domingo, 25 de enero de 2015

LA PERPETRACIÓN DE LOS SUEÑOS

Sueño con una prosa poética y clara de ritmo tan ligero y sutil, como el de finos pececillos moviéndose en el rubor del agua más diáfana, pero capaz también de respirar poderosamente buceando en las zonas abismales del ser, y de dar, en el oscuro mar del pensamiento, consistentes aletazos de cetáceo...

Y sueño también con la escritura del águila, con la prosa carnívora del tigre luminoso en la floresta, con el vuelo de la mariposa que traza con sus alas, en la blancura inmemorial de la página y su temblor atónito, la evidente maravilla escrita de la sabiduría recóndita. (Fragmento). © Armando Almánzar-Botello. «Escribir/Publicar (Apuntes de pretensión psicoanalítica. en torno al Acto de Escritura)».  

                          Michael Andrews, Colony Room I”, 1962

Por Armando Almánzar-Botello

     La energía vomitiva de ciertas des-lecturas, la prosodia narrativa helicoidal y burbujeante, los veloces y mentidos meandros cavernosos de la susodicha espuma, las deshilachadas glosas de los sueños primordiales meramente incomprendidos como chapoteo a-cósmico,

determinan —escrito sea con pudor el veredicto—, que sólo se perciba por exégesis patética la punta más ínfima del iceberg fonemático.

     Y si alcanza el hermeneuta un poco a vislumbrar la grafía del fósforo inconsciente, de lo cósmico insinuado más allá de la evidencia, ese "poco" degenera en simple agua de borrajas,

padece una pobreza semántica y estática vacía de un voltaje sutil y sintagmático digno del enigma palmario de las cosas,

de la esquizia heterofónica del saxofón jazzístico: disonancia fractal de lo dionístico…

     Fallida su dialéctica didáctica, de amorfo contenido minusválido, pierde con su apunte la pujanza sinuosa y el furor trascendental de la inmanencia,

la mutante disyunción molecular del continente.

     Negro ahora el agujero en la inútil visión de la ceguera o viceversa, dicho sea sin pudor al viento:

     Sí, Él mismo, en el fading, con hastío por la masa redundante y su corpúsculo textual ideopático,

expulsó hacia otro mundo bostezado a la histérica mujer encanallada con su turbio lodazal como silencio, destituyó a la necia indiscreción binaria del Amo sapientísimo, al ojo del mandato visceral y troglodítico,

mampara fálica paterna impertinente y turbia que miraba con bulimia coagulando la libido,

el fluir ondulatorio del goce microfísico y su arcano, la escritura femenina de la vida transgaláctica.

     Y ahora, inédito el trazado prodigioso de los signos, nómada persiste a la luz de otras vigilias.


Febrero de 2010

(Fragmento). © Armando Almánzar-Botello. “La perpetración de los sueños”. Santo Domingo, República Dominicana.

Publicado también en el Blog epistheme
https://epistheme-tonydemoya.blogspot.com/2014/12/noticias-del-frente-poetico-059.html?m=1

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                               Albert Ayler - Summertime


ETERNO RETORNO

«La eternidad nos aguarda en una gota de luz o en la mancha de una perla, en las breves floraciones del sentido y en los repliegues transitorios del ser...» © Armando Almánzar-Botello.

                     Paul Delvaux. "La alegría de vivir", 1937
 
Por Armando Almánzar-Botello


Eterno es el Retorno de su Enigma...

Sí, ahora sí: he retornado ausente sin mí...
                                                                               ¡roto!

Abrazado a ella me dormí en otro mundo,
y sin quererlo,

                             algo de mí ha regresado ahora: oscuro, torvo y frío,
            balbuceante,

vestigio dolorido de otro cuerpo hablando niebla...

Y sangra florecida la inmediata memoria de mi pecho en infinitas aventuras que me inventan,
que me hunden y disuelven:
                                                      labios que me salvan, 
secretas humedades,
                                         pezones, mordiscos y gemidos,
                    nalgas como astros,
palabras,
                    entrepiernas pensativas...
caricias minuciosas y arañazos de la muerte...

¡Oh escritura turbulenta sus cabellos!...

Y lo juro, rumor de estatua oscura, insomne:
¡Al fin amo tu horror:
                                           el borde!... 
aleve la huida
                             sigilosa de mis ojos...
¡Y lloro!...

Sin embargo, por el beso deslumbrante de tus muertes,
límpios resplandecen violentos alfabetos,
los caminos de mi frente ardiendo allá en tu lienzo.

¡Sí, ardiendo! 
                            Lejos, lejos, muy lejos:
en la Vida remota y su escritura que me pierde,
                                                                                       que se pierde...
mas retorna con la danza en el poema...




© Noviembre de 2011.

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.


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JARDINES OBSOLETOS... Breviario vacuno de teología apofática

«A las postmodernas viajeras locas que lindamente se creen beguinas; / a las chistosas “mujeres-monjas” que hacen comercio de carne fresca; / a las letradas sofisticadas de la Sodoma neoliberal; / a las muy antiguas-presumidas-damas de misterio cósmico y vil vida oscura / que devienen “poetisas” de neovanguardia, cerditas rijosas de  Hieronymus Bosch; / a las “negociantas” trovadoras voraces, / rivales cachondas del caído buen Dios... / A los tristes toros de tiro anhelante que ahora son bueyes que ya no fecundan; / a la crispada mujer esquizo del “pesa nervios” que habita en mí...» Armando Almánzar-Botello

«Lo figural es un espacio potencial donde, simultáneamente, lo figurativo se desterritorializa en lo abstracto, y lo abstracto insinúa un movimiento de reterritorialización en lo corporal figurativo. Espacio de tensión entre lo que Jacques-Alain Miller denomina “anamorfosis generalizada”, entendida como neutralización, disolución o castración de toda imagen del cuerpo, y una recuperación de la corporalidad metamórfica en su carácter gótico-inorgánico (Worringer, Artaud, Deleuze). En este metamorfismo se pone de manifiesto la dimensión del Cuerpo sin Órganos (CsO), comprendido como potencia transformativa de la carnalidad "bárbara" (Worringer) o diagrama de fuerzas y flujos determinante de una corporalidad intensiva, de un teatro de la crueldad en la inmanencia de la carne. Transmutación dionisíaca de la herida. Prosodia musical de los cuerpos. Devenir esquizo-animal y temblor coreográfico-andrógino que sangra...» © Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.

                                   
 Francis Bacon, Hombre en un lavabo, 1990. 
    

Por Armando Almánzar-Botello
Elle, défunte nue en le miroir, encor...” Stéphane Mallarmé
“Y ella apenas difunta desnuda en el espejo...” (Versión de Octavio Paz).
“Ella, muerta desnuda en el espejo, aún...” (Versión de Jorge Camacho).
“Ella, cadáver desnudo en el espejo, todavía...” (Versión de Armando Almánzar-Botello).

¡Todo ha sido un gran descuido
en la limpieza del jardín!

Se produjo sin pensar el accidente:
un llamado fortuito al indigno portal de loca muerte:
viento y hojarasca...

Y el hombre —no lavado todavía por la lluvia su recuerdo— mira:
el cuerpo abierto en canal y la osamenta,

                                                   no escrita, silenciosa, resentida,
en garfios de rencor crucificada, lenta carne indecible que se abisma
desangrándose,
                            convulsa,
todavía suspendida en la viga mayor del cobertizo.
Ni Rembrandt ni Francis Bacon adivinan su misterio:
venerable y ausente vaca triste... Vuelan moscas…

¡Piedad para la carne ayer hermosa y hoy abyecta!
Piedad para el Poema en la penumbra eviscerado.

Larvas proliferan ideas corrompidas por tu mente.
Abren versos nauseabundos por el cuerpo...
¡Oh, escritura!: esquirla furiosa de vacío cortante.

Sin embargo:
                      en el tronco del árbol más florido
con nuevas direcciones electrónicas, alto y limpio su amor
digita el hombre
                         —galopa con su brío un nuevo texto—.
Olvida ciertamente al gusano pertinaz de pobre ditirambo.
Y Arquíloco se ríe de la sombra.

Ahogada ella tu alfabeto en viejos alcoholes no perdona, mas comprende.
              En ruin mal-acertijo luego caligrama no agraciado en formol, 
muerta ella al fin,
                             rota en el baile,
yerta casi esqueleto sin el buitre, sangra entreabierta mediodía, 
sangra,
             seminal de hambre sin su hombre irreflexiva, agria en tumba,
vomita pena escrita,
                                 correos antiguos del infierno y muerte
olida en viejos caminos y tesauros 
enemigos,
                 parte a parte,
todavía sin su mundo.

Asegura mano en ristre loco el hombre no desea,
—con firmeza obstinada de pincel por la montaña—,
comer de nuevo carne putrefacta de ausencia,
ni volver a cabalgar la ilusión de los cangrejos, no apetece,
                           aquí en el lienzo,
trato alguno con aquellos pequeños animales:
las letras que poblaban, dialogantes,
                                                           gorjeantes,
el púbico ramaje oscuro con su hembra,
presumida lujuria de la nada, cefalópodos, máquinas, cábalas, pájaros,                                                   
tijeras, 
o piojos acuáticos en las malas hierbas musicales
de fotosíntesis letal, tan engreída en tinta.
                                                                   ¡Oh, Cosmos!
Los veo a todos respirando un aire ajeno,
ya bebiendo,
                     criaturas,
el sudor fosforescente de otro humano más deforme,
casi monstruo,
                        alfabeto caníbal revertido,
filosa uña en mano izquierda,
                                                 cogitando,
¡vigorosamente vivo en los gerundios!

Perdóname, mujer,
pues que todo lo vivido ha sido un gran desastre:
los poemas dibujados en la luz que un día soñamos,
la limpieza triste ahora del jardín gimiente,
los órganos transgénicos que aúllan su escritura
bajo el golpe de machetes y artefactos abstraídos.

Desbrózate, desnúdate mujer de tanto adverbio
y vuelca tus canastos de grafemas en lo neutro.
Criaturas abortadas en la hierba...

Rehabilita el olvido y el silencio:
¡Es mi condena!…





Octubre-noviembre de 2010

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.


 Francis Bacon. Estudio para una crucifixión. 
         (Tríptico. Panel de la derecha).1962

 
Rembrandt. El buey desollado (detalle), 1655.



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SEMÁNTICA EN REVERSA. La hormiga-león o la travesía de un grafema II

«[...] A propósito de la singular escritura de James Joyce, observable fundamentalmente en "Ulises" y en "Finnegans Wake", Jacques Lacan habla, en su Seminario XXIII "El sinthome" (Paidós, Buenos Aires 2008, página 21) de un cuarto nudo que viene a enlazar los redondeles R (Real), I (Imaginario) y S (Simbólico), los cuales, en el aparato psíquico de Joyce constituyen un falso nudo borromeo en el que lo Imaginario (el sentido y la imagen corporal) está suelto como efecto de una forclusión psicotizante del nombre-del-padre. Con el expediente inventivo del "sinthome de su escritura artística", el cual, de modo transmutante, ahonda en el original síntoma autista joyceano que consistía en gozar de la "letra como lluvia" y del sinsentido de la lalangue en el inconsciente real de los significantes amos sueltos, Joyce elabora y constituye una suplencia del nombre-del-padre, un enlazamiento cuaternario denominado por Lacan "sinthome borromeo", síntoma "normalizador" o síntoma vinculante que le permitió al gran escritor irlandés hacer lazo social y evitar la locura [...]» © Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.                                                                                                                                               
Conexión topológico-lacaniana de cuatro redondeles
por medio de la suplencia del nombre-del-padre
bajo la forma de un cuarto nudo como abrochamiento sinthomático.

Por Armando Almánzar-Botello

A James Joyce
A Samuel Beckett
A Jacques Lacan
A Jacques Derrida
A Haroldo de Campos
A Julián Ríos.
A Rodolfo Hinostroza
A Alejandra Pizarnik
A Oliverio Girondo
A Ti mismo/a, aunque no lo creas…

     1

Fijo el yo en su punto atópico: en silencio desayuno disyuntiva oppositorum. Incurable sinthome por Lacan. ¡Y lo digo!, 

contradictio in adjecto aparente: saber hacer con el síntoma, lluvia, suplencia del nombre-del-padre. 

En olvido la mano lo inscribe… letras… deslizo la tenue cortina…

¡Punto y aparte!

Sereno en atención flotante, lloro, labro en el Libro Sa(n)grado. Miro a veces 
bostezo el fulgor asesino de la pantalla blanca, los mensajes presumidos de mi computador.

Y de pronto tropiezo en la letra; riéndome anciano radiante, analfabeto integral para el miedo, anacoreta muerto…

     2

Afásico, agnósico escribe. ¿Agnóstico? Se cree
ceniza presumida, cadáver sinsentido luminoso de fruta,
logoteta o tigresa fatal. John Ashbery es mi testigo…

Aprovecha el malestar endiablado en la cultura,
el hambre de vacaciones de algunos cuantos apologistas, y escribe.
Casi casi unos versos apócrifos, bastardos por tan estúpidos, falsos Lawrence Ferlinghetti que plagian impunemente las maniobras del Señor Onán...

Ensamblajes bimembres y burdos de lugares comunes reñidos/ con el bien decir poético absorto en subyecto ignaciano tizón. Son meros lupanares de lexemas en un mall, sintagmas caprichosos del nuevo Discurso del Amo
y su vendimia postmoderna en Alma Máter imperial.

¡Consúltenlo ahora mismo en Google y sus buenos oficios! Mero zapping cibernético de muchachitos cleptómanos. Vocablos procaces pintados de epistémico mico tullido; ímprobo, íncubo, súcubo;

llovizna de harina muy blanca por mis sienes presumidas con ínfulas de fiesta grande mi payaso conceptual... 

Mas no llego a la llaga en el toldo de mi plástico Circo Perverso, ni a encontrar la poética triste de mi Día de San Andrés.

Gnoseología falsa que simula gran sapiencia. Pantalla de suficiencia. Falsos perceptos y afectos... ¡Lo peor del hipertexto!
Carnaval trucado en prosodia retorcida y tumularia, en olvido de origen dialógico y genuino sentir popular.

Fractal y tardío el paseo, a caballo por tecno-ciencias, que ofrece a retazos conceptos 
a buche, a plumas y a locas, la impúdica poética esquizo que fluye por la Internet.

Cuidado con la oclocracia corriendo con brete y breteles hacia orinados tesauros de burros creídos uros. 

El lustre de las letrinas su lustrum latino brilla con la palabra antitética que nos regaló Satán, ¡perdón!, Lacan. 

Y bajo el sol, re-escritos, sean todos los animalitos: las plantitas criptógamas tristes, estériles y presumidas, ¡como el Yo!; mas también las fanerógamas, en su heroico laureado patíbulo, en el libro de los proscritos, con su oronda inodora corola ensangrentada y verbal, ¡como él! 

Mas no perdamos el baile ni la memoria que sangra su oralidad popular...

¡Oh misterio a pleno insomnio de fugaces criaturas!

     3

En la postura Zen de mi espera 
desértica, vacía, abierta, como un ojo sin ambición de plusvalía simbólica más allá de humo y esquirlas de imágenes epifánicas, crímenes de lesa lezama-lima-animalidad, rotas por mal letradas en el Taller Febril de la Nada, limpio de lodo palabras y hablo en verdad con otros. Mas con otros que no sean tan sólo un disfraz de Mí.

Muchos juegan sinsentido mas no inventan su sinthome, pues el Nudo Borromeo sólo alcanza sus virtudes de hacer vínculo social, si mantiene unido el trío que Lacan nombra Simbólico, Imaginario y Real.

Saber hacer con tu síntoma y saber hacerlo bien, aunque digan cien escritos
croando para que crean que jugar con la sapiencia es mera glosa tardía y perversa eru-dicción.

     4

Precisamos ya decir que lograr con la suplencia sumar en un vendaje a 2 un redondel, y así llevar a 3 el nudo que sostiene metonímico el objeto vacío pero real, sólo evita el autismo de chupar con tu ventosa los fonemas del enjambre y las letras de lalangue; sólo impide con el lazo topológico de 4 la rotura de la caja provisoria de juguetes 
¿Caja de Pandora?, armazón de “n” semblantes que llamamos realidad.

Absuelto está que cite con mi voz de los 70: “Hay un solo teorema de luz irresoluta: mi propio espacio en llamarada”, dijo la hormiga-león.

Una sola trenza es el enigma: mi escritura cargada de tridentes y de brújulas”... “Agua padre como espejo sin azogue que desnombra / tu semblante sin saberlo”, dijo la hormiga-león.

Aduce con sadismo sus artritis mi escritura / me calcina con su lágrima alfabética silente”, dijo la hormiga-león.

Felicidad sin ilusión:
el poema ya está dicho y busca un pueblo que lo escriba…

     5

No te hizo tu grafía por eso el gran esquizo, 

poseso de un acto febril de creación, siniestro en el exceso… 

No la obra todavía montada en este trípode. Pues cada arte sueña en su agua más hermética, lúcida semiosis de su campo en su particular hacer dicción y estructura, su travesía de hormigas, el choque grafemático que gruñe los fonemas, materia cacofónica, semántica en reversa, y un chorro de restancia en diseminación.


Julio de 2010

Copyright © Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.

Otros enlaces para este mismo texto:
Blog Cazador de Agua

Blog de Pedro Granados
Fractal de Mandelbrot


                                Armando Almánzar-Botello leyendo a Paul Celan: 

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sábado, 24 de enero de 2015

DESDOBLAMIENTO (Fantasmagoría en el circo)

«Risus purus, la risa que se ríe de la risa...» Samuel Beckett, Watt, Editorial Lumen, Barcelona, 1970, p. 53

«El vértigo precede a la angustia y comporta una dimensión ontológica más radical que ella.» Eugenio Trías

«Utilizando la metáfora de la literatura como “circo”, Hugh Kenner distingue, si mal no recuerdo, dos tipos básicos de escritores: el sujeto “acróbata” de la escritura, al estilo de James Joyce, y el sujeto “payaso” de la escritura, al modo de Samuel Beckett. El “escritor acróbata”, nos diría Kenner, viene a ofrecer el testimonio heroico y grave de su pericia, el impresionante despliegue de su potencia y rigor creadores. El “acróbata” tipo Joyce explotaría hábilmente su precisión, su maestría. El “payaso” tipo Beckett, por el contrario, realiza su propia versión de la cuerda floja; tematiza y simula, paradójica y eficazmente, su “inhabilidad e impericia” de segundo grado, aproximándonos vertiginosamente al punto de resta y “deflación semántica” en que se derrumban todo Saber y toda “consistencia yoica”. La dialéctica del acróbata y el payaso se despliega en el espacio del humor, en ocasiones negro...». Armando Almánzar-Botello: «Beckett y el grado cero de la retórica». (Fragmento).

                                                                                    
Por Armando Almánzar-Botello 

A Franz Kafka, a Samuel Beckett, in memoriam


   En el sórdido y desierto viejo circo alucinado —simulacros convulsos danzando su delirio, extrañas letras de neón que rotas gorjeaban mil semblantes taciturnos que volvían del olvido—, gruñía y resoplaba la carpa mayor fosforescencias.

Hondo el ámbito de espectros por la noche silenciosa, la innombrable tiniebla palpitando, cavilaba el joven acróbata sentado en la elevada plataforma del trapecio.

Muy abajo, la quietud se ahondaba enigmática en la opacidad absorta de las gradas... 

De súbito, el artista meditabundo fue atacado por la desnuda espalda. 

Luego de una breve y vertiginosa lucha en el reducido espacio allá en lo alto —sin alcanzar a ver el rostro de su recóndito adversario—, el acróbata pudo sentir el frío cañón de una pistola presionando su cuello con firmeza. 

De inmediato, escuchó la voz y las palabras tenebrosas de su otro perpetuo en las lides del circo —el payaso de la fase del espejo—, sardónicas decir desde la sombra: «¡Tú elegirás ahora! ¡Semejante o dispar! ¡Original o duplicado!  ¡Copia o simulacro! ¡Ser o no ser! ¡Risa o muerte!...» 

El eco de la carcajada del bufón se transformó en un túnel de carne que vomitó espesa y oscura incertidumbre... 

La sorpresa y el pavor fueron tan grandes, la náusea tan tremenda, que de nuevo el joven trapecista vigoroso —mordido por el vértigo magnético en lo que simulaba ser un eterno retorno fantasmagórico de ausencias—, bañado por la luz increíble del vacío, sin pensarlo dos veces, paradójico eligió en su pasaje al acto la risa pura, el ascenso en el descenso, y el olvido. 

Se oyó un seco disparo...

Desde lo alto del trapecio, un viejo cadáver grotesco, pintarrajeado y sangrante, se precipitó a la malla de seguridad eterna; la misma que lo había esperado desde siempre; allá, en el fondo inmóvil de la nada…

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Febrero de 2009

© Copyright Armando Almánzar-Botello. Reservados todos los derechos. Santo Domingo, República Dominicana.

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ESQUIZIA 

     «Hay que percibir la posibilidad de que el payaso y el acróbata sean dos vertientes del mismo personaje; que el acróbata sea el payaso envejecido, y el payaso sea el acróbata joven. El payaso no tolera haber devenido payaso cuando había sido en su juventud el orgullo vigoroso del circo, encarnado en la figura del acróbata. De hecho, quien parece meditar en la alta plataforma del trapecio no sería el joven acróbata, sino el viejo payaso enloquecido y alucinado que reniega psicóticamente de la realidad de los hechos, la decadencia y la muerte». Armando Almánzar-Botello
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IMAGEN: Francis Bacon: After Muybridge - Woman Emptying a Bowl of Water and Paralytic Child on All Fours, 1965. 

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viernes, 23 de enero de 2015

EL INFIERNO Y LA ESPERA...

«Lo mesiánico, creemos que sigue siendo una marca imborrable   que ni se puede ni se debe borrar de la herencia de Marx y, sin duda, del heredar, de la experiencia de la herencia en general.» Jacques Derrida.



Por Armando Almánzar-Botello

A la Espera, in memoriam
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He pensado siempre que la zona física, metafísica o espiritual que corresponde a la categoría de Infierno en las numerosas tradiciones religiosas reviste múltiples formas o modalidades cuyo poder intimidante o fatídico para la conciencia humana viene a depender de las diversas ideologías o mentalidades —con sus declinaciones culturales e históricas del pecado, la culpa, la expiación terrena o ultraterrena— y de los rasgos o atributos idiosincrásicos de cada sujeto creyente, comprendido este en su entorno axiológico específico y diferencial.

Me conturban de una forma singular, en el contexto de la teología abrahámica —tanto en la judaica como en la islámica, en la cristiano-católica como en la protestante—, la Gehena de la tradición judía, el Yahannam islámico tal como aparece trazado en el Corán, el Infierno de Dante Alighieri, minuciosamente cartografiado y descrito en la Divina Comedia, y el de Johann Wolfgang von Goethe, delineado por Mefistófeles en el Acto V de la Segunda Parte de Fausto.

Puedo recordar que Swedenborg, Milton, Blake y Borges dicen que el Infierno y el llamado Paraíso vienen a constituir estados de conciencia o estaciones del espíritu más que lugares físicos concretos de castigo, pena o gozo inefables.

Como quizá hubiese apuntado Goethe al respecto: cada sujeto selecciona sus tinieblas o sus luces inmanentes en función de la singularidad de sus gustos o «afinidades electivas».

El sintagma cristalizado «infierno de la espera» —con sus diversas declinaciones semánticas prácticamente indecidibles— es un lugar común en casi todas las lenguas-culturas y tradiciones conocidas.

Para mí en particular, una ominosa versión del Averno, llena de «inquietante familiar extrañeza», sería esperar —de un modo incesante, interminable, indefinido, mientras me alojo en una confortable habitación llena de libros, composiciones de buena música, atractivas obras plásticas y excelentes películas— a una persona con la cual me interesara comunicarme, ardido por la más intensa y profunda urgencia, pero que dicha persona, enigmáticamente, no materializase nunca su llegada...

Otro tipo de Infierno insoportable, delicuescente —y anodino en apariencia— consistiría para quien ahora les agobia con este dédalo escritural y fantasmático, en cantar-alabar devotamente, para toda la eternidad, ya sea en postura erguida, flotante o desgonzada por el éxtasis, por el dulce arrebato místico —trabajados los cuerpos-almas por una suerte de interfusión subjetiva y celestial, sacro-posthumana, angélico-divina o pentecostalista—, la gloria, bondad y grandeza de algún dios creador al fin ocioso para toda la eternidad... ¡Dios me libre!

También reviste un carácter fatídicamente infernal para la impaciencia de mi casi patológica sensibilidad, el esperar, imposibilitado de cualquier otro acto volitivo, la llegada o efectuación de cierto evento, accidente o acontecimiento, fasto o nefasto, favorable o adverso, pero eternamente postergado por oscuros motivos inexplicables.

Lo confieso: tampoco sé yo esperar a las musas, ya sean ellas mujeres reales o tangibles, sutiles manifestaciones pulsionales del inconsciente, meras entidades (in)corpóreas o pneumáticas.

En verdad, no me gusta esperar, ni siquiera a mí mismo. Si tardo mucho en llegar, parto indignado sin mí hacia una tierra de nadie...

Sin embargo, a pesar de la angustia y el vértigo, de la tribulación desértica y la conciencia imperiosa del desamparo, de la vulnerabilidad que dicho constante acto avizor puede inaugurar, revelar o desatar en nosotros, la capacidad hermética de espera incondicional, de expectativa infinita, sin horizonte, libre, abierta, se podría tal vez concebir o entender, ontológicamente, como lo más aporético, indestructible y abisal de la condición [in]humana...

Armando Almánzar-Botello

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Mayo de 2004
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© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana. Reservados todos los derechos de autor.

jueves, 22 de enero de 2015

Mujer molecular sin fin en llamas...

«...El suspenso provisorio de masculinidad inasignable (Deleuze, Badiou) que llamamos "hombre" o "padre", constituye una invención o actualización de un "devenir-mujer" virtual en lo inmanente, un artificio tético de la metáfora en la línea metonímica de fuga creada por "lo femenino neutro" (Almánzar-Botello) y su fluir ilimitado...». Armando Almánzar-Botello.          
                                          

Por Armando Almánzar-Botello


¡Tú!: sujeto aleve insólito animal. ¡Amado ausente Otro!

Vivir-muriendo aquí despierto en tu escritura, 
en la sensual caricia rota     mixta     impersonal
                                                                             nómada...
tu gran zarpazo neutro, cósmico al fin... ¡Nadie!

                                                                             Y yo:
sólida líquida gaseosa lecto-escritura-mujer-molecular trazada en llamas... 
polvo... música... 
                                           ¿Ariadna?...
                                                                ¡Jo!

¡Pero sí!... nosotros...
hubimos de jugar en la caricia poética más dulce del horror, 
ahora... 
               psico-teo-cosmo-muerte.
¡Bésame ya otra!... tú... te irás...

Gocemos un instante desbocados el texto proteiforme
de la vida y de la muerte así riendo:
chupando, lamiendo, limando, 
                                                  acelerando, frenando, acelerando…

¡Juguemos a dejar florecer la pasión inaudita en la escritura, sí. 
Desgarrados y estallando con Lolita —con Lolita la tuya, la mía, 
la nuestra—, la descarada vanidad hipócrita de los crípticos espejos!

Resplandecientes de amor y deseo, desordenemos riendo / sí /

—danzando tú y yo coreografía del mundo—
todo aquello que existe hosca,
                                                  pesada, seriamente.

¡Bailemos en el filo centelleante del júbilo,
                                                                     del vértigo que muerde!
¡Oh, impávido retorno del Acontecimiento!

Viejo mundo: Au revoir! Goodbye! Auf Wiedersehen! Addio! 
Adeus! ¡Adiós!
                            
                      Digamos el sí santificante
al nirvana del rocío      a la fosforescencia neutra de los labios /
                             a todo lo que insiste
hacia el fondo / hacia lo alto: maravilla esquiando en superficies... 

Palabras como estrellas en el humo de un incendio y
su memoria que relincha...

Digamos ahora sí al viejo tren que huye de su aire      de su tiempo /        
a lo inmóvil atónito que perdura pasando /
                                 al Afuera que llueve musical un nuevo adentro...

                Lo neutro refulgente se afirma en el Deseo.
                                                                                       ¡Sí!
¡Oh recóndito rumor de la inmanencia!





Poema de 2008, retocado y publicado el  domingo 18 de marzo de 2012.

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http://tambordegriot.blogspot.com/2012/03/mujer-molecular-sin-fin-en-llamas.html

© Armando Almánzar Botello (Y.G.D.D.). Santo Domingo, República Dominicana.
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