jueves, 30 de julio de 2026

LA PIEZA. Lo monstruoso que vendrá

«La relación simbólica que los seres humanos establecen en las llamadas sociedades primitivas o salvajes con la figura del animal como fuente de “beatitud”, proviene de tradiciones mágico-religiosas y protochamánicas muy elaboradas desde el período de los pueblos cazadores...» Armando Almánzar-Botello


Por Armando Almánzar-Botello

A James Welch; N. Scott Momaday; Louise Erdrich; Gerald Vizenor; Joseph Bruchac
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Los miembros de mi tribu te perseguían, te daban caza y te devoraban.

A pesar de tu fiereza tan temida, los tramperos de tu furia numinosa y errante, saltando en tropeles de arrebato y algazara, movidos casi siempre por la imperiosa necesidad de alimento —y en algunas ocasiones por el puro afán lascivo de sangre salutífera—, se tornaban fervorosos, temerarios y rapaces.

Te asediaban, trataban de aturdirte, y sus picas y flechas aguzadas —a pesar de tus gruñidos de dios enardecido en el furor sagrado de tu remota estirpe vigorosa—, certeras caían sobre ti como una pertinaz lluvia de muerte.

Se abalanzaban luego sobre la carne de tu cadáver, todavía palpitante, y se daba inicio a la cruenta y salvífica ceremonia…

Yo, sacerdote mayor de la Tribu de Cazadores, despierto ahora de un sueño abismal y convulsivo en el alba desgarrante que preludia una insólita y nueva jornada.

Copiosamente sudando todavía el sombrío fragor de mis visiones nocturnas, intento recuperarme de las terribles presencias de un mundo secreto entrevisto, de un más allá indestructible vislumbrado —en el sueño y en la vigilia y en el origen— por detrás de todos los límites profanos.

He soñado contigo anoche, y en la niebla rumorosa de trazos y de signos germinantes —epifanía en el follaje fosforescente de mi sueño—, aparecieron tus garras, tu cabeza hierática, tu boca ensangrentada, y con lentitud ritual me dijiste, sin mover los labios de tus fauces prodigiosas, que tú eras nuestro dios tutelar, salvador, apotropaico. Que viniste al mundo, pletórico de amor, solo a redimirnos de la muerte.

Por el sueño milagroso de la niebla, por la santa verdad de tu existencia que persiste, yo, este mismo día —en cumplimiento de mi sagrado mandato de chamán, de griot convocante que toca el tambor que evoca en el trance la memoria circular de todo lo acontecido, el indescifrado resplandor del origen—, te voy a consagrar de nuevo, ante el Consejo de Ancianos Venerables —con sus figuras ya casi fantasmales— como divinidad zoomorfa y tótem protector de nuestra tribu en la zona más pobre del condado del Bronx, en la delirante y alucinada turbulencia de los nadie: callejones del estigma en la terrible y posmoderna urbe de Nueva York.

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Noviembre de 2013.

Copyright Armando Almánzar Botello. 
Reservados todos los derechos de autor. 
Santo Domingo, República Dominicana.


miércoles, 29 de julio de 2026

SÍ, EL VIEJO POSMODERNO TODAVÍA ES UN ROMÁNTICO

«Mirror on mirror mirrored is all the showWilliam Butler Yeats 


Por Armando Almánzar-Botello

Fredesvinda Báez Santana

Disculpa, pero recuerdo de un modo muy distinto esa historia del encuentro...

Quizá sea el paso de los años lo que afecta mi memoria, quizá sea mi mente la que ya bordea su delirio. Pero no recuerdo haberme arrojado por entero a tus grandes pies de predivinidad terrestre. ¡Perdóname!

Lo que sí recuerdo es que yo estaba en la Cafetería Paco’s y desde allí me sorprendió el momento vertiginoso en que, a través de una de las puertas del comercio y entre el ruido de vasos y voces, entre la humareda y el estallido de los motores urbanos, te vislumbré floreciendo por la vieja calle El Conde, resplandeciente de ti misma y moviendo tus manos misteriosas al hablar, mientras caminabas presurosa entre dos de tus amigos...

Me prometí entonces realizar luego para ti el ritual definitivo cuando volviera yo a encontrarte: abrirme el pecho con una daga filosa —como creo en mi delirio haberlo hecho—, extirparme palpitando el corazón y arrojarlo a tus pies, ensangrentado...

Mas vino un perro veloz de las tinieblas y se lo llevó sin retorno entre sus fauces...

Desde entonces, odio a ciertos caníbales políticos que se mueven por el mundo como si fueran hombres; a pesar de que, atravesado en mi ser por el mito y la leyenda, logré modelar en la fragua de Vulcano un nuevo, duro pero vivo corazón, este que todavía, todavía, todavía te sigue amando.

Armando Almánzar-Botello

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Miércoles, 29 de julio de 2026


Copyright Armando Almánzar Botello.
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Santo Domingo, República Dominicana.

viernes, 17 de julio de 2026

Modesto trípode para saber-hacer algo con la muerte inevitable...

Espejo en escritura (Poema en prosa)

«La única salvación para el hombre es el estilo: decir cautelosa y hermosamente las cosas en la infinitud provisoria del instante.» Armando Almánzar-Botello


     Por Armando Almánzar-Botello

«Aporías. Morir —esperarse (en) “los límites de la verdad”—.» Jacques Derrida
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En el acto de morir /aquel hombre del espejo\ sorprendido no sintió sobre su pecho desierto / el secreto fragor de la ruda  impaciencia...

Esperó tercamente la visita de la Nada: ese puro no ser en la flecha del tiempo, / esa musa desnuda y ausente que se mira / el misterio cotidiano en la navaja reflexiva, / que sueña una tinta indeleble y profunda cuando mancha la página blancura de los días; / ella es modo ascendente de la lluvia insensible, los dedos que apagan todos los paraguas; ella brilla con el sol de la negrura absorta, que ciega con vacío filoso y atraviesa / en la niebla fantasmas y evapora semblantes.

Aguardó el hombre la llegada cautelosa de sí mismo / congelado en su revés de puro asombro... Se llamó y, como siempre, tardó en acudir... Y dio gritos glosolálicos por la noche sin azogue, perdido en el páramo insomne de los vientos: en su íntima distancia inexplorada...

Nada ni nadie respondió a la llamada espiral desde su adentro.

Para recordar ausencias perdidas volvió su rostro al olvido...

Escapó sin su yo el  viajero insondable —diluido en la tarde impasible y remota—, hacia el charco gimiente de sombras caídas / que sienten su cuerpo sin haberlo alcanzado.

Fueron neutros relámpagos genéticos los nombres, / terrible y filoso el Afuera germinante: Otro en luz que se levanta en lo negro y su reserva / descubre para siempre la verdad de su cadáver.

Así para el hombre se borró la mujer, que serena y limpiamente lo miraba escribiendo...

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Febrero de 1999 (Texto retocado)

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.

Texto publicado —junto con otros más del autor— en el número 110 de la revista mexicana «Blanco Móvil», dirigida por Eduardo Mosches, poeta y editor mexicano de origen argentino. Dicho número, correspondiente al primer trimestre de 2009 en ese importante órgano cultural, fue dedicado por completo a la poesía de la República Dominicana.

© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.

Otra versión de este texto en el Blog Cazador de Agua. Domingo, 24 de mayo de 2009

Copyright Armando Almánzar Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.
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«¡OH MARTIN HEIDEGGER, TAN MAL COMPRENDIDO!»

Por Armando Almánzar-Botello

«Aporías. Morir —esperarse (en) “los límites de la verdad”—.» Jacques Derrida

«La única salvación para el hombre es el estilo: decir cautelosa y hermosamente las cosas en la infinitud provisoria del instante.» Armando Almánzar-Botello
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Se hace necesario resaltar que la existencia humana como Dasein ( «ser-en-el-mundo», «ser-para-la-muerte», «ser-ahí», existencia como esencial «poder-ser» —Sein-können— ) no es equivalente o similar al mero «estar-ahí» del ente —Vorhandenheit. Lo que viene a caracterizar al Dasein es la «condición de arrojado» —Geworfenheit—, su llamada «configuración o estructura proyectiva».

El Dasein (ser-ahí) no existe al modo del ente —das Seiende—, ente que «está-ahí» como «lo dado», sino que dicho Dasein se relaciona con el ser —das Sein— como «ek-sistencia» que se abre a su «disposición a-ser» en el futuro, en un futuro implícito en el presente mismo de su «no-todavía».

Sin ser una mera cosa material, solo el cadáver humano (abolición del Dasein, del ser-en-el-mundo) se reduce o circunscribe, para el pensamiento de Heidegger, al «puro-estar-ahí» —Nur-noch-Vorhandensein, en alemán— que ha perdido el «estar-vuelto hacia la-muerte» o el «estar-vuelto-hacia el-fin».

La pérdida del ser que comporta el «estado de muerte» implica, para el Dasein, la pérdida del morir como «adelantarse ontológico» —Vorlaufen en alemán— a la «posibilidad de su imposibilidad de ser»...

Fragmento de un texto sobre la muerte de la autoría de Armando Almánzar-Botello: «Muerte, igualdad, humildad, dolor, desamparo, aceptación. Repetición cíclica y conforme» (2012). Santo Domingo, República Dominicana.
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NACER MURIENDO

«La muerte no es nada para nosotros. Porque lo que se ha disuelto es insensible y lo insensible no es nada para nosotros.» Epicuro

«La única salvación para el hombre es el estilo: decir cautelosa y hermosamente las cosas en la infinitud provisoria del instante.» Armando Almánzar-Botello

Por Armando Almánzar-Botello

A Fernando Pessoa, in memoriam

Tan solo imaginar mi encierro en la nada eterna de la muerte me produce una intensa y angustiante asfixia metafísica, una honda y terrible crisis claustrofóbica.

Mas cuando pienso que mi ego se perderá sin medida en el maléfico rumor del Afuera y su alegría impersonal, indiferente, siento un vértigo infinito, un pánico sin fondo, una terrible amenazante agorafobia desierta, y profiero gritos mentales en mi habitación vacía; oscuro, insomne, ardido, en la desolación de mi yo polvoriento, evocando y destrozando cosas en la caída irredimible, en el furor ciego sin linderos de la total desesperanza.

Doy manotazos de miedo a inútiles y antiguos juguetes, fantasmales ya para siempre, hondamente inalcanzables en remotos desleídos mobiliarios imaginados.

No me tranquiliza pensar que nada sentiré, absorto, en mi absoluta y perseverante ausencia eterna de muerto.

Lo insoportablemente inconcebible, siniestro, es saber que yo, muerto, no seré de nuevo yo, para siempre. El Cielo es una ilusión pueril de goce indestructible, imaginada por la desechable y ciega vanidad del hombre.

No obstante, preferiría sentir algo, sí, más allá de la hermética frontera y el temblor indecidible de la vida y su aisthéton, aunque fuesen las mismísimas caricias tormentosas de las nieves y los fuegos perpetuos del Infierno...

Pero cruzada esta frontera en la caída o el descenso, no habrá hielos ni llamas, ni tampoco Cielo eterno...

Armando Almánzar-Botello 

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Febrero de 2015

Copyright Armando Almánzar-Botello. 
Santo Domingo, República Dominicana. 
Reservados todos los derechos de autor.

viernes, 3 de julio de 2026

LA INTUICIÓN EN GILLES DELEUZE (Brevísimo apunte)

«Ese carácter de «transindividualidad» es el que permite la afirmación espinozista de la Natura naturans como grado máximo de potencia inmanente.» Armando Almánzar-Botello 

 Por Armando Almánzar-Botello

Pienso que el escrito final de Gilles Deleuze titulado «La inmanencia: una vida...» (1995) no participa de la metafísica de la presencia ni de una visión estática del ser (como percibe Jacques Derrida en su comprensión de la «intuición»), sino que afirma la diferencia de lo múltiple más allá de la persona como cierre, con la apertura a lo impersonal de las singularidades nómadas y preindividuales.

Ahí, en Deleuze, no opera la intuición como captación metafísica de lo estático del ser, sino como afirmación transformativa de la «evolución creadora» de Henri Bergson y la diferencia «transindividual» de Baruch Spinoza.

A propósito de lo transindividual, Étienne Balibar, en su obra titulada precisamente Spinoza político. Lo transindividual (2018, 2021), resalta esa vertiente del pensamiento del ser en Baruch Spinoza para evitar que el concepto espinozista de «conatus» (perseverancia en el «propio» ser) sea interpretado como simple «interés en el interés», lo que reduce el concepto a la mera persistencia «egoísta» en lo que se es.

Se opone así el conatus, tal como hace Alain Badiou, al «interés en el desinterés» como base de una ética que desborda el simple perseverar en lo físico y biológico. Badiou, Alain: La ética. Ensayo sobre la conciencia del mal (2004 Editorial Herder).

La de Badiou, de hecho, constituye una lectura interesada y reduccionista. En Spinoza, el concepto de «Conatus» es transindividual porque atraviesa la mera preservación del yo, del ser de los entes, y se abre a la alteridad, al colectivo, a lo plural, a lo múltiple, a una concepción inmanente de Dios mismo como agente del silogismo disyuntivo-inclusivo (Pierre Klossowski, Gilles Deleuze).

Ese carácter de «transindividualidad» es el que permite la afirmación espinozista de la Natura naturans como grado máximo de potencia inmanente.

El «Se» impersonal que podría operar la intuición no es una mera presencia metafísica; es flujo y corte de singularidades; estas últimas no son mónadas idénticas a sí mismas, sino un juego de diferencias que escapa a la representación del concepto identitario.

Esta intuición vitalista deleuziana no se constituye en una captación haptotrópica del ser como presencia; más bien es una vía que reconoce no solo lo idéntico del concepto, sino también lo no-idéntico de este (como diría T. W. Adorno).

La especificidad de la filosofía en el cerebro-sujeto no es crear funciones lógicas y matemas (ejeto: ciencia) ni tampoco la producción de perceptos y afectos (injeto: arte); ella se constituye como producción de conceptos y personajes conceptuales (superjeto: filosofía). Debemos aquí entender que la intuición en Deleuze no es un recurso de reposo o descanso; ella es, por el contrario, la facultad activa que permite operar la síntesis disyuntiva inclusiva entre esas tres vertientes de un pensamiento no sintético-armónico, como sí lo sería el «pensamiento originario» (Das anfängliche Denken) de Martin Heidegger.

Armando Almánzar-Botello

Viernes 3 de julio de 2026

Copyright Armando Almánzar-Botello.
Santo Domingo, República Dominicana.


lunes, 22 de junio de 2026

BOUGUEREAU Y PICASSO (Cada cual con sus armas)

«No es imaginación histórica, más bien es lepra terminal encubierta. Son los académicos del arte Lázaros sin redención.» Fredesvinda Báez 



Por Fredesvinda Báez Santana

No es que sea totalmente despreciable el seductor academicismo preciosista de William-Adolphe Bouguereau (1825-1905), es que ese arte ya está codificado y es mera técnica y aprovechamiento repetitivo de la vieja gran tradición de la pintura occidental. No hay creación sino repetición lamida y perfeccionada de lo que otros crearon y que vale por sí mismo y su permanente potencia.

Pablo Picasso (1881-1973), en «Mujer que llora» (1937), logra la interpretación más vital y desgarrada de la belleza que Bouguereau lame, o se limita a lamer. No hay en Bouguereau aventura creadora ni riesgo. Este académico francés es ingenioso, diestro, correcto, limpio, pero el código mitológico y estético del que participa su obra no lo inventa él; se limita a copiarlo de los grandes maestros del Renacimiento y de otros pintores verdaderamente grandes, no solo en técnica sino en capacidad de aventura semiótica y espiritual.

Picasso, con esta pintura de preguerra, nos habla de belleza rota, de la fealdad convulsa que altera los rostros y el ánimo como resultado del impacto de lo sensible-violento del mundo sobre los cuerpos y la sensibilidad de la mujer contemporánea en su dolor y hasta en sus revueltas. El genio español nos recuerda que, después de Velázquez, hay que buscar nuevas vías para comunicar lo terrible, para insultar la insustancial belleza fetichizada, aproblemática y oronda, frívola, y hacernos comprender que el cuerpo y sus pasiones no siempre se expresan de un modo armónico, apolíneo, compensatorio, sino también brutal, desgarrado, feo pero artístico y profundamente significativo en la complejidad problemática de la existencia.

Esto no lo entienden los pequeños hombres de sensibilidad yerta, débil, estéril. Los que no son verdaderos artistas o creadores sino persecutores de lo lindo o de una falsa tragicidad de vitrina. Como Lázaros que a los cuatro días ya hieden, sufren de peor destino que el leproso porque no se alza en su horizonte artístico posibilidad alguna de redención estética ni metafísica.

Así sucede también con los poetas.

Fredesvinda Báez Santana

Miércoles, 17 de junio de 2026

Copyright Fredesvinda Báez Santana.
Reservados todos los derechos de autor.
Santo Domingo, República Dominicana.

viernes, 19 de junio de 2026

FERNANDO PESSOA Y LA UNIVOCIDAD DEL SER (Brevísimo apunte)

«A la superficie carnal de mi alma trepa el misterio de las cosas. Veo, oigo, palpo independientemente de lo que en mí ve, oye y toca. Me separé de mí de repente. Observo, desde mí y de lejos, mis sensaciones, y ellas parecen, además de algo visibles, pertenecientes a otro, moviéndose en mí por obscenidad y por grandeza.» Pero Botelho, heterónimo de Fernando Pessoa


     Por Armando Almánzar-Botello

     A la memoria de mi pariente higüeyano
Peruchito (+), hijo de don Perucho Botello (+)
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Es falso que Pessoa encarne «la subjetividad monádica» burguesa y Vallejo una suerte de «corps morcelé andino», de cuerpo étnico inmanente, fragmentado, y carnalidad psicosocial y simbólica desarticulada.

El que dice algo así no ha transitado por la vía claroscura y transbinaria de un cuasi concepto que el autor de estos apuntes formula con rigor como «genealogía del despedazamiento» en Pessoa, ni por el triunfo pessoiano de la Univocidad del Ser a través del recurso poético, protésico y ontológico de la heteronimia.

Pessoa desbordó el mero hacer imitativo que convalidaba el neocolonialismo. Vallejo, conocedor y admirador de los valores culturales europeos, se miraba desgarrado socioculturalmente por su condición mestiza; expresó en Trilce —no en la totalidad de su obra— su «esquizofrenia» simbólica utilizando un lenguaje roto, vanguardista-idiosincrásico.

Pessoa, pese a ser de clase alta, aristocrática, vivió también en éxodo y exilio, padeció la fragmentación transcultural y la forclusión parcial del nombre del padre y lo simbólico. Sufrió la a-pertenencia del significante lusitano-judío a-cósmico.

Sin embargo, Pessoa supo transformar la fragmentación imaginaria y el «descoyuntamiento» de la personalidad en un arte plural, potente y rico en el plano semiótico-formal, tan complejo o más que el de César Vallejo.

Como dice Almánzar-Botello en su ensayo titulado «Análisis de Drama en gente de Fernando Pessoa» (2010), Alberto Caeiro funciona en esta compleja dramaturgia (Álvaro de Campos, Ricardo Reis, Bernardo Soares, Pêro Botelho, El Barón de Teive, Alexander Search, el propio Caeiro, etcétera) como el «Maestro», el punto de máximo valor heteronímico atribuido en la genealogía espiritual imaginaria, pero no necesariamente es el heterónimo de mayor potencia de ignición real en el plano trascendental de inmanencia.

Esta potencia, entendida como capacidad de trazar líneas de fuga o desterritorialización que desbordan los límites codificados como círculo del aparecer (E. Trías: La razón fronteriza), la encarna con mayor pertinencia Álvaro de Campos, heterónimo de la exploración, el viaje, el espacio urbano, la técnica moderna y el nihilismo activo-destructivo que casi logra su transmutación en lo que Nietzsche denomina «nihilismo consumado». Ese nihilismo de la defundamentación asumida y creativa trasciende la fundamentación metafísica en dirección hacia lo infundamentado y lo posfundamentado.

La potencia de Álvaro de Campos traza líneas de fuga en el mismo sentido en que las proyecta, en el plano contemplativo, el maestro de los heterónimos mayores, Alberto Caeiro.

Es necesario pensar la potencia del pensamiento heteronímico en Pessoa no solo como una suplencia para esa «enfermedad de la mentalidad» que resulta de una cierta forclusión del Nombre-del-Padre (J. Lacan), sino como una suerte de «síntesis disyuntiva inclusiva» que desemboca en una afirmación de la «univocidad del ser» (Duns Escoto, Baruch Spinoza, Gilles Deleuze).

Armando Almánzar-Botello 

Viernes, 19 de junio de 2026

Santo Domingo, República Dominicana.


BIBLIOGRAFÍA MÍNIMA:

—Ángel Crespo: La vida plural de Fernando Pessoa, Editorial Seix Barral, S. A. Barcelona, 1988.

—Fernando Pessoa: «El regreso de los dioses». Edición y traducción de Ángel Crespo. Acantilado, Barcelona, 2006.

     —Yo soy una antología. 136 autores ficticios. (Edición y presentación Jerónimo Pizarro y Patricio Ferrari. Traducción Nicolás Barbosa López, Pre-Textos, Valencia, 2018.

—Richard Zenith: Pessoa. Una biografía. Traducción del inglés de Ignacio Vidal-Folch. Barcelona, Acantilado, 2025.

Copyright Armando Almánzar-Botello.
Santo Domingo, República Dominicana.


Adenda

EL POETA FERNANDO PESSOA PADECÍA LO QUE JACQUES LACAN CARACTERIZÓ COMO «ENFERMEDAD DE LA MENTALIDAD»

Por Armando Almánzar-Botello

Para el psicoanalista y pensador francés Jacques Lacan, el gran poeta y escritor lusitano Fernando Pessoa transformó un síntoma convencional (un imaginario patológico y fragmentado-floreciente (Lacan, Colette Soler) enlazado con lo simbólico pero sin el «lastre de lo real») en un recurso artístico: los heterónimos. Con esta lograda multivocidad artística de suplencia o compensación, Pessoa evitaba la locura.

De acuerdo con la clínica nodal de Lacan, en el neurótico-normativo existe un bloqueo de lo Imaginario; en Joyce hay una «caída de lo imaginario del cuerpo» con un encadenamiento entre lo simbólico y lo real. Para Lacan, el «sinthome de Joyce» es la escritura (en ocasiones glosolálica) como un modo de suplencia que une lo imaginario caído al nudo donde sí están unidos lo simbólico y lo real. Según Lacan y su seguidora la psicoanalista Colette Soler, en Fernando Pessoa existe un imaginario proliferante, pero, según Lacan, sin el «lastre de lo real». Su medio de estabilización es la polivocidad y la heteronomía sistemáticas.

Según la teoría clínica de Lacan, el Libro del desasosiego, firmado por un autor ficticio llamado Bernardo Soares, y el juego poético múltiple de los restantes heterónimos, son recursos o formas que inventa Pessoa para hacer «lazo social» y evitar de este modo cierto tipo de psicosis.

Es bueno recordar y resaltar que pese a estar afectado de lo que podría llamarse «personalidades múltiples», Fernando Pessoa dominó perfectamente la gramática de su lengua portuguesa antes de su «decisión» vital y artística de «transgredirla» para enriquecer el mensaje estético de sus textos creativos. Su «trastorno de la mentalidad», tal como lo denominó Jacques Lacan, no comportó nunca «agramatismo» propiamente dicho ni «cacografía«, tal como fue el caso de un Antonin Artaud, por ejemplo.


DOS FUENTES BÁSICAS:

–Lacan, Jacques: Seminario 23, El sinthome 1975-1976Paidós 2006

–Soler, Colette: La maldición sobre el sexo, Ediciones Manantial 2000

Copyright Armando Almánzar-Botello. 
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Reservados todos los derechos de autor.

miércoles, 10 de junio de 2026

GALARDÓN A LA BARBARIE ALEJANDRINA

(A propósito del otorgamiento del Premio Pulitzer de Literatura 2008 al escritor dominicano Junot Díaz)



Por Armando Almánzar-Botello

Junot Díaz, prestigioso escritor de la diáspora dominicana en los Estados Unidos, ha recibido el importante Premio Pulitzer de Literatura 2008 por su novela The Brief Wondrous Life of Oscar Wao (La breve y maravillosa vida de Oscar Wao).

Con este éxito trascendental del creador e intelectual dominicano residente desde niño en Norteamérica, nuestro país logra completar la trilogía de los jóvenes que tal vez mejor representen, en los escenarios internacionales de esta época, lo más extraordinario y esperanzador de nuestras potencialidades como pueblo: Sammy Sosa, en el deporte; Juan Luis Guerra, en la música; y ahora, Junot Díaz, en las letras…

Como hemos afirmado en múltiples contextos, resulta archisabido —hasta el punto de que este enunciado bien podría formar parte de una cierta vulgata postmoderna— que toda obra literaria participa, en una u otra forma, de un apetito de otredad y diferencia.

No obstante, este rasgo inseparable de la escritura creativa como pasión por lo desconocido cobra una especial importancia en el paradigma multicultural, multirracial, multilingüístico, “plurilingual and pluriglutural”, como talvez diría James Joyce, que caracteriza a la postmodernidad de la diáspora literaria latinoamericana en los Estados Unidos.

En la insólita por creativa “cópula disyuntiva” de su decir —turbulenta, gozosa, desgarrada, pero no por ello menos reflexiva y memoriosa—, estas voces del exilio nos testimonian, con la polifonía compleja de sus textos, una voluntad de apertura existencial al otro en su radical alteridad y extrañeza. Asimismo, nos revelan el proyecto poético-político de explorar la producción de convivio, cum, comunidad, e inéditos espacios para habitar, crear y disfrutar de plena ciudadanía, sin padecer la vocación homogeneizante de un contrato social y lingüístico mutilador o integrista.

Los escritores latinos de la diáspora, y los dominicanos en particular, trazan una cartografía “escribiente” donde se fundan los lugares de conjunción/disyunción entre las diferencias (próximas y lejanas), sin necesariamente rendir culto al tótem centralizador de una koiné, de una lengua universal hipostasiada. Esa lengua canónica los obligaría, desde una presunta neutralidad autárquica, a leer, interpretar y categorizar el mundo en función de una “unidad oculta” inconfesable: la consolidación de la voluntad hegemónica de lo que acertadamente Vicente Verdú calificó como el “Planeta Americano”. Es decir, esa voraz territorialidad cultural y política estadounidense que casi logra, en nuestros días, fagocitar la totalidad del universo.

La crítica a la falsedad del melting-pot cultural estadounidense y a la voluntad hegemónica norteamericana ya la había realizado, a principios del siglo XX, un relevante intelectual anglosajón: Randolph Bourne, quien en su momento fue acusado de traidor por los sectores conservadores de su país.

La posición intersticial de muchos de los textos producidos por los escritores de la diáspora latina en la “ciudad prestada” de Estados Unidos nos obliga a recordar el concepto acuñado por Gilles Deleuze y Félix Guattari sobre la “literatura menor”.

Con su semantismo contradictorio y sus facturas y fracturas “heterofónicas”, esas obras producidas por los sujetos descentrados y diaspóricos de la lecto-escritura participan de un carácter disonante, fronterizo (border-line), transbinario, fractal y dialógico (M. Bajtín).

«Las tres características de la literatura menor son la desterritorialización de la lengua, la articulación de lo individual en lo inmediato-político, el dispositivo colectivo de enunciación. Lo que equivale a decir que ‘menor’ no califica ya a ciertas literaturas, sino las condiciones revolucionarias de cualquier literatura en el seno de la llamada mayor (o establecida). […] Escribir como un perro que escarba su hoyo, como una rata que hace su madriguera. Para eso: encontrar su propio punto de subdesarrollo, su propia jerga, su propio tercer mundo, su propio desierto.» Gilles Deleuze y Félix Guattari: Kafka. Por una literatura menor, Claves, México, 1978, p. 31).

Solo el agente productor de una “literatura menor”, tal como se entiende en este contexto deleuziano, puede reconocer y bordear la diferencia no asimilable del otro en su singularidad radical. He aquí un revelador acontecimiento ético-político originario que siempre escapa a nuestros limitados esquemas cognitivos y a un pseudorreconocimiento “folklorizante” de la alteridad problemática e imprevisible del “arribante”, como denomina Jacques Derrida al extranjero inmigrante.

Únicamente este sujeto que asume en el decir literario su propia “cesura diabálica” (Eugenio Trías), diabólica, su propia alteridad constituyente, puede abrirse a una est/ética (espacio de junción de la ética y la estética: Lacan) y al reconocimiento diferencial de los otros en su heterogeneidad inasimilable. Hay diálogo textual y político con el otro si previamente nuestro discurso se abisma en su íntimo punto ciego de extrañamiento y auto-expropiación. Es preciso vivir-decir lo que Julia Kristeva, inspirada en Freud, Lacan y Bajtín, conceptualiza como extranjería del sujeto para sí mismo.

«¿Cuántos viven hoy en una lengua que no es la suya? ¿Cuánta gente ya no sabe siquiera su lengua o todavía no la conoce y conoce mal la lengua mayor que está obligada a usar? Problema de los inmigrantes y sobre todo de sus hijos. Problemas de las minorías. Problemas de una literatura menor, pero también para todos nosotros: ¿cómo arrancar de nuestra propia lengua una literatura menor, capaz de minar el lenguaje y de hacerlo huir por una línea revolucionaria sobria? ¿Cómo volvernos el nómada y el inmigrante y el gitano de nuestra propia lengua? Kafka dice [a propósito de su relación extraterritorial con la lengua alemana]: soy un gitano que roba al niño alemán en su cuna para enseñarlo a bailar en la cuerda floja». Deleuze-Guattari: Kafka. Por una literatura menor, Claves, México, 1978, p. 33).

Estas últimas reflexiones nos aproximan a lo dicho en otro contexto por Giannina Braschi, poeta y narradora portorriqueña que transita por “la ciudad prestada”, y cuya obra Empire of dreams (El imperio de los sueños, Anthropos, Barcelona, 1988) fue considerada en su momento como digna del Pulitzer:

«Estoy creando una ciudad poética en la que se hablan varios idiomas con acentos diversos; en la cual el tiempo de la prosa sea tan rápido e imprevisible como el de los subterráneos; en que prevalezca una idea del sí mismo en construcción permanente». G. Braschi

No pensamos de ningún modo que esta ciudad poética soñada por la Braschi coincida o pretenda coincidir con la territorialidad concreta de las megalópolis estadounidenses y su corporativismo arquitectónico high tech (a pesar de la sorprendente afirmación eufórica y elogiosa realizada hace años por Derrida en el sentido de que los Estados Unidos “son” la desconstrucción). No. La cartografía poética del espacio nómada, liso y liberador al que tal vez se refiere la Braschi no coincide con el territorio real de las estabilizaciones o estratificaciones sedentarias y reterritorializaciones perversas del artificio, visibles en el contexto de un urbanismo político-cultural estriado, sin límites pero fragmentado, concebido como hipóstasis de las segmentaridades duras y excluyentes.

A diferencia de la conocida como “nueva ciudad de dios” —ciberimperial, racista, tecnohermética y falocéntrica—, teorizada y criticada por Andoni Alonso e Iñaki Arzoz, Virilio, Mattelart, Wacquant y Amendola, entre otros, la ciudad textualizada y poetizada por los escritores latinoamericanos de la diáspora debería atravesar de un modo desconstructivo, con el trazado rizomático y rítmico de sus líneas de fuga intensivas, la simple celebración autocomplaciente de una realidad constituida por la psicogeografía bélica de la agresión y el temor, el hegemonismo WASP (White, Anglo-Saxon, Protestant), el desarraigo y la injusticia, la marginalización brutal del inmigrante, “la tolerancia cero” para la pobreza criminalizada, la catástrofe programada y el mero espectáculo anestésico.

Con este preámbulo, quizá demasiado extenso pero estratégicamente necesario, pretendemos contextualizar nuestro profundo y sincero regocijo por la noticia aparecida recientemente en los medios de comunicación nacionales e internacionales relativa, como señalábamos al principio de este trabajo, a la concesión del importante premio Pulitzer al destacado escritor e intelectual de la diáspora dominicana en USA, Junot Díaz.

De este joven y valioso creador, profesor en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), solo conocíamos Drown/Negocios (1996), colección de relatos publicada en inglés-español.

La obra por la que Díaz recibe en este año 2008 el más importante galardón literario de los Estados Unidos guarda, según informan las agencias noticiosas, una relación de canje lingüístico-textual con el spanglish o espanglés (habla o dialecto que mezcla las estructuras lingüísticas del español y el inglés) y se titula, repetimos, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao (La breve y maravillosa vida de Oscar Wao). Este título, a nuestro entender y casi sin lugar a dudas, juega intertextualmente con The Short Happy Life of Francis Macomber (La corta y feliz vida de Francis Macomber), relato escrito por el inmenso Ernest Hemingway, narrador norteamericano que también recibió el Premio Pulitzer en 1953.

No obstante, a pesar de nuestro regocijo, percibimos que un “reconocimiento de la diferencia” como el que se expresa en el otorgamiento del premio Pulitzer al escritor de origen dominicano Junot Díaz participa de una ambigüedad o double-bind. Esta consiste en conferir insignias académicas de indudable prestigio a lo que de hecho funciona, y seguirá operando durante mucho tiempo, como un estigma social y político (E. Goffman) en el contexto fundamentalista anglosajón de la sociedad norteamericana: ser latino y hablante de spanglish.

Para nuestro modesto entendimiento, el mencionado galardón concedido a la novela de Díaz —al margen de los valores de ritmo-sentido que pueda exhibir dicha obra escrita en inglés, a la que todavía no hemos dado lectura— podría funcionar, paradójicamente, como un torniquete de subordinación a la koiné representada por el uso estandarizado y canónico del inglés WASP.

En este contexto, el premio Pulitzer tendría un efecto de refrigerador de contradicciones y de “etiquetado procustiano veladamente segregativo”. Este efecto se recubre con el prestigio —políticamente correcto y mercadológicamente rentable— de una “pluralista y abierta validación” de lo exótico, lo “creativo”, lo espontáneo y lo étnico, como respuesta “pragmático-multiculturalista” a la relevancia creciente y abrumadora de la población latina en el aparato económico y electoral de los Estados Unidos.

El spanglish funcionaría así como la “lengua” de los nuevos bárbaros productivos que “infectan” inevitablemente el cuerpo “oficial” del Imperio, contribuyendo a la distopía urbana: bárbaros alejandrinos de la contra-conquista y refinados antropófagos culturales; cíborgs de Borges. No resulta ocioso recordar que, para pensadores como Gilles Deleuze y Félix Guattari, el capitalismo postmoderno funciona estropeándose.

Desde la neutralidad aséptica de la Academia, y partiendo de lo que Slavoj Žižek denomina “punto vacío de universalidad anglocentrista”, se produce un reconocimiento del spanglish que permite quizá leer entre líneas una suerte de “racismo con distancia”. Este consiste en conceder carta de ciudadanía a una singularidad sociolingüística a condición de “esfingizarla”, es decir, de mantenerla prisionera en la esfera neutra de la ficción y la escritura creativa.

Mediante la ambigüedad de un reconocimiento “oficial” que podría operar como un “corte consagratorio embalsamante” y como dispositivo de neutralización del deseo transgresor implícito en ciertos actos de habla sociolectales, se podría desconectar al spanglish de todos los movimientos sociales, políticos y reivindicativos que atraviesan la escena cultural norteamericana. Esto representa la recuperación de una diferencia sin asumir, hasta sus últimas consecuencias, el costo político liberador que implica este “pase” condicionado. ¿Permisividad represiva? (Marcuse). El buen scholar nos diría que de hecho el premio en cuestión implica todo lo contrario de lo que estamos afirmando; no obstante, insistimos en mantener nuestra sospecha estratégica.

Como dice José María Ripalda: «El espacio postmoderno es tramposo, pues su pluralidad y descentramiento se hallan recentrados por hegemonías evidentes y menos evidentes.» J. M. R.

Es claro que la plusvalía político-lingüística que extrae el establishment anglosajón del uso del spanglish por parte de las poblaciones latinas favorece preponderantemente la erosión del sistema lingüístico del castellano, la consolidación del monolingüismo anglófono, la depauperación simbólica y la deculturación empobrecedora de una población latina establecida en los Estados Unidos. Por complejas razones nacionales y transnacionales, esta población padece en su mayor parte insuficiencias severas para pensar-actuar, tanto en inglés como en español, debido a un déficit educacional básico resultante de la falta de políticas idóneas en este sector.

Hombres como Junot Díaz y otros destacados intelectuales de la diáspora dominicana en USA representan dignas excepciones a la regla y viran el manejo del spanglish contra sus presuposiciones ideológicas convirtiéndolo, mediante su uso literario «contraefectuado y esclarecedor» (G. Deleuze), en un potente recurso semiótico-formal subversivo y fructífero.

Esperamos atentamente la más profunda recepción crítica de la novela de Díaz en el contexto anglosajón para determinar si dicho texto constituye un aporte significativo de permanencia a la literatura norteamericana. Tendríamos que realizar, asimismo, la lectura de la traducción de esa obra al castellano para comprobar si esa transcripción crea valores de ritmo-sentido que operen un cambio en los protocolos de lectura, el dominio de los códigos hermenéuticos y las relaciones con el lenguaje, elementos que hasta la fecha definen a los lectores de un cierto nivel de competencia semiótica en la literaturidad contemporánea del castellano como lengua de llegada.

Entretanto, el spanglish permanece como un “impuro dialecto callejero” que solo puede aceptarse como testimonio de tolerancia académica multicultural por parte de los poderes reguladores del canje entre hilotas y homoioi; entre habitantes de baja categoría lingüístico-laboral y ciudadanos de pleno derecho en el mundo de las ciudadanías interculturales, translingüísticas, transnacionales y globales (Canclini, Negri, Braidotti).

De seguro que a Junot Díaz no se le permite impartir en “spanglish” sus cursos de escritura creativa en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). ¡Lo debe hacer en buen inglés canónico! De no ser así, el señor Noam Chomsky, autoridad tutelar en el MIT y uno de los genios lingüísticos del siglo XX (por cierto, Chomsky no habla ni escribe en russianglish), le daría de seguro un buen tirón de orejas. En fin, basta de humor gris, que Chomsky es de los “nuestros” y miles de golondrinas quizá hagan verano…

Finalmente, exhortamos a nuestros desocupados lectores latinos y dominicanos (apelando a su “solidaridad y panamericanismo bolivarianos”) a que, simultáneamente con nuestra satisfacción “patriótica” por el importante premio concedido a Junot Díaz en los Estados Unidos, reflexionemos con plena seriedad sobre este titular aparecido en el periódico Diario Libre digital, de fecha viernes 11 de abril de 2008:

«New York. ¡Juez norteamericano ordena deportar dominicanos por no saber inglés!»

Sábado, 12 de abril de 2008 / Blog epistheme, lunes 21 de abril de 2008

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DIALECTOS...

Por Armando Almánzar-Botello

Mark Twain y Thomas Mann, por ejemplo, no se limitaron a mimetizar o transcribir, respectivamente, los dialectos del Mississippi (Las aventuras de Huckleberry Finn, Las aventuras de Tom Sawyer) o las múltiples variedades lingüísticas del bajo alemán (Los Buddenbrook, La montaña mágica), sino a poner esas variantes verbales en tensión con el inglés canónico de la época, en el caso de Twain, y con el alemán convencional de gran estilo, en el caso de Mann.

No debemos fetichizar el lenguaje ni la lengua mayor, pero la línea de fuga más creativa y transformativa se encuentra ENTRE el código de la lengua canónica y las jergas, variedades lingüísticas o usos dialectales múltiples.

El gran Mark Twain escribió en un inglés legible o inteligible para los que no conocían esos dialectos utilizados por él como materiales lingüísticos enriquecedores de su visión del mundo, refractada en el texto como resultado de un proceso de transformación de estructuras.

Thomas Mann, por su parte, no perdió la herencia de cierto clasicismo de la lengua alemana cuando utilizó, en Los Buddenbrook específicamente, variedades regionales del alemán que no eran en ese momento histórico (principios del siglo XX) las político-lingüísticamente canónicas, consagradas o correctas.

Otra cosa muy distinta es el experimento de James Joyce en Finnegans Wake, que tampoco está escrito en simple inglés canónico pero conserva hasta cierto punto la estructura fonética y morfológica de esa lengua.

Como decía Pedro Henríquez Ureña, la clave está en la transformación textual, pero sin convertir los materiales en simples fetiches.

Nos parece que nuestro Junot Díaz logró trascender lo meramente localista o lingüísticamente ininteligible. El reconocido y excelente escritor norteamericano de fama internacional que responde al nombre de Philip Roth así lo piensa también, al igual que muchos otros críticos y creadores estadounidenses y europeos.

Roth sitúa explícitamente a Junot Díaz en el grupo de lo que el autor de Pastoral americana denomina, en el contexto general de la narrativa estadounidense más contemporánea, “los escritores jóvenes serios y más bien dotados”.

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WILLIAM GOYEN/JUNOT DÍAZ: DIFERENTES MOMENTOS CRÍTICOS EN LA HISTORIA DE LA LITERATURA

     Por Armando Almánzar-Botello

¡Ah, los diferentes momentos en la historia de la literatura!

William Goyen fue considerado como uno de los narradores más importantes de los Estados Unidos por críticos de la talla de Ernst Robert Curtius, quien tradujo la primera novela de Goyen al alemán. Camus, Capote y otros genios reconocieron la gran calidad de quien, pese a desearlo, nunca ganó el Premio Pulitzer. En cambio, sí ganó este afamado premio nuestro gran Junot Díaz. ¡Qué orgullo nacional dominicano!

Pero yo, antillano ingenuo al fin, me pregunto lo siguiente: presuponiendo en ambos escritores los mismos niveles de calidad literaria, ¿por qué Goyen no y Junot sí?

“¿Algún día ahorcan blancos?”

¿Predominio de una política multicultural más democrática y pluralista?

¿Devaluación de la categoría de dicho premio en la bolsa de valores culturales de los Estados Unidos?

¿Con quiénes compitieron por el importante premio William Goyen y Junot Díaz, respectivamente?

¿Existen diferentes criterios de selección en función del Zeitgeist, del espíritu de la época?

Sean cuales fueren las respuestas a estos interrogantes, nosotros, los orgullosos hombres de bien en el ámbito multiforme de las buenas letras universales, decimos:

¡Viva la reconocida calidad de la obra de Junot Díaz, gran escritor estadounidense de origen dominicano!

Junio de 2014

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