Armando Almánzar-Botello: poeta, ensayista, narrador, nacido en Higüey, República Dominicana, el 29 de agosto de 1956. Es autor de los poemarios “Cazador de agua y otros textos mutantes” (Editora Nacional, 2003), antología poética personal que reúne una selección de sus textos escritos entre 1977 y 2003, y “Francis Bacon, vuelve. Slaughterhouse’s crucifixion” (Editora Ángeles de Fierro, 2007), junto a otras creaciones poéticas y ensayísticas.
Espero con ansiedad el día en que todos, no únicamente los sordomudos, podamos leer a Homero, Platón, Cervantes, Shakespeare, Goethe, Proust, Lao-Tse, Murasaki Shikibu, Veloz Maggiolo, Pedro Vergés, Rita Indiana... en lenguaje viso-gestual y no necesariamente de forma viso-fonético-alfabética o ideográfica... Y nos preguntamos: En términos hermenéuticos, antropológicos y ético-políticos, ¿se ganaría algo nuevo con ello?
Por Armando Almánzar-Botello
“Il n’y pas hors-text” (no existe nada fuera de texto), decía el filósofo francés Jacques Derrida.
Esta polémica afirmación no implica, como creen erróneamente muchos, un simple “lingüisticismo”: la defensa de la tesis que vendría a decirnos que no hay nada fuera del discurso, fuera del lenguaje.
Se alude aquí, en la formulación del gran filósofo galo, a la puesta en funcionamiento de una generalización de la noción de “texto”, más allá de la oposición “lenguaje” / “mundo de las cosas”.
Esta "archiescritura", conceptualizada así por el primer Derrida, sin que niegue las diferencias de registros existentes entre los órdenes del “lenguaje” y la “cosa”; el “discurso” y la llamada “realidad”, involucra en su “diseminación” tanto al Sujeto como al Objeto.
Debemos recordar la relevancia de la noción de “huella” en el pensamiento del Derrida de “De la Gramatología”. Nada, ni siquiera la “cosa”, se manifiesta en su "pura" presencia metafísica, libre de una malla de reenvíos textuales propiciados o facilitados por dicha huella.
Dice literalmente Derrida en la página 64 de “De la Gramatología”. Siglo XXI Editores, México, 1978 (obra de cuya primera edición, 1971, adquirí un ejemplar el año 1973 en la “Librería Paz”, administrada por el Padre jesuita Alberto Villaverde, en Santo Domingo):
«La diferencia entre la fenomenología de Husserl y la de Peirce es fundamental, pues concierne a los conceptos de signo y de manifestación de la presencia, a las relaciones entre la representación y la presentación originaria de la cosa misma (la verdad). En relación con este punto Peirce está sin duda más próximo del inventor de la palabra fenomenología: Lambert se proponía en efecto “reducir la teoría de las cosas a la teoría de los signos”. Según la “faneroscopia” o “fenomenología” de Peirce, la manifestación en sí misma no revela una presencia, sino que constituye un signo. Se puede leer en los Principies of phenomenology que “la idea de manifestación es la idea de un signo”.12. Por consiguiente no hay una fenomenalidad que reduzca el signo o el representante para dejar brillar, al fin, a la cosa significada en la luminosidad de su presencia. La denominada “cosa misma” es desde un comienzo un ‘representamen’ sustraído a la simplicidad de la evidencia intuitiva. El "representamen" sólo funciona suscitando un "interpretante" que se convierte a su vez en un signo y así hasta el infinito. La identidad consigo mismo del significado se oculta y desplaza sin cesar. Lo propio del "representamen" es ser él y otro, producirse como una estructura de referencia, distraerse de sí. Lo propio del "representamen" es no ser "propio", vale decir absolutamente "próximo" de sí (prope, proprius). Ahora bien, lo "representado" es desde un principio un "representamen".» Nota al pie de la página 64 de la edición que ahora cito: «12. P. 93. Recordemos que Lambert oponía la fenomenología a la aleteiología». Cierro la cita.
Debe entenderse por "aleteiología" una disciplina o modalidad hermenéutica cuyos recursos interpretativos apuntan al descubrimiento o a la simple revelación de un presunto sentido inmediato y/o verdad (aletheia) inmanente a la ‘cosa’ en la presunta pureza de su presencia.
Evidentemente, esta posición comporta una metafísica de la presencia. Esta ontología de la presencia se manifiesta en la hipóstasis de un significado trascendental o en la esencialización de la "pura" cosa, que de simple desecho y/o mero vestigio hylético, pasa a encarnar una verdad cuyo sentido “pre-existe” al lenguaje.
En el contexto derrideano de esta problemática gramatológica (vinculada también con los pensamientos de Charles Sanders Peirce y del segundo Wittgenstein), en la que a través de la huella se produce una suerte de juego diferencial o de reenvío matricial entre la “palabra”, el “gesto” y la “cosa” designada, puedo ahora decir que el “sordomudo” no es una real excepción a la efectiva operatividad o vigencia de la conceptualización filosófico-científica que juzga al “lenguaje doblemente articulado” como la instancia que constituye lo que se podría llamar, siguiendo a Gerard Mendel y a Jacques Lacan, por ejemplo, “núcleo simbólico-antropológico específico” del Homo sapiens sapiens. Dicho nódulo estructural y conceptual permite la realización de un particular deslinde relativo entre “lo animal” y “lo humano”. (No obstante, lo que se ha convenido en llamar “lenguaje”, constituye una paradójica línea bifronte de conjunción/disyunción entre lo humano y lo animal).
Creemos, no obstante, tal como lo entendía el Wittgentein de "Las investigaciones filosóficas" a propósito de las relaciones entre “lenguaje”, por un lado, y silencio “fuera” del lenguaje, por el otro, en la existencia de un “laberinto problemático de fronteras”, rizomático, diría Gilles Deleuze, entre los ámbitos de la humanidad y la animalidad.
No existe un corte unívoco que permita separar limpiamente, de un modo absoluto, sin contaminación o resonancia de un estatuto sobre el otro, al animal de lo humano. Aludimos aquí a la problematicidad de lo (In)humano.
Tampoco decimos que no existan, en los planos ontogenético y filogenético del Homo sapiens, ciertos tipos de pensamiento generados más acá o más allá del “lenguaje lingüístico” en sentido estricto. —Entendemos, tal como lo hemos resaltado más arriba, la potencia semiótica de la huella, del grama, del reenvío archiescritural y del sinsentido pre-verbal y translingüístico en su condición de operatividades constituyentes y juegos diferenciales que subtienden a todo lenguaje o lengua particular constituida.
Entendemos, además, que no existe una separación radical entre los llamados tres registros lacanianos: Simbólico, Imaginario y Real. Existe más bien una relación compleja de conjunción, solapamiento y disyunción entre estos mencionados órdenes del sentido, el sinsentido y el no-sentido.
Sin embargo, no consideramos puntualmente demasiado esclarecedora la visión teórica, tal como la formula George Steiner en sus excelentes reflexiones sobre lo humano y lo bestial, en la que el ser humano sordomudo viene a constituir un “quid enigmático” y una suerte de excepción a la tesis que define como rasgo distintivo y fundamental de lo humano las estructuras operativas del lenguaje articulado, entendido esencialmente en sus manifestaciones orales.
Por más independientes que sean las "lenguas gestuales" de las orales (y esto lo aceptamos como una realidad validada por las investigaciones de varias disciplinas científicas), no es concebible, en la presente fase de la filogénesis del Homo sapiens, una sociedad humana totalmente constituida por “sordomudos”, organizada de modo autónomo y que funcione con absoluta independencia de los valores, prestaciones tecno-simbólicas y facilitaciones convivenciales creados por el Orden Simbólico humano, cuya instancia de organización funcional básica sigue siendo el lenguaje articulado en el plano de la oralidad.
Si bien una gran parte de los miembros de una determinada comunidad pueden comunicarse de un modo gestual prescindiendo de la comunicación oral “explícita” y en apariencia “implícita”, la historia humana no registra ningún caso de comunidades sordomudas en su totalidad, cuyas codificaciones culturales no estuvieran relacionadas, de un modo u otro, con sociedades o con sectores mayoritarios de la comunidad en los cuales la comunicación oral fuera la preponderante.
Parece que ahora se aborda una verdad de Perogrullo, pero esta problemática es crucial en ciertos contextos lingüísticos, tecno-científicos, (post)humanísticos y filosófico-políticos.
Aunque existen personas (sordomudos congénitos), cuya “lengua materna natural es de características gestuales”, y si también se puede hablar de “culturas sordas” y de “sub-culturas del silencio” con numerosos “hablantes” —los cuales comienzan poco a poco a exigir el respeto a sus derechos, ¿valores?... y diferencias—, estas situaciones extremas se viven siempre como sub-conjuntos subsumidos en el universo de las “lenguas lingüísticas” orales, entendidas como lenguas mayoritarias. En este contexto complejo, heteróclito, se operan procesos intersemióticos multidireccionales de transcripción y traducción. Esta realidad plantea, de hecho, un reto bioético, convivencial y político.
Si bien el sordomudo vive su gestualidad comunicativa codificada, sin discurso lingüístico explícito (lo cual no excluye las “sonorizaciones fantasmáticas” o virtuales del pensamiento en el registro fenomenal del sonido como “ser-oído del sonido”, independientemente de su efectuación real o física en el mundo: esto se ha comprobado experimentalmente), no se desenvuelve, en efecto, de un modo completamente ajeno al lenguaje oral stricto sensu, no vive totalmente “fuera del lenguaje oral”, pues el propio “silencio significante” por el que se desplaza es un efecto del lenguaje articulado, del orden simbólico y de la cultura: es un “afuera modulado por la misma oralidad”.
Este “afuera” topológico no sería posible sin la dimensión lingüística constituyente de la comunidad oral mayor en la que viene a insertarse el “sordomudo”.
Por más natural que se considere la comunicación interhumana en base a gestos codificados (los cuales tienen de hecho su propia “fonología”, su propio “léxico” icónico-gestual, su propia “sintaxis” kinésica, etc.), ningún código no verbal de comunicación funciona para el hombre sin relaciones de contaminación, de interacción por omisión o de recambio semiótico, —directas o indirectas, en el plano de la oralidad glosopoiética o en el de la grafía, en los ámbitos fonético-alfabéticos o ideográficos—, con el sistema de las denominadas “lenguas lingüísticas” orales.
Otra cosa distinta observamos si se toma en cuenta lo que la etología entiende y denomina como “códigos de información o sistemas de comunicación y señalización”.
Estos códigos y sistemas funcionan de un modo instintivo y pre-formado en los animales (aunque puedan ser perfeccionados por aprendizaje), pero resultan muy diferentes en sus grados de complejidad, —tal como lo entienden la lingüística y las neurociencias modernas—, a lo que se conceptualiza y define como "lenguaje oral doblemente articulado" o, como en el caso de los sordomudos, “lengua humana de señas” o de “signos gestuales”.
¡NO ES CIERTO QUE TODO PENSAMIENTO POSTESTRUCTURALISTA REDUZCA LA HETEROGENEIDAD DE LO REAL A SIMPLE DISCURSO, A MERA IMAGEN (CONVENCIONAL) O A EMPOBRECIDO SEMBLANTE!
Por Armando Almánzar-Botello
1-. Generalizar, deconstructivamente, el concepto de “Escritura”, en su calidad de categoría opuesta metafísicamente a la idea de “Habla”, y pensar entonces, como hace Jacques Derrida (“De la Gramatología”), la noción de “Archiescritura”, no comporta ningún lingüisticismo ni absolutización alguna del lenguaje o el discurso frente a la llamada realidad-real.
2-. Generalizar el concepto de “IMAGEN”, tal como lo hace Gilles Deleuze (“Diferencia y Repetición”, “La imagen-movimiento I", “La imagen-tiempo II") y entender que participan del estatuto general de “imágenes” las llamadas “imágenes convencionales”, las COSAS mismas y el movimiento, no comporta una abolición de las diferencias tipológicas y estructurales existentes entre las heterogéneas manifestaciones de las “imágenes”, una de las cuales la constituye el “cerebro-sujeto” como “interioridad” o “pliegue” de cierta especie de imágenes... Las categorías deleuzianas de “imagen-movimiento” e “imagen-tiempo” no funcionan dentro del modelo platónico MODELO/COPIA, no son equiparables a la última categoría o polo de ese paradigma metafísico-trascendental, ni tampoco se reducen a la pura idealidad .
3.- Cuando para superar, por motivos internos a su propio campo psicoanalítico-filosófico, la oposición metafísica tradicional "Lengua/Habla", Jacques Lacan acuña el neologismo "Lalangue", y sitúa dicha manifestación del lenguaje en relación con el registro del "Inconsciente Real" del "Parlêtre", como algo diferente al "Inconsciente Simbólico" freudiano, no está reduciendo el mundo a simple semblante o imagen. ¡Todo lo contrario! Frente a cualquier "nominalismo" reductor, defiende el carácter irreductible de un REAL INDOMEÑABLE.
Es necesario conocer con cierta mínima precisión aquello que pretendemos criticar.
MENSAJE DIRIGIDO AL ESCRITOR Y AMIGO PERUANO PEDRO GRANADOS, A PROPÓSITO DE UNA NOTA DE SU AUTORÍA SOBRE EL LIBRO DOMINICANO "MASA CRÍTICA".
Por Armando Almánzar-Botello.
Saludos, querido Pedro. Conozco el trabajo de Médar Serrata: muy bueno. Tengo el libro donde figura su intervención: "Masa crítica. Memorias del Primer Seminario Internacional de la Crítica Literaria en República Dominicana." (Editora Nacional, 2013), obra que, como su título indica, constituye una muy buena recopilación de textos crítico-literarios realizada por el Ministerio de Cultura dominicano, en la que incluye a intelectuales del país en el ejercicio activo de la crítica literaria a través de los diferentes medios, tanto a nivel nacional como internacional.
Debo decirte que Serrata confirma, en cierta zona de su ensayo, un deslinde entre el concepto (post)estructuralista (derridiano) de "texto" (instancia presuntamente desencarnada, descorporizada, establecida en relación con "un saber letrado" que de un modo supuesto difumina la "realidad" concreta, socio-cultural e histórica), y aquello definido como "performance" por la gran pensadora de la teoría queer y crítica de la guerra imperialista norteamericana, Judith Butler. Esa "performance" implica los desempeños del cuerpo, los actos corporales como formas de construir y transmitir conocimientos en la acción socio-cultural y política de superar o "desbordar la epistemología de Occidente." (Serrata dixit).
Aunque lo dicho por Serrata podría resultar válido para un cierto estructuralismo cerrado, deconstruido precisamente por el trabajo de Jacques Derrida, es preciso aclarar una vez más que el concepto derridiano de "Il n'y a rien hors du texte" (“No hay nada fuera del texto”), no comporta una hipóstasis o esencialización del "lenguaje doblemente articulado". No niega la realidad relativamente autónoma de aquello que Butler denomina "performance", como acto creativo, en contexto histórico y cultural, que viene a involucrar al cuerpo y al comportamiento. Derrida reconoce más bien el funcionamiento de una productividad semiótica plural que desborda lo meramente lingüístico.
El concepto derridiano de "textualidad abierta", como digo, supera lo simplemente "lingüístico" para incluir también, por intermediación de la categoría de "huella" como estructura de la "no-presencia", eso que funciona supuestamente al margen de la textualidad bajo el carácter de lo corporal, lo social, la historicidad concreta, la política... La oposición binaria "sentido" / "referencia" viene a ser pulverizada o deconstruida en la conceptualización crítica de Derrida.
Todo el que interpreta y contextualiza de un modo "mínimamente" válido el pensamiento de Jacques Derrida sobre la relación entre lenguaje y mundo, sabe que la "textualización derridiana" no comporta una homologación o "desdiferenciación" entre "lenguaje" y "realidad". Derrida reconoce la diversidad de sus registros operativos.
El “no hay nada fuera del texto” derridiano jamás puede implicar un ingenuo retorno del idealismo trascendental implícito en la concepción medieval del mundo y el universo como Gran Libro Sagrado que amerita la intervención de un Gran Hermeneuta que descifre los Mensajes de un Autor Omnipotente. Es todo lo contrario de esta onto-teología de cuño falogo-fono-céntrico.
El texto, tal como lo concibe Derrida, más bien muestra que la llamada "realidad" es una construcción histórica trabajada también por la "huella", por el juego de las "diferencias y cesuras".
No obstante, Derrida, en su generalización estratégica de la categoría de "textualidad" y rompiendo con el concepto convencional y filológico de "texto", reconoce también que las transformaciones de la realidad socio-política obedecen a regulaciones muy específicas en el territorio complejo y multidimensional de dicha textualidad. Nunca establece una contraposición maniquea entre "archivo" y "repertorio de prácticas culturales", entre lo que denomina registro “auto-biotánato-heterográfico” y "performance"...
Reitero algo hace años planteado y "archidiscutido": El derridiano “No hay nada fuera del texto”, no implica que, como dice el mismo Derrida, las "diferencias" entre "lenguaje lingüístico" y "realidad" se "puedan ahogar confusamente en la generalidad de un elemento homogéneo" (Derrida)...
Por otro lado, en diversos aspectos el pensamiento de la Judith Butler autora de "El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad"; “Vida precaria. El poder del duelo y la violencia.” ; “Marcos de guerra. Las vidas lloradas”, etc., etc. —dicho esto por ella misma de una forma explícita o no—, está parcialmente inspirado por la obra de pensadores como Derrida, Lacan y Lévinas...
Un párrafo que me parece importante en el trabajo de Medar Serrata es éste:
"...El desplazamiento de la noción de discurso por la de performance desestabiliza la posición privilegiada que pretendía ocupar el crítico como poseedor de la llave de acceso al conocimiento de todos los aspectos de la realidad. Pues si el universo tuviera la estructura de un texto, ¿quién mejor dotado para desentrañar sus secretos que el experto en asuntos del lenguaje? Sin embargo, no se trata de abandonar el estudio de los textos o de las otras manifestaciones del archivo. De lo que se trata es de ver los textos como portadores de saberes en diálogo constante con otras formas igualmente ricas y complejas, dotadas de sus propios códigos, sus convenciones y maneras de preservar o resistir las estructuras de poder..." (fragmento pp 251 y 252) Medar Serrata. "Literatura, discurso y performance", en "Masa crítica. Memorias del Primer Seminario Internacional de la Crítica Literaria en República Dominicana.", Editora Nacional, 2013, Santo Domingo, R. D., pp 245-252
Relativamente vieja pero no agotada "conversación"...
20 de mayo de 2015. Texto publicado como nota en TALLER ON DE PEDRO GRANADOS.
«Busco a Ella que me huye por satélites distantes, / cuando añora mi palabra el enigma de su carne.Pienso Amor y curvo el texto...» Armando Almánzar-Botello. "Home Page de la Angustia". (Fragmento).
Por Armando Almánzar-Botello
A ella, vibrante, blanco enigma de la perla...
----------
Una mano ilumina los violines del asombro.
Luz muy limpia cenital que alumbró toda la estancia.
La escena de la torre y de la sombra enamorada
—escritura con luciérnagas de fósforo—
se dibujó perfecta en el distante rubor de las galaxias…
¡Oh belleza que retorna sin fin cuando la pienso!
¡Y sentir que casi ayer se deslizaban nuevamente
los labios por el filo indescifrable de otro aliento,
por la línea de fuga de una espada!...
Pero algo no previsto por el borde ahora irrumpe,
un vislumbre de aquel aire no descrito ya me salva:
El perfume indestructible del jardín que la recuerda
en incendio sosegado que persiste.
¡Oh, Amor!… tan próximo a mi ser con tu verdad sin yo
saberlo,
pulsando sin cesar solitario tu ritual
de secreto corazón ajeno a mí allá en lo alto.
Silencio de una luna tan despierta en el temblor
de rizomáticos espejos.
Me recibes ya, mujer desnuda,
en tu erótico recinto amurallado.
La puerta solo para mí, ahora entreabierta...
Penetro lentamente al fulgor de tus espacios,
al recóndito país de tus prodigios,
bajo el signo del goce irreverente y la catástrofe...
Retorna dibujado latiendo el corazón
y allí refulge sin las máscaras.
Los caprichos de tu lengua cimbreando en mi agonía
—mujer mágica tendida, negro espejo copulante—
me besan cuando palpo la (t)urgencia de tu rosa,
fluye labio a labio la humedad irreflexiva:
esa miel de los panales todavía tan ocultos
por la bruma cautelosa de la seda y sus rumores...
¿Quién llorando cantará con el (c)olor el bello cuerpo?
Solo a mí ha recibido esa mujer en su recinto.
Ausente de mi ser al partir siempre yo estaba.
Prisionero me quedé con mi abismo en su silencio:
Un número secreto palpitando
en el atónito innombrable
resplandor de la inconsciencia.
Una plaza sitiada por el albo enigma de su fuego
y de su aliento…
Mas ahora ella retorna, lúcida granada de solar corazón
resplandeciente.
Maravilla de un incendio discreto
que me pierde…
Y la mano ilumina en el delirio,
la escritura tangible de mi ausencia...
------------
Viernes, 8 de junio de 2012 (Texto retocado)
«La llamada recientemente “cosmología cíclica conforme” del físico y matemático Roger Penrose, muestra la existencia de lo que se llama multiverso, pero en ella los universos múltiples son infinitos-sucesivos, no simultáneos.» El divulgador policíaco,2015
«¡Defeca Dios el Universo ardiendo!» Manuel Del Cabral
«Rabiosa llamarada del insomnio cuesta abajo: las tetas y las ratas, las putas y los ritos, los dioses dementes de la sangre, tus nalgas refulgentes, tu ano anonadante, huracanes enjaulados
En la infancia fui yo sin rubor un pésimo y tonto estudiante. Era estúpidamente ajeno al sentido común y a la cruda evidencia.
Mirando a un azul pajarito que aplicado perforaba las nubes para esculpir consignas en ellas o dibujar en el cielo proverbios, ¡me quedaba en el juego de béisbol con la pelota en la mano, en lugar de arrojar la olvidada bola rápidamente a la primera base!
Sin darme cuenta corría con brío en los maratones escolares, alejándome orgulloso de la meta oficial señalada. En ocasiones ganaba, pero solo un éxito en reversa.
Siempre al cruzar la calle casi me atropellaba un caballo, y rabioso el jinete con su látigo me cruzaba las espaldas.
Me llamaban «El Despistado» por estar babeando y ausente: casi nadie descubrió la discreción de mi genio absorto.
¡La genialidad es modestia, oh amigos petulantes!
Cuando llegué a mi adolescencia aprendí a contar cangrejos. En el río les ponía la carnada suculenta que atrae a los crustáceos y no a los peces suicidas.
Alguien me decía entonces: «¡Tú solo atrapas cangrejos, y jaibas de vez en cuando, mas parece que te falta un hilo dental en el seso, nunca sabes graduar en el anzuelo la dentellada perfecta».
Y yo, como el pez atrapado, me sacudía con ataques de nervios; pero entretanto, aplicado, estudiaba el brillo de las estrellas
en el agua sigilosa de las calladas cisternas...
«¡No tiene un gran futuro el muchacho!», dijeron los Maestros rurales, mas hoy ellos mismos persiguen, en mis visionarias palabras urbanas, la preciosa explicación de cómo llegar a ser un prestante fracasado.
Hoy mis amiguitos de infancia son médicos, ingenieros, astrofísicos y políticos, agrimensores y abogados, pero no saben de qué modo creó Dios el Universo.
Yo lo supe desde niño al mirar el atardecer, el resplandor de un rojo cielo reflejado en la gusanera del retrete pululante.
A través de los agujeros en los techos de las letrinas, se cuela Dios y defeca sin rubor sus Grandes Misterios...
«...Son los devenires y sentimientos intensos, las emociones intensivas que alimentan delirios y alucinaciones. No obstante, en sí mismas, esas emociones intensivas son lo más próximo a la materia, de la que soportan en sí el grado cero. Ellas realizan LA EXPERIENCIA INCONSCIENTE DE LA MUERTE, en tanto que la muerte es lo sentido en todo sentimiento, “lo que no cesa y no acaba de llegar” (Blanchot) en todo devenir…
Toda intensidad lleva en su propia vida la experiencia de la muerte y la envuelve. Y sin duda toda intensidad se apaga al final, ¡todo devenir deviene él mismo un devenir-muerte! Entonces la muerte llega efectivamente. Blanchot distingue claramente este carácter doble, estos dos aspectos irreductibles de la muerte: uno bajo el cual el sujeto aparente no cesa de viajar y de vivir como un “Se”, “no ‘se’ cesa y no ‘se’ acaba de morir”, y el otro bajo el cual este mismo sujeto, fijado como Yo, muere efectivamente, es decir, cesa por fin de morir porque acaba por morir, en la realidad de un último instante que lo fija así como Yo pero deshaciendo la intensidad, llevándola al cero que la envuelve… El ciclo está cerrado. Para una nueva partida, pues: ¿”Yo es otro”?
Es preciso que la experiencia de la muerte nos haya proporcionado bastante experiencia amplia para vivir y saber que las “máquinas deseantes” no mueren. Y que el sujeto, como pieza adyacente de la máquina deseante, siempre es un “Se” que realiza la experiencia, no un “Yo” que recibe el modelo. Pues el propio Modelo ya no es el Yo, sino el Cuerpo sin Órganos (CsO). “Yo” no se une al modelo sin que el modelo, de nuevo (muerto el Yo), no vuelva a partir hacia la experiencia… Puesta en marcha de otras piezas adyacentes al contorno y que tienen tanto derecho a decir “Se” como nosotros mismos...» Gilles Deleuze y Felix Guattari. “El Anti-Edipo. Capitalismo y esquizofrenia”, Barral Editores, Barcelona, 1974, pp 341 y 342.
Sigmund Freud
Por Armando Almánzar-Botello
A Fidel Munnigh, pensador auténtico
Además de lo escrito recientemente por nosotros con el propósito de "conversar" —con muy contados y especiales amigos de la "parroquia" intelectual vernácula— en torno al problema de las relaciones entre Principio de Nirvana y Pulsión de Muerte, insistimos con estas breves notas, para legitimar quizá un poco más nuestra idea de que no debe concebirse tal pulsión en su modalidad conceptual meramente termodinámica clásica, es decir, como simple pulsión de (auto)destrucción, entropía y retorno a lo inanimado. Lo reiteramos: no sólo así debemos y podemos teorizarla.
La pulsión de muerte, como decíamos que la concibe Jacques Lacan —principalmente en su Seminario VII, La ética del psicoanálisis—, es también gasto, tensión, esfuerzo, goce de la diferencia e hiperestesia, no simple abocamiento a estados letárgicos, nirvánicos, entrópicos o comatosos.
La pulsión de muerte es un intento de empezar de nuevo después de transgredir ciertos límites. En este sentido es que Lacan reinterpreta el "más allá del principio de placer" de Freud. Concebida de este modo, la pulsión de muerte se constituye en la instancia "creacionista" que posibilita todo proceso de subjetivación-desubjetivación, y abre la posibilidad de transformar críticamente la pretensión autárquica de las hegemonías vigentes.
Pasa con ella algo parecido a lo que sucede con el concepto de "lo intensivo" en Kant (ver su Crítica de la razón pura). El grado mayor o menor de concentración de una sensación en un instante es su intensidad. Aquí se llega a la conclusión de que la intensidad se mide en su relación con el cero (0), ya sea que disminuya o aumente el potencial.
La caída (pulsión de muerte) sería el devenir activo de las fuerzas. Gilles Deleuze nos aclara: no hay que concebir la caída en términos puramente termodinámicos clásicos, entrópicos, reductivos. Deleuze diferencia la caída física, espacial, termodinámica, de la caída intensiva kantiana. Esta caída no se produce necesariamente hacia abajo. No es de modo obligatorio "miserabilista". Puede ser una caída "hacia arriba", en el ascenso hacia niveles superiores de fuerza.
¡Caer hacia arriba! "Sólo en la caída se cumplen las presencias", nos dice un poeta.
Esto así, porque todo incremento de fuerza, de tensión, se experimenta fenomenológicamente como una caída (Kant, Lacan, Deleuze). La caída y la pulsión de muerte son el devenir activo de las fuerzas y las pulsiones.
Consideramos que la pulsión de muerte no se encuentra en limpia oposición a una pulsión de vida (que como tal sería el funcionamiento de la pulsión en el contexto del mero "principio freudiano del placer"), sino que ella misma, como pulsión de muerte y posible "abyección sublimada", propone y crea su "propia" neo-territorialidad.
Cuando la pulsión funciona en el contexto de la homeostasis y el "principio del placer", podría considerarse como pulsión de vida; cuando se manifiesta "Más allá del Principio del Placer", se concibe como pulsión de muerte. Eros y Tánatos o Thanatos (categoría esta última que no utilizó nunca el mismo Freud como sinónimo de pulsión de muerte) son dos vertientes inseparables de la "energía" pulsional.
Sin que haya una simple coincidentia oppositorum, aquí Eroscopula con Tánatos y, sin este último —y su potencial de desintegración reorganizadora— no hay posibilidad de renacimiento simbólico para las estructuras psíquicas y sociales. La relación de vendaje entre lo erótico y lo tanático estaría definida por una cópula disyuntiva inclusiva.
Como bien señala Gilles Deleuze, lo que importa es el diagrama de fuerzas en el que se traza la línea de fuga. Si esta se constituye, por un lado, en "pura línea fría de abolición y muerte" (por ejemplo, la trayectoria de un avión que se estrella contra las Torres Gemelas; el recorrido de una bomba que cae sobre la ciudad de Bagdad; los alimentos envenenados que van a los labios de niños inocentes), o por el contrario, se constituye en línea mutante, metamórfica, de polivocidad y vendaje (Derrida), entre energía libre de los procesos primarios del inconsciente y/o energía ligada de los procesos secundarios del sistema preconsciente-consciente.
Gilles Deleuze y Felix Guattari
Ejemplos de esta línea de fuga en su modalidad creativa los tendríamos en el acto de escritura en sentido fuerte, en la creación artística en general, en el encuentro entre los que se aman, en el compromiso político con la justicia y las reivindicaciones sociales con miras a construir espacios para lo que Derrida denomina "la democracia que vendrá".
Podemos decirlo de otro modo más directamente ligado a la filosofía. En lo que Sartre denomina (ver su obra Crítica de la razón dialéctica) totalización-destotalización-retotalización, la destotalización no es una destrucción en bruto, ni un simple afloramiento de la "negatividad pura hegeliana", sino una negación parcial que permite una subsiguiente re-totalización.
Eso lo comprendieron muy bien "sujetos-rizomáticos" (Guattari) de la estrategia creativa "aéreo-subterránea" como Kafka, Joyce, Beckett, Cioran y Bacon (el pintor), para citar "antojadizamente" cinco figuras emblemáticas de la modernidad que se tomaron el trabajo de "decir", activamente y a través de su precisa, parsimoniosa y filigraneada escritura, "el vaciamiento catastrófico de la significación".
Por este motivo, esos cinco artistas-pensadores no deben ser considerados simples representantes del nihilismo occidental. Ni reactivo ni pasivo. La "forma estallada" que utilizan estos creadores como dación de estructura en sus obras no es, como bien señaló Umberto Eco, mera ausencia de forma ni torpe caída inercial en la "empiria accidental" de una pulsión de muerte como agujero negro que se traga a la escritura.
Esa "forma estallada" no es un ruido blanco padecido como insignificante, sino el "accidente" elevado a la dignidad de "acontecimiento", la obra perfilando el vacío a-significante de la Cosa, el proceso del síntoma contra-efectuándose en sinthome (Lacan) estético. Exploración, experimentación e interpenetración compleja de sentido y sinsentido, de forma y no-forma. He aquí lo informal, o, más bien, aquello que Lyotard, luchando contra la absolutización de la clausura representativa, ilustrativa, figurativa, ilusionista y mimética denomina lo figural.
El verdadero nihilista padece la pulsión de muerte; muere sin obra, en un anonimato de primer grado. El "nihilismo realizado", pleno, es esencialmente incomunicable. No es lo mismo este nihilismo padecido que el "nihilismo consumado" de Nietzsche, como denomina Deleuze al punto de transmutación de la subjetividad en Potencia de Afirmación Selectiva. El discurso nihilista-pasivo absoluto es desconocido, imposible, inefable. Del mismo modo en que —como nos testimonian Primo Levi y Giorgio Agamben— el testigo integral del horror no puede hablar para dar testimonio, porque sencillamente ha sucumbido de un modo radical en el fragor absorto de la catástrofe.
Pero toda auténtica escritura se mide con esta ausencia, con esta imposibilidad y este vacío. Ella se plantea la exploración asintótica del horror. He aquí el problema activo de decir la imposibilidad de decir. Caída intensiva en la escritura.
Pretendemos entonces —por una vía distinta— cribar, cernir la dimensión problemática, ambigua y mixta de la pulsión de muerte. En su crítica al monologismo del poder y a los nuevos discursos del amo, Julia Kristeva nos recuerda lúcidamente: "Hacer pasar la pulsión de muerte al discurso, es la más sólida barrera simbólica contra el retorno de los fascismos".
La pulsión de muerte sería equivalente, en cierto modo, a la inestabilidad y el caos frente a la estabilidad homeostática del Poder Avasallante y su Guerra Preventiva. Jacques Derrida, quien teoriza una figura bifronte a la que denomina "la vida la muerte", observa que los dos primeros conceptos —inestabilidad y caos— representan lo mejor y lo peor, simultáneamente. Lo peor, porque sin estabilidad —macro y/o micro— no hay vida social. Lo mejor, porque inestabilidad y caos permiten la permanente renovación política del contrato social. Esa es también, a nuestro entender, la dimensión aporética de la pulsión de muerte.
Jacques Derrida
La pulsión de muerte freudo-lacaniana no es entonces un simple valor nihilista. Pulsión de muerte no es mera pulsión nihilista de (auto) destrucción, aunque eventualmente pueda encarnar este aspecto. Contra una interpretación banalizante, unidimensional, de este concepto, ofrecida desde hace largos años por los psicoanalistas estadounidenses —Erich Fromm a la cabeza del denominado revisionismo neofreudiano edulcorante—, se levantaron, en sus respectivos momentos, Theodor Adorno y Herbert Marcuse, potentes filósofos de la Escuela de Frankfurt.
Para bien y para mal, ¡la pulsión de muerte sigue viva, actuando en los seres humanos! En el resto descubrimos el reto: abocarnos solidariamente al ejercicio de una práctica creativa, ética, política, transformativa; potenciar la capacidad de transmutar y renovar, desestructurar y reestructurar —de un modo permanente, crítico, múltiple— nuestro estatuto de sujetos vinculados problemáticamente con el discurso y lo social.
«Podríamos decir, en el contexto teórico lacaniano, que Pulsión de Vida y Pulsión de Muerte son dos facetas antagónicas y complementarias de toda Pulsión. La Libido es, simultáneamente, vida y muerte. La sexualidad siempre implica el horizonte de la muerte.
Cuando la pulsión funciona en el Marco de la Homeostasis y el Principio del Placer, podría considerarse como pulsión de vida; cuando se manifiesta Más allá del Principio del Placer, se concibe como pulsión de muerte. Eros y Tánatos o Thanatos (categoría esta última que no utilizó nunca el mismo Freud como sinónimo de pulsión de muerte) son dos vertientes inseparables de la "energía" pulsional.
Lacan consideraba que toda pulsión es de muerte. En el contexto de su pensamiento, la muerte, el goce y la pulsión se ubican en el registro de lo Real.
Sustituyó, además, el Modelo Freudiano del Goce como Descarga Pulsional que conduce al cero “0” de lo inerte o inanimado (Principio del Nirvana), por el Paradigma del Goce como Incremento de Tensión Más allá del Principio del Placer freudiano.» Armando Almánzar-Botello. "Introducción a la lectura de Jacques Lacan". (Fragmento).
«En este contexto de crisis y consumación de la metafísica del Gestell, del dominio tecnológico programador, una estrategia filosófico-poética y postmetafísica tendría por metas la re-erotización e imantacion del espacio por un pensamiento de la proximidad y del contacto reconquistados. Sensibilización estética del hombre tecnológico con la finalidad de que recupere su dialogismo cósmico. Promoción de una "nueva caligrafía cognitivo-estética de alto voltaje". Ella permitiría el despliegue de la sensibilidad en un espacio propicio para el diálogo entre los hombres, las plantas y los animales; el motor salvaje de la estrella y el satélite artificial; los minerales, las máquinas y los espectros. Nueva ecología poética de la mente...». (Fragmento). Armando Almánzar Botello. "Entre un músico Tang y un jarro de Oaxaca" (Texto retocado), en "Coloquios '99", 2000, pp 317, 318, 320. Comisión Permanente de la Feria del Libro. Santo Domingo, República Dominicana.
Por Armando Almánzar-Botello
No hay que hablar mal de grandes etólogos como lo fueron Konrad Lorenz o Nikolaas Tinbergen. Ellos, al relacionar nuestra conducta con la de ciertos animales, nunca humillaron más nuestras pretensiones antropocéntricas que hombres como Charles Robert Darwin, Nicolás Copérnico y Sigmund Freud...
Para la etología, entendida como disciplina que investiga las bases biológico-instintivas y aprendidas del comportamiento de los animales en su específico medio de supervivencia, existe una disimilitud entre aquello que se denomina códigos de información o sistemas de comunicación y señalización, y lo que viene a categorizarse, en el ámbito de la lingüística moderna, como "lenguaje doblemente articulado".
De acuerdo con las ciencias cognitivas y la etología (el periodismo científico sensacionalista siempre simplifica, por más bueno que sea), el animal no-humano tiene actividad "mental computacional", inteligencia, y hasta “emociones” y conocimiento, pero no posee "mente" en el sentido de: "bucle de inter-retro-acción" que comporta consciencia auto-reflexiva, inteligencia, emociones y pensamiento complejo (Edgar Morin). Esta última interacción en bucle sólo se produce como resultado de la adquisición del lenguaje articulado.
La "mente", en el sentido en que la conciben Searle, Morin, Maturana, Dennett, Hacker y otros filósofos e investigadores en el contexto actual de las psico-neurociencias, es una actividad exclusiva de lo que hasta ahora se denomina Homo sapiens. Ella, la "mente consciente", es una emergencia del cerebro, el cuerpo, la historia, el contexto y, sobre todo, del lenguaje articulado en la dimensión compleja en que opera en los humanos.
Por todo ello, el perro, si hablamos de modo no especulativo, si tomamos en cuenta el estado actual de dichas neurociencias y de la etología científica, no puede "leer" la mente de un humano aunque se comunique con él por vías prerreflexivas de señalización, no propiamente semánticas o verbales.
Concebir, "apoyándose" en la física cuántica, un “campo mórfico” que supuestamente permitiría la comunicación telepática entre el humano y el animal, sólo tiene, hasta la fecha, un simple valor heurístico. Campo abierto de investigación...
El animal doméstico, sin ser una simple máquina cartesiana similar a las máquinas artificiales mecánicas y/o de silicio, participa de una dimensión maquinal (no mecanicista) que lo convierte en "un ser nostálgico de hombre"...
No obstante, dadas las grandes diferencias interespecíficas, los humanos no podrían "empatizar autorresonantemente" (Georges Devereux) con un perro en determinados efectos complejos de la actividad mental. Para lograr algo que se aproxime a esa experiencia empática el Homo sapiens debe realizar un arduo proceso de "desterritorialización" desde lo humano hacia lo animal, un devenir-animal del hombre (Gilles Deleuze); y el perro, a su vez, debe desterritorializarse hacia los ámbitos humanos: domesticación y adiestramiento.
Este devenir-animal, dicho sea de paso, no consiste simplemente en imitar al perro en su morfología y comportamiento convencionales, sino en liberar en nosotros una suerte de “perro molecular” (Deleuze), entendido como vibración intensiva en nuestro cuerpo de uno de los atributos animales o haecceidades (Duns Escoto) en relación de indiscernibilidad o indeterminación con aquello que concebimos en el hombre bajo el estatuto de "lo (in)humano".
Hablamos entonces de una suerte de "orinar perreante", de "aullar-musicar canino", de "olfatear-poetizar perruno"… Pero sin imitación convencional de esos atributos, sino por convergencia microscópica de flujos y por resonancia del animal en nuestro Cuerpo sin Órganos…
Por su parte, el animal deviene otra cosa, no por filiación o genealogía sino por alianza, por transversalidad, por simbiosis (Deleuze). El perro doméstico padece una suerte de "nostalgia" de lo humano. Es un animal "nostálgico de hombre" que vive aquello que se ha denominado, metafóricamente: “la melancolía extática de los perros.”
El animal sólo se "contamina" de humanidad al desterritorializarse; el hombre es un animal que se olvida de su animalidad reprimiéndola en su Inconsciente como discurso del Otro. (Lacan).
Ergo, "casarse" con un(a) perro(a) con la plena confianza de que nos comprenderá plenamente, es casi un genuino acto de fe como creer en Dios o en los trasmundos... ¡Esto no es un mero sofisma!
No obstante, ¿están así de claras las cosas? ¿No sería el animal, más que la mujer misma, la víctima por excelencia del macho en el contexto de una violencia falocrática, de una voluntad de dominio que Jacques Derrida vincula con esa instancia que él denomina carno-falogo-fonocentrismo occidental?
¿Se descubre hoy erosionada esta supremacía de lo fálico-androcéntrico, y se hace necesario un nuevo principio regulador en la compleja dinámica postmoderna de lo uno y lo múltiple?
Las sociedades protectoras de animales, la creciente presencia del animal como partner en lo humano-conyugal, las "polimórficas" dislocaciones, patológicas o no, de las estructuras tradicionales de parentesco (la familia en desorden: Élisabeth Roudinesco), ¿serían vivos testimonios de una etapa compleja de transición simbólica, técnica y "civilizatoria" en la que dicho animal está llamado a desempeñar un nuevo e insólito papel?
¿No sería el animal un verdadero Otro absoluto que reclama el ejercicio de nuestra piedad, que pone en juego, del modo más básico, esa apelación fronteriza, abismal, a nuestra compasión, a nuestra alteridad, a nuestra (in)humanidad constituyente?
Prosiguiendo con las conceptualizaciones de Gilles Deleuze y también de Giorgio Agamben, podríamos decir que todo “nuevo arte o pensamiento de resistencia” se opondría de modo parsimonioso al trazado cartográfico de jerarquías esencializadas y separaciones absolutas entre “adentro” y “afuera”; “vegetal” y “animal”; “humano e inhumano”; “orgánico” e “inorgánico”; “vida desnuda” y “vida cualificada políticamente”. Es decir, se opondría a la separación tajante entre “zoé” y “bíos” (categorías aristotélicas).
Por varios años he trabajado y vivido con un texto del gran filósofo francés Jacques Derrida, titulado en español: "El animal que luego estoy si(gui)endo ("L' animal que donc je suis", en francés).
También me han acompañado durante largo tiempo algunas obras que apuntan en la misma dirección, escritas por grandes pensadores de la animalidad liberada como Spinoza, Friedrich Nietzsche, Isidore Ducasse, Franz Kafka, Theodor Adorno, Gaston Bachelard, Gilles Deleuze, Peter Sloterdijk, Giorgio Agamben, entre tantos otros…
Con ellos he aprendido que lo que se ha convenido en llamar “lenguaje” constituye una paradójica línea bifronte de conjunción/disyunción entre lo humano y lo animal.
Cuando un animal “nos habla” (en jueves de Corpus Christi o no), sencillamente realizamos una suerte de experiencia epifánica o actualización de la radical alteridad potencial que nos constituye a todos.
Cuando pretendemos ser hombres exclusivamente, nos pensamos de una forma mutilada, disminuida... El hombre y el no-hombre se encuentran en una zona “borrosa” de indeterminación o indiscernibilidad que sólo la metafísica considera como un deslinde tajante.
Yo hablo siempre con los animales cuando “devengo animal”, cuando descubro de forma práctica, actual y muy concreta, el animal que hay en mí y que voy si(gui)endo…
Lo humano implica también lo animal. Existe un realizarse o devenir "hablante" del viviente, de todo viviente, y un encarnarse o descubrirse viviente del mismo logos… Dijeron varios animales europeos que “el hombre” es un umbral que separa y comunica, simultáneamente, lo humano y lo inhumano, la subjetivación y la desubjetivación.
Doy constancia de mi ser divino, gruñendo. Testimonio de mi animalidad, hablando de dioses.
VISIÓN ECOLÓGICA DE LAS RELACIONES ENTRE EL HOMBRE Y LA TÉCNICA. (Fragmento). Por Armando Almánzar-Botello
En un contexto ligeramente anterior a los planteamientos humanistas de Jürgen Habermas en su obra "El futuro de la naturaleza humana" (2001 en alemán; español: Paidós 2002), y coincidiendo con el mismo año (1999 en alemán) en que Peter Sloterdijk publica "Normas para el parque humano" (en español: Siruela 2003), ensayos en los que, respectivamente, son abordados de modos muy distintos el destino y los peligros del humanismo en la era de la tecnociencia (Habermas), y la necesidad de una nueva ecología (a)humana, descentrada, "éxtima" o posthumanista que incluya en su visión compleja y en su campo de inmanencia lo maquínico y tecnológico (Sloterdijk, Deleuze, Guattari), escribía yo sobre la superación de cierta visión antropocéntrica por un pensamiento post-metafísico de vocación ecológica, el cual, en mi caso concreto y también en el de Sloterdijk (guardando las debidas distancias), contaba, entre sus corpus teóricos precursores más inmediatos, con las meditaciones y agenciamientos conceptuales —sobre las relaciones entre el hombre, las máquinas y la técnica—, procedentes de Lewis Mumford, de Martin Heidegger, y, sobre todo, de Gilles Deleuze y Félix Guattari.
Sobre la crisis del humanismo en el llamado contexto de la posmodernidad, y sobre la culminación metafísica de la técnica y su posible transmutación liberadora, decía yo en 1999:
«...El exilio de las mitologías encarnadas, la erosión de la "cosmicidad" como telón de fondo de las culturas locales, constituyeron el precio a pagar para la generación del sujeto universal del conocimiento objetivo, abstracto. Con este exilio de la "otredad" la naturaleza se transforma en un simple almacén de energía explotable. Cesa el diálogo contemplativo entre el hombre y el mundo... Posteriormente, surge un espacio global y homogeneizante de banalización de los sentidos, donde un ego infatuado y ciego despliega su ideología "sagrada" de la libre empresa. Territorio del "acercamiento" inesencial sin proximidad verdadera en el reino del ciberespacio, en la fría superficie de la Organización pautada por la lógica del dominio totalizante.
Desde una perspectiva crítica similar a la de un Heidegger, se nos muestra que el pensamiento racionalista de la apropiación de objetos es una modalidad histórica del descubrimiento de la verdad, pero que, en su arrogancia y desmesura contemporáneas, se ha convertido en un factor de "ocultamiento" y extravío.
Se ha dicho de muy variadas formas: ya se ha producido la catástrofe. Hemos presenciado el estallido del recinto y la integridad de los cuerpos, la destrucción de los saberes míticos antiguos para dar paso al conocimiento técnico uniformizante y manipulador. A ese conocimiento impersonal y violento que, como nos explica Lacan, descubre en la naturaleza desencantada "nudos de significantes que ya no quieren decir nada para nadie".
En este contexto de crisis y consumación de la metafísica del Gestell, del dominio tecnológico programador, una estrategia filosófico-poética y postmetafísica tendría por metas la re-erotización e imantacion del espacio por un pensamiento de la proximidad y del contacto reconquistados. Sensibilización estética del hombre tecnológico con la finalidad de que recupere su dialogismo cósmico. Promoción de una "nueva caligrafía cognitivo-estética de alto voltaje". Ella permitiría el despliegue de la sensibilidad en un espacio propicio para el diálogo entre los hombres, las plantas y los animales; el motor salvaje de la estrella y el satélite artificial; los minerales, las máquinas y los espectros. Nueva ecología poética de la mente...
A pesar de haberse hoy evaporado el espesor simbólico de las antiguas mitologías, el pensamiento posthumanista y post-metafísico puede restablecer --superando el determinismo tecnológico, liberando a la máquina de las interpretaciones reductoras del racionalismo-- la dimensión maravillosa y enigmática de lo real, la unidad contradictoria de la vida y la muerte, la afirmación o síntesis disyuntivo-inclusiva de lo dispar...». (Fragmento). Armando Almánzar Botello. "Entre un músico Tang y un jarro de Oaxaca" (Texto retocado), en "Coloquios '99", 2000, pp 317, 318, 320. Comisión Permanente de la Feria del Libro. Santo Domingo, República Dominicana.
«El animal sólo se "contamina" de humanidad al desterritorializarse; el hombre es un animal que se olvida de su animalidad reprimiéndola en su Inconsciente como discurso del Otro». A. Almánzar-Botello. "¿Los perros pueden leer la mente de sus dueños?... Breves apuntes sobre el tema".
Por Armando Almánzar-Botello
«...De hecho, como hemos señalado en otros contextos, “la sexualidad humana, desde el punto de vista del psicoanálisis freudo-lacaniano, jamás se reduce [a la animalidad], a un dato anatomo-fisiológico de partida. Es una construcción lingüística, simbólica, interpersonal y cultural.
En el Homo sapiens, la sexualidad no es tan sólo "instinto" (Instinkt, en alemán: tendencia preformada genéticamente y que determina el comportamiento de un animal), sino que es "pulsión" (Trieb, en alemán: carga energética “emergida” o construida en el contexto de una relación interpersonal y simbólica entre el “sujeto infante-neonato” y la figura del Otro que le asiste).
El escueto dimorfismo biológico no impide la compleja plasticidad de los posicionamientos subjetivos en la llamada Tabla Lacaniana de la Sexuación...». A. Almánzar-Botello.
Cuando en este contexto hablo de “animalidad reprimida en el Inconsciente como discurso del Otro”, no me refiero a la tesis darwiniana y/o evolucionista del origen o filogénesis animal del Homo sapiens. Tampoco aludo a una suerte de biología o de simple (de hecho, compleja) dimensión anatomo-fisiológica del cuerpo humano que, en su carácter de organismo bruto, se relacionaría con el animal en su definición cartesiana de mera “res extensa”, previa, en el caso del hombre, a la instauración de una “res cogitans” o cosa pensante. No transitamos aquí por la visión aristotélica del humano como simple “animal racional”. No.
Cuando hablo en mi texto de “ANIMALIDAD”, intento connotar lo que Jacques Lacan denomina “EXTIMIDAD”: instancia de lo Real diferente del mero “inconsciente simbólico” freudiano y lacaniano; dimensión de “exterioridad íntima o interiorizada”, emparentada más bien con el concepto freudiano de “Id” (Eso, Ello) de la segunda tópica freudiana (Id, Ego, Super-Ego).
Esa dimensión de “animalidad”, que utilizo aquí con un carácter mítico (como funcionan muchos cuasi-conceptos freudo-lacanianos) alude a lo que Lacan denomina en “Kant avec Sade”, el “sujeto bruto del goce” o sujeto bruto del placer “patológico” (Lacan utiliza aquí este concepto de "patológico" teñido de una cierta connotación kantiana), anterior a la intervención del significante, a entender éste como factor que viene a causar el advenimiento de las "pulsiones" propiamente dichas, deslindadas de la "caldera impulsiva y amorfa del Ello". Por medio del significante, la pulsión, entendida en sentido estricto, se emancipa de la simple satisfacción o apaciguamiento de la necesidad de alimentación (Befriedigung). Para Freud, y en especial para Lacan, la pulsión emancipada de la necesidad biológica implica una doble vertiente: pulsiones de vida o eróticas y pulsiones de muerte.
Lacan alude con dicha categoría de “sujeto bruto del goce” a una suerte de estado embrionario y mítico del sujeto libidinal previo a su constitución como “sujet barré par le signifiant” (sujeto barrado por el significante), vía esta última por medio de la cual se constituye el Inconsciente propiamente dicho como discurso del Otro, de ese Otro como “sede del código y garante de la verdad”: “Gran Otro del LENGUAJE en su calidad de Tesoro del Significante” que aporta el “substrato material” del Orden Simbólico de la cultura para la emergencia de los “vínculos o nexos sociales del Homo sapiens/demens”.
Con el uso presente en mi trabajo (lo que aparece on line de éste constituye tan sólo un fragmento) del concepto "Homo sapiens" tal como Edgar Morin lo complementa con lo “demens”, intento hacer referencia, por una vía oblicua, a lo que denomina el lacanismo “forclusion generalizada” (J. A. Miller: todos estamos locos, “defundamentados”, carentes de "completitud"), nostálgicos de nuestra “ANIMALIDAD” perdida, de nuestra "naturaleza" primaria, pero entendiendo este “todos somos locos” como algo distinto a la forclusión lacaniana (Verwerfung freudiana) del Nombre-del-Padre, mecanismo rastreable en el origen de la PSICOSIS.
Ergo: Si el ANIMAL sólo se "contamina" de humanidad al desterritorializarse (Deleuze); el hombre es un ANIMAL que se olvida de su “ANIMALIDAD” (de su goce bruto pre-significante; goce de la Cosa = das Ding), “asordinándola”, reprimiéndola en su Inconsciente como discurso del Otro.
Aunque debo recordar que, para Lacan (y Leclaire-Braunstein-Miller-Safouan-Maleval-Diana Rabinovich-Colette Soler...), sólo desde los litorales del DISCURSO mismo podemos hablar efectivamente (como en particular insiste Néstor Braunstein) de una trinidad de goces: 1) un mítico goce “antes”, correspondiente al goce de la “Cosa” (das Ding) o al goce de una "animalidad" supuesta en un "más acá" del lenguaje; 2) un goce fálico marcado por la castración, goce del discurso y su cadena significante fuera del cuerpo; y 3) un ”goce mas allá”, entendido como goce suplementario del Otro, más allá del falo, y marcado también por el significante de la falta en el Otro.