«Un antropólogo francés, Alfred Métraux, al comentar la actitud de algunos intelectuales argentinos, me decía: “No crea usted, Octavio, en esa patraña de que la Argentina es un país sólo poblado por colonos europeos. El mestizaje ahí fue muy grande. Lo que pasa es que los argentinos no lo saben o, lo que es más grave, no quieren saberlo. Pero todo el norte de Argentina es país mestizo.”» Octavio Paz
y Armando Almánzar-Botello
«Las deudas se pagan.» Umberto Eco
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«Las deudas se pagan.» Umberto Eco
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Borges como persona fue una oblicua máscara proteiforme; singular y viva en grado sumo, ¿quién podría negarlo?, pero terrible no solo cuando creaba, sino también en la envidia y el odio.
Quiso él expresar su desprecio por el escritor y sacerdote español Baltasar Gracián y habló con desenfado, burla y saña del «frenesí taurino-gallináceo del reverendo Padre»...
Envidió siempre la vitalidad de Roberto Arlt y se protegió de él —y de todo lo que representaba el autor de El juguete rabioso y Los siete locos— apostándose detrás de una pared metálica de lanzas elitistas que separaban la gran biblioteca del padre de Borges y los abuelos aristocráticos de la iletrada embestida de los bárbaros como Arlt.
Dijo admirar a los gauchos, pero consideraba el éxito de estos como el «triunfo de los bárbaros».
Despreció por mera lucha de clases a Juan Domingo Perón, y le llamó, con insoslayable racismo patricio y paradójico etiquetado estigmatizante, «aindiado» y fascista.
Envidiaba al poeta Oliverio Girondo (por el vuelo poético-vanguardista de este y por sus éxitos en el amor...), pero decía que el autor de En la masmédula destruía el poema y el Universo mismo con «acertados» y brutales manotazos... Todo por la novia «raptada» aquella...
Envidió el éxito literario y aborreció el comunismo de Pablo Neruda, y dijo, por interpósito personaje, que el chileno versificaba por hectáreas y que en su obra no existía un solo verso memorable...
Después de largos años de silencio reconoció la calidad literaria de Cien años de soledad, pero solo para joder a Mario Vargas Llosa, a quien decía no conocer desde el día en que el peruano le señaló al gran ciego, en el transcurso de una entrevista que le hacía al autor genial de Ficciones, que justo encima de la mesa de Borges, al fondo, caía una discreta gotera...
Explicaba Borges que Julio Cortázar era un excelente cuentista, pero nunca mencionó a Rayuela o a 62/Modelo para armar...
Se quejó sin rubor, públicamente, del Nobel concedido al gran poeta griego Odysséas Elýtis, demostrando, con el desatinado juicio «los mismos que lo premiaron no lo han leído», que la envidia del argentino aquí pesaba más que su omnisciencia literaria supuesta.
Dijo admirar y querer al gran Pedro Henríquez Ureña, pero envidiaba la inmensa y rigurosa erudición del dominicano, su muy extensa obra científica de filólogo y pensador de la realidad de Hispanoamérica. Por ello —al igual que pasó con Ernesto Sábato— quiso reducirlo al simple rango de erudito docente desperdiciado y buen conversador en las tertulias bonaerenses...
Envidiaba en el fondo el éxito de Gardel con las mujeres, por eso lo consideraba llorón; deseó ser siempre un vital hombre de mundo, pero la vida lo convirtió en un aporético ciego envidioso que se alegró cuando perversas instancias secuestraron al padre del famoso y admirable cantante español, don Julio Iglesias, tan codiciado por las mujeres bellas y el éxito mundano...
Pero «las deudas se pagan»... El gran teórico y narrador italiano Umberto Eco, en su famosa novela El nombre de la rosa, llamó Jorge de Burgos a uno de los más perversos personajes bibliotecarios que ha conocido la historia de la literatura universal.
Un año antes de la muerte del escritor argentino, el filósofo argelino-francés de ascendencia judía Jacques Derrida lo visitó en su hogar de Buenos Aires para escuchar, con «atención libremente flotante», sus intuiciones geniales...
La verdadera y única virtud indestructible de la referida máscara monstruosa —como aconteció de otro modo y en la lengua inglesa con el inconmensurable William Shakespeare— fue haber ocultado el rostro inabordable de un enigma. En el caso que nos ocupa, el misterio de un argentino genial de ascendencia europea que respondió al nombre de Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo.
Sí, el mismo Borges cuya pulcra obra «resonará cóncavamente» en la memoria humana; Borges, el escritor hispánico más importante del siglo XX; Borges, una de las figuras más lúdicas, lúcidas y memorables de la gran literatura de todos los tiempos.
Fredesvinda Báez Santana y Armando Almánzar-Botello
Jueves, 27 de agosto de 2026
Copyright Fredesvinda Báez Santana y Armando Almánzar-Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.
Jueves, 27 de agosto de 2026
Copyright Fredesvinda Báez Santana y Armando Almánzar-Botello. Reservados todos los derechos de autor. Santo Domingo, República Dominicana.
IMÁGENES: JORGE LUIS BORGES (IZQUIERDA) Y PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA (DERECHAR)

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