principio del Placer, se concibe como pulsión de muerte. Eros y Tánatos o Thanatos (categoría esta última que por cierto no utilizó nunca el mismo Freud como sinónimo de pulsión de muerte) son dos vertientes inseparables de la “energía” pulsional.

     Lacan consideraba que toda pulsión es de muerte. En el contexto de su pensamiento, la muerte, el goce y la pulsión se ubican en el registro de lo Real.

     Sustituyó, además, el Modelo Freudiano del Goce como Descarga Pulsional que conduce al cero “0” de lo inerte o inanimado (Principio del Nirvana), por el Paradigma del Goce como Incremento de Tensión Más allá del Principio del Placer freudiano...». Armando Almánzar-Botello. “Introducción a la lectura de Jacques Lacan”. (Fragmentos). Armando Almánzar-Botello. “Sobre psicoanálisis y filosofía. (Notitas de un diletante)”.

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.

OTROS BLOGS DE ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO:

Cazador de Agua                   

Tambor de Griot

ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO ES MIEMBRO DE LA "RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL, REMES

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.

martes, 17 de octubre de 2017

YO: ¿SAN FRANCISCO DE ASÍS, O UN VENGATIVO CYBORG DE SANTO DOMINGO?…

«Son tan inesperados los medios y concepciones de la obra de arte...» Armando Almánzar-Botello. La Caída. Texto Neo-testimonial.

Parque Mirador Sur. Santo Domingo, República Dominicana.

Por Armando Almánzar-Botello

A James Joyce y a Groucho Marx, in memoriam

En el Parque Mirador Sur de Santo Domingo, a dos exiguas cuadras de mi hogar perseverante, humilde y portentoso, mientras hoy, en pleno miércoles de Semana Santa, ofrecía yo de comer maíz a las cándidas palomas, acompañado en la rutina, como siempre, por mi propia ausencia turbulenta y mi deseo de encontrar soldados valientes dispuestos a morir —¡de verdad!— por el Teatro Fútil del Universo (Cultural Dominicano), tanto violento apetito manifestaron las aves en sus hervideros traviesos, que se posaron impetuosamente en mi antebrazo no-biónico izquierdo —cuya mano franciscana ofrecía el alimento amoroso a las volátiles criaturas—, y me produjeron unas pequeñas heridas, casi letras, agravadas por “la aspirina que consumo por motivos cardiovasculares, y que me ha producido la fragilidad capilar excesiva generadora o responsable del sangrado espontáneo que ahora parece florecer en la tensa superficie de mi piel...”

De inmediato, políglota y obstinadamente, la traviesa y bella Crista en persona chupó con sus mágicas “ventosas” mis pequeñas heridas precoces pre-cosmogónicas, digo, atópicas—, como si de sorber una mordedura venenosa de serpiente cascabel se tratara. 

En segundos pleromáticos de pasos leves, titilantes, la verdad antiséptica de una boca y su danza febril espumarajo místico, chupando, chupando y chupando, hizo volar y estallar el universo en terrible inusitado resplandor divino, en acrobacia seminal de paloma sacrosanta… Oh cabriola sinuosa del Logos Spermatikos, ojos en blanco... 

Y eso… que apenas comenzaba lo inefable del milagro.

¡Hombres y mujeres de poca fe: el viento enigmático proclama: lo cosmogónico surge imprevisto de una herida!


Marzo de 2013 (Texto retocado).


© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.



Otros blogs en los que figura este mismo texto u otro relacionado:

Blog Cazador de Aguahttps://cazadordeagua.blogspot.com/2013/03/yo-san-francisco-de-asis-un-cyborg-de.html?m=0

Blog Otros Textos Mutanteshttps://almanzarbatalla.blogspot.com/2015/02/la-caida-texto-neo-testimonial.html?m=0 y https://almanzarbatalla.blogspot.com/2015/04/carnalidad-mutante-confecciones-del.html

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.
....................................................................................................................................

OTROS BLOGS DE ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO:

Cazador de Aguahttp://cazadordeagua.blogspot.com/ y también: http://tambordegriot.blogspot.com/                   

ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO ES MIEMBRO DE LA "RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL, REMES

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.

sábado, 16 de septiembre de 2017

ESPEJO EN ESCRITURA

«En Yo contempla un Se –arcano tras las tumbas–: tétrico teatro de mi propio enterramiento... El río ríe lo real...» © Armando Almánzar-Botello
                                     
                                      
                                                           M. C. Escher: Banda de unión, 1956

Por Armando Almánzar-Botello

A Ludwig Wittgenstein, Maurice Blanchot y Jacques Derrida: ln memoriam


En el acto de morir —aquel hombre del espejo—
sorprendido no sintió demasiada impaciencia...

Esperó tercamente la visita de la Nada:

esa musa oscura y su navaja reflexiva
que promete otra tinta para manchar la página,

otro modo de lluvia que apaga los paraguas,
un sol absorto y mudo que alumbrando vacío evapora las caras...

Aguardó cauteloso la llegada de sí mismo congelado en puro asombro... 

Recóndito diagrama de silencio...

Anhelante se llamó,
                                      y como siempre,
tarda en acudir. Sangra voces desoladas,
perdido en su desierto: en su íntima distancia...

Nadie ni lenguaje respondió desde su adentro.

Para recordar ausencia, volvió su rostro al olvido.
Y escapó sin su yo —diluido con la tarde—

hacia el charco impasible de la sombra que siente,
sin haberse encontrado...

Neutro y genético el Afuera: Otro en letra desollada firmó 
por el cadáver.

Aquí para el hombre se borró la mujer,
que serena y limpiamente lo miraba escribiendo...



Febrero de 1999. (Texto ligeramente retocado).

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.


NOTA BENE:
Poema publicado —junto a otros más del autor— en el número 110 de la revista mexicana “Blanco Móvil”, dirigida por Eduardo Mosches, poeta y editor mexicano de origen argentino. Dicho número, correspondiente al primer trimestre 2009 de ese importante órgano cultural, fue dedicado por completo a la poesía de República Dominicana.


Otro blog en el que figura este mismo texto:


Blog Cazador de Agua:

                                

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.
....................................................................................................................................

OTROS BLOGS DE ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO:

Cazador de Agua:
http://cazadordeagua.blogspot.com/ y también: 
http://tambordegriot.blogspot.com/                   

ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO ES MIEMBRO DE LA "RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL, REMES: 

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

SARA. Poema para ser leído con “lalengua” como rumor de fondo...

«Esta diosa nació de la espuma del mar / más ligera que el aire bajo el Héspero...» Ezra Pound.

«Existen sutiles deslindes, precisas distinciones y parciales coincidencias entre aquello que Jacques Derrida caracteriza como “nexo social”, por un lado —tensión entre la violencia de la “banda de dispersión originaria” y la contraviolencia normativa del contrato social como “contrabanda de concentración”— y, por el otro, aquel registro que Jacques Lacan concibe para el sujeto convencional de la normalidad-neurosis como disfrute del “vínculo lingüístico que hace lazo social” —el discurso de semantemas ordenados lógica y sintácticamente—, instancia de la que no participa el psicótico aunque también goce, desvinculado de la norma gramatical y del “yo (je) como embrague, shifter o dispositivo simbólico”, de la socialidad pre o translingüística de la “lalangue” lacaniana. Esta última instancia —lalangue: “lalengua”, y su correlato estructural, el “parlêtre”: ser hablante, hablante-ser, cuerpo parlante o cuerpo de goce— debe ser entendida como nodriza platónica y campo matricial de pura productividad semiótica, como terceridad anterior a los opuestos y resonancia-disonancia interválica que rompe con los deslindes netos del binarismo metafísico y de la ontología de la presencia.» Armando Almánzar-Botello

             Sandro Botticelli. El nacimiento de Venus, 1482-1485

Paul Delvaux. El nacimiento de Venus, 1937

Por Armando Almánzar-Botello 

«El lenguaje… interviene siempre bajo la forma de una palabra que quise fuese lo más cercana posible a la palabra francesa lallationlalangue [“lalación”, “lalengua”, en español]». Jacques Lacan
--------------


Escritura amarilla...
                                 sorprendido destello:

de los olivos del sueño a la sombra, 
ojos felinos atisban
mancha de negro en el nácar.

                                                      
Y Sara,
desnuda por el sueño,

tocada de enigmática sonrisa,
boca de luz en la selva secreta:
                                                     escuchaba,
latiendo… 
                  un pájaro mental en el espejo del topacio, 
                                                                                       posado
en lo blanco de la túnica... 
                                              vibrante mar... vuelo de espumas...

Hubo el miedo presentido a través del complicado laberinto 
de Anagalis…
                          La caricia de tres dedos y «lalengua»
                          —¡turbulencia inexorable de un incendio!
                        en los pliegues anhelantes de la carne…

¡Oh!... rumor profundo de las letras,
Oleaje indescifrado y tumultuoso de los vértigos.

Intenso mar sin horizonte:
eco fantasmático de espuma entre sus piernas…

Tendido permanece otro misterio aquí en la página.

                                                A la sombra,
un índice oscuro lentamente,

borra en silencio las palabras
dibujadas en la arena …
                                                Mágicos vocablos.
Latidos profundos de su ausencia:
Disipadas caligrafías que ahora entiendo…


Mayo de 1985. (Texto retocado).


Poema tomado del libro de Armando Almánzar-Botello titulado:
Cazador de agua y otros textos mutantes. Antología poética 1977-2002, Editora Nacional, 2003, p. 25. Santo Domingo, República Dominicana.

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.


Otros blogs en los que figura este mismo texto:

Blog Cazador de Agua

Blog Tambor de Griot

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.
.......................................................................................

OTROS BLOGS DE ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO:

Cazador de Agua                   

Tambor de Griot

ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO ES MIEMBRO DE LA "RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL, REMES

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.

Kafka, Proust... y la felicidad...

«59-. No hay accidentes, por fatales que sean, de los que una persona hábil no saque alguna ventaja; ni tan prósperos que no puedan los imprudentes volverlos en su contra. 60-. Todo lo endereza la Fortuna [Tyche como Eutychia] en beneficio de los que favorece. 61-. La felicidad e infelicidad de los hombres depende no menos de su humor que de la Fortuna. [TycheEutychia o Dystychia]» La Rochefoucauld. "Máximas y reflexiones diversas"
         

Por Armando Almánzar-Botello


La "felicidad" (o la "esperanza") existe, pero "no es para nosotros"... Algo parecido le comunicaba Franz Kafka a su amigo Gustav Janouch en la primera mitad de los años veinte del siglo pasado.

¿Ese "nosotros" se refiere allí tan sólo a los judíos? ¿Quería significar el gran escritor checo de lengua alemana y ascendencia judía que las personas no podemos nunca disfrutar de la felicidad, que a los seres humanos en general les está vedada toda felicitas o alegría? …¡No! Quería decir, sencillamente, que lo que nos hace felices no aparece allí donde lo esperamos.... que la felicidad existe a la medida de cada contexto, de cada singularidad o sujeto...

Tyche, decían los griegos y Aristóteles en particular (los romanos hablaban de Fortuna): encuentro indeterminado, no calculable con lo Real. Dicho encuentro, producido al Azar, puede ser fasto (felicidad: eutychia: eutiquia) o nefasto (desgracia: dystychia: distiquia).

Lo que es la felicidad para "Juan" no lo es para "Pedro". Esto no niega la posibilidad de luchas programáticas por el bienestar común, plural, colectivo... Empero, en lo esencial, para cada sujeto la felicidad llega, si llega, de un modo imprevisto, contingente... ¿Arriba ella como La Revolución, en la que todavía algunos seguimos creyendo?... ¿Como las pequeñas y diversas revueltas cotidianas que marcan un destino, y secretamente nos transforman?... Lo mismo acontece con la Desgracia.

El tema de la felicidad en relación con el mencionado pensamiento de Kafka me fue sugerido (además de por el mismo libro de Janouch, "Conversaciones con Kafka. 1920-1924.") por una reflexión del filósofo italiano contemporáneo Giorgio Agamben (en su obra "Profanaciones", Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires, 2005, página 23.)

Es muy amplia y matizada la literatura sobre el tema de la felicidad en Occidente, desde la antigüedad greco-latina: Platón, Aristóteles, Séneca... hasta San Agustín, Kant, Gracián, Nietzsche, Freud, Proust, Russell, Adorno, Beckett, Deleuze, Lacan, Derrida, Miller...

Así como el "entusiasmo" constituye para ciertos filósofos, entre los cuales podemos mencionar a Immanuel Kant, la clave de la felicidad, Jacques Lacan, por su parte, coincidiendo en esto parcialmente con Sigmund Freud y con el gran escritor Marcel Proust, concibe una "felicidad pulsional" a la que el sujeto no aspira puesto que desde el principio está situado en ella, pero de la que se informa por mediación de la contigencia del encuentro con lo Real, y a la que modula por un subsiguiente goce temperado por el significante... 

Oportuno resulta mencionar aquí el sabor y el olor de la magdalena (madeleine) y del té, referidos en  el primer tomo de la gran novela de Marcel Proust "En busca del tiempo perdido. Por el camino de Swann" ("À la recherche du temps perdu. Du côté de chez Swann"). En dicha extraordinaria obra, las sensaciones gustativas y olfativas como factores contingentes que activan las huellas de la "mémoire involontaire" (memoria involuntaria) del singular personaje protagónico de la famosa narración proustiana, el refinado y sensible Charles Swann, desencadenan en él una experiencia colindante con la iluminación mística o el alumbramiento del pasado, con el gozo imprevisto producido en dicho sujeto-actante por un bloque mnémico de infancia (Deleuze) que se desplaza al presente de la diégesis y no a la inversa. De tal modo, viene a constituir esta experiencia un paradigma de la desubjetivación y la resubjetivación, de la felicidad activa como tiempo recobrado, diferente de la mera nostalgia pasiva producida por el recuerdo voluntario. Dicha felicidad se alcanza en futuro anteriorNachträglichkeitaprès-coup, retroactivamente... pero actualizándose de un modo intensivo como acontecimiento.

Entendemos que para Gilles Deleuze y para el mismo Jacques Lacan, sólo a posteriori el sujeto afirma, contra-efectúa, representa, delimita, elige, interpreta, selecciona (proaíresis aristotélica), en aquello que le sucede primero como accidente azaroso, contingente, fatal en el sentido de ineludiblelo que dicho sujeto desea que retorne transfigurado como sinthome y acontecimiento.  

En ese sentido, Theodor W. Adorno decía: "Con la felicidad acontece igual que con la verdad: no se la posee sino que se vive en ella."

Para Lacan y Miller, existe una separación radical entre deseo y felicidad. Sólo el encuentro contingente, fortuito, casual con el objeto puede generar la felicidad como posicionamiento particular, idiosincrásico, de un sujeto con respecto al goce, en el contexto de una particular historicidad o regimentación discursiva de los modos de "jouissance" o goce propios de cada época...

Aunque esa "felicidad" del goce anule provisoriamente los marcos referenciales y los pretiles de seguridad del Yo...


24 de junio de 2012. (Versión retocada).


ORIGINALMENTE PUBLICADO EN FACEBOOK.

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.


Otro blog en el que figura este mismo texto:

Blog Cazador de Agua:
http://cazadordeagua.blogspot.com/2012/08/nota-sobre-la-felicidad-pero-no-es-para.html

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.
....................................................................................................................................

OTROS BLOGS DE ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO:

Cazador de Aguahttp://cazadordeagua.blogspot.com/ y también: http://tambordegriot.blogspot.com/                   

ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO ES MIEMBRO DE LA "RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL, REMES: 

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.

domingo, 3 de septiembre de 2017

RESPUESTA AL DUCHO PERIODISTA JOSÉ CARVAJAL. (Por ahora, a modo de divertimento)

«Para que el señor José  Carvajal vea que no temo a la polémica ni a las réplicas, lo digo con todas las letras: la sorprendente pobreza que caracteriza definitivamente a sus juicios de burdo pero aplicado artesano de la palabra, me obliga a escribir solo con argumentos ad hominem, porque ideas propias y profundas a discutir no las hay en los escritos de Carvajal...» Armando Almánzar-Botello

                     
Armando Almánzar-Botello                        

Por  Armando Almánzar-Botello


«El análisis, más que ninguna otra praxis, está orientado hacia lo que, en la experiencia, es el hueso de lo real.» Jacques Lacan.

1. En un principio creó Carvajal los cielos y la tierra

«Mire usted, señor José Carvajal, yo no hablo en calidad de funcionario de nada. Yo le escribo en mi condición personal de sujeto lector hastiado por la habitual costumbre suya de etiquetarme con artículos generalmente insustanciales y presumidos en los que pretende usted calificar o descalificar autores utilizando unos cuantos párrafos rotundos y cargados de suficiencia. Esto se lo digo a título personal, no como encargado oficial de nada. Mi muro [de Facebook] no es un vertedero para recibir sus constantes “embestiadas” críticas. Yo, particularmente, no etiqueto a nadie [por Facebook]. A Rita Indiana Hernández la leo, sí. Respeto sus esfuerzos literarios y también el trabajo de los que realizan la revista País Cultural. Como decía Nietzsche: “Allí donde no es posible amar, solo debemos pasar”... Entiendo que el verdadero crítico está llamado a señalar valores; en su defecto, no debe escribir nada sobre un autor si este no goza de su aprecio literario. Debo advertirle, por otra parte, que no estoy dispuesto a sostener polémicas estériles: me encuentro en cama, enyesado y con dolores físicos muy fuertes. Buenas noches.» Armando Almánzar-Botello.

2. Éxodo

Lo más arriba escrito fue mi legítima y exasperada reacción, por medio de Facebook, a la inveterada constumbre que me ofrecía en bandeja de plata el periodista dominicano José Carvajal (creo que ahora reside de nuevo en los Estados Unidos) y que consistía en etiquetarme con sus “estreñidas” reseñas literario-escolares, algunas de las cuales podían dar albergue a uno que otro dato interesante, pero no más de ahí. José Carvajal no es el nombre de un “letrado” de altas luces, ni el de un agudo crítico de nada...

No le habría yo remitido en Facebook los juicios ya citados –que dan inicio al rito insustancial de la “polémica” en cuestión–, si Carvajal, previamente, no hubiera calificado mi primer comentario, “Debiera darte vergüenza”, como lo que denominó: “Opinión del funcionario Armando Almánzar-Botello, subdirector de la Editora Nacional, frente a mi consideración sobre la mala calidad de un cuento de Rita Indiana publicado en la revista oficialista País Cultural...” Evidentemente, la no tan solapada intención que aflora en esas palabras del bifronte Carvajal, es la de “politizar” de forma muy maligna y vicaria mis primeras palabras, presentándome como un “censor-escribidor oficial a sueldo”, que no llega ni por asomo al rango de verdadero escritor. Pero no.

Como ya había hecho con otros molestosos presumidos, me vi precisado entonces a suspenderlo de mi matrícula de contactos virtuales. Un poco después, el señor Carvajal llegó más lejos: bloqueó a mi esposa y a un servidor en su nómina de Facebook. Bien.

Debo confesar que el mencionado sintagma “debiera darte vergüenza", no lo dije en alusión a la brutal y contextualmente no legitimada opinión de José Carvajal sobre el texto de Rita Indiana Hernández. La frase la escribí como el comentario en mi muro a la circunstancia de que nuestro personaje de marras, neurótico “arlequín de carnaval de cámara”, con ínfulas de crítico analista que pretende hablar desde el podio apodíctico y deslumbrante de los dioses, decidiera etiquetarme-molestarme con un banal juicio pseudoliterario depositado en “mi” dominio virtual, cuando no se había dignado a ofrecerme sus manifestaciones de pronta recuperación por mi adolorida pierna accidentada: cuestión elemental de piedad, cortesía o mera educación.

La insolencia cargada de prejuicios, el desconocimiento de quién realmente soy en términos intelectuales y políticos –no diré literarios, eso no es tan importante–, y el imperdonable irrespeto a mi persona y a mi específica y presente situación de salud, actitudes desconsideradas propias de los medios periodísticos amarillistas y de “farandulerías literarias” de los cuales procede José Carval –y cuyos bifrontes y perversos protocolos tiene muy bien internalizados el susodicho escribiente, siempre al servicio secreto de ciertos cuestionables sectores locales y transvernáculos–, me obligan a entrar en el enfangado y vulgar territorio de sus torpes y pobres apreciaciones.

3. ¿Que tengo que agradecer? ¡Sí señor! ¡Pero que nadie confunda la naturaleza de mi lealtad!

Y que conste: yo no tengo colas ni vergüenzas que puedan ser pisadas por nadie que se considere realmente serio, en responsable posesión de su sano, justo y equilibrado juicio. Al que opine lo contrario, lo reto a que asuma las consecuencias de sus hablillas.

Aquellos que verdaderamente me conocen tan solo un poco, saben que nunca me he caracterizado, en la soberanía nietzscheano-batailliana de mis juicios, por rendir culto a poderes establecidos ni a hegemonías explícitas o encubiertas. Si yo hablo y defiendo algo, lo hago siempre desde mis reales convicciones y puntos de vista de apreciación o evaluación, no condicionado por cargos ni por coyunturas ni por prebendas o simples “canchanchanerías”, ni mucho menos por evitar que sea alterado un orden supuesto de naturaleza “paradisíaca” en las letras dominicanas. ¡Jo!

No estoy disgustado, bajo ningún concepto, por el hecho simple de que el señor periodista José Carvajal me haya calificado como “escribidor”. Él está en su pleno derecho de emitir un juicio literario sobre mi escritura (en prosa o en verso), aunque dicha opinión no goce de mi aquiescencia crítico-epistemológica. Además, a mí no me quitan el sueño las opiniones y “análisis” de quienes escupen cada cierto tiempo su tinta transitoria. La escritura de José Carvajal no me merece gran respeto intelectual. Lo considero a él un simple “sujeto emprendedor" que, por oscura megalomanía, ha perdido de vista su propio camino al efectuar un autodiágnostico muy equivocado de su real balance o diagrama de fuerzas cognitivas, y de su bagaje cultural efectivamente metabolizado. En fin, le perdono que no me considere un buen escritor.

Lo que no le perdono ni le perdonaré al emprendedor José Carvajal, es haberme considerado un supuesto agente a sueldo del oficialismo, “cuya función es ocultar los errores e insuficiencias cometidos por los funcionarios del Ministerio de Cultura encargados de las diversas publicaciones”.

En mi área de la Editora Nacional podré ser corresponsable de sus realizaciones, hasta próximo aviso. Pero en cuanto a la revista País Cultural, aclaro que, institucionalmente, no tengo que ver con ella en mi calidad de editor.

4. Argumentos ad hominem

Al margen de irrelevantes, muy esporádicos y brevísimos intercambios por la mensajería privada de Facebook (vía de comunicación que no utilizo con frecuencia), en el heterogéneo contexto público de las redes sociales el señor Carvajal nunca se dignó enviarme un saludo especial o unos parabienes en mi condición de impertérrito destinatario de sus recurrentes y sosos envíos “crítico-literarios”.

A raíz del esguince que sufrí en mi tobillo derecho, hará unas dos semanas, accidente que obligó a enyesarme la pierna, no le asistió al periodista de marras la gentileza de manifestarme un deseo de pronta recuperación. No. Encima, prácticamente, de la foto en la que figuraba mi pierna enyesada, me etiquetó con esta perla (cito de memoria): “A un cuento desastroso de Rita Indiana Hernández, País Cultural, revista oficial del Ministerio de Cultura, le dedica seis páginas”.

Repito, para que conste: ¡No formo parte, actualmente, del Consejo Editorial de la revista País Cultural, ni tengo nada que ver con el “material literario” que se publica en ella! En verdad, tampoco había leído el “cuento” de Rita Indiana Hernández, El muñequito, texto que había motivado el descalificador y contundente juicio de Carvajal.

Ofendido yo por la falta de interés que manifestaba el “apolítico-apolíneo” señor Carvajal por la persona del “otro a ser etiquetado con gran literatura”; torturado yo, además, por los dolores en mi pierna y tobillo derechos como resultado de complicaciones de salud que no viene a cuento relatar, pensé:

–¡Mira a este pendejo! No da señales de haberse enterado de mi estado físico personal, y me etiqueta sin embargo con este juicio pseudocrítico, banal y sin sustentación, más intrascendentemente privado, para mí, que la noticia de un esguince de tobillo sufrido por un contacto en Facebook.

Debo aclarar que solo una vez he visto personalmente al señor periodista José Carvajal: este mismo año, creo, en la Dirección General del Libro y la Lectura del Ministerio Cultura. En esa ocasión, el periodista de marras se dirigía a no sé cuáles gestiones​, me parece que motivadas por los preparativos para la Feria Internacional del Libro 2007... En realidad no estoy seguro de la fecha del encuentro.

He utilizado en apariencia argumentos ad hominem y ad verecundiam en mi forma de aproximación a la presumida figura del escribidor José Carvajal, pero esto es resultado de la real ausencia de ideas profundas en sus mediocres escritos, los cuales, bajo datos, informaciones y juicios triviales de mero sentido común, oculta la increíble incapacidad del señor Carvajal para elevarse a las altas regiones del espíritu, más allá del argumento sin brío, datoso, patoso y simplón.

Si bien como “persona biográfica” solo podría decir de José Carvajal que no lo conozco realmente, como personalidad intelectual, puesta de manifiesto en casi todos sus epidérmicos escritos, solo puedo decir que no me interesa en absoluto. Yo tengo otros referentes y orientaciones muy distintos en lo relativo a teoría literaria, poética, filosofía, artes y psicoanálisis.

5. Jugosos referentes que me impiden, a mi edad, perder mi tiempo leyendo sandeces y tetas de cangrejos

Mis referentes, muy heteróclitos, son, citados a continuación sin orden jerárquico ni grados de preferencia, figuras intelectuales o pensadores de la talla de Platón, Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, Longino, Sainte-Beuve, Boileau-Despréaux, Benedetto Croce, Walter Pater, Pedro y Max Henríquez Ureña, Friedrich Nietzsche, Antonio Fernández Spencer, Martin Heidegger, Peter Sloterdijk, Roland Barthes, Bruno Rosario Candelier, Roman Jakobson, Maurice Blanchot, Henri Meschonnic, Ezra Pound, Ludwig Wittgenstein, Jean Starobinski, Manuel García Cartagena, Walter Benjamin, George Steiner, Tzvetan Todorov, los formalistas rusos estudiados por un Victor Erlich, Juan Bosch, Theodor Adorno, Mijaíl Bajtín, Diógenes Céspedes, Yuri Lotman, Richard Elman, León David, Hugh Kenner, Paul de Man, Alfonso Reyes, Albrecht Wellmer, Jorge Luis Borges, Fidel Munnigh, Michel Foucault, George Santayana, Odalís G. Pérez, Julia Kristeva, María Zambrano, Jacques Derrida, Hans-Georg Gadamer, Eugenio García Cuevas, Jacques Lacan, Harold Bloom, Sergio Pitol, Sylvia Molloy, Roberto Echavarren, Plinio Chahín Rodríguez, Luis Britto García... etc., etc., etc. ¡Jo!

Imagínense ustedes, amigos lectores, si me puede interesar el discurso monoaural, pobre y seco de un simple écrivant, como lo es José Carvajal.

En la categoría de écrivants, que Barthes articula en contraposición a la de écrivains, el lúcido pensador y crítico galo incluye a los «hombres transitivos, [a los que] plantean un fin (dar testimonio, explicar, enseñar), pero cuya palabra no es más que un medio; para ellos, la palabra soporta un hacer, no lo constituye. Vemos, pues, cómo el lenguaje es devuelto a la naturaleza de un instrumento de comunicación, de un vehículo del “pensamiento”. Incluso si el écrivant presta alguna atención al escribir [al acto de escritura], esta atención nunca es ontológica: no es preocupación...» Barthes, Roland: Ensayos críticos, Editorial Seix Barral, Barcelona, 1983, pp. 182 y 183.

El señor José Carvajal, a todas luces, no es un hombre de altos vuelos ni un escritor de vigoroso pensamiento con estilo; se nos ofrece más bien como un simple y pertinaz escribidor-transmisor de contenidos pseudoliterarios, en los que florecen, retorcidamente, rasgos neuróticos, obsesivo-compulsivos. Un típico écrivant, en el sentido que confiere Barthes a este memorable término.

Los síntomas irredentos de su trunca labor topográfico-escritural, le impiden a Carvajal llegar más allá de la infatuada ciudadela de su Ego. Sin embargo, este limitado e insolente “decidor de cosas” ha pretendido constituirse, de un ridículo modo, en “voz de la verdad” en la crítica literaria dominicana. ¡Y tiene seguidores y “público”...! ¿Pero cuál publico?

La benevolencia de mis lectores inteligentes me perdonará una extensa “autocita”, pero que viene​ como anillo al dedo aquí y ahora. ¿Cuál público?, dije. Y me respondo pensando en José Carvajal y en una gran parte de sus acólitos:

...Así funcionan las peligrosas fuerzas de seducción características de la “prensa amarilla”.

Valiéndose de subterfugios retóricos y de circenses llamados o reclamos histéricos, obtiene y asegura su público. ¿Pero cuál publico? Maleable, irreflexivo, tornadizo, carente de columna vertebral, sin verdadero interés por unos particulares contenidos de la cultura y esencialmente impermeable a ellos.

Ese público responde simplemente a los llamados espectaculares de la publicidad, la propaganda y sus recursos manipuladores, mas no a las voces transformativas de una vibrante sensibilidad, simultáneamente autopoyética y dialógica, ni a los argumentos cautelosos de la genuina racionalidad compleja, trabajosamente articulada como paideia mediante un proceso (de)formativo que habilite al sujeto para que le sea posible atravesar críticamente lo inmediato de las meras evidencias intuitivas.

Al desmontar la mascarada narcisista o la simulación de goce que tipifica el uso de una retórica publicitaria inconfesada, cerramos las páginas del texto “amarillista” con su chisporroteo semántico de trivialidades; hacemos lugar en nuestro contra-discurso crítico interior —selectivamente y más allá de toda voluntad de seducción edulcorante y sofística—, para el “grado cero y la deflación transgresiva de las significaciones programadas”, recurso por el que podríamos subvertir, atravesar y disolver las ideologías.

Es decir, por medio de un contra-discurso crítico “interior”, que vendría a comportar una tensión entre lo semiótico a-significante con su carga pulsional, y lo simbólico “doxificado”, deconstruimos, como sujetos en proceso y agentes de la lecto-escritura, los peligrosos recursos e ideologemas de la seductora retórica de lo trivial, esa que propicia el torpor del intelecto y la anestesia de la sensibilidad; nos abrimos, reconquistadas nuestra plena potencia y nuestra lucidez pasional transgresiva, a la pureza neutra del “buen olvido”.

Este buen olvido debe ser entendido no como el “hacer olvidar” y el “echar en el olvido”, en su carácter de mecanismos perversos típicos del actual psico-biopoder, de la maquinaria mediática propia del capitalismo pseudo-innovador y generador de obsolescencia programada, sino como culminación y cumplimiento selectivo de toda memoria.

Y es que debe actuar una potencia activa de olvido implícita en todo auténtico pensar rememorante-distorsionante (Andenken): un punctum caecum o ceguera puntual que nos relanza y nos permite las nuevas visiones cognitivo-emotivas bajo la forma de invenciones radicales y travesías de nuevos códigos: aventuras creativas del sentido... (Fragmento) © Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo. República Dominicana. 2004.

Para que el señor Carvajal vea que no temo a la polémica ni a las réplicas, lo digo con todas las letras: la sorprendente pobreza que caracteriza definitivamente a sus juicios de burdo pero aplicado artesano de la palabra, me obliga a escribir solo con argumentos ad hominem, porque ideas propias y profundas a discutir no las hay en los escritos de Carvajal.

Me informó un amigo leal que don José Carvajal había ofrecido hoy en su muro y en su blog un ejemplo memorable de raquítica crítica literaria. Me dijo también, que el falso analista literario insistía en mencionar mi persona de un modo en extremo irrespetuoso. Le solicité al amigo me trajera personalmente a mi casa la crítica en cuestión, y lo hizo. ¡Jo!

Aclaro ahora que yo, particularmente, no tengo nada personal contra el señor José Carvajal. Mi relación con él, en las presentes circunstancias, vendría a ser similar, salvando las distancias de lugar, a la relación ejemplar de Friedrich Nietzsche con el escritor​ filisteo David Strauss. El gran filósofo de Röcken no sentía ninguna aversión personal por Strauss, simplemente vio encarnarse en el panfletista todo aquello que Nietzsche odiaba en el alma estrecha y presumida del burgués. Mutatis mutandis.

No niego el valor de algunos de los esfuerzos de Carvajal como promotor “literario-culturalista”, pero la suficiencia con que generalmente aureola sus juicios, meras opiniones de publicitario, veredictos muchas veces triviales, cargados de una “insustancialidad de Pero Grullo”, me obligaron a desentenderme de él. Descubrí que una estructura “bio-tánato-heterográfica” como la suya, no podía enseñarme gran cosa fuera del ámbito estricto de la clínica.

Este señor “crítico” literario y cultural, el mismo que curiosamente dice no importarle la política real sino la estricta política de “la calidad literaria” (aunque su discurso resulta lastimeramente pobre cuando “analiza” hoy el texto de Rita Indiana titulado El muñequito), ha tenido el tupé de calificarme a mí, que muy poco he tenido que ver en mi trayectoria de sujeto político con los juicios y militancias partidistas y oportunistas, como un simple vocero del oficialismo cultural, encargado y responsable de ocultar los “errores cometidos por las personas que laboran en las diferentes publicaciones del Ministerio de Cultura”. Pero no. Craso error.

Se equivoca José Carvajal cuando dice que yo persigo con mi discurso neutralizar contradicciones en el territorio constituido por el hacer literario dominicano. ¡Jo!

¿Pero será delirando que va, este insulso petimetre obstinado, por las avenidas semánticas del mundo?

No soy crítico literario profesional, como pretende serlo él.

Aunque yo, eventualmente, haya escrito y publicado algunos artículos y estudios de presentación de libros de poesía y unos pocos ensayos breves sobre artes plásticas (los cuales, por cierto, han sido muy bien recibidos por especialistas), la naturaleza de mi escritura es diferente: aunque haya un elemento crítico en ella, este no puede aislarse de una trama y de un proceso creativos donde mi acto escritural persigue otra cosa que posicionar obras literarias, plásticas o musicales en función de unas determinadas teorías y métodos de abordaje crítico.

Por cierto, Carvajal no posiciona nada mediante un análisis real de carácter filológico, filosófico, hermenéutico, semiótico, estructural o histórico-artístico... Se limita a repetir principios generales de retórica, de teoría literaria o de poética, sin que se vea por ningún lado la operatividad concreta de dichos conceptos en la materialidad significante de los textos que aborda. El periodista José Carvajal, casi siempre, realiza análisis literarios “traicioneros de sus propias metas”. Sus aproximaciones críticas a los textos resultan, finalmente, delusorias, fantasmáticas y trucadas: terminan postergando, difiriendo encanalladamente, por un desfallecimiento cognitivo y teórico inconfesado, su objetivo supuesto de partida. 

Lo señalado en el párrafo anterior remite a una verdadera muestra de impotencia crítica y cognitiva, tal como es posible observar en las entregas, carentes de vigor y de novedad genuina, escritas por el periodista de marras. Los “análisis” de José Carvajal son la prueba palmaria de un hacer crítico que no alcanza a comprender los complejos meandros de la cultura: ni en la modernidad, ni en la tardomodernidad crematística, ni en la llamada postmodernidad resistente...

Los recursos críticos de Carvajal me parecen desactualizados y utilizados de un modo bastante reductor. Nuestro “analista” da muestras, casi siempre, de un ciego voluntarismo crítico y de una indigerible jalea metodológica carente de todo sentido del humor. Esa jalea suya nos ofrece, a su vez, el lamentable testimonio de una cultura caprichosamente mal digerida, adquirida o tragada a retazos.

No fui yo quien prometió un trabajo crítico sobre el “cuento” de Rita Indiana Hernández titulado El muñequito. Por ahora no voy ni a releerlo. Mi expresión “debiera darte vergüenza", no se refirió nunca al juicio de Carvajal sobre lo escrito por Rita Indiana. El orgullo anodino del reportero, transgresor “novedoso" de fin de semana, le hizo a su ego entenderlo así. 

José Carvajal junto a varios de sus mediocres y acomplejados seguidores ya no me impone más agendas para visitar los retretes...

A la instancia que José Carvajal debe responsabilizar –llamando a sus miembros por sus respectivos nombres, sin subterfugios ni astutos “lambonismos”– del supuesto error cometido al dedicar seis páginas de la revista País Cultural a lo que nuestro inefable crítico entiende, con todo su derecho, como un “falso cuento desastroso” de Rita Indiana Hernández, es al Consejo Editorial de dicha revista.

No obstante, cobarde, rastrera​ y malintencionadamente, el ducho José Carvajal ha pretendido elegirme a mí para que desempeñe con indulgencia el rol de chivo expiatorio, de víctima propiciatoria en un juego micropolítico perverso, de pharmakos ritual seleccionado ahora por la plebe para hacerlo cumplir la “función sacrificial”, como se decía en la antigua Grecia... ¡Pero no!



Sábado 2 de septiembre de 2017

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.


OTROS BLOGS DE ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO:

Cazador de Aguahttp://cazadordeagua.blogspot.com/ y también: http://tambordegriot.blogspot.com/                   

ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO ES MIEMBRO DE LA "RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL, REMES

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.