domingo, 8 de febrero de 2015

ARTE Y MALDITISMO (Poema en prosa y al alimón)

«¡Estúpido el Poeta, Gran Amo de la Nada: metafísico exégeta del Hambre!» Armando Almánzar-Botello

«Desgarrada en los vitrales de la luna, / rabiosa llora tu noche su alfabetoFredesvida Báez Santana
                                   

Por Fredesvinda Báez Santana y Armando Almánzar-Botello   

A Charles Baudelaire; a Arthur Rimbaud; a Jacques Lacan, in memoriam
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     Nunca me ha convencido la mera pose vanguardista, 
la falsa innovación repetitiva, compulsiva,
el fanático y ridículo amanerado malditismo 
que sin rubor se disfraza de conquista, / 
de coartada bulímica en honor a narcisos
de mercantil teatro existencial o artístico.

     El llamado malditismo, 
como tantas veces lo dijo aquel viajero visionario, 
no es efecto de una decisión personal:
no conforma el hecho simple (ahora postmoderno)
que cibernético y mágico resulta, por ejemplo, 
de ordenar a través del metaverso
la compra de seis docenas de camisetas de lino,
impresas con imágenes de H. R. Giger, 
seductoras, monstruosas... / o la impresión y venta 
de tu gótico y pésimo último libro 
por la expedita vía de Amazon. ¡No! 

El malditismo es
            / terrible y sencillamente /
una pura fatalidad:

     la forzosa respuesta vital —creadora en 
particulares ocasiones— al oscuro
callejón sin salida del mero consumismo. 

     Si algunos artistas y pensadores 
(desgarrados por las contingencias de la vida) 

se asumen como trágicos en sus respectivas obras, 
y conmueven a un determinado público (auditorio 
casi siempre restringido y selecto 
en una primera fase de la recepción 
de los nuevos mensajes creadores, 
aunque no siempre), 

ello es resultado de su vigorosa reacción,
estética, ética y cognitiva, 
frente a la desgracia real y padecida 
que los convirtió en malditos. 

     El malditismo no es, como algunos creen, 
un divertimento existencial, ni una simulación, 
ni tampoco un pasatiempo. 

     No es una elección light o soft. El maldito, 
el siniestro nebenmensch

(tanto como el “bendito” que transige 
con el mercado y la banca)

si tiene genio y talento, si alcanza 
con su obra un genuino valor est/ético, 

solo pone en práctica lo que Nietzsche denomina: 
                   “Devenir el que se es”. 

     Esa ontología no pasa nunca de moda:
si la moda y el modo fueran el objetivo. 
Pero no. Jamás lo son para el auténtico 
hacedor de las preguntas nómadas...

     El gran artista maldito es activo 
y creador por medio de su arte, 
aun cuando, por variados motivos, 
pueda ser incomprendido en su potencia semiótica, 
fracasar en otros planos rentables de la existencia... 

     La obra que realiza, si posee calidad 
y en espejo deformante dice lo que dice, y lo cumple, 
con esa ráfaga o sucesión de signos esclarecidos, ofrece
—«palmatoria que ilumina el indecidible crepúsculo»— 
un palpable testimonio de la más esencial de las victorias: 
los sentidos plurales que se alumbran, finitos,
en la plétora infinita y el abismo, 
surgiendo en el exceso de todo sinsentido... 

     El mercado es tan solo comedia, 
vulgar oportunismo ciego, 
imitación frívola de aquello que vuela, 
informe tipografía del tedio, mascarada,
topografía perversa de los vórtices, 
mandato catastrófico al goce... 

     Finalmente, «Se» debe decir:
la ubicua instancia que alucina y sueña 
(sujeto esquizo de la escritura andrógina, 
                    bilocada y mixta)
por motivos temperamentales y al no ser 
ella solo una gran artista, 
                                                prefiere, 
en su discreto hacer (im)personal, 
cotidiano, 
                   los modestos logros de un “benditismo” artístico 
                                                    moderado: 
                                Eso inapropiable que al yo diluye 
                                         cuando el Deseo salva...   

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Mayo de 2017

© Fredesvida Báez Santana y Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.
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HILO DE LA CARNE. (Cabeza de Bacon I)

     Por Armando Almánzar-Botello 

     A Don Mario Vargas Llosa, admirador del pintor angloirlandés Francis Bacon
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     No logra solo el Tedio escribir sin un metrónomo. No puede abrir su cuerpo sin la música el Deseo. Áspero el sudario en la fiebre lo presiente. 

     Oscuros torreones del Ego acorralado sienten miedo por los bordes: hay grafemas derretidos, óleoputrefactos.

     Muy vivos los tejidos del origen lo respiran: metastásica, ekfrástica ectoplasmia... Con ellos el pintor envuelve amantes de su enigma: ¡polimorfo transmuta y se libera!

     Mordida por el garfio turbulento y por la espina, rota página herida su carne atormentada, desolada otra figura en letras lo desangra. Al fin lo escribe al viento. 

     No puede solo el miedo en mangas de camisa decir sobre una mesa delirante su paraguas. No puede. No alumbra con navajas la memoria —lento caracol de baba negra— espiral manierista del misterio… 

     El ritmo es decisivo si marca los aullidos… ¿la Voluntad de Forma?...

     ¡Estúpido el Poeta, Gran Amo de la Nada: metafísico exégeta del Hambre! 

     El hombre solitario de labios mutilados y lengua serpentina, quebrado el verbo impúdico, tinieblas la ventana, grita lo siniestro vacío de sentido cojeando en 3x4 el horror en su aventura. 

     Luna es gato putrefacto a través de las persianas… 

     Arde un hombre solitario y la noche lo amenaza: fría sombra gigantesca y su rumor de rascacielos. El Metro es la serpiente subterránea con faroles que lo arrastra prisionero y veloz hacia el Infierno… 

     Cama descompuesta, rostro y toro confundidos, vuela furia por la frente hasta la boca convulsiva. 

     Sangra el hilo de la carne los amarres viscerales: Tigre y Minotauro junto al Cíclope del miedo. Pero hay huesos lacanianos, litorales de la letra... cirugías... 

     Abierto lo (im)posible: Eterno es el Retorno del Espectro en la Memoria, el derrumbe indestructible del Olvido.

     En los ritos funerarios de las noches, rojizas por espesos augurios —vapores arcaicos de la sangre— se mira su otro yo el hombre pensativo. Inventa los balcones, un astro esquizofrénico, mugriento y barbado cazador de los espejos… 

     En el décimo piso de la muerte, las aristas de su cuarto alucinante fosforescen. 

     Asomado a la ventana, bebiendo la tiniebla, Bufón equilibrista se ríe del vacío: túnel que vomita lodo de cloaca y sombra infame de guarida. 

     Camina el pensamiento por la ruta de lo incierto. Delira una violenta belleza en la basura… 

     Y el arte alza el vuelo, levanta catedrales contra el tiempo y el olvido: negros cubos beckettianos del desastre… 

     Lenta cama del insomnio, escrita cara desgarrada, sube rabia por la frente hasta la boca vengativa. 

     Si la mano de la noche apaga la bombilla: fríos dientes carniceros desangran luz de luna. 

     ¿Dónde habita el gran fulgor, el Otro herido?... 

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Noviembre de 2006

Tumoración textual en versión retocada extraída del libro: 

     Francis Bacon, vuelve. Slaughterhouse’s Crucifixion. Editora Ángeles de Fierro, 2007, San Francisco de Macorís, República Dominicana, páginas 18 y 19

Publicado también en el Blog Otros Textos Mutantes. Domingo, 8 de febrero de 2015

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.

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Blog Cazador de Agua

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana
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EL SEÑOR SPENCER Y EL SEÑOR DEL CABRAL (El Palacio de la Esquizofrenia)

     (¡Lo que el viento no se llevó!)

     «Celebraban entre ellos tu renuencia persistente a la escritura. Algunos, robándose la fuerza de tu pensar profundo, pretendían repetir por vía escrita, especular, distorsionada, la verdad incandescente que brotaba generosa de tus labios. Todo era un turbio juego envilecido en el sofisma. Hasta que una noche inmortal inventaste a tu Platón». Armando Almánzar-Botello

     «[...] Llueve angustia en este cielo. / Hacia el fondo y lentamente llueve pena en los espejos, / huesos blancos y palabras. / Odelisa como el viento por las calles de Manhattan. / Limpio y hondo su recuerdo. / Unicornio desatado de las manos se me escapa. / Virgen negra que me huye incandescente por los labios luz de incendio hacia las venas. / Agua pura de mi alma. / Mía sangre anochecida, / la que ondula en su recóndita distancia reservada. // Odelisa sonriente por las calles de Manhattan: / paloma del invierno, / grito alto en la mañana. / Su recuerdo resplandece la pureza de una espada, / luz de ángel por la herida. / Sus pasos de mujer dejan huellas en la luna, / en la gélida tormenta de New York y en mi memoria. // Odelisa veloz o detenida. / En el vértigo del tren el misterio suspendido. / Su cuerpo es la promesa irrepetible de su cuerpo. / Su sexo es el fulgor de un astro indescifrable... // La luz ya se derrumba [...]» Armando Almánzar-Botello. Fragmento del Poema “Odelisa”. Agosto de 1986. Santo Domingo, República Dominicana

      Por Armando Almánzar-Botello 

     A Camelia Michel Díaz, recordando...
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     En cierta singular y memorable ocasión, aproximadamente a las seis de la tarde de un mágico viernes perdido en mitad de los años ochenta, departía yo en El Palacio de la Esquizofrenia —reconocido comercio situado frente al Parque Colón, adyacente a la Catedral de Santo Domingo—, con mis admirados y queridos amigos los fallecidos poetas Manuel del Cabral y Antonio Fernández Spencer. 

     Un pequeño coro citadino de tunantes bulliciosos —distribuido en varias mesas aledañas a la que ocupábamos mis dos poetas y yo— recibía frívolamente el resplandor de nuestra conversación, incidentándola con torpes preguntas a los Maestros y con ávidas peticiones de “mediopollos” (tazas de café con leche), sandwiches (“derretidos de queso”) y cervezas Presidente bien frías.

     La referida denominación surrealista “Palacio de la Esquizofrenia”, empleada para aludir al establecimiento en el que hoy todavía se expenden bebidas alcohólicas, comidas y café, y cuyos tres pisos superiores se convirtieron, desde hace casi una década, en un notable hotel turístico de la Zona Colonial de Santo Domingo, es ahora utilizada corrientemente por escritores, artistas e intelectuales, tanto nacionales como internacionales. 

     Años atrás, el pintoresco nombre había sido contundentemente usado en algunos artículos periodísticos por el fallecido polígrafo y estilista, admirado poeta y muy querido intelectual dominicano Enriquillo Sánchez Mulet, quien prácticamente se lo apropió con la legítima inocencia del genuino creador que no busca sino que encuentra...

     El viejo bar todavía se llama, en realidad, Hotel-Restaurant Conde de Peñalva, por encontrarse ubicado en esta venerable, antigua, recoleta y “postmoderna” calle de la ciudad antigua o colonial, la calle El Conde (esquina Isabel La Católica), casi convertida hoy, por efecto de la sórdida barbarie urbanística —mera punta de un iceberg innombrable—, en desaliñado parque temático y en “territorialidad perversa del artificio”... 

     En honor a la verdad, debo decir que yo y solo yo rebauticé de ese modo a la Cafetería El Conde, “Palacio de la Esquizofrenia”, allá por el lejano año de 1980. La llamé así por los extraños, kafkianos, beckettianos, oníricos, circenses y muy pintorescos personajes que la visitaban, incluyéndome a mí mismo, aunque perdí luego la autoría del nombre al no registrarlo en ningún escrito dado a la luz pública oportunamente... 

     Esta curiosa calamidad les ocurría en esos años —hasta con los poemas, prosas y reflexiones más hondas—, a ciertos virtuales autores lentos en el acto de publicar formalmente su escritura, quienes después de haber leído, ensayado y dramatizado en algunos reducidos corrillos sus más caras creaciones e ideas, las veían retornar públicamente de la mano de cerebros memorizadores, prodigiosos y sin escrúpulos judeo-cristianos, que se las habían apropiado ya para siempre en irrevocable matrimonio Gutenberg de tinta oportunista...

     Digo que esto es asunto del pasado, el plagio, por el hecho simple de que ya en nuestra civilizada era “postmoderna”, con instituciones muy activas que defienden los Derechos del Autor, no ocurre nada semejante a las bárbaras apropiaciones y expropiaciones de la letra —y del espíritu— que caracterizaron a la actividad literaria del pasado milenio dominicano... ¡Jo!

     Ahora todo es cultura global, colectiva, planetaria, cibernética, patrimonio de la humanidad gracias a la maravilla de la Internet... Hoy se ve limpiamente regulada la megaestructura social terráquea por las leyes providenciales del mercado... Las ideas de plagio y originalidad se han modificado profundamente en las universidades de Estados Unidos... Claro, como efecto del impacto de las redes sociales sobre la sensibilidad colectiva, y de una vieja y sostenida influencia europea de vocación universalista... ¡Jo! 

     Todo está hoy muy organizado en esta maravillosa reedición de la “Sociedad del Espectáculo”, así denominada hace años por el pensador francés Guy Debord. 

     Muchos escritores de nuestro país, antiguos militantes de la creencia en la ética del Autor, hasta perciben actualmente honorarios por “regalar” al mundo sus brillantes ideas... En fin: ¡Viento en popa! 

     Recuerdo, como si fuese ahora, que la mañana en que se me ocurrió el nombre “Palacio de la Esquizofrenia” tenía yo sobre mi mesa, en la mencionada cafetería, un profundo libro de Aaron Esterson, Dialéctica de la locura —todavía la antipsiquiatría daba sus últimos aletazos, parcialmente renovada con el oxígeno del pensamiento de Jacques Lacan y su Escuela—, y me encontraba en compañía del poeta y filósofo Antonio Fernández Spencer, uno de los protagonistas de la brevísima historia que relataré un poquito más adelante, si tu benevolencia lo permite, amable lector...

     El poeta celebró y asumió de inmediato mi hallazgo verbal: «¡Palacio de la Esquizofrenia! ¡Palacio de la Esquizofrenia!», repetía una y otra vez Spencer, con su voz más vibrante y mayestática, como quien medía la magnitud de un gran descubrimiento. 

     Así las cosas, estuvimos entonces bromeando largo rato mientras efectuábamos un supuesto proceso psiquiátrico-psicoanalítico de diagnóstico diferencial para cada uno de los inocentes parroquianos allí presentes, convertidos por nuestro negro humor, sin ellos sospecharlo, en interesantes y peligrosos pacientes psiquiátricos. 

     De improviso, Spencer me dijo con cierto aire de perspicacia latina en la mirada y en los gestos: «En sus Meditaciones, Descartes creía que “sed amentes sunt isti” [algo así como: “los locos son ellos”], mas ahora yo pienso que los locos somos nosotros... ¡y Descartes!...».

     Acto seguido, el poeta y yo reímos como verdaderos delirantes y alucinados hasta llamar la atención extrañada de muchos parroquianos, entre ellos la del  doctor Francisco Henríquez Vásquez (Don Chito para sus amigos más íntimos), reconocido historiador y profesor universitario, pariente cercano del erudito dominicano Pedro Henríquez Ureña y digno luchador antitrujillista, que anidaba regular y democráticamente en la mesa de un rincón del establecimiento, para almorzar casi siempre puré de papas con pollo asado, y luego tomar su cafecito cuerdo y discreto, entre la fauna heterogénea de la cafetería alucinante. Recuerdo que Don Chito, a quien también profesé siempre un gran afecto, dirigiéndose con ironía a Fernández Spencer al escuchar nuestras desaforadas carcajadas, le dijo: «¡Spencer, ah la juventud, irreverente!». El poeta Spencer batió palmas y respondió como el anciano y obeso Falstaff de Shakespeare: «¡Nos odian a nosotros los jóvenes!».

     En verdad, formábamos una extraña y esperpéntica pareja: Yo, un joven y flaco Apolo mulato, de apariencia presumida, estirada y manierista, y el maestro Spencer, un anciano jorobado, con blanca melena orlada de calvicie, gesticulante y paradójicamente vivaz como un macho cabrío, como un toro dionisíaco de la antigua Grecia o como el gnomo sabio salido del pensamiento cabalístico... Pero, ¡basta ya de digresiones!

     Aunque no estoy armando un cuento con todas las de la ley porque me da mucha risa, debo reconocer que esa es otra historia, la del real inventor del Palacio de la Esquizofrenia, original relato que luego, en su justo momento, tendré la oportunidad de narrar para esclarecer un poco, quizá, el enigma del verdadero autor de La Ilíada y La Odisea...

     Como ya he dicho al principio de mi escrito (¡escúchame de nuevo, lector, esto no es un cuento!), aquel viernes nos acompañaba en la mencionada tertulia vespertina —la cual funcionaba casi siempre como encuentro de tanteo para saltos etílico-metafísicos de mayor envergadura—, la usual comparsa de sicofantes de las letras, cagatintas y “lambetragos” a tiempo completo, que habitualmente se encuentran destinados a ser ominoso telón de fondo en las más interesantes y prometedoras historias. Como es natural, ellos llevaban la voz cantante hablando tonterías y estimulando la secreta discordia, la mutua admiración inconfesable o «enamorodiamiento» que siempre existió entre nuestros dos grandes poetas: Don Manuel del Cabral y Antonio Fernández Spencer.

     Don Cunito, como le llamaban con afecto sus más próximos a Don Manuel, cuando hablábamos en privado, lejos de los «hombres de tragos sin real interés por la literatura» y que muchas veces nos rodeaban y acosaban hasta la náusea, llamaba al poeta Spencer «Tu amigo el Profesor», y afirmaba que el autor de Diario del mundo y de El retorno de Ulises —premiado por Vicente Aleixandre y amigo personal del helenista español Antonio Tovar—, no superaba la mera corrección poética, porque, según el poeta Manuel del Cabral, Spencer no tenía verdadero duende: «¡Se lo mató el logos griego!», decía el autor de Compadre Mon y de Trópico picapedrero, entre grandes carcajadas. 

     Spencer, por su parte, en muchas ocasiones en que conversábamos animadamente sobre temas de poética, arte y filosofía, se interrumpía de repente, suspendido el vaso de cerveza en su diestra, y me decía muy exaltado: «¡Poeta grande es Franklin Mieses Burgos, ¡coño!, que borda en su canto el sentir más íntimo, pero también lo que aprendió en los griegos, en Hölderlin, en Rilke, en Trakl y en Nietzsche!». Y acto seguido añadía: «¿Qué puede enseñarme a mí poéticamente Cunito Cabral, un simple versificador intuitivo, meritorio, sí, por su genio natural, espontáneo, pero que no sabe discurrir filosóficamente sin caer en puerilidades?». Yo me limitaba a guardar silencio. Nunca critiqué al ausente cuando me encontraba en compañía de su “amoroso” adversario...

     En la ocasión a que me refería al principio de este breve relato anecdótico, estábamos reunidos, mansos y cimarrones. 

     Don Manuel, con la angélica arrogancia infantil que lo caracterizaba en ocasiones, decía que, después de Pedro Henríquez Ureña y de Juan Bosch, la figura literaria dominicana más conocida fuera del país era justamente él: Manuel del Cabral. Todos los presentes, menos yo, se rieron a mandíbula envidiosa, batiente y resentida. 

     Fernández Spencer escuchaba, agazapado peligrosamente, con su rostro más afilado, jovial y guerrero que nunca. Ardía por dentro en fría y lúdica furia abstracta...

     Cuando todos los concurrentes pensaban que la envidiada y temible figura del poeta, filósofo y diplomático —en España Premio Adonáis y Premio Leopoldo Panero—, había sido vapuleada de modo irreversible por las gráciles y puras declaraciones de Don Manuel, Fernández Spencer desató de improviso un fuerte golpe sobre el tablón de madera, con los nudillos de su puño derecho, y dijo: «¡Yo me conformo con ser el mejor poeta de esta mesa!».

     Al escuchar la rotunda declaración de Spencer, que fue seguida de estruendosas carcajadas, el poeta Manuel del Cabral, como Alguien ausente que ha escuchado Nada, pidió apresurado su cuenta a nuestro querido y reservado Mayordomo Abreu, y se marchó con cautela sin despedirse de nadie, con sus pequeños y vivaces pasos de inquisitiva avecilla metafísica que explora, provisoriamente, antes de emprender su vuelo vertical hacia lo alto, los banales misterios de la tierra... 

     Mientras yo veía alejarse a Don Manuel del Cabral y sentía el pensamiento de Fernández Spencer bullente de espadas y de pájaros nerviosos a mi lado, pensé en un cuento del Malostranské povídky (Cuentos de Malá Strana) del gran escritor checo Jan Neruda.

     (Curiosa, inquietante extrañeza kafkiana: Ana Ozema Valdez, mi abuela materna, me realfabetizó en las páginas del Malá Strana...).

     El narrador checo cuyo apellido dio el seudónimo a nuestro Pablo de Chile y del mundo tituló su cuento, por mí ahora evocado, como “El señor Rysánek y el señor Schlegel”. En él, Jan Neruda narra, según ahora “malrecuerdo” —¿“misreading” de Harold Bloom?—, la historia de dos hombres que, juzgados en su apariencia, se odiaban minuciosa y profundamente. Estos personajes se reunían casi todos los días en una concurrida fonda de la Praga del siglo XIX, en el popular barrio conocido como Malá Strana, y ocupaban mesas próximas desde las cuales se dirigían, de un modo reiterado, indirecto, implícitos ataques personales...

     Sin embargo, al morir uno de ellos, poco tiempo después muere también el otro, derrotado evidentemente por la ausencia de su adversario favorito... 

     Jacques Lacan, el gran psicoanalista francés realmente postestructuralista, persiguiendo las huellas laberínticas del amor transferencial, denomina hainamoration (enamorodiación, enamorodiamiento) a esa intrincación enigmática del amor y el odio.

     ¿Verdad última o agujero terrible de todo Gran Amor?...

     Por cierto, Antonio Fernández Spencer, como gran provocador intelectual que era, simulaba no conceder demasiado valor conceptual o literario a los llamados postestructuralistas franceses, tan aclamados por ciertos grupos de decisión desde los años setenta. Decía, a modo de butade, que lo esencial de Jacques Derrida se encontraba en las respectivas obras de  Martin Heidegger y de José Ortega y Gasset. Defendía con firmeza irónica y gran humor negro la tesis de que la palabra “droga”, utilizada en lugar de “medicina” para trasladar del griego la palabra “phármakon”, era un truco de ciertos autores —entre ellos Derrida con su “farmacia” judía—, para robar claridad y contundencia al Fedro de Platón...

     Sobre Jacques Lacan, en particular, Spencer tenía una opinión curiosamente coincidente con la de Noam Chomsky: «Lacan no se entiende ni a sí mismo». Decía que su estilo, en ocasiones deliberadamente asintáctico y lleno de rodeos, era farragoso, innecesariamente neobarroco. No tomaba en cuenta don Antonio, para temperar su juicio tan rotundo, la naturaleza esencialmente oral de la estrategia discursiva del psicoanalista y pensador francés, orientada a fundir, retóricamente, el discurso lógico-identitario con la lógica paradójica del inconsciente...

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18 de Junio de 2010

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.

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ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO ES MIEMBRO DE LA “RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL”, REMES

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     Francis Bacon, vuelve. Slaughterhouse’s Crucifixion, Editora Ángeles de Fierro, 2007, San Francisco de Macorís, República Dominicana, páginas 18 y 19

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IMÁGENES:

Fotos con obras de Francis Bacon

     1) (A la izquierda) Fotografía del cuadro de Francis Bacon titulado “Cabeza I”, 1948, tomada en el Metropolitan Museum of Art, New York, 2009. “Francis Bacon: A Centenary Retrospective” (1909-2009)

     2) (Arriba a la derecha) Armando Almánzar-Botello junto al tríptico del gran pintor angloirlandés Francis Bacon “Tres estudios para figuras en la base de una crucifixión”, 1944. Metropolitan Museum of Art, New York. 2009. “Francis Bacon: A Centenary Retrospective” (1909-2009)

     3) (Abajo a la derecha) Armando Almánzar-Botello, frente al famoso tríptico de Francis Bacon titulado: “Tres estudios para una crucifixión”, 1962, en la Exposición-Centenario de Bacon, 1909-2009, en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York... Gracias a mi fotógrafa personal...

                            Francis Bacon. Tres estudios para una crucifixión. 1962.
Escritor Armando Almánzar-Botello. Museo Metropolitano de Nueva York. 

sábado, 7 de febrero de 2015

UNA IMAGEN DE BACON… (Breve poema ekfrástico)

«Lo que la pintura de Francis Bacon constituye es una zona de indiscernibilidad, de indecidibilidad, entre el hombre y el animal.» Gilles Deleuze: Francis Bacon. Lógica de la sensación

«El “Se” impersonal (“on” en francés) de Maurice Blanchot, de Gilles Deleuze, pero también de Samuel Beckett, no es el “Se” caracterizado por la desdiferenciación y el anonimato como empobrecimiento, tal como lo concibe Heidegger: el “uno” (das Man: el uno impersonal del “se dice”) cuya impotencia “parpadea” (hablando heideggerianamente), incapaz de propiciar la “apertura” de un mundo. El “Se” en Blanchot, en Beckett y en Deleuze es “preindividual, impersonal y nómada”, está relacionado con el torrente de las singularidades, y es el que realiza la experiencia del devenir: “no Se cesa y no Se acaba de morir”...» Armando Almánzar-Botello

«Bostezar es tedio, aburrimiento, vapores de lo inerte, ausencia del deseo; estornudar es viaje turbulento,gaseoso erotismo de membranas, nasal orgasmo que culmina en un olvido, prosodia catastrófica del vértigo, instante sin linderos del vacío... Estornudo: Noche oscura del alma, subida al Monte Carmelo seguida de un brusco descenso... ¡Deus absconditus al alcance de cualquiera!». Armando Almánzar-Botello

«El Cuerpo sin Órganos (CsO) es la potencia del Cuerpo Intensivo que encuentra en el huevo, concebido desde el punto de vista de la embriología post-fenomenológica deleuziana, el campo de gradientes, vectores, tensiones, umbrales, en el que se operan devenires-cuerpos.» Armando Almánzar-Botello

                  Francis Bacon. Detalle de "Dos estudios de George Dyer con perro", 1968 
                            
Por Armando Almánzar-Botello

A George Dyer, in memoriam


¡Bestia ciega rota culpable como un dios!

Algún despojo encarcelado abyecto en frío tocador,

grita,
               gruñe,
piensa: 
              
               destrozada la figura 
                 topológica del ser.

Erógeno desvelo ensangrentado.

Animal anamorfosis del ánima en el cuerpo.
                       ¡Sombra!

Nasal orgasmo por la droga /
Se culmina 
                      en el morir.

Carne loca suicidada en su delirio perro fiel.

Sufrir polivalente...
                                     Aullido-aliento-soledad.

Humo y súcubo en estudio: 
el olfato del sabueso alumbra lo espectral...
                        Algo en él se oculta... 
               
                        ¡Sombra!

El vacío duele aquí su nombre:
ágalma  letosa  gadget  bibelot.

Ahora el Otro se desangra / ¡no! /
recomprimido en Nadie…


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Junio 2009



© Armando Almánzar-Botello. 
Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica.

Otro blog en el que figura este mismo texto:

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YO ES OTRO

     Por Armando Almánzar-Botello

     «La única diferencia entre un loco y yo, es que yo no estoy loco», Salvador Dalí

     «Quien no es artista... sencillamente no es artista...» Friedrich Nietzsche

     «La experiencia de la máxima intensidad la realiza un “Se”, no un “Yo” como necesaria coagulación ilusoria de fuerzas.» Armando Almánzar-Botello
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     Cuando Rimbaud dijo “Yo es Otro”, no se refería al hecho trivial de que A (Yo) = B (Otro), o dicho de manera más concreta, a que Arthur = Paul, por ejemplo, sino a que A no es nunca igual a sí mismo, pues una disparidad o disyunción de fondo “lo” desidentifica y “lo” reenvía al juego de “la diferencia”. Su identidad de superficie es efecto de una monstruosa disparidad de fondo, seminal, diseminante...

     De la misma forma, la “univocidad del ser” se dice de lo dispar o diferente, de lo Mismo en tanto que Distinto; no solo diferente de “lo otro-otro” sino disímil de sí. Lo Mismo solo se dice de la Diferencia, no de lo Idéntico.

     Lo que diferencia a un Yo de sí mismo, es la diferencia entre los grados de potencia que actualiza frente a sí mientras se “otrifica”, en función de los grados de potencia de un Otro determinado que le hace resistencia... con mayor o menor intensidad.

     Algo similar digo yo que dijo Bertolt Brecht (y lo pongo sin comillas porque es una variante brechtiana de mi propia cosecha):

     Genio es el más parecido al que sigue pensando “lo suyo” en otras cabezas distintas de la suya, y que sin embargo no dejan de ser “sus” cabezas en una suma que no pretende totalizar la multiplicidad de las cabezas...

     Nada que ver con el plagio ni con la usurpación de “identidades”, pero sí con cierta “locura” del genio...

     «La única diferencia entre un loco y yo, es que yo no estoy loco», decía Salvador Dalí, pero lo estaba. Al igual que Friedrich Nietzsche o Martin Heidegger... «El estilo es el hombre... a quien uno se dirige», decía Jacques Lacan... quizá un poco menos loco...

     He aquí la medicina o el veneno que puede representar, para el verdadero pensador, cierto tipo de compañía o interlocución entendida en su indeterminación de phármakon.

     Un diálogo específico realizado con alguien puede reforzar el enraizamiento endoxal del filósofo, es decir, confirmarlo en lo más convencional e intrascendente; mas podría también, en otros casos, actualizar en él la llamada “punta loca del cogito”: la conciencia prerreflexiva que permite la exploración de inéditos y extraños niveles de la realidad para cuyo descubrimiento algunas personas necesitan utilizar drogas alucinógenas; habitualmente hay diálogos que solo potencian la simple estupidez... Recurso este último que, dicho sea de paso, también saben aprovechar para sus propios fines e intereses algunos filósofos fenomenólogos... no todos. Depende eso de sus niveles de potencia.

     ¡Pues claro que nunca fuimos ni somos ni seremos iguales, súcubos-espectros que habitan todavía las pobres tristes gastadas polvorientas territorialidades artificiales de arcaicas y remotas cofradías del ser inasible que fluye sin puntos ni comas manchado por afanes ascensionales y mentidamente metropolitano en una olvidada serie de otras mis viejas identidades poliprovinciales! Mis vertiginosos “personajes conceptuales”, en silencio, nos diferencian ya para siempre: ¡Sí, ustedes!

     El “Se impersonal” —ese que a “mis yoes” sostiene y sustenta en pleno ejercicio intensivo de “su” voluntad de potencia—, elige por siempre no ser “los ustedes” que pude ser en el Eterno Retorno de la Diferencia transmutante.

     ¡Oh metamorfosis continua de la potencia que falsifica pero no miente!

Armando Almánzar-Botello

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23 de mayo del 2015
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DIA-GRAMA, TÍMPANO, HUELLA, HIMEN...

     «Quien no es artista... sencillamente no es artista...» Friedrich Nietzsche

     «El “Se” impersonal (“on” en francés) de Maurice Blanchot, de Gilles Deleuze, pero también de Samuel Beckett, no es el “Se” caracterizado por la desdiferenciación y el anonimato como empobrecimiento, tal como lo concibe Heidegger: el “uno” (das Man: el uno impersonal del “se dice”) cuya impotencia “parpadea” (hablando heideggerianamente), incapaz de propiciar la “apertura” de un mundo.

     El “Se” en Blanchot, en Beckett y en Deleuze es “preindividual, impersonal y nómada”, está relacionado con el torrente de las singularidades, y es el que realiza la experiencia del devenir: “no Se cesa y no Se acaba de morir”...

     La experiencia de la máxima intensidad la realiza un “Se”, no un “Yo” como necesaria coagulación ilusoria de fuerzas.

     Ernst Jünger también nos recuerda que la instancia en nosotros que “vive” los momentos de máxima intensidad, alegría o entusiasmo, opera mediante la desaparición de la individualidad.

     Entonces, la experiencia no “pertenece a”, no la “tiene” una conciencia egoica sino una suerte de “conciencia-manantial” impersonal (Jünger), una “conciencia virtual de derecho” (Deleuze), una “conciencia a-subjetiva, una conciencia prerreflexiva impersonal, una duración cualitativa de la conciencia sin yo”: eso que Blanchot y Beckett denominan un “Se”, y que Deleuze llama “una vida”, una suerte de “vivo sin vivir en mí”, en la pura “inmanencia de un campo trascendental de beatitud” laica...» Armando Almánzar-Botello

     «Siempre que toco el borde ígneo de la roca inconcebible que llamamos realidad, si me acosan de improviso los enigmas de una vida que me hace despertar a solo un punto del colapso, edifico una semántica muralla protectora, un bastión helicoidal de preguntas laberínticas, un pretil de sintaxis convulsiva; erijo muros de conceptos que me ayudan a poner a raya lo real —carente de sentido su imposible, negro agujero blanco del desastre—, al mismo tiempo que  habilitan (permeables), personajes conceptuales palpitando, eso loco y singular que no hay de “yo” vibrando en “mí”, para que pueda vislumbrar con brío el sinsentido, lo (im)presente, y trace Eso así en el plano de inmanencia —dicho “se” pre-individual, impersonal, neutro—, las líneas de fuga, mutación y sobrevuelo que prosiguen, más allá de mi persona, muy después del crujido deleuziano de los cuerpos con sus causas, la finita y breve ontología del viaje infinito del Amor, con su virtual “seriatura” de catástrofes... ¡Jo!» Armando Almánzar-Botello
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OTROS BLOGS DE ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO:

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Francis Bacon: Dos estudios de George Dyer con perro", 1968. Óleo sobre lienzo. 198 x 147.5 cms.  

¡Faltas ortográficas los cuervos! Breve texto retocado.

«...La repetición imaginaria no es una falsa repetición, que vendría a suplir la ausencia de la verdadera; la verdadera repetición es imaginación. Entre una repetición que no deja de deshacerse en sí, y una repetición que se despliega y se conserva para nosotros en el espacio de la representación, hubo la diferencia, que es el para-sí de la repetición, lo imaginario. La diferencia habita la repetición...». Gilles DeleuzeDiferencia y repetición.

«...La necedad, la estupidez (bêtise) no es la animalidad. El animal está preservado por formas específicas que le impiden ser necio (bête). Frecuentemente se han establecido correspondencias formales entre el rostro humano y las cabezas animales, es decir, entre diferencias individuales del hombre y diferencias específicas del animal. Pero así no se da cuenta de la necedad (bêtise) como bestialidad propiamente humana. Cuando el poeta satírico recorre todos los grados de la injuria, no se queda en las formas animales, sino que emprende regresiones más profundas; pasa de los carnívoros a los herbívoros y termina por desembocar en una cloaca, sobre un fondo universal digestivo y leguminoso.» Gilles Deleuze. Diferencia y repetición.

«A la copia no le asiste la dignidad del simulacro.». Armando Almánzar-Botello.
                                                                                       


                           Vincent van Gogh. Campo de trigo con cuervos. Óleo. 1890.

Por Armando Almánzar-Botello

1

¡Faltas ortográficas los cuervos! 


Aquí vuelan los pájaros en el campo de trigo de Van Gogh...Palpita 
la textura de la tela. 

Tensa piel que tiembla y se desgarra... Infinita cae la tarde... 

¡Amarillo que grita contra el negro el cielo roto por la espátula! 

Otro ahora escribe. Algo solitario en él persiste. Mancha. Tintura honda su dolor sobre diez lienzos. 

Goce obscuro que dibuja erráticos grafemas, rabiosos caligramas delirantes...

2

Repetición de las pequeñas diferencias: 


Aquí se alude a los cuervos en el campo de trigo de Van Gogh... Pinceladas que retornan, persistentes. 

¡Amarillo terrible que grita contra el negro! Faltas ortográficas los pájaros. Mancha obscura... obstinada... ¡Colores!... 

La tarde borra letras con el viento: erráticos grafemas, paisajes de una herida, lentos labios delirados del desastre... 

Ahora llueve abstracto... 

¿Esta nota simulacro de otro mundo es el poema?... 

¡Lo eterno de la tarde se alumbra en el retorno!



2011-2014


© Armando Almánzar-Botello.
Santo Domingo, República Domincana.

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Blog Cazador de Aguahttp://tambordegriot.blogspot.com/2014/02/faltas-ortograficas-los-cuervos-breve.html, y tambiénhttp://cazadordeagua.blogspot.com/2011/06/faltas-ortograficas-los-cuervos.html

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viernes, 6 de febrero de 2015

Pantera negra... Melancólica identificación con la Cosa freudiana (das Ding)...

«Lâche j’ai vu partir l’Art ma dernière idole...» Jules LaforgueCobarde, he visto partir el Arte, mi último ídolo...» Jules Laforgue]  

«Eres bella como el miedo, estás loca como una muerta...» Georges Bataille  
                                 
Por Armando Almánzar-Botello

A Henry James, in memoriam 


¡Eres bella en tu espantosa libertad, fatal indescifrable amiga!
Soberana de ti misma resplandeces 
                                                         como el miedo...

Ahora que te pienso y escucho lentamente, palpito
a tu lado cauteloso,
                                te respiro...
                                                    Y soy,
frente a la espada limpia de tus ojos abismales,

un espejo

derramado en otro espejo,
                                           un grito que se ahoga
en otro grito,
                      un eco de mis voces en tu gruta...

el flotante y neutro papel /
de una indestructible carta en blanco.

Y aflora siempre un dios
                                       
o tu rumor
en la breve selva de mis letras:

The beast in the jungle...

Pantera soy de sombra en la página que tiembla /
una ciega y feroz negrura de la tinta
... 



Diciembre 2010

© Armando Almánzar-Botello.
Todos los Derechos Reservados.

Santo Domingo, República Dominicana.

Otro blog en el que figura este mismo texto:

Blog Tambor de Griothttp://tamborgriot.blogspot.com/2012/09/pantera-negra.html

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¡EUREKA! Una máquina de no hacer nada... (Poema ensayado)

«Las máquinas deseantes son máquinas binarias, de regla binaria o de régimen asociativo; una máquina siempre va acoplada a otra. La síntesis productiva, la producción de producción, posee una forma conectiva: «y», «y además» ... Siempre hay, además de una máquina productora de un flujo, otra conectada a ella y que realiza un corte, una extracción de flujo (el seno — la boca). Y como la primera a su vez está conectada a otra con respecto a la cual se comporta como corte o extracción, la serie binaria es lineal en todas las direcciones. El deseo no cesa de efectuar el acoplamiento de flujos continuos y de objetos parciales esencialmente fragmentarios y fragmentados. El deseo hace fluir, fluye y corta...». Gilles Deleuze y Felix GuattariEl Anti-Edipo. Capitalismo y Esquizofrenia, Barral Editores, Barcelona, 1974, página 15.

«Me aterra el silencio eterno de los espacios infinitos que ignoro y que me ignoran». Blaise Pascal

«La meta perseguida por las románticas vigilias de Eisengardt ha sido plenamente lograda; donde quiera que haya un Ocioso, la máquina descansa y el hombre, retemplado, trabaja.» Bustos Domecq 

«El poema ¡Eureka! de entrada me gusta y lo siento afín. La razón de mi sentir es que el poema auténticamente poetiza: tiene ritmo propio, musicalidad y sentido, genera un universo imaginario respecto a sí mismo con el que dialoga, crea y despliega sentido nuevo, interior. Funda su propio referente semántico y abre un cosmos. En mí produce un goce trascendente que es lo que me revela la presencia de una obra de arte auténtica. Siempre he considerado a Armando Almánzar-Botello como una voz única y grande, madura, con una formación envidiable y un estro poético difícil de negar. Quizás es la voz más intensa de su generación.» Luis O. Brea Franco

 Richard Lindner. "Niño con Máquina". (1954)

Por Armando Almánzar-Botello

A: Miguel de MolinosJorge Portilla; Jacques Lacan; Jean Tinguely; Jacques Derrida; Gilles Deleuze; Felix Guattari...

A Luis O. Brea Franco
fervoroso amante de la belleza clásica.



Una cierta petulancia consiste en la seguridad metafísica 
                                       de lo propio.
Muy otra voluntad insiste en afirmar la vibración del nervio:

el rizo

                  la risa

                                   el rezo/

el desafío del humor filoso,

el roce riesgoso en el juego del texto

       veloz impropio amoroso
el goce que salta,
                                 galopa/ 

en (ga)sapo imprevisto, 
                                             presuroso/

asumido y presumido en pura sed vertiginosa: 

indecible se-ducción del agua que transcurre,
                         absorta corre,
¡hasta la semántica fatalidad del semáforo!

Sólo bordeando con plomada el orificio,

su abismo,

su imposible y su carencia,

trágico el humor nos salvaría de la guerra final y de la peste.

Sólo bardos barbados bordeando en la escritura

                               los cráteres de vulvas iracundas/

escuchando en el temblor la verdad del agujero/

                               podrán salvar la tierra 

del desastre/

embocar la profecía y la trompeta...

Vivir el mundo actual: desajustado,
                                                                  informe,
nos impone ciertamente sobrevolar el desconcierto...

El humor es una suerte de generoso egoísmo: 
pretende concentrar el infinito en una frase

quizá en holofrase, tal vez en una letra

para ofrecerlo de pronto en los labios del instante.

Pero el intento siempre falla y deja un resto inabordable:

Conexión de interrupciones. Puente frágil que persiste. 
Secuencia que el Otro ha llamado: continuidad que se desgarra, travesía de la huella, ceniza, collar y paloma/

seriatura, cruel rizoma/

erion o vellocino/ corte y sutura que enlaza discurso, chiste,                                                       

                                    inconsciente/

                            locura, amor y poema...

El que chotea chatea in vino veritas: ¡mente!

Ello miente y lo proclama. En el error tropieza y mal-dice.
Falsifica y lo b(i)en-dice. 

Sabe (des)ajustarse al chato, al cuenco, al recuento,

a la cuenta, al contexto, al banquete/

al discurso y a los semblantes.
 
                                                        No debe desbordar ciego 
la precisa economía de elipsis, ni perder la vigilancia, el tino, 
el hilo rojo del trance.

Camina hacia lo imposible. ¡Danza!... Eso habla borracho en lo dicho,
              claroscuro y falsedad cierta... 
                                                 
                                                  (¡Olivo a Oliverio Girondo, 
un veraz que gira hondo! 
                                               Salivo de alivio a la vera del fondo/ 
la verdad se desmadeja:
                                              cae toda en el sinfondo...)

Si a este modo el que dice no lo hace,
         el exceso, el goce, el don,
el equívoco lúdico-mágico y el ritual de las palabras
naufragio serán y espectáculo 
                                                              —financiero, insípido, yerto
reglado por la doxa más chata y sus inicuos atractores velados...

Más allá de las oposiciones caníbales: 
                                                                adentro/ afuera,
privado/ público, 

el humor es la locura del don como secreto poema irreductible.

No es simple rel-ajo, ¡carajo!, es callejera coreografía                                      indescrita 
ilegible, incógnita, críptica:
 
                                                          más que rel-ajo, tens-ajo/
navaja, tasajo, pasaje/

tatuaje indeleble y viaje/ 
                                          condimento con ajo de abajo no tasado 
por ojo de arriba/

                          campana verbal de tenso badajo,
                          que ofrece sonido unido a sentido. 
Danzar de sentidos con reloj y medida: barrada guarida de loco infinito,
                                  que goce a goce brota,
                                      gota a gota mana,
                                     de la Razón herida,
                                      de la palabra rota...

Para dar sinsentido, humor, poesía, es preciso sentir y soltar el sentido.
        Hacer el intento de alcanzar y medir(se con) la cosa real,
lo vacío imposible: 

                                    ¡empresa fallida!
 

Así loco y herido de muerte
el chiste sangrante da vida...

¡Oh la risa inaudita, inaudible!
Secreta carcajada en abismo,
reservada tan sólo para el dios escondido, para oídos 

que danzan el fragor de la ausencia.
¡Oh la risa del feto, oh el olvido que piensa!...

Santidad y amor son chistes orientados/

          arduos juegos de humor/
              misterios dirigidos. 

Y Alguien dijo la flor del ciruelo que siente,
   arroja de su hambre tinieblas a tu cuerpo...

                  ¡Oh broma sostenida!
Su mano es pez de bruma que persigue transparencia...

Hablando la verdad ahora en euskera: ¡Salta un chiste del pe(s)cado en la chistera!: 

                  Keaton, Beckett, Chaplin: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡No hay aquí blasfemia!: a fe mía que la culpa es de Pascal.

¡El Universo es la broma de Nadie,
vacía de sonido y de furia!




Diciembre de 2008


© Armando Almánzar Botello. Santo Domingo, República Dominica.

Otros lugares virtuales en los que figura este mismo texto:

Blog Cazador de Aguahttp://tambordegriot.blogspot.com/2013/08/eureka-poema-ensayado.html, y tambiénhttp://cazadordeagua.blogspot.com/2009/07/eureka-poema-ensayado.html

Blog de Pedro Granadoshttp://blog.pucp.edu.pe/item/50769/eureka-poema-ensayado-armando-almanzar-botello

Blog episthemehttp://epistheme-tonydemoya.blogspot.com/2009/04/noticias-del-frente-multicolor-055.html

[Noticias libres del peru]http://peru.feeder.ww7.be/index.php?cal_date=2009-04-02&debut_syndic=150

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                                               "EUREKA" de Jean Tinguely
       
EL DON, LA ORACIÓN Y LA RECOMPENSA EN EL CRISTIANO (Notita)   

     Por Armando Almánzar-Botello

Gilles Deleuze-Baruch Spinoza«Toda tristeza es el efecto de un poder sobre mí

Para Jacques Derrida, siguiendo a Marcel Mauss, a Jacques Lacan y a Martin Heidegger, el Don es lo que “no-cesa de darse”, pero sin retorno, sin la circularidad del comercio, sin aspirar al pago de la deuda.

El don no cesa de darse, pero no debe saber que se da. Por ello, Derrida lo piensa también como lo imposible: un don que es puro olvido de sí, ceniza, restancia diseminal... Un don que no endeuda porque no conserva la memoria de su exceso.

En este sentido, a la justicia como don se tiende asintóticamente, pero ella es de hecho lo inalcanzable por excelencia: pura línea de fuga con la que debemos medir nuestros pequeños “dones”, prisioneros de la estructura circular, cíclica —“odiseica”, dice Derrida—, del comercio, del cálculo de conveniencias, de la “filantropía” con usura entendida como disfraz del resentimiento y del espíritu de venganza, de la competencia descarnada y de la simple juridicidad formal...

Si bien el cristiano auténtico —que pretende afirmar la “discreción” en el don—, propugna porque no sepa su mano izquierda lo que hace su mano derecha, él aspira, finalmente (como señala con pertinencia D. T. Suzuki), a que Dios lo vea, y así El Supremo garantice con Su Mirada Omnisciente y Omnipotente el valor salvífico de los dones realizados “discretamente” por el adepto.

Hay allí una velada negociación, un intercambio enmascarado, un interés indirecto y hasta cierto punto hipócrita y oportunista.

Todas las religiones de procedencia indoeuropea, y quizá la religión como tal en sentido genérico, participan de esa dimensión “mercantil y fiduciaria” de la fe (J. Derrida): el sacrificio y la ofrenda al dios vienen a producirse bajo la espera de “un retorno con usura” de la inversión afectiva, litúrgica y espiritual que el adepto realiza en nombre de su creencia.

Así se participa de una resistente y profunda estructura ontológica, teológica y teleo-escatológica cuya naturaleza “circular u odiseica” (Jacques Derrida dixit) solo se ve provisionalmente suspendida en el contexto de la mística, cuando esta dice:

«Aunque No hubiera Cielo, yo te amara, y aunque NO hubiera Infierno, te temiera...».

No obstante, se insinúa el “retorno con usura” de la inversión mística cuando el poema dice:

«...pues aunque LO QUE ESPERO no esperara...».

Hay aquí, sin lugar a dudas, una certeza de recompensa que aparta bruscamente al texto de la espera desértica, desinteresada, vacía, incondicional...

El don, tal como es concebido por la mística —entendida esta como práctica espiritual diferente a la simple religión— en los diversos modos y contextos que representan, respectivamente, el Budismo Zen, el pensamiento de Meister Eckhart, de San Juan de la Cruz o Santa Teresa (formas analizadas por Bataille, Otto, Derrida, Zubiri, Lacan, Eliade...), no participa de una onto-teo-teleología infusa ni de un cálculo de voluntad salvífica.

Como en el imperativo categórico kantiano, el accionar que conduce al don se produce “POR deber autofundamentado”, no “de acuerdo CON el deber”... ¡para ganar un premio!... muchas veces inmerecido...

Por tal motivo, Derrida relaciona el don con cierta imposibilidad, con lo que denomina “la espera desértica y abisal del acontecimiento indecidible”... Muchos, aparentemente, esperan desde dicho lugar... ¡Pero no! Desean secretamente y con remilgos la gran coartada: ¡echarle de improviso el guante a la gallina de los huevos de oro!... ¡Vive Dios!

La real desmedida, esa espera desértica desmesurada, desproporcionada —del otro y de lo otro imprevisibles (¿el enigma de la vida y la muerte?)—, no se encuentra ligada a ninguna garantía onto-teo-teleológica, a ningún contrato circular (mercantil y fiduciario) que vendría a inscribir el don en una codificación que comporte las categorías de “acción/recompensa”, “premio/castigo”, “estímulo/respuesta...

¡Larga vida al estilo que no espera nada!

Armando Almánzar-Botello

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Diciembre de 2010


© Armando Almánzar-Botello. (Fragmento de “Lo real como exceso es el vacío”, 8 de diciembre de 2010). Blogs “Cazador de Agua” y “Otros Textos Mutantes”. Santo Domingo, República Dominicana.

ENLACE: Anónimo: “Soneto a Cristo crucificado”: https://www.poesi.as/indx0047.htm

Copyright © Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.

INTERNET Y LA PALABRA. (Infinita la misericordia del Altísimo)

Dijo el gran filósofo: «Pero, ¿si el Diablo, el Otro, por el contrario, fuera el Mismo? ¿Y si la Tentación no fuera uno de los episodios del gran antagonismo, sino la tenue insinuación del Doble? ¿Si el duelo se desarrollara en un espacio de espejo?» Michel FoucaultLa Prosa de Acteón

«Hoy, la llamada vertiente “filantrópica” del capitalismo neoliberal se complementa con agresiones evidentes a la multiplicidad de lo humano y con solapadas violencias estructurales cuyos efectos finales son de naturaleza brutal, realmente monstruosa: la inversión, a escala planetaria, del “principio sacrificial” estudiado por la antropología (Kenneth Burke, Thomas Szasz, René Girard, Michel Serres...); es decir: el despiadado sacrificio de la mayoría de los habitantes de la Tierra para favorecer a una minoría privilegiada de banqueros y sus adláteres o súcubos.» Armando Almánzar-Botello

«En primer lugar, ¡alfabetizarlos verdaderamente!» Charles R. Darwin


     Por Armando Almánzar-Botello

     A Pierre Klossowski; a  H. R. Giger, in memoriam 
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En una extraña página de Internet que la mano aparente del azar alumbró bajo mis ojos, me fue dada la oportunidad de leer este curioso texto, abominablemente herético, que ahora transcribo para mis lúcidos lectores con la finalidad de permitir una mejor comprensión de los caminos retorcidos del Maligno y cantar la Gloria del Altísimo en su infinita misericordia:
                                          
                    CYBER-EVANGELIO SEGÚN SATÁN

«Habiendo escrito por mí mismo tan solo unas pocas líneas, quizá con justicia destinadas a la hoguera eterna del olvido, ahora lo confieso: yo soy el secreto y traicionado coautor del gran Apocalipsis.

»Muchos años después, frente a la pública grandeza de aquel monumento bíblico (texto inspirado también, lo reconozco, por el Otro devenido en Paloma mercantil y fiduciaria de lo Alto), había yo de recordar mis arduos, prolijos, laberínticos y fantásticos diálogos con Juan de Patmos —luego conocido como El Evangelista—, en remotas, decisivas y anónimas tardes irrecuperables… 

»En principio, humillado y ofendido por el discurso en realidad producido a tres voces, pero arteramente publicado bajo una sola firma, yo, la Bestia innombrable, llegué a codiciar, enardecido, la gloria excluyente del apóstol, la cuota de honor que a mi propio decir correspondía y que no le fue debidamente conferida, en abierto atropello a la justicia. 

»Luego, providencial y transitoriamente lúcido y absuelto, otra vez olvidado de la carga agobiante de mi verdadera identidad, en una íntima noche de animada plática literaria entre supuestos amigos, tuve la revelación decisiva —vislumbré, sobrecogido, la oscura evidencia en un relámpago de intuición irreparable—: comprendí, humildemente, como bien lo expresaría Goethe, que la buena literatura es, en gran medida, un precipitado alquímico de la buena conversación…

»De un modo enigmático, real pero intangible, más próximo, tal vez, que la verdad del alfabeto, a la boca indescifrable del Abismo, al vacío resplandor de lo Divino, a la angélica prosodia germinante por el soplo secreto de la Cábala, también escribimos el mundo con la Voz; también destruimos el mundo dialogando…»

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...Cierro aquí, provisionalmente, la transcripción del texto hermético. Como habrá de suponer este amable auditorio, de inmediato salí huyendo de aquella página de sombras… 

Las Redes, el mundo, el orgasmo doloso en lo siniestro, la barbarie analfabeta maquillada y el reflejo seductor de la herejía; el comercio sin decoro y la velada expropiación del pensamiento, configuran la región más grosera del rizoma, la política incivil de la escritura monstruosa, el extraño fragor de un solo texto mercantil y fiduciario inacabable… 

¿Bajo cuál firma, finalmente, se abrirán a la luz estas palabras?... 

¡Infinita es la Misericordia del Altísimo!

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Junio del 2001

© Armando Almánzar Botello. Santo Domingo, República Dominicana

Texto publicado originalmente en: Revista “El Exportador Dominicano” 2002. Año XXX. Número 120. p. 52

Publicado en el libro de Armando Almánzar-Botello titulado: Cazador de agua y otros textos mutantes. Antología poética 1977-2002, Editora Nacional, 2003, pp. 91-92, Santo Domingo, República Dominicana

Otro blog en el que figura este mismo texto: Blog Cazador de Agua 

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IMÁGENES:

     1) H. R. GigerBaphomet, 1977

     2) Pierre Klossowski, Le Baphomet (novela)

martes, 3 de febrero de 2015

CANON DE LAS CANONJÍAS.

"Toute l'écriture est de la cochonnerie.Antonin Artaud

Francis Bacon. Retrato de Henrietta Moraes. 1963

Por Armando Almánzar-Botello.


¡Oh implosiones de la muerte y su plebeya eternidad!

Torpes manchas en el lienzo los espíritus devienen turbios trazos cacográficos para la posteridad. 

Lerdos coreofónicos los cerdos adolecen de ontologías imberbes: ¡gruñen! Sus dólares en dolo instauran dinastías, antologías de baba, severa la impotencia sin percibir en vilo el semoviente peso de la beatitud.

El sentido peliagudo de reales precedencias, el rumor irreversible de la flecha rumbo al blanco, cristalino el universo en la desemejanza inmóvil, legales corruptelas de la tela legataria en la negra materia y su gruñir abstracto, muñido con la ética del chicle, un coral de precursores las galeras del sumario teme ver.

Y así estrechamente, rancio piensan los que suman los guarismos de la tierra, que tan sólo existe un mundo pitagórico-platónico de copias y modelos, muy gastado en la evidencia de su representación.

Confundido está el enigma y su frugal raya de fuga
y esta letra de fuego sin linderos que cae rotamente, con la fisión perversa y su agujero negro, con la vil fusión de opuestos que persigue canonjías: coincidentia oppositorum como confabulación.


Mayo de 2004


Santo Domingo, República Dominicana. © Armando Almánzar-Botello.


ADENDA:

"JACQUES –ALAIN MILLER: Tirite pues ante la verdad que Boileau versifica como sigue: «Lo que se concibe bien, se enuncia claramente». Vuestro estilo, etc.

JACQUES LACAN: ...El maldicho [médit] instalado en su reputado ocre: «No existe grado de lo mediocre a lo peor», he ahí lo que me cuesta atribuir al autor del verso que humoriza tan bien la frase.

Todo eso es fácil, pero vale más por lo que revela, si se escucha lo que rectifico con pie de plomo, por lo que es: un chiste en quien nadie ve más que artificio.

¿No sabemos nosotros que el chiste es lapsus calculado, aquel que le gana de mano al inconsciente? Es lo que se lee en Freud sobre el chiste.

Y si el inconsciente no piensa, no calcula, etc., es tanto más pensable.

Se lo capturará, si se lo puede, volviendo a oír lo que me divertí modulando en mi ejemplo de lo que puede saberse, y mejor: no tanto servirse de la buena suerte de «lalengua» [«lalangue»] como de estar atento a su advenimiento en el lenguaje.

Fue preciso que me dieran una mano para que yo lo advirtiera, y es ahí donde se demuestra el sitio de la interpretación.

Suponer ante el guante dado vuelta que la mano sabía lo que hacía, ¿no es devolver el guante, justamente, a alguno de los aficionados a La Fontaine y Racine?

La interpretación debe estar presta a satisfacer el entreprest.

De lo que perdura a pérdida pura a lo que no apuesta más que del padre a lo peor..." (Fragmento). JACQUES LACAN: "Psicoanálisis. Radiofonía y Televisión.", Editorial Anagrama, Barcelona, 1977, páginas 133, 134 y 135.


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Blog episthemehttp://epistheme-tonydemoya.blogspot.com/2014/11/noticias-del-frente-sensorial-122.html

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